Palabra por o: observación

Bitácora del 30 de octubre de 2016

Por Teresa Farfán.

San Pedro Garza García, Nuevo León, México

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Estamos muy felices de avisarles que Picnic de Palabras en San Pedro de Pinta vuelve a estar activo todos los domingos. Gracias a Lucila por ponernos en contacto con Avril y el maravilloso grupo de voluntarios que nos van a ayudar todos los domingos, ellos son Juan, José Ángel, Andrés, Patricio y Nicolás, todos son estudiantes de 5to semestre de preparatoria, van a hacer con nosotros su servicio social.

Les cuento como nos fue hoy, llegamos a las 11:30 a.m., tuvimos 24 familias, 69 asistentes y ocho voluntarios. Uno de los asistentes era francés y una familia era italiana.
Era muy lindo porque al caminar entre las familias escuchabas francés, italiano, inglés y español. Una familia estaba hablando con su hija en inglés, ya no investigue si eran mexicanos o no. Necesito hablar con las embajadas y los consulados para conseguir libros.

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Lo más divertido, fue ver pasar al perro que iba de Lobo Feroz disfrazado de abuelita con el cazador. El hermoso perro disfrazado de vampiro. El primer niño que llego disfrazado de pirata y el que se disfrazó de calavera, también llego un niño de astronauta y Avril le dio un libro sobre las estrellas. Llegaron dos enormes Gran danés con una familia.

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Y lo más hermoso los gritos de los niños y las familias invitando a más familias a platicar con ellos y a leer. Ver los manteles otra vez llenos con muchas familias, ver muchos papas solos con sus niños poniéndole todo el entusiasmo al contarles el libro. Escuchar a una niña que le dan a elegir “¿Quieres que te lea yo o tu papá?”, le preguntó uno de los voluntarios. Y la niña responde –“Mi papá.” 8 familias eran de papá con sus hijos.

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Estoy detectando familias en que la mamá le lee al hermanito más grande o a la hermanita y no incluyen al bebé de meses que está en la carriola o jugando con los libros, solito.
Si tienen recomendaciones para lectura con bebés de meses para ayudar a estas familias por favor escríbanme.


Saludos a todos y felices Picnic de Palabras.

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Lluvia o sol siempre serán la cuestión en Bogotá

Muchas voces se encuentran en Picnic de Palabras, en esta ocasión la historia de nuestro primer Picnic durante marzo fue recogida por: María Angélica Plata.

El invierno no ha llegado a Bogotá, aunque en ciertos días los Cerros Orientales desaparecen bajo un manto opaco, y ventea y llueve con fuerza. Bogotá, además, tiene varios microclimas que pueden transformarse caprichosa e inesperadamente.

A pesar del pronóstico del tiempo (tarde lluviosa), Marcela, Daniela y Yaco salieron al parque y organizaron el mantel, los libros, las cobijas. Cuando llegué, a eso de las 2:10 p.m., Marce y Yaco colgaban uno de los carteles y Daniela leía con nuestra querida Valentina. Andrea, otra de las voluntarias llego unos minutos después, descargamos maletas y nos sentamos para disfrutar de las historias. Varias familias estaban reunidas y, poco a poco, se fueron acercando más y más personas, por lo que comenzamos a abrir el círculo, a mover las cobijas.

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Me quedé al lado de nuestra querida Fernanda y leímos juntas. Como he comentado en otras ocasiones, “Tito y Pepita” es uno de sus libros más queridos: lo conoce de memoria pero siempre se sorprende y siempre quiere regresar a sus páginas. También escogió “Lucas”, de Tony Bradman e ilustrado Tony Ross, y yo le pedí que acercara uno sobre la lengua que ninguna de las dos conocía. En una de sus idas al mantel escogió muchos libros, como cinco o seis (“Tito y Pepita” estaba por ahí, de nuevo), y verla con las manos llenas nos hizo reír. Recuerdo que junto a Andrea reconstruyó la historia de “El lápiz”, de Paula Bossio, y de igual manera los rumores de las lecturas que Fernanda y Daniela compartían. Solo ojeé los rostros cercanos, por lo que no puedo hablarles de las demás familias. Eso sí: me parece ver a Marce recorriendo el espacio y tomando algunas fotografías —que de seguro mostrarán los demás movimientos de la tarde.

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Dipacho —autor de “El niño gato”, “Dos pajaritos”, “El viaje de los elefantes”, “Jacinto y María José”, entre otros— era el invitado. Más o menos faltando un cuarto para las tres llegó y también Juan David, otro voluntario. Y la lluvia se presentó. Unas pocas gotas grandes hicieron que algunas personas sacaran sombrillas y que la mayoría buscara en las nubes señales de lo que pasaría. Las gotas que cayeron a continuación (más grandes y con mayor frecuencia) nos obligaron a recogerlo todo a las carreras. Más sombrillas aparecieron para proteger libros y cabezas. Tampoco olvido la imagen de Marce diciéndole a las personas, en medio del sonido del agua, que nos veríamos dentro de quince días y menos los gestos de tristeza de las familias, que comenzaron a salir del parque buscando refugio. Dipacho dijo que regresaría pronto.

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Diluvió. Escampamos en la casa de Marcela. Tomando algo calientito, limpiamos libros y pensamos en otros posibles espacios para que Picnic de Palabras se desarrolle cuando el invierno regrese a la ciudad. Al hablar de lo ocurrido y reír el corre corre, una vez más reconocimos que el clima pone las reglas de juego. A pesar de que la lluvia haya hecho que Picnic terminara antes de lo esperado, antes de que Dipacho compartiera en voz alta sus historias, el poco tiempo en que lectores y libros se encontraron fue significativo y puedo asegurar que a todos nos regaló risas o sueños y ganas de seguir siendo parte de la familia que es Picnic de Palabras.

Spring allows Picnic de Palabras in NY

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The weather allows Picnic de Palabras NY to share readings and love with their readers. By: Emily Pellerin

The launch of Picnic de Palabras Brooklyn took place last weekend in Maria Hernandez Park. Though the lay of the park was the same as we left it last fall (having gone on hiatus for the cold season), the energy within it was more boisterous and kinetic than I felt like we’d ever experienced.

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After laying down the books across our few checkered blankets and welcoming our first guests of the day (and of the season!), the same contagiousness of curiosity that we remember from last season was quickly at play. The small parcel of blankets was buzzing with tons of new kids; as usual, we found that lots of readers came with their cousins, siblings, or the like. There were even a couple familiar faces from last year’s Picnics!

Wonderfully, this time around we noticed an increased interest from the parents of the children participating. A handful of them were very interested in staying in-the-know about next month’s Picnic, as well, granting us the opportunity to connect on an additional level going forward (via email or phone).

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With the children as well as with the parents, as is consistent from last year, the majority of our readers were bilingual. One girl, Jenny, elementary aged, came by with her younger sister. They began wanting to be read to, but by the end of their time on the Picnic blankets with books in hand, they began reading to us!

We ended up extending our group beyond the perimeter of the blankets, and even had a group choreographing and cartwheeling by the end of the program. It was a playful, laughter-filled, and reading-loving group.

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The weather last weekend couldn’t have greeted our season launch more generously – and neither could have the community of Bushwick, Brooklyn. We can’t wait till next month to further connect with the children of the area over literature, and to offer them the space to recognize how fun, interactive, and bonding the act of reading can be. Of course, we could “offer” for eternity, but it’s their participation, eagerness and powerful childlike energy that grant Picnic de Palabras its purpose.

Sinónimos: lectura y libertad

Un Picnic de Palabras que está repleto de historias, momentos, lecturas, voces, y sobre todo palabras para acercarnos a un momento que ya fue y que ahora es una historia más de nuestra colección de recuerdos. Una experiencia que en si mismas siempre es única, cada vez que se realiza y que nos hace sentir en casa, cerca, en familia, más allá de la distancia. Por: Mónica Esmail

12 de marzo
Comandante Nicanor Otamendi

Tuvimos un Picnic muy alegre y distendido, aunque los lectores tardaron en llegar, por momentos parecía una reunión de domingos en familia por el bullicio, la alegría del encuentro, el saludo y llamado a los gritos al que pasa. Algún papá que se quiere ir y su hija que se quiere quedar a leer, la vecina que le dice “Andá tranquilo, yo la miro”, otra mamá que le insiste a su hijo que venga a leer y él sólo quiere ir a jugar a la pelota con sus amigos, aunque después de un rato también se acercan y elijen sus libros. Los perros del pueblo acomodándose entre los lectores, un mate por acá, una galletita por allá.

Como estamos al lado de los juegos, de la cancha de básquet y de todo el césped para jugar al fútbol, nuestros lectores son bastante itinerantes, un rato juegan, otro leen, otro andan en bici, así que se van renovando, es difícil concentrarlos a todos para leerles como hacíamos en los primeros Picnics, es una actividad muuuuy libre. En total habrán sido alrededor de 30 personas las que se acercaron a leer. 

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Algunos momentos que recuerdo fueron: “¿Me leés acá con él?” Le dijo una nena a Mirta acercándose al perro vagabundo del pueblo bautizado por todos “Nicanor”, y mientras escuchaba el cuento no dejaba de tomarle la patita, en realidad Nicanor no dejaba de agarrarle la mano a ella.

“Maaa me leés este?” –“Pará que termine este que está re bueno!” (está leyendo Cuentos de Amor de locura y de suerte de Liliana Cinetto.) –Escuchen lo que dice acá! y muy divertida lee para todos un fragmento. Después de un momento se la ve secándose las lágrimas por la emoción que le produce el mismo cuento (eso que nos pasa a veces con los libros, nos llevan de la risa al llanto, no podemos parar de leerlos y nos transportan muy lejos de donde estamos realmente).

“Tomá leé este que te va a encantar!” le dice una nena a un amiguito que recién llega. (Le entrega Iyoké es muy pequeño de Nathalie Dieterlé.) La misma nena, después de intentar leerle a una beba bastante inquieta, la agarró, se la llevó a la mamá y le dice: “Tomá, cuidala porque se te va para cualquier lado!” Y se eligió otro libro.

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Una tarde más donde se ven caras de alegría, de sorpresa, de emoción, tanto de chicos como de grandes, grandes que por un momento vuelven a ser niños.

Picnic: palabras para morder

En esta ocasión nos llega el mar, la arena, el sol, a través de las palabras de un Picnic de Palabras en Quito, en el parque La Carolina. Los libros y las historias nos trasladan en un instante a otros lugares posibles. Por: Paola López y Gina López

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El domingo 21 de febrero, el Picnic se instaló nuevamente en el parque La Carolina. Aproximadamente a las 9:50, 10 minutos antes de que empiece la actividad, llegamos y armamos todo rápidamente con la infaltable ayuda y entusiasmo de Mateo y Christopher. Nuevamente ubicamos los parasoles y manteles de forma circular, de la misma manera que se usó el Picnic anterior porque ayuda a mantener integrado al grupo de lectura.

Una vez listas para recibir a nuestros primeros lectores nos acercamos a invitar a las familias reunidas en los juegos cercanos. Les comentamos en particular que teníamos nuevos libros sobre el agua y el cuidado del medio ambiente que podrían disfrutar juntos. Pronto no quedaba más espacio en los manteles. Mucha gente se acercó a mordisquear las palabras y darles forma y sentido, aproximadamente unas 40 personas, entre ellos varios rostros conocidos de familias recurrentes que siempre nos alegra ver.

También fue emocionante notar que este fue el Picnic con los visitantes más chiquitos, muchos bebés y pequeños menores de 4 años, dispuestos a encontrarse desde ya con los libros y a convertirse, seguramente, en grande lectores. Fue gratificante verlos reforzar su autonomía y autoconfianza en acciones simples pero potentes como elegir un libro, vislumbrar como estrechan vínculos afectivos con otros a través de la lectura y como se familiarizan con el libro en tanto objeto.

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Como “Problemático es lo acuático” (Editorial CIDCLI), haciendo referencia a uno de nuestros títulos, este encuentro estuvo lleno de sorpresas. Al tratarse del último Picnic con apoyo de la Empresa FV, las actividades se centraron en la temática del agua con los libros adquiridos gracias a su auspicio. Desde collares de conchas hasta mares en botellas rondaron por los manteles. Muchos niños acompañados por Gio y Emilia con la ayuda de cordeles, conchas, clavos, tintes azules, aceite y más trabajaron en artesanías sugeridas en el libro- activiario “Mar” (Ediciones Ekare). También, Gio reunió a un grupo pequeño de asistentes y leyó en voz alta “Cuando despareció el mar” (Editorial Juventud).

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Un acontecimiento agradable fue la visita de la madre de Mateo y Christopher, quien descansó de sus ventas en el parque y se acercó a un parasol a compartir la lectura junto a sus dos hijos por primera vez. Por otro lado, tuvimos un gran susto debido al ataque epiléptico de una asistente, afortunadamente todo se pudo controlar con el apoyo rápido y eficaz de algunos participantes que colaboraron como una gran familia.

Debido a la insistencia de los participantes alargamos el Picnic 20 minutos más, terminándolo a las 12:20. Nos complace pensar que el domingo fuimos una masa pequeña de personas en un gran parque situado en la mitad del mundo (Quito, latitud 0,0′,0”) que soñamos y reflexionamos a partir de las letras y los libros. Creemos que seremos capaces como sociedad, de encontrar los mecanismos y las vías más solidarias para armonizar con el medio ambiente y sus recursos naturales.

Ecos de Picnic de Palabras desde Puebla

Arranca el 2016 y con todo el entusiasmo y la actitud por compartir el deliciosos menú de Picnic de Palabra el domingo 17 de enero.

Tendimos los manteles por cuarta ocasión en el parque “Laguna de Chapulco”, el señor sol hizo su espectacular aparición después de varios días fríos y nublados así que los 19 comensales pudimos disfrutar de la lectura al calor del sol.

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La familia Moreno Olvera siempre presente en el Picnic de Palabras inició la lectura del libro: “Monstros Mexicanos”, esta familia le da continuidad a la lectura de libros extensos como este durante varias sesiones de Picnic. En la conversación con ellos manifestaron que su hijo de 7 años quedo impactado de tal manera por “La Enciclopedia de los Rebeldes” que comenzó a cuestionar temas como la religión. Situaciones como estas son satisfactorias y es maravilloso ser testigo de la interacción que detona la lectura en familia.


El plato fuerte de este Picnic fue “El Soñario o Diccionario de Sueños del Dr. Maravilla”, después de su lectura los comensales realizaron la creación de personajes a partir de una imagen reciclada de revista y los personajes que más les gustaron de los libros que han leído.

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Gael de 12 años nos regaló una réplica de su obra de arte “el señor cara de bicicleta”.
Hasta aquí el reporte, pronto más noticias de Picnic de Palabras Puebla.
¡Feliz año, que este lleno de libros y diversión para todos!

Por: Rosario Ramírez

Historias, voces y colores desde Quito

Lugar: Parque La Carolina.
Fecha: 10 de enero de 2016
Mediación: Ana Paula, Emilia y Valeria
Fotografías: Óscar
Reseña: Valeria Quilago SV

El primer Picnic de Palabras del año en Quito

Comenzó el 2016 y Picnic de Palabras Ecuador ya extendió sus manteles de cuadrados rojos y blancos sobre el césped del Parque La Carolina en la ciudad de Quito. Este domingo, después de la temporada de fiestas, Picnic se empoderó de su espacio para desplegar los libros que proponen a sus lectores, mágicos viajes a través de sus páginas.

La noche anterior había llovido. Amaneció nublado, pero con el paso de las horas el cielo iba liberándose de las nubes. Al llegar al parque el frío capitalino todavía se sentía. Pero un caluroso saludo y una gentil bienvenida que nos dieron las señoras que trabajan ahí vendiendo comida o dulces nos llenó, aún con más energía.

Empezamos a organizar, a decidir los lugares donde estarían los manteles, a disponer los libros, desenrollar los banners. Colocamos unos parasoles amarillos y azules, pues el sol quiteño puede ser fuerte, sobre todo a media mañana y queremos que nuestras familias se sientan cómodas todo el tiempo.

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Con todo listo, ya empezamos a invitar a las personas a que se acerquen y sean parte de esta poderosa iniciativa de fomento a la lectura.  ¡El primer Picnic del año!

Poco a poco se iban acercando las personas. Unas ya son de la casa como Mateo de 10 años que nos acompaña casi siempre. Su entusiasmo es contagioso. Sabe mucho porque se nota que le agrada leer. Le gusta ayudarnos con la logística y está pendiente de los demás niños, sobretodo si los conoce. Otros, en cambio, se aproximan sin estar seguros de qué se trata. Al explicarles lo que es Picnic, muchos no dudan en participar y dejarse llevar por el amor a las buenas historias.

Dos hermanitas que iban con sus nanas aceptaron quedarse y leímos mucho. Una de ellas, Turquesa, de cinco años, pidió que se le lea varias veces el libro ‘Socorro’ de Michael Escoffier y Mattieu Maudet. Lo que nos confirmó que los niños son re-lectores por naturaleza. Los adultos también deberíamos re-leernos nuestros libros favoritos.picnic 2

La gente seguía llegando. Cada vez sumábamos más. Hablamos con una familia de madre ecuatoriana, padre y bebé brasileños. Nos contaron que se acababan de mudar de Río de Janeiro a Quito hace pocas semanas y que se enteraron de Picnic gracias a las redes sociales. Se despidieron encantados y prometieron que volverían.

En otro mantelito estaba sentada Andrea de nueve años. La encontramos leyendo ‘El día de los muertos’ de Ivar Da Coll. Nos situamos cerca de ella y nos dejamos llevar por su lectura en voz alta. Escuchamos cómo pronunciaba cada palabra, sus silencios, sus pausas. Realmente fue algo hermoso.

Ya casi al final, Mateo, junto a otros dos de sus amigos, abrió una caja que contenía colores, marcadores y crayones. Al detectar eso, varios niños se pusieron a dibujar y colorear, mostrándose entre sí sus grandes trabajos artísticos.

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Llegó el medio día y con él; el momento de recoger, ordenar y guardar todo hasta la próxima ocasión. Nos despedimos felices porque Picnic una vez más consiguió, de alguna manera, conectar a los niños y sus padres con la Literatura. Fue otra oportunidad para estrechar más los lazos de Picnic con su comunidad.

Como dijo Emilie Buchwald, autora norteamericana, “los niños se hacen lectores en el regazo de sus padres”. Por eso Picnic busca generar esos encuentros entre las familias y los libros.

Atando historias desde Ciudad Bolívar, Bogotá

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CUARTO PICNIC: Encuentro con Amalia Low
Diciembre 6 del 2015
Por Wendy Velásquez
Este fue uno de mis días más caóticos del mes, era una fecha muy especial porque vendría el equipo de Picnic Parque Alcalá a visitarnos, y traían a nada ni nada menos que a Amalia Low!!! Llamadas, corridas, carro tras moto y moto tras carro, en fin una odisea para recogerlos pero al final llegamos juntos al barrio. Cambiamos por esta única vez el lugar del picnic, no lo hicimos en el pequeño espacio del parque de concreto -no cabíamos todos- sino que lo hicimos en una zona verde en recuperación frente a la casa cultural -gracias totales a Mauricio y su equipo-.
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Nos acomodamos, extendimos nuestras sábanas y empezamos a leer; nos trajeron muchos regalos, Amalia fue muy tierna y nos dio sus libros con un bonito moño de regalo. Los niños fueron los que destaparon afanados los libros nuevos y ponían cara de sorpresa cuando les decía que ella los había hecho, también nos trajeron unos cuantos de Claudia Rueda lo que agradecimos infinitamente ya que no teníamos libros en cartoné para bebés. Tras esto y sacar los nuestros reunimos suficientes para empezar a leer, se los devoraron. Tanto así que fue un poco difícil convocarlos tiempo después para las lecturas en voz alta de Amalia y su maravilloso ukelelé. Fue un espacio maravilloso canciones iban y venían, versos y risas, sus libros en formato enorme y los pequeños rotando era de los más maravilloso, fue un encuentro significativo tanto para los niños como para mi, el picnic tenía risas, lecturas y palabras, los esfuerzos estaban completamente justificados.
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Tras compartir las lecturas en voz alta de los libros de Amalia regresamos a los demás libros, se sumaban niños y algunas mamás, unos chicos se quedaron con ellos maravillados por el instrumento, otros fueron a dar a los brazos de doña Leo y otros a los de Yaco, Daniela y Marcela, a mis brazos cayó una chiquita que con ojos enormes que se concentraba lo que más podía en la lectura.
Tras un buen rato recogimos nuestras sábanas y sonrisas empacamos los libros y sorpresivamete recibimos un montón más, no podía de la dicha.