Nuestro primer nuevo Picnic 2017

A veces pasa que en Picnic de Palabras se entretejen historias de vida, de recuerdos y de otros, para seguir conectándonos a través de los libros de literatura infantil, que tienen en si mismos algo de magia. Por: Laura Godoy

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Me crié en una casa que no tenia libros, o había muy pocos. El primer libro que me compraron fue a los 7 años. En la escuela nos pidieron un libro para trabajar en clases “ El churrinche” de Laura Devetach. ¡Fue todo un lujo para mi familia! Libro que conservo y aun recuerdo el día que la maestra los repartió. Nos indicó cómo tomarlos y cómo tratarlos porque eran algo frágil.

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Luego con el paso de los años en la escuela primaria tuve la suerte de encontrar algunos más. Cada vez que mis compañeros llevaban a la escuela un libro. Se los pedía prestado y los leía en el recreo. Me acercaba a los libros de prestado. Siempre: De mis compañeros, de la biblioteca de la escuela o de mi ciudad. ¿Por qué cuento todo esto? Porque creo que con Picnic de palabras me reencuentro con esa niña que fui y devuelvo la oportunidad que se me presentó a los 7 años, que luego busque y sigo buscando a mis 31. Y encontré gente que, como yo ama el poder que te da la palabra y las infinitas oportunidades, infinitas oportunidades de lo nuevo.

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Y en este primer Picnic fue todo nuevo. Para nosotras y para los lectores que se acercaban tímidamente. Hacía mucho calor así que cuando llegamos había poca gente. Desplegamos los manteles y los libros y nos fuimos a invitar a la gente a que se acercara. Los padres nos miraban raro, no entendían mucho ¡Pero los chicos no necesitan entender! Se acercaron y algunos eligieron un libro y otros, todos.


Qué lindo fue ver a familias leyendo, a chicos buscando con sus ojos qué leer. Me quedo en particular con un chiquitín que no llegaba a los tres años y abrazado a un libro le pedía a su mamá llevarlo a su casa. Nosotras nos trajimos a nuestras casas a él en la anécdota del primer Picnic.
¡Gracias por la oportunidad!
Picnic Burzaco

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Primer año Río de Janerio

Hoy, después de un break de casi 6 meses, volvimos con el Picnic de Palabras en Río de Janeiro, Brasil. Fue un día especial porque celebramos el primer año de nuestro Picnic de Palabras. Empezamos el Picnic el 10 de enero de 2016 – y hoy celebramos un año de pura lectura, amor, entrega y sonrisas.

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Empezamos a las 10 am, pero preparamos algunas sorpresas como forma de celebración: además de la lectura en grupo hecha por Mariane Sousa, hicimos una ornamentación más bonita, realizamos juegos con los niños y preparamos un mantel relleno de golosinas.

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Hoy la lectura en grupo se dio de manera un poco diferente, visto que los niños decidieron que libro sería leído. Así que el libro pensado inicialmente por nosotros no fue el elegido por los niños, entonces nos tocó seguir por otro camino: leímos “A Pior Princesa do Mundo”, seguido de “Chapeuzinho Amarelo” y de un libro de imágenes.

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A los niños les encantaron los libros <hay dos videos acerca de las lecturas hechas por Mariane Sousa en la página de Picnic de Palavras Brasil, por si quisieren ver> y siguieron leyendo a los demás libros que habían por allá. Después, iniciamos los juegos y las actividades lúdicas, y, al final, abrimos el “cóctel”.

Todo fue increíble, principalmente para mí, que me hacía mucha falta el Picnic de Palabras aquí. 

Celebrando a Roald Dahl en Venezuela

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Cuentos del escarabajo organizó recientemente una serie de Picnic de Palabras para celebrar los 100 años del natalicio de Roald Dahl.

Durante los días 6 y 8 de septiembre, gracias al apoyo de Cultura Chacao, tuvimos actividades especiales en la Ludoteca de Los Palos Grandes en Caracas, tanto en la mañana como en la tarde. Hubo sesiones de lectura en voz alta de algunas de sus obras como ¡Qué asco de bichos!, El dedo mágico y Cuentos en verso para niños perversos, así como fragmentos del Gran Gigante Bonachón. Durante las sesiones de la tarde se presentaron, además, las películas Charlie y la fábrica de chocolate y la versión animada del Gran Gigante Bonachón. Los niños también colorearon al Gigante y dibujaron o escribieron sus sueños en un tarro de sueños.

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En la comunidad El Calvario, en El Hatillo, con la ayuda de Cultura El Hatillo y la Cooperativa El Carmen, se organizó el día 10 de septiembre una pequeña fiesta de cumpleaños para el autor. Los niños decoraron el lugar con globos, guirnaldas, fotos del artista y dibujos de sus personajes. Durante esa mañana se leyó El cocodrilo enorme y la versión de Caperucita Roja de Cuentos en verso para niños perversos, así como unos fragmentos del Gran Gigante Bonachón. A partir de esta última obra, que los niños conocían bastante bien, se hicieron algunos juegos de palabras. Luego los niños colorearon personajes de Dahl y apuntaron sus sueños en los tarros del gigante. Al final compartimos una merienda. Esta última actividad fue reseñada por un diario de circulación nacional.

Nos sentimos muy felices de habernos sumado a esta celebración mundial y quisiéramos compartir con toda la comunidad de Picnic de Palabras algunas fotografías de los eventos.

Picnic de Palabras a prueba de viento

Desde Comandante N. Otamendi, Argentina, el viento, el frío, nos acompañaron durante un nuevo Picnic de Palabras. Por: Mónica Esmail

Una vez más el clima se divirtió con nosotros. A la mañana estaba muy lindo y al mediodía empezó a cambiar con vientos fuertes y frío. Como teníamos invitada fuimos a esperarla con nuestras valijas pero cuando bajó del micro, el frío era peor y estaba muy congestionada. Esperamos un rato buscando algún lugar apropiado pero se hacían remolinos de viento por donde estuviéramos. Como no habíamos avisado que cualquier cosa lo hacíamos en el Centro Cultural nadie iba a saber que estábamos ahí así que cerca de las 15:30 hs, ante la soledad reinante, nuestra invitada dijo que no tenía problema en volver en cualquier otra ocasión y decidimos suspender y dejarla que vaya a descansar tranquila y recuperarse de su resfrío.

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La despedimos, y luego que salió el micro continuamos hablando tratando de combinar una fecha para concretarlo y decidimos aprovechar para tomar unos mates ahí y “por las dudas” que se acerque alguien, ya que se veía un claro en el cielo muy prometedor, extendimos un sólo mantelito con unos pocos libros. Nos acomodamos y empezó a asomarse el sol de a ratos, el viento no paraba pero ya se sentía distinto. Pusimos nueva fecha, conversamos sobre algunos libros nuevos que habíamos visto en las últimas ferias y otros que habíamos encargado por Internet, y cuando decidimos que ya habíamos sentido suficiente frío y que era mejor irnos, llegó una primer lectora de dos años (Perdón, el primer lector fue un perro) con su mamá, quién muy decidida elegía los libros que quería que leean, que por supuesto no eran los mismos que quería leerle su mamá. “Ete no. Ete.”

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Por supuesto le dimos su tiempo. Al ratito se acercó otro niño, agarró un libro y salió corriendo. Lo trajo nuevamente una nena y se quedaron leyendo, enseguida se acercaron 4 o 5 niños más así estuvimos leyendo lo poco que habíamos dejado, hasta que los vinieron a buscar porque ya hacía demasiado frío. (Finalmente el cielo quedó completamente celeste, pero el viento nunca cesó.)

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Uno de los chiquitos con los que estaba encontrando objetos en el libro me mira y me dice: “¡Pero no terminé de buscar todos!” ante la mirada negativa de la madre emponchadísima porque ya habíamos quedado a la sombra le dije que lo esperaba el próximo para seguir buscando a lo que me dice preocupado: “Pero ¿vas a volver?” así que tenemos una deuda pendiente para el próximo Picnic”

 

Tejidos de historias entre invitados y lectores

Fecha: 21 de agosto de 2016, Parque Alcalá, Bogotá. Por: Juan David Rincón

Domingo: De nuevo la esperanza de una tarde de lectura y la incertidumbre de si el día estará nublado o no, si lloverá o no. Pero como siempre, nuestra mejor forma de atraer el sol y hacer que un día nublado transmute en uno soleado, es sacando a pasear los libros: siempre es mejor verlos en un parque que en un estante.

Llegué algunos minutos después de las 2:00 p.m. al Parque de Alcalá, salí de la estación de TransMilenio y caminé hacia el sitio acostumbrado por el grupo para ubicar libros y manteles. Allí, ya estaban Marcela y Amalia. Empezamos a extender los manteles y a ubicar las cobijas y los libros. Los libros empezaron a convocar a las personas, a atraerlas. Catalina y Amalia se armaron de libros para ir a invitar a algunas personas que se encontraban en el parque. Y así empezó a juntarse un nutrido grupo de lectores, mientras los demás voluntarios iban llegando.

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A pesar de que cada uno de los lectores es un invitado especial a nuestros domingos de picnic, en esta ocasión teníamos un autor invitado. Se trató de Germán Izquierdo. Él es periodista y escritor y nos acompañó para contarnos acerca de su libro “La Cucharita: Historia de una canción”, publicado por Monigote e ilustrado por José Arboleda. Este es un libro muy particular porque nace de la investigación que él hizo sobre Jorge Velosa y su reconocida canción “La cucharita”. Para ese momento, ya había más de veinte personas reunidas en el espacio de Picnic. Germán empezó contándonos acerca de su motivación para escribir este libro y ante algunas de sus preguntas, muchos tuvimos que recurrir a la tarea de cantar los primeros versos de esta popular canción. Todo esto para recordar, por ejemplo, el material de la cuchara o el lugar en que se la regalaron a Velosa. Este libro también es especial porque recurre a un formato ilustrado, propio de los libros infantiles para contar una historia que fascina a grandes y pequeños, y eso es lo que hace que un libro sea sorprendente, según nos contaba el autor.

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Después de compartir la lectura en voz alta de este libro y de que el autor respondiera algunas preguntas, Mauricio Gaviria quien es el director de la editorial Monigote, nos leyó el libro “¡Chau!” de Edward van de Vendel y Marije Tolman. Esta es una historia sobre la capacidad de la imaginación para construir sueños y de compartir nuestros mundos fantásticos con quienes queremos. Marta es la pequeña protagonista que hace partícipe de sus sueños a su hermano quien sufre de pesadillas.

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Picnic es un espacio en el que todos nos integramos bajo la excusa de compartir un libro, y si lo podemos leer con amigos o en familia: ¡Mucho mejor! Una de nuestras pequeñas leyó para todos nosotros el libro “Formas” de Claudia Rueda. Su tarea no fue nada fácil pues este libro no tiene palabras, así que ella debía seguir la historia a través de las imágenes para reconstruir la historia, o más bien, construirla a partir de lo que el libro despertó en ella. Amalia Satízabal también compartió la lectura de varios libros, entre ellos “Zorro” de Margaret Wild y Ron Brooks (Ekaré), “Cosita Linda” de Anthony Browne (FCE) o “Este alce es mío” de Oliver Jeffers (FCE). Este último lo disfruté mucho, porque es uno de mis libros favoritos, no sólo de los que encuentro en Picnic, sino de todos los libros que conozco.

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Si al principio estábamos preocupados por las nubes, durante las lecturas hubo quienes se integraron al grupo de los que preferirían la sombra de los árboles, otros fueron de aquellos que disfrutaban de los magníficos rayos de sol que esta tarde de domingo nos regaló.

Este domingo de Picnic de Palabras nos permitió de nuevo integrar familias en torno al maravilloso acto de leer en familia. Vimos padres e hijos reunidos bajo un libro, a una pequeña que le leyó a los más grandes y a los grandes leyendo y riendo como niños. Cada libro despierta y motiva en quien los lee la capacidad de crear un nuevo mundo por descubrir y, sobre todo, compartir. Cada libro nos pone siempre a soñar: con la fantasía de sus páginas, con la felicidad de la voz que nos lo lee y con la promesa de un próximo descubrimiento de la mano de la literatura infantil.

Historias de todo tipo desde Río de Janeiro

Rio de Janeiro, 31 de Julio de 2016

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Quinta da Boa Vista
Estoy aquí para hablar de nuestro picnic ‘carioca’, pero ahora voy a hablar de la nona edición, realizada el último domingo – 31 de julio. El domingo se levantó nublado, pero a la tarde, en el horario que nuestro encuentro con la lectura estaba marcado, el sol apareció. El parque estaba lleno, con muchas fiestas y picnics tradicionales. Así, después de arreglar a los libros, los manteles, la placa con nuestro nombre – Picnic de Palabras – y la nueva cesta temática que ahora nuestro Picnic tiene, invitamos a los niños presentes en el parque para leer con nosotros.

En esa edición, escogemos un tema para la lectura: la cultura indígena. A pesar de ser muy importante en la formación cultural de nuestro país, la cultura indígena sigue siendo menospreciada y estereotipada, principalmente por las escuelas. Por eso, elegimos el libro “A História do Monstro Khátpy (Um dia na Aldeia Kisêdje)”, que además de tener lindísimas imágenes, es bilingüe, para la narración de la historia inicial hecha por mí.

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Como tradicionalmente ocurre en la tribu Kisêdje, una tribu de Mato Grosso (BR), yo no utilicé el libro para hacer la lectura, pero exploré las gesticulaciones y el suspense típico de las historias de tradición oral. De esa manera, los niños presentes en nuestro Picnic de Palabras conocieron una historia que los indios de la Aldea de Kisêdje suelen narrar para que los niños de allá tengan cuidado en la floresta.

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Después de la historia, invitamos a los niños a leer con los voluntarios presentes y con sus familiares. Al notar que algunos ya estaban por salir o no estaban más se interesando por otros libros, los invitamos a hacer unas actividades relacionadas al tema del día: cultura indígena. Las actividades fueron muy bien recibidas por los niños, que se divirtieron bastante, como se puede mirar en las fotos. Teniendo en vista el éxito y las alegrías de esta edición, que mucho agradó a los pequeñitos, estamos a planear un Picnic enfocado en “parlendas” (igual típico de Brasil), “trava-línguas” (“traba-lenguas”) y otras actividades tradicionales brasileñas articuladas con la lectura!

¡Nos vemos en Picnic de agosto!

Llegamos con buen paso, mitad de julio en plaza Tasso, Italia

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Por: Andrea Gasparri

Ha sido todo un existo con niños, padres, cuentos y alegría. Había caras ya conocidas y muchas nuevas, todas arrimándose curiosas a la cobija del Picnic di parole, debajo del gran roble en plaza Tasso a Firenze. Nos rodeaba un gentío de ancianos que aparentemente suelen tomarse el descansito de la tarde en los banquitos de la plaza. A parte había otros personajes residentes, como un grupo de chicos entrenándose en el parkour, un par de hippies viajeros que merendaron en el pasto, unos borrachos bigotudos que tomaban vino de cuarta pero también curiosos de ver tantos libros ordenados en una cobija. Claro porque esta es la magia que se desata al soltar el mantel colorido del Picnic, una burbuja de curiosidad invadiendo el entorno y llamando la atención de todos los pelandrunes del parque.

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Una señora con un sombrero azul, viendo que teníamos el libro del Marjane Satrapi El dragon Ajidar, se nos acercó para pedirlo prestado y leerlo sentada y tranquilamente un poco distante. Gracias a ella pudimos darnos cuenta que es importante traer títulos para los adultos también, cosa que haremos seguramente a partir del mes que viene.

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Pero ya unos quince niños estaban tirados para leer nuestros libros, y cada tanto nosotros contando un cuento para todos. Cuando de repente nos llamó la atención el hecho que la plaza, que no es muy grande, estaba repartidas en zonas con grupos de niños dedicándose a varias actividades… columpios, pelotas, charlas, escondite. Entonces decidimos dar una incursión en el mismo centro del predio. Le pedimos a los chicos que estaban sentados con nosotros a ayudarnos a improvisar un flash mob de lectura y ahí involucramos a la muchedumbre del parque (incluyendo adultos) en la lectura de De la cabeza a los pies de Eric Carle.

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Fue increíble. Unas treinta personas haciendo los movimiento de los animales que se alternan en las paginas del libro. Ahí en el corazón del barrio de San Frediano, patria de los blancos del calcio histórico, debajo de los muros del jardín de la noble familia Torrigiani, en esta área bohemia y popular mas bien conocida como Oltrarno, el pasado 18 de julio Picnic di Parole nos regaló otro momento de gran emoción orgullo.

En agosto la ciudad se encontrará vacía, igual nosotros estaremos presente en algún parque de la ciudad, listos para contar nuevos cuentos.

Mientras tanto… aguanten los lectores.

Summer in the City: Picnic de Palabras Brooklyn 

By: Emily Pellerin

Working up to June’s edition of Picnic de Palabras, we were anticipating grueling heat, and were unsure of how that would affect our audience at the park. Luckily, the day was absolutely beautiful, the park was crowded, and the shade was ample.

This was the first time in the Brooklyn Picnic’s short history that there were more volunteers than there were readers, making for a funny demography on the picnic blankets. That didn’t deter the kiddos from coming around — as usual, there were cousins in pairs, some solo readers, parents and little ones, and whole families who joined us to read. There was even an avid reader who brought his furry friend to the picnic blankets: Pancho, the (reading) rabbit!

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One newly observed relationship to the program was that some shyer children were hesitant to come over and read with/to us, but asked to carry books with them to read in their own spaces. Like a mini library in the park, a few kiddos would bring books back to their own blankets, read them, and return to choose another once they were done.

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This month, we incorporated books for children whose stories were entwined with writers of classic literature: Zora Neale Hurston-curated short stories, a Virginia Woolf parody, an MLK speech transcribed for kids; we also included books in Cantonese, along with those in Spanish and English, as we’ve noticed the breadth of bilingualism in the park is expanded beyond just Spanish- and English-speakers. The culturally rich neighborhood of Bushwick again proved itself a wonderful host for our Picnic de Palabras.

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This month we were lucky that Yaco of Picnic de Palabras Bogotá was visiting! Upcoming in August, Picnic de Palabras Brooklyn will host Mary Murphy Wong, a longtime New York resident and storyteller.

El sol nos encuentra reunidos en la plaza

Contamos historias para compartir lo que no se ve detrás de mil fotos que registran cada domingo, en diferentes lugares, lo que sucede en Picnic de Palabras. En esta oportunidad desde Florida, Buenos Aires, Argentina. Por: Pato Pereyra

El domingo tuvimos nuestro Picnic en Florida , Bs As, Argentina. ¡Hubo mucha gente! Somos pocos voluntarios, la plaza es chiquita, así que tener como 30 personas circulando nos parece una multitud. Acá el invierno se hace sentir, así que cuando sale el sol la gente aprovecha para salir a la plaza.

El domingo salió el sol, muchos salieron y de casualidad nos encontraron, pero también varios ya nos estaban buscando. Como estaba sola al principio, tuve que pedirle a mi hijo de 14 que me acompañara para llevar los libros. Había armado una guirnarla de globos, pero en las 3 cuadras de caminata se enredó toda y quedó un adorno un tanto diferente a como lo había imaginado.

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Apenas al llegar, se acercó un chico que reconocí de Picnics anteriores. Santino se llama, y se ofreció a acomodar los libros. Es como si se sintiera “de la casa”. Mientras íbamos acomodando, alguna gente se acercaba a preguntar que hacíamos (lo de siempre si se venden), y se sorprendía de nunca habernos cruzado en tantos meses de Picnic. Otros volvieron después de haber compartido con nosotros en otros Picnics anteriores, así que buscaban sus libros y se ponían a leer.

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Una mamá me dijo que su hijo siempre que venía tomaba el mismo libro (La bruja Berta), y ahí estaba en medio de los juegos muy ensimismado leyéndolo en voz alta, como si fuera la primera vez. Santino en un momento me pidió papel y lápiz porque quería escribir una historia. Así que se fue a las mesitas y en una muestra de inspiración y determinación que envidiarían varios escritores, la escribió en la hora más o menos que estuvo en el Picnic.

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Con formato de comic, se titula “El sientífico Jackson y su robot recoge manzanas”. Al terminar el Picnic nos juntamos porque el quería leernos la historia a todos. Así lo hizo, y al terminar, se la pedí para traérmela y disfrutarla con más tiempo, eso lo desconcertó. Se quedó pensando, y al final me lo permitió con el compromiso de que se la devolvería el próximo Picnic. Santino su madre y su hermano fueron los últimos en irse de la plaza, cuando ya oscurecía.
En el medio, hubo tiempo para volver a contar historias. Aproveché que había bastante gente, y un lugar al sol y leí “José Tomillo”, “¡Es hora de dormir papá!”, “Los secretos del abuelo sapo” y “No cualquiera pone un huevo”, una historia de una escritora amiga argentina llamada Iris Rivera. Una nena muy pequeña me escuchaba atentamente, aún algunas que pensé que no le interesarían por tener más texto y menos ilustración, también algunos grandes escuchaban atentamente (aunque sus hijos ya se habían ido a los juegos o a otro lugar de la plaza), y Santino corría de un lado a otro, porque quería escuchar pero también terminar su historia antes de irse.

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Les dejo el cartel que armé contándoles a la gente de la plaza porque era un Picnic de Palabras especial. Antes de irse, varios dejaron su nombre anotados en corazoncitos que pegamos, como un saludo para la gente que allá lejos festejaba en su propio Picnic de Palabras. Fue un Picnic, como todos sorprende, y cálido, a pesar del frío que nos acecha en Buenos Aires.

Cuando la tierra se mueve hay que volver a soñar juntos

Historias para reconstruir después de que la tierra tiembla sin previo aviso. Por: Emilia Andrade

Lugar: Don Juan
Fecha: 14 de mayo de 2016
Reseña: Emilia

El camino de llegada nos fue anunciando lo que circulaba por todos los medios: el terremoto había sido fuerte y mientras más poblado era el lugar, más daños se hacían presentes. Sin embargo, lo que no nos había dicho nadie era que la fuerza para sobreponerse a la adversidad fue casi tan poderosa como el mismo movimiento que originó los destrozos. En la carretera, entre plásticos y escombros, veíamos cocinas comunitarias improvisadas, cocinas que ofrecían las delicias manabas de las que todos los ecuatorianos nos sentimos orgullosos. A un mes del terremoto la gente de Pedernales ya estaba levantándose y organizando sus propias iniciativas para, poco a poco, ir retornando a la normalidad.

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Seguimos andando y en un par de horas más llegamos a Don Juan donde estaba el campamento de voluntarios de Embudo liderado por Juan Carlos, un hombre que fue a entregar ayuda y terminó quedándose porque encontró un nuevo sentido a su vida. Él nos recibió con un abrazo y dijo “el que estén aquí ya dice mucho, gracias por venir”. Con este mensaje resonando en mi cabeza, bajamos al pueblo. El primer encuentro que tuvimos con Don Juan fue al atardecer. La plaza central, con dos palos de caña guadua improvisados como arcos de fútbol, nos susurraba que la lluvia había caído fuerte durante la noche, pero también nos decía que ahora eso no importaba, que lo que verdaderamente estaba en juego era un partido de fútbol entre los más pequeños. Los refuerzos nacionales (Juan) e internacionales (Dipacho y Gio) habían llegado para equilibrar los ánimos. Entre sudor y sonrisas les contamos a los niños que al día siguiente haríamos una actividad para compartir libros y jugar con ellos.

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Y así fue, a pesar de que el sol de la mañana se asomó con timidez, los niños estaban listos para empezar y buscar los libros que con tanto cariño habían viajado desde Bogotá. Les preguntamos si preferían hacer la actividad en la playa y no dudaron ni un segundo en la propuesta, todos ayudaron a trasladar las carpas, los libros y los manteles. A pocos metros del mar nos dimos las manos, manos tostadas por el sol y labradas por la sal, manos pequeñas que agarraban fuerte para no soltarse, manos que se unieron en círculo para hacer una dinámica que “rompiera el hielo”. Lo que no supimos fue que no había nada que romper y menos aún que hubiera algún hielo que aguantara esas temperaturas. Los niños estaban ávidos por abrir las maletas y empezar a ojear libros. Hicimos pequeños grupos para leer, les contamos algunos acuerdos para la actividad y en menos tiempo del que nos tomó instalar todo ya se dibujaron sonrisas lectoras. Fue bonito mirar que las niñas más grandes y dos madres se acercaron para tomar el liderazgo con los pequeños, leían en voz alta, invitaban a hacer búsquedas y juegos en los libros. Conversamos con ellas sobre la posibilidad de que el Picnic pueda quedarse a largo plazo si estaban dispuestas a dar continuidad a esta iniciativa, se entusiasmaron y a mí me resonó esta idea… veremos qué surge con el tiempo.

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Después de una hora de lectura, Vane les propuso algunos juegos para correr y saltar en la arena, varios niños se unieron y otros quisieron seguir leyendo. Yo me quedé con Alan, uno de los niños más consentidos, leímos “¡¡¡Socorro!!!” de la editorial Corimbo y sin darme cuenta tenía un coro de niños repitiendo conmigo “socorro hay un monstruo verde/rayado/con espinas que me quiere comer”. El libro se fue abriendo más y más hasta acogernos a todos como una gran casa. Cuando levanté la mirada vi a Juan con un grupo de unos 5 niños, escuchándolo muy atentos y pidiendo nuevos libros. En otra esquina estaba Dipacho tomando fotos, atento a capturar los detalles del encuentro. Más tarde cuando decidimos cerrar el Picnic, llegó Ale y Rafa acompañados de Domingo, el “biblioburro” como lo bautizaron ellos seguramente influenciados por la historia del librero colombiano. Con una caja llena de rompecabezas, legos, pinturas y una guitarra al hombro esta pareja de Calceta nos sorprendió a todos con la versatilidad de tareas que propusieron.
Antes de acabar, uno de los niños más grandes me dijo si podíamos hacer origami, recordé que había traído papel y le pregunté a Gio si sabía alguna figura, luego de un par de intentos, ya estaban varios niños sentados a su alrededor. Entre conejos y barcos de papel cerramos nuestro primer día con más aprendizajes de los que pensábamos recibir.

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Al día siguiente visitamos Jama, un cantón a unos minutos de Don Juan. Las calles de barro y lluvia, los nuevos albergues y las pocas edificaciones que quedaban en pie dificultaron la tarea para recordar el lugar del campamento que los amigos de Embudo habían montado hace un mes. Finalmente lo logramos, al llegar nos recibieron Asu, Bachi y sus familiares, ellas están liderando “El Ébano” donde, en ese momento, estaban alrededor de unas 15 familias en casas temporales. “Todo cambia muy rápido y las necesidades son diferentes cada día” nos dijo Asu. Y sí, pudimos comprobarlo cuando fuimos a invitar a las personas de los barrios, Vane me fue contando cómo ha visto que se han fortalecido o debilitado los vecinos con el paso de los días. Cuando volvimos al campamento ya estaban unos 10 niños y jóvenes esperándonos, se habían acomodado con colchones en los espacios de sombra y todos tenían libros entre sus manos. Similar a lo que sucedió en Don Juan, los jóvenes empezaron a leer a los más pequeños pero poco a poco se fueron disipando y querían hacer “otra cosa”. Les propuse dar más tiempo a los que aún querían leer, la dinámica de no tener a padres o familiares involucrados cambia el sentido de Picnic pero debíamos ajustarnos a las necesidades.

Algunos se volvieron a enganchar con la lectura, les fui mostrando libros sobre temáticas cercanas a ellos, el mar o el fútbol fueron las más buscadas. Después de una hora y media fuimos guardando los libros con Juan y les propusimos que hagan pequeños grupos para algunas actividades manuales que teníamos. Rompecabezas, colores, hojas y tarjetas de memoria fueron saliendo de una de las donaciones que recibimos. Como suele suceder, unos querían lo que los otros tenían pero deje que ellos mismos se organizaran para no generar dependencia en mis decisiones, pudieron resolverlo bien y se fueron turnando de actividades. Una de las que más interés despertó fue el juego de memoria, grandes y chicos la disfrutaron muchísimo y encontraron distintas maneras para jugar. Me apenó no tener más tarjetas pero prometí volver con nuevas o quizás traer material para que ellos mismos puedan hacerlas. A la hora de guardar las cosas todos nos preguntaron cuándo volveríamos, en ese momento no pudimos decirles con certeza pero ahora estamos seguros que a finales de este mes regresaremos llenos de libros y alegrías por compartir.