5 años y seguimos contando y soñando

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El pasado 3 de junio Picnic de Palabras cumplió 5 años, que celebramos el día domingo, desde el parque de Alcalá en Bogotá. En ciudades como Quito y Buenos Aires, tuvimos Picnic en simultánea. En esta oportunidad, sólo queríamos que el sol saliera. Fue un día lleno de incertidumbre, hasta que todos llegaron al parque y el sol, desde su lugar de siempre, abrió el cielo y se asomó a ver los libros.

Desde la distancia, he recibido por diferentes fuentes, lo lindo que fue este reencuentro. Este año la lluvia a limitado el salir al parque, así que solo el poder hacerlo es motivo de dicha y celebración.

Después de cinco años, es posible decir:

  1. Empezar este proyecto fue un reto, un sueño y un aprender a hacer en el día a día. Compartir una pasión y sobre todo un amor que se sigue multiplicando.
  2. Somos un Iceberg: porque puede ser un cliché y pasa, lo que se ve en la superficie, es solo un pedacito de todo lo que sucede debajo el agua. Resonar, tener eco, compartir, soñar, volver, cruzar los dedos para que salga el sol. Cambiar de voluntarios, sentirnos solos y en esos díasPicnic nos de señales para no dudar, confiar y seguir intentando.
  3. Picnic es el jefe, hace mucho concluí que es una fuerza de amor que cuando nos llega no nos suelta. Es más grande que todos, y cuando empieza a ser replicado por otros, aún a pesar de las dificultades, se manifiesta igual.
  4. La clave está en la continuidad en el tiempo, sabemos que la lectura es un proceso que apoyamos, empezamos, continuamos, propiciamos, antojamos, y sobre todo amamos.
  5. Queremos cambiar el mundo, solos no podemos, sumando fuerzas si es posible. Cada vez somos más, el crecimiento es orgánico. Hay cosas que funcionan, y sobre todo muchas que no. Son incontables las lecciones de frustraciones aprendidas.
  6. Aprender es la mayor lección de este proyecto: no podemos confiar en que sabemos algo. Cada experiencia es única, grandes Picnics, pequeños VIP, donde la lectura varía y las relaciones se fortalecen.
  7. Calidad vrs. cantidad, nos sentimos orgullosos: la clave está en los mediadores y en la lectura personalizada.
  8. Hoy podemos decir que nuestras pequeñas lectoras son muestra del empoderamiento que tiene la lectura en la vida de una persona. La lectura social permite que asistentes como Fernanda, una de nuestras lectoras más voraces, este domingo, teniendo 8 años, haya leído en voz alta delante de los asistentes. (Yo todavía a los 24 moría de susto de hablar en público.)

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9. Las familias vuelven, nuevos asistentes comparten un banquete de libros. Después de dos horas, todos salen con el corazón repleto, es domingo, y todos somos distintos. Hay una felicidad que flota, que nos hace pensar que el mundo puede ser distinto. Y con esto en el corazón regresamos, lentamente, a nuestra realidad, a la rutina, a la casa, al orden, con más historias, más palabras, más voz para hablar de nosotros.

10. Seguimos nuestros corazones en este camino que se llama Picnic, en este sueño, en esta realidad, de saber que si se puede hacer la diferencia. Hoy Picnic de Palabras representa un proyecto de lectura, un movimiento cultural, una comunidad llena de mujeres y hombres con los que sumamos 1 + 1 = todos.

Cada vez que hacemos Picnic, extendemos un mantel que es puente para jugar y leer. Sobretodo, para descubrir, entre las voces y el silencio de los otros, que nosotros, también somos libros con patas.

 

 

 

 

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Picnic de Palabras contado en 4 voces

El 4 de diciembre, para cerrar el 2016, imaginamos y dibujamos historias en compañía de Zorro+Conejo: laboratorio de arte y diseño para niños. Me disculpo por compartir hasta ahora la bitácora de esa fecha especial… pero confío en que llega “tarde pero a tiempo” (como solía decir Lorca).

Varias voces nombraron la experiencia:

Juan D. Rincón:
Un domingo más de Picnic de Palabras. Un domingo más especial que cualquier otro, por ser el último del año, porque quisimos recoger todo lo sembrado en un año de palabras, alegrías, risas, lágrimas, libros y despedidas que sólo son la promesa de futuros reencuentros. El último del año, pero también el primer domingo de picnic en que llegué al parque antes que nadie; el primero en que leí en voz alta desde hace un buen tiempo; el primero en que decidimos acompañar palabras con colores, con formas, con lápices, con tizas, con figuras… Fue un domingo de EXTRAÑAR en mayúsculas, fue un domingo más de leer y reír, de juego y fotografías hecho con el alma y las manos. Un domingo hecho con las voces y las historias de todos los que hacemos parte de esta maravillosa familia construida alrededor de las palabras.

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Amalius Satizabal:
Se llenó de niños, de niños de pocos y muchos años. Luciano, un pequeñito lector nos deleitó con sus expresiones y su amor por los dinosauros. Se nos acercó Juan José, un hombre de unos 50 años, quién devoró los libros en busca de dibujos hermosos, porque “yo no sé leer, pero dibujar sí puedo.” Encontró en los libros la inspiración para dibujarnos a cada uno un mensaje de paz.

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Catalina Laserna:
Dos voluntarias fueron en busca de niños al parque, una llevó a un niño y la otra llevó a Sara, la hija de Zorro, “adoración” de Conejo, los expositores del laboratorio de diseño y arte para niños y niñas. Sara estaba tan empoderada del proyecto de su madre que sabía perfectamente cómo seducir a padres y niños. Su expresividad atrapó la atención de varios pequeños. El grupo se hizo grande y mientras terminaron de reunirse todos, Amalia leyó un cuento de unos tigres que comían unos perros que salían por la cola. Juan y Amalia hicieron el gran y anhelado show de Tito y Pepita, lo cual atrapó la atención del público con mucha fuerza hasta que llegó el momento en que Zorro y Conejo se presentaron e hicieron la invitación de recorrer el espacio para dibujar con las diferentes propuestas: unos tableros circulares instalados en el piso haciendo las veces de hoyos, de donde podía salir cualquier cosa subterránea dibujada con tizas. Había rollos de papel en las cámaras fotográficas de madera y ahí el que quería hacía dibujitos para hacer una historia entre muchos dibujitos. Había tablas con papel para copiar imágenes de los cuentos de Picnic y había unas lupas para hacer microdibujos en cuadraditos de papel que con la lupa se aumentaban. Fue fascinante ver tantas posibilidades… ¡y ni hablar del momento en que llegó el modelo para dibujar en varias posiciones! ¡¡¡Era un escarabajo gigante!!!

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Caro Cove:
Fue un Picnic muy especial, en el que se notó la unión familiar de Sara, Alejandra y John. Me gustó mucho cuando Sara fue el modelo de escarabajo, que según Dani y Amalia era un dinosauro-rinoceronte. Porque cada quien tiene su punto de vista diferente a un objeto y de eso se trata el arte. Explorar, opinar sin ser juzgado. Un espacio que se llenó de creatividad inspirado por niños, adultos, juegos con las cámaras, las tizas, las lupas, los colores, las emociones.

Algo muy bonito fue regalar los dibujos hechos por uno a personas desconocidas. Se sintió una conexión súper linda. También recuerdo el dibujo que hizo Sara de Amalia con todos los detalles: el pelo crespo, el saco lleno de esqueletos de dinosaurios…

 

Historias para todos bajo el sol

Nuestra motivación: contar historias y que lleguen a todos los rincones del mundo. Hoy compartimos un Picnic de Palabras desde: Cte. N. Otamendi – Gral Alvarado – Pcia de Buenos Aires, Argentina. Por: Mirta Acosta

El domingo 23 de octubre despertó con los primeros rayos de sol, entibiando la mañana. Las redes sociales fueron testigo de nuestro afán de reclutar nuestros amigos, para compartir este picnic, especial. Alrededor de las 14.30 hs comenzó la recorrida para rejuntarnos y equiparnos de todo lo necesario. Ansiosas llegamos al Paseo. Todo el verde, el sol y la gran cantidad de personas que allí había en los juegos recreativos, nos animaban a buscar el lugar justo para asentarnos.

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Como cada encuentro, el lugar fue el más atractivo a nuestros afectos y a lo que el reparo no propiciaba. Se colgaron los banderines, se desplegaron manteles, las valijas con libros fueron ocupando sus lugares, y nuestros primeros amigos fueron llegando.

Otros que esperaban el colectivo con rumbo a ciudades vecinas, también se acercaron para conocer la propuesta, nos preguntaban y estimulaban a seguir con la misma. Mientras ordenábamos el lugar, algo de viento empezó a soplar, pero nada impedía la curiosidad y la exploración de los textos,… ¿se venden? Consultaban unos, ¿es sin compromiso? interrogaban otros. Ninguno se podía perder la posibilidad de tomar un libro.

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Muchos asistentes: mamás, hijos, abuelos, tíos; todos se acomodaron al sol o algún reparo de sombra, libro en mano y compartieron el mate que tanto nos une…más de 50 personas, coparon la plaza. Alrededor de las 15.30 llegó nuestra invitada, nuestra querida y admirada Adelina Galliti, quien con gran asombro nos volvió a contagiar con su magia, ansiosa de contar y de compartir.

Comenzamos a acompañar a los que llegaban, tentadas en sugerir libros a los comensales. Minutos mas tarde salimos a invitar a las familias del parque a compartir las historias que nos relataría Adelina. Asi fue que a las 16 hs, la cuentera con su tambor, comenzó a llamar a la ronda de cuentos.

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-¿Quieren escuchar historias? – Preguntó. Y ante la respuesta de los presentes… Pájaros que buscaban su libertad salieron a través de las historias y un elefante travieso que invitó a jugar a los grandes y pequeños… todos con gran estupor siguieron cada palabra…

Con el aplauso al final segui otro y otro. Nadie se movía del lugar, terminó la ronda de cuentos, el mate siguió pasando de mano en mano. Whattsapp radio (Emisora local) con su programa “Sexto nos cuenta” no fue indiferente, una alumna de 6TO: grado de la EP N°7 Domingo F. Sarmiento, entrevistó a la narradora para su próximo programa radial.

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Luego despedimos a nuestras voluntariosas compañeras que partían rumbo a Mar del Plata. Fue Una tarde única, con muchos espectadores, grandes curiosidades y maravillosas historias. El frio empezó a abrigarnos y nuevamente los libros a las valijas para prepararse a un nuevo encuentro.

Moverse para conocer nuevos lectores en Quito, Ecuador

Lugar: Parque El Ejido
Fecha: 22 de octubre de 2016
Mediación: Sofi, Majo, Karina y Emilia
Fotos: Sofi y Emilia
Reseña: Emilia

Esta vez nos dimos cita en un nuevo parque porque quisimos aprovechar un evento coyuntural que ocurría muy cerca: Hábitat III, este encuentro trajo a muchas personas de distintas partes del mundo para conversar sobre el futuro de las ciudades. Así que con algunos libros seleccionados, nuestras clásicas sombrillas y los manteles nos dirigimos a “El Ejido” que se encuentra en un punto estratégico de Quito, justo cuando se acaba el centro histórico y ya comienza la parte más “moderna”.

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Junto a Sofi y sus amigas, todas movilizadas en bicis, empezamos a organizar el espacio. Elegimos un lugar visible y fácil de reconocer para quienes se habían enterado del evento a través de facebook pero luego empezamos a dudar si era el más adecuado, ya que no veíamos a muchas familias por el sector. Sin embargo, como por arte de magia, algunos niños se vieron atraídos por los colores que saltaban en el lugar. Los primeros en llegar, un niño de unos 8 años y su madre, se acercaron a mirar el menú ofrecido en los manteles y él después de ojearlos rápidamente, escogió “Sofi tu mirada” escrito por Liset Lantigua con ilustraciones de Sozapato, publicado por Zonacuario. Pensé que esta elección, un libro de una editorial nacional, fue una respuesta a la familiaridad que le trajo el título y la portada, luego empecé a reflexionar sobre la importancia de tener ese tipo de obras (fácilmente reconocidas a primera vista y con los criterios que cumplen todos los libros de Picnic) y me vino a la mente todas las consecuencias poderosas que esta acción puede generar en el imaginario lector de nuestros visitantes.

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Luego de estas conversaciones internas que tuve, llegó Valentina, una niña de 6 años que junto a su madre se sentaron en el mantel donde yo estaba. Al estar tan cerca fue inevitable no escucharlas, “voy a buscar otro ma” decía ella apenas veía que estaba por terminarse el libro. Volvió a llamar mi atención que lo que buscaba era algo similar a lo que ya había leído, buscaba otras portadas con Willy, el famosísimo mono de Anthony Browne. Cuando volvió a levantarse, le mostré “Ramón preocupón” del mismo autor, abrió los ojos y vi que su mirada se sorprendía con este encuentro. De nuevo me senté a pensar en cómo se pueden tejer esos puentes a través de lo conocido hacia lo desconocido o mejor, quizás hacia lo un poquito menos conocido, y así poco a poco hacer recorridos lectores que permitan acercarnos a nuestros gustos.
Cuando me despegué de mis pensamientos y de chismosear en las lecturas de Valentina y su madre, me di cuenta que todos los manteles estaban llenos. Cada una de las voluntarias estaba leyendo con un niño o una niña diferente, no había muchos adultos, los niños llegaron solos y eso generó algo de duda. Luego, mientras conversaba con Sofi, me contó que eran hijos de los señores que vendían en algunas carpas instaladas en el parque. Algunos no habían tenido mucho contacto con la lectura pero estaban encantados con los libros.

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Majo, otra voluntaria, estuvo conversando con un niño sobre la importancia de aprender quichua, él le contó que sus padres hablaban pero que a él le daba vergüenza, así que Majo le animó a que aprenda y le confesó que a ella le encantaría saber y en seguida todas nos sumamos a esta confesión. Después de pensarlo, el pequeño pareció sentirse un poco más convencido. Es triste mirar cómo intentamos tapar, por vergüenza (propia o ajena), nuestras raíces, todos lo hacemos casi sin darnos cuenta, así que este encuentro fue otra sacudida en el Picnic.

Ya casi al final de la segunda hora, llegaron algunas amigas extranjeras de Sofi que vinieron para Hábitat III. Ellas, aunque hablaban poco español, se sentaron a escuchar con mucha atención las lecturas de Sebastián y además cuando terminó le obsequiaron una monedita de Canadá que habían traído para los niños. Otro encuentro bonito que hubo al final de Picnic, fue el de Sheila con su papá. Ella, de 6 años había pasado todas las dos horas yendo y viendo de libro en libro y de voluntaria en voluntaria, hasta que su padre, un poco asombrado se acercó para ver qué es lo que estaba haciendo. Le invité a sentarse y Sheila se animó a mostrarle que sí puede leer. Tomó “Dos pajaritos” un libro de imágenes de Dipacho y se puso a contarle toda la historia de principio a fin, él me miraba como buscando una respuesta a lo que estaba haciendo su hija, yo le dije que eso también es leer, que nos han hecho pensar que solo se lee letras pero que la lectura de imágenes es igual o a veces más importante.

Y acabo con esta pequeña frase de Teresa Durán para recordar la necesidad de tomar consciencia sobre lo que implica leer “antes de saber leer se ha de saber sentir… Amamos a quien nos habla y, también y sobre todo, a quien nos escucha. Igualmente, sin duda alguna, amamos la imagen de quien nos habla y nos escucha. Porque la imagen es también comunicación, una comunicación muy especial que se transforma en conocimiento”.

Picnic en Iquique, Chile

Picnic de Palabras Iquique, Región de Tarapacá, Zona Norte, Chile

Por Marcela Riquelme

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Hoy tuvimos sesión en la playa, llegamos cada una junto a nuestros hijos, como siempre. La tarde estaba cálida y ventosa , mucha gente en la playa, disfrutando, tal vez, del 18 chico, pues en Chile, celebramos nuestras fiestas patrias el fin de semana pasado. Instalamos los libros clasificándolos por edades, por tipos, en las diferentes mantas multicolores, extendimos los banderines y mientras hablábamos de nuestros próximos proyectos para el Picnic (que la verdad, siempre nos vienen las ideas por mil y vuelan tanto que no casi no alcanzamos a tomarlas todas), cuando veo caminando una colega del trabajo que viene junto a su hijo acercándose hacia donde estamos.

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Ya me había avisado que vendría y la verdad me dio mucha alegría porque de toda la gente que dice que irá casi nunca aparece. Venía con libros y todo el entusiasmo. Luego llegó otro amigo con su hijo y como siempre la gente que pasa y nos pregunta si vendemos, algunos que se quedan mirando sorprendidos y luego es como si quisieran escapar del influjo de los libros, se van caminando sin mirar.

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Una familia que no conocíamos se sumó y estuvo leyendo, la madre muy contenta, nos agradeció al irse.Estamos pensando preparar algo especial para el próximo encuentro que será la próxima semana, a ver si captamos más público. Como siempre es un gusto salir de casa a compartir la lectura con los niños, leer para otros, para la próxima esperamos tener más lectores. 

Palabra por o: observación

Bitácora del 30 de octubre de 2016

Por Teresa Farfán.

San Pedro Garza García, Nuevo León, México

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Estamos muy felices de avisarles que Picnic de Palabras en San Pedro de Pinta vuelve a estar activo todos los domingos. Gracias a Lucila por ponernos en contacto con Avril y el maravilloso grupo de voluntarios que nos van a ayudar todos los domingos, ellos son Juan, José Ángel, Andrés, Patricio y Nicolás, todos son estudiantes de 5to semestre de preparatoria, van a hacer con nosotros su servicio social.

Les cuento como nos fue hoy, llegamos a las 11:30 a.m., tuvimos 24 familias, 69 asistentes y ocho voluntarios. Uno de los asistentes era francés y una familia era italiana.
Era muy lindo porque al caminar entre las familias escuchabas francés, italiano, inglés y español. Una familia estaba hablando con su hija en inglés, ya no investigue si eran mexicanos o no. Necesito hablar con las embajadas y los consulados para conseguir libros.

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Lo más divertido, fue ver pasar al perro que iba de Lobo Feroz disfrazado de abuelita con el cazador. El hermoso perro disfrazado de vampiro. El primer niño que llego disfrazado de pirata y el que se disfrazó de calavera, también llego un niño de astronauta y Avril le dio un libro sobre las estrellas. Llegaron dos enormes Gran danés con una familia.

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Y lo más hermoso los gritos de los niños y las familias invitando a más familias a platicar con ellos y a leer. Ver los manteles otra vez llenos con muchas familias, ver muchos papas solos con sus niños poniéndole todo el entusiasmo al contarles el libro. Escuchar a una niña que le dan a elegir “¿Quieres que te lea yo o tu papá?”, le preguntó uno de los voluntarios. Y la niña responde –“Mi papá.” 8 familias eran de papá con sus hijos.

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Estoy detectando familias en que la mamá le lee al hermanito más grande o a la hermanita y no incluyen al bebé de meses que está en la carriola o jugando con los libros, solito.
Si tienen recomendaciones para lectura con bebés de meses para ayudar a estas familias por favor escríbanme.


Saludos a todos y felices Picnic de Palabras.

New York: full of stories

 

We’re inching toward becoming a park staple, with increased engagement as the last weekends of summer break rolled around. Might require some additions to our “cadre” of picnic blankets! Always an encouraging sign.  By: Emily Pelleryn

 

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The air has not quite cooled off in New York City… and yet, we found our beautiful patch of shade a couple weekends back at Maria Hernandez Park in Brooklyn, settled in, and hosted a bustling rotation of kiddos for the August rendition of Picnic de Palabras.

Wet from playing in the park’s fountain, some readers brought over their towels and set up their own “mats” next to ours, bringing books to their spaces and extending our footprint. Others, as was the case last time, too, carried books – as if checking them out from the library themselves – to their families’ areas, reading there and coming back multiple times for fresh stories.

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We had some wonderful picture books this Picnic, with the breadth of children’s literature expanded by having a larger crew pick books from the library this month. That’s a diversity we’re hoping to maintain – the more perspectives we can bring to the library/Picnic blanket, the better! It was encouraging, too, to see some kids reach for more challenging books, as we had some early reader chapter options alongside the usual elementary-aged books.

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There were fresh faces all around (readers and park goers)… and we’re thinking next Picnic might call for some new blankets, as attention to the program has grown since last month! We anticipate wonderful fall weather moving into September – always a great sign to populate the Bushwick park where we lay our books. Till then!

Picnic de Palabras a prueba de viento

Desde Comandante N. Otamendi, Argentina, el viento, el frío, nos acompañaron durante un nuevo Picnic de Palabras. Por: Mónica Esmail

Una vez más el clima se divirtió con nosotros. A la mañana estaba muy lindo y al mediodía empezó a cambiar con vientos fuertes y frío. Como teníamos invitada fuimos a esperarla con nuestras valijas pero cuando bajó del micro, el frío era peor y estaba muy congestionada. Esperamos un rato buscando algún lugar apropiado pero se hacían remolinos de viento por donde estuviéramos. Como no habíamos avisado que cualquier cosa lo hacíamos en el Centro Cultural nadie iba a saber que estábamos ahí así que cerca de las 15:30 hs, ante la soledad reinante, nuestra invitada dijo que no tenía problema en volver en cualquier otra ocasión y decidimos suspender y dejarla que vaya a descansar tranquila y recuperarse de su resfrío.

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La despedimos, y luego que salió el micro continuamos hablando tratando de combinar una fecha para concretarlo y decidimos aprovechar para tomar unos mates ahí y “por las dudas” que se acerque alguien, ya que se veía un claro en el cielo muy prometedor, extendimos un sólo mantelito con unos pocos libros. Nos acomodamos y empezó a asomarse el sol de a ratos, el viento no paraba pero ya se sentía distinto. Pusimos nueva fecha, conversamos sobre algunos libros nuevos que habíamos visto en las últimas ferias y otros que habíamos encargado por Internet, y cuando decidimos que ya habíamos sentido suficiente frío y que era mejor irnos, llegó una primer lectora de dos años (Perdón, el primer lector fue un perro) con su mamá, quién muy decidida elegía los libros que quería que leean, que por supuesto no eran los mismos que quería leerle su mamá. “Ete no. Ete.”

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Por supuesto le dimos su tiempo. Al ratito se acercó otro niño, agarró un libro y salió corriendo. Lo trajo nuevamente una nena y se quedaron leyendo, enseguida se acercaron 4 o 5 niños más así estuvimos leyendo lo poco que habíamos dejado, hasta que los vinieron a buscar porque ya hacía demasiado frío. (Finalmente el cielo quedó completamente celeste, pero el viento nunca cesó.)

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Uno de los chiquitos con los que estaba encontrando objetos en el libro me mira y me dice: “¡Pero no terminé de buscar todos!” ante la mirada negativa de la madre emponchadísima porque ya habíamos quedado a la sombra le dije que lo esperaba el próximo para seguir buscando a lo que me dice preocupado: “Pero ¿vas a volver?” así que tenemos una deuda pendiente para el próximo Picnic”

 

Tejidos de historias entre invitados y lectores

Fecha: 21 de agosto de 2016, Parque Alcalá, Bogotá. Por: Juan David Rincón

Domingo: De nuevo la esperanza de una tarde de lectura y la incertidumbre de si el día estará nublado o no, si lloverá o no. Pero como siempre, nuestra mejor forma de atraer el sol y hacer que un día nublado transmute en uno soleado, es sacando a pasear los libros: siempre es mejor verlos en un parque que en un estante.

Llegué algunos minutos después de las 2:00 p.m. al Parque de Alcalá, salí de la estación de TransMilenio y caminé hacia el sitio acostumbrado por el grupo para ubicar libros y manteles. Allí, ya estaban Marcela y Amalia. Empezamos a extender los manteles y a ubicar las cobijas y los libros. Los libros empezaron a convocar a las personas, a atraerlas. Catalina y Amalia se armaron de libros para ir a invitar a algunas personas que se encontraban en el parque. Y así empezó a juntarse un nutrido grupo de lectores, mientras los demás voluntarios iban llegando.

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A pesar de que cada uno de los lectores es un invitado especial a nuestros domingos de picnic, en esta ocasión teníamos un autor invitado. Se trató de Germán Izquierdo. Él es periodista y escritor y nos acompañó para contarnos acerca de su libro “La Cucharita: Historia de una canción”, publicado por Monigote e ilustrado por José Arboleda. Este es un libro muy particular porque nace de la investigación que él hizo sobre Jorge Velosa y su reconocida canción “La cucharita”. Para ese momento, ya había más de veinte personas reunidas en el espacio de Picnic. Germán empezó contándonos acerca de su motivación para escribir este libro y ante algunas de sus preguntas, muchos tuvimos que recurrir a la tarea de cantar los primeros versos de esta popular canción. Todo esto para recordar, por ejemplo, el material de la cuchara o el lugar en que se la regalaron a Velosa. Este libro también es especial porque recurre a un formato ilustrado, propio de los libros infantiles para contar una historia que fascina a grandes y pequeños, y eso es lo que hace que un libro sea sorprendente, según nos contaba el autor.

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Después de compartir la lectura en voz alta de este libro y de que el autor respondiera algunas preguntas, Mauricio Gaviria quien es el director de la editorial Monigote, nos leyó el libro “¡Chau!” de Edward van de Vendel y Marije Tolman. Esta es una historia sobre la capacidad de la imaginación para construir sueños y de compartir nuestros mundos fantásticos con quienes queremos. Marta es la pequeña protagonista que hace partícipe de sus sueños a su hermano quien sufre de pesadillas.

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Picnic es un espacio en el que todos nos integramos bajo la excusa de compartir un libro, y si lo podemos leer con amigos o en familia: ¡Mucho mejor! Una de nuestras pequeñas leyó para todos nosotros el libro “Formas” de Claudia Rueda. Su tarea no fue nada fácil pues este libro no tiene palabras, así que ella debía seguir la historia a través de las imágenes para reconstruir la historia, o más bien, construirla a partir de lo que el libro despertó en ella. Amalia Satízabal también compartió la lectura de varios libros, entre ellos “Zorro” de Margaret Wild y Ron Brooks (Ekaré), “Cosita Linda” de Anthony Browne (FCE) o “Este alce es mío” de Oliver Jeffers (FCE). Este último lo disfruté mucho, porque es uno de mis libros favoritos, no sólo de los que encuentro en Picnic, sino de todos los libros que conozco.

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Si al principio estábamos preocupados por las nubes, durante las lecturas hubo quienes se integraron al grupo de los que preferirían la sombra de los árboles, otros fueron de aquellos que disfrutaban de los magníficos rayos de sol que esta tarde de domingo nos regaló.

Este domingo de Picnic de Palabras nos permitió de nuevo integrar familias en torno al maravilloso acto de leer en familia. Vimos padres e hijos reunidos bajo un libro, a una pequeña que le leyó a los más grandes y a los grandes leyendo y riendo como niños. Cada libro despierta y motiva en quien los lee la capacidad de crear un nuevo mundo por descubrir y, sobre todo, compartir. Cada libro nos pone siempre a soñar: con la fantasía de sus páginas, con la felicidad de la voz que nos lo lee y con la promesa de un próximo descubrimiento de la mano de la literatura infantil.

Picnic de Palabras desde la playa en Valdivia, Chile

Playa Collico

Por: Karen Coronado

20 de marzo, el sol sale tímido, pero fuerte sobre Valdivia. Tomamos nuestros canastos con libros, nuestras mantas y nos vamos de ¡Picnic de Palabras!

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Esta vez, la cita es en la playa de Collico; un sector bañado por la orilla del río. Entre la arena, bajo un gran sauce instalamos nuestras cosas y empieza la gente a llegar. Algunos son los que hemos invitado directamente, otros los que van pasando por el lugar y les llama la atención la actividad, pero la mayoría ha sabido por las redes sociales y, aprovechando los últimos días de sol de marzo, se animan a pasar una grata tarde de lectura en familia.

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La particularidad de este picnic es que algunos también se bañan en el río. Somos muchos y se generan varios grupos alrededor de distintos libros. Algunas mamás y papás leen a sus hijos y también a otros. Unas chicas toman sol mientras leen, otros juegan alrededor de los libros ¡Hasta algunos perros llegan a escuchar lecturas!

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Se nos pasa el tiempo volando y cuando ya empieza a refrescar, leemos dos cuentos en kamichibai, para cerrar nuestra entretenida tarde.

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Así, culmina otro de nuestros picnic de palabras, con gran éxito de asistentes y mucha alegría en el corazón.