Visitar Florencia y encontrarse de nuevo

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Si alguien me hubiera dicho, hace 5 años, que estaría visitando Florencia y haciendo Picnic de Palabras aquí, lo hubiera mirado con cara de si claro. Y resulta que esa persona habría tenido toda la razón, y si hubieramos hecho una apuesta sin duda la habría ganado con una sonrisa inmensa, y yo habría perdido.

Esto nunca pasó, lo que si pasó fue tener Picnic de Palabras en Florencia, y haber estado ahí. Conocer cómo lo hacen aquí, ser una visitante más, que en otro idioma, se sienta con una de las mediadoras italianas, a leer en voz alta como una niña de 5 años, que va descifrando lo que lee y lo que significa en inglés, porque ninguna habla italiano ni español. Que locura el poder de la lengua para acercanos y alejarnos. Aquí uno se las arregla con las manos, los ojos, el cuerpo. Aquí si que el cuerpo es un libro para leer y para contar.

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Encontré más similitudes que diferencias. Papás y mamás que se sientan en el piso, cerca a sus hijos, o entre sus piernas. Les leen al oído, como en un susurro, contándoles historias como si fueran secretos que nadie más puede oír. Son cómplices junto al libro. También, papás y mamás que se quedan al margen, de pie, y siguen la actividad sin involucrarse. Es para ellos que hacemos esto, para invitarlos a participar, paso a paso. Algunos se animan otros no. Ahí es donde empieza la brecha entre los niños que tienen el lujo de tener papás lectores y otros que los tienen al margen.

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Y entonces mi atención se la roba este pequeño, no supe su nombre, y me acordó a mi sonbrino Santi que está en Bogotá y tiene 2 años y mucha actitud. Dos niños lectores, cada uno único. Este pequeño lector estaba con su mamá, descubrió el libro del lobo, y no lo soltó durante todo el tiempo que estuvo. Lo tenía abrazado, y se siente la conexión en una sola foto, de lo que significa un objeto en la vida de un niño. En este caso sería temporal, y a la vez tan significativa, que se animo a ponerse de pie, juntarse con los otros niños, y pedirle a Andrea que leyera ese libro que con tanta fuerza abrazaba. Soltar para conocer lo que hay dentro.

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Durante la sesión de lectura en voz alta que presentó Andrea, la voz conecta. Tres de estos niños llegaron con pistolas de juguete. Andrea, mago y sabio, negocio con ellos desarmarse mientras leían, ellos bajaron las armas y las guardaron entre la maleta donde ellos traen los libros. Fue un acto sencillo y a la vez simbólico, libros que remplazan las armas, toda una apuesta. Niños que aceptaron el trato y estuvieron una hora escuchando historias, siguiéndolas, comentándolas, atentos. Aquí siempre hay espacio para todos, y los padres también tuvieron un lugar junto a sus hijos. Ver en esta foto todos los ojos siguiendo un punto que no está, la historia que se cuenta por fuera de la foto, muestra el potencial que tiene la palabra para conducir la atención de todos hacia un mismo punto. Por un instante, la lectura en voz alta, la posibilidad y la sonoridad de las palabras congelan el tiempo, la realidad y transportan a sus lectores al tiempo de la ficción, de la historia, que transcurre entre un texto escrito que tiene palabras e imágenes.

IMG_3642 (1).JPGHubo también espacio para leer en pequeños grupos, y con esta foto junto a las estatuas del parque, que se quedan solas cuando todos vuelven a sus casas, me quedo pensando en cómo estas historias, esta idea de Picnic de Palabras, es en realidad un barco que navega a su tiempo y en su propio viento que le marca el ritmo. Aquí, hasta a las estatuas les leen cuentos.

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Pasa el tiempo, y seguimos leyendo, cuando el clima nos lo permite y las condiciones son óptimas. Esta vez desde Ecuador, un picnic que es inolvidable.

Reseña de Catalina Unigarro sobre la visita de María de los Ángeles Boada

Lugar: Parque La Carolina.
Fecha: 27 de noviembre de 2016
Mediación: Cata, Juan y Emilia
Fotografías: Emilia

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Conocí a María de los Ángeles Boada, escritora de literatura infantil, por una amiga en común, en una reunioncita en la que conversamos con entusiasmo sobre las posibilidades de emprender proyectos en torno a la lectura. María es escritora ecuatoriana y la verdad, hasta entonces no había tenido oportunidad de conocer su obra. Le propuse que nos acompañe en un encuentro de Picnic para escuchar en su voz sus historias y aceptó de inmediato. Sin embargo, y por varias razones, ese momento tardó casi un año en concretarse. Nos perdímos la pista.

Volvimos a encontrarnos y a organizar su visita. María estuvo siempre muy entusiasmada de conocer este espacio y me pidió que le explicara en qué consistiría su participación. ¿Qué queremos de estos invitados especiales? Pensé. Y recordé todo el sentido. Esos ejercicios tan necesarios para no automatizar las cosas. Le comenté que se trataba de una iniciativa bastante libre en la que no teníamos guión aparente. Que se trataba ante todo de compartir. Que cuando sugerimos libros, como en la música, compartimos nuestros favoritos, lo que nos alegra el corazón. Así que la invité a llevar los libros que más le guste y disfrute leer.

Después de acoger a nuestros visitantes durante la primera hora de Picnic, María empezó las lecturas en voz alta. Nos compartió “¿Dónde viven los monstruos?” de Maurice Sendak, “El elefante flaco y la jirafa gorda” de Amalia Low; “No seas goloso señor oso” y “¿Qué idioma hablan los animales?” de su autoría. Sus dos hijos la acompañaron, y la asistieron con dos títeres muy simpáticos. Gracias a la calidez de la lectura, fueron historias que atraparon a los grandes y más pequeñitos, quienes respondieron con su atenta escucha. María nos invitó al juego de cada historia, desatando preguntas y risas cómplices. Sentir esas respuestas fue muy inspirador. En esta ocasión, y gracias a la generosidad de María quien nos regaló su voz y sus bellas historias, se generó la cercanía, no siempre posible, entre escritores/narradores con el público, despertando la curiosidad e interés por la obra, el oficio y la profesión.

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En cuanto las lecturas terminaron, algunos niños y padres se acercaron a María a preguntarle sobre sus libros, sus historias y dónde encontrarlas. Es una suerte asistir a estos momentos privilegiados, en el que se sienten vínculos afectivos y puentes invisibles entre la literatura y las personas, esos momentos que vienen sucediendo en la sencillez de los manteles del Picnic, hace ya dos años, gracias a un equipo de voluntarios y a una comunidad amorosa que va creciendo, en un lindo parque de Quito.

Summer in the City: Picnic de Palabras Brooklyn 

By: Emily Pellerin

Working up to June’s edition of Picnic de Palabras, we were anticipating grueling heat, and were unsure of how that would affect our audience at the park. Luckily, the day was absolutely beautiful, the park was crowded, and the shade was ample.

This was the first time in the Brooklyn Picnic’s short history that there were more volunteers than there were readers, making for a funny demography on the picnic blankets. That didn’t deter the kiddos from coming around — as usual, there were cousins in pairs, some solo readers, parents and little ones, and whole families who joined us to read. There was even an avid reader who brought his furry friend to the picnic blankets: Pancho, the (reading) rabbit!

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One newly observed relationship to the program was that some shyer children were hesitant to come over and read with/to us, but asked to carry books with them to read in their own spaces. Like a mini library in the park, a few kiddos would bring books back to their own blankets, read them, and return to choose another once they were done.

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This month, we incorporated books for children whose stories were entwined with writers of classic literature: Zora Neale Hurston-curated short stories, a Virginia Woolf parody, an MLK speech transcribed for kids; we also included books in Cantonese, along with those in Spanish and English, as we’ve noticed the breadth of bilingualism in the park is expanded beyond just Spanish- and English-speakers. The culturally rich neighborhood of Bushwick again proved itself a wonderful host for our Picnic de Palabras.

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This month we were lucky that Yaco of Picnic de Palabras Bogotá was visiting! Upcoming in August, Picnic de Palabras Brooklyn will host Mary Murphy Wong, a longtime New York resident and storyteller.

The autumn starts around Picnic de Palabras NY

The weather could be our best allied or our worst enemy. By: Emily Pellerin

Sunday, September 27: Maria Hernandez Park, Brooklyn, New York; USA

image3This Picnic de Palabras was the first of the brisk fall season – with glorious weather, we were in just as glorious spirits and found the families in the park to be so, as well. Once we set up blankets and lay out the books, though, we found that no one (as we’d been lucky to have experienced before) came running by their own curious volition. So, we set about the park inviting families and kids over. Once a small crew gathered, others joined and there began a nice coming and going of kids and parents.

We were encouraged to find that most of the families that came by Picnic were new, having not seen us in the park before, and were excited about the program. We’re hoping to see some of the same faces at the upcoming Picnic.

image1Likewise, we were encouraged to find that not just English- and Spanish-speaking families were coming by the blankets to read (as is usually the case). There were bilingual Asian kids and a bilingual French family, all from the neighborhood. We’re hoping that the upcoming Picnics can continue to see a diverse cultural and ethnic attendance.

It was, as it always is, rewarding for the kids (they always want to keep their favorite books!) and for the volunteers (some of whom were new last month). The next Picnic – we await another beautiful, brisk fall day full of children’s literature and community.

Second Time: New Kids and “Repeat Customers” in New York City

We received the last news from our last new born Picnic de Palabras in New York. In this city, bilingual and multicultural meetings have taken place in a public park, where kids cannot believe yet this is happening. On top of that, Picnic comes again once per month. From: Emily Pellerin

Picnic de Palabras: Sunday August 23rd, 2015

The second Picnic de Palabras at Maria Hernandez Park in Brooklyn’s Bushwick neighborhood was as much of a success as the first. We got set up, laying down our “picnic” mats and books, and, unlike last month, no one approached us at first.

With a new suite of volunteers on board (Nicky and Diego came to read alongside Cole and me), we took to approaching the families stationed around the park near us. Parents seemed more than eager to send their kids to read with us, and very interested in the fact that we were going to be a monthly outpost.

One of the most encouraging things about this month was that there were children who remembered us from last. If we are receiving “repeat customers” after just a month, imagine how flourishing the project can be after a season’s worth of Picnic!

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Last time, we noted that kids (especially boys) gravitated toward books based off of movies or televisions shows, ones with illustrations of superheroes or other characters that they recognized. With that in mind, I brought a heavy selection of those “movies to books” easy-readers, of course in addition to books by some of our favorite children’s books authors (Patricia Polacco, Tommy dePaola, H.A. Rey, etcetera). Though these books again received a ton of attention, this was a lesson learn on our part, for they were poorly written and did not necessarily offer robust lessons or even inspiring illustrations.

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Once again, the kids who came by to read were majority, if not exclusively, Hispanic, and came with their cousins and siblings beside them. The family-oriented character of this park reaffirms us each Picnic that it’s a great one to return to. Also again, kids were enthused enough about the books that they wanted to take them home!

It was a sweet and eager crowd, ebbing and flowing participants throughout the couple hours, which we this time left armed with flyers to remind them of the next date we’d be reading. We’ll be looking out for our “repeat customers” just as we hope they’ll be looking out for us!

The Inaugural Picnic Palabras, New York City

We are so proud because Picnic de Palabras is not only crossing frontiers but also languages. Reading is everywhere as magic, and only come true through people who believe. By: Emily Pellerin

On Sunday, July 26, we headed out to Maria Hernandez Park in Brooklyn, New York City to launch Picnic Palabras in the United States. There we found sno-cones, fountains, a skate park, a playground, and tons of (unknowingly!) eager kiddos, sated ith sno-cones, but craving a good story.

At the beginning opicnic ny 1f the summer, we began the search for the perfect park in which to host the U.S.’s first Picnic Palabras. The Brooklyn neighborhood of Bushwick presented us with an indisputably ideal spot — the lively, family-filled Maria Hernandez Park. Having Emilia from the Quito “chapter” of Picnic here in NYC this summer really got the ball rolling, and we’re proud to say that we finally launched the Brooklyn edition of Picnic Palabras this past Sunday, July 26!

The reception was incredible. Upon laying down mats and books, a pair of cousins immediately (though timidly) made their way over to check out what was going on. We invited them over, and Cole seemed to have made best friends with them within minutes. Others came over, as usually happens, once the pioneers sat down with books in hand. The crowd of children, which reflected pretty accurately the demographic of the park’s guests as a whole, was almost exclusively Hispanic. From what I gathered, the children were mostly, if not all, bilingual. There were some older kids (pre-teenagers, maybe) and a few preschool aged kiddos, though the majority of stoppers-by were elementary aged.

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Armed with the suggestions of other Picnic Palabras volunteers, we were able to source a diverse (thematically, difficulty-wise, and linguistically) selection of books that the kids seemed to be very excited about. Some enjoyed being read to, and others reading to themselves or to one another. (Curious George made quite the rounds!)

Though we didn’t interact much with parents, we liberally let the readers know that we’d be back in a month. Many of the kids were reticent (which I would consider natural for young kids in new situations) but their appreciation of the event was nonetheless discernible.

The most reassuring commentary came from a young boy who asked us how long we would be in the park with the books. When we told him only two hours, he looked up, concerned, and replied, “That’s all?” His discontent with the fleeting “library” was heartening, and spoke to the general enthusiasm for the project that we hope, and which I feel was evidenced, each of the children in attendance had felt.