Personajes, lectores e historias en Picnic de Palabras

Por: Josue Veloz

Esta es mi tercera vez en el Picnic de Palabras: una como participante y esta es la segunda como voluntario. No conozco a las otras voluntarias. El único contacto ha sido correos donde cuadramos la hora y lugar de encuentro y las funciones que cada uno cumpliría.

En cuanto llegan me comparten su buena onda y entusiasmo, también me cuentan que son hermanas: Paola y Gina. En seguida me doy cuenta que llevan un buen tiempo compartiendo en el Picnic, pues hacen que podamos retirar el “librero rodante” con gran rapidez por su amistad con los encargados del Jardín Botánico de Quito donde se lo guarda.

20451957_818685328291194_6427802966466334206_o.jpg

Sin más, sacamos el librero al lugar habitual donde, cada quince días, se lo instala. De nuevo abrirla nos retrasa, pero también nos obliga a ingeniárnosla para lograr nuestro fin, y enseguida se acerca una señora, de los puestos de comida de enfrente, a prestarnos su ayuda: “Siempre les tiene que pasar algo los domingos”. Ese “siempre” me hace pensar en el posicionamiento que ya tiene el Picnic de Palabras en el lugar, pero ese “les tiene”, y no “nos tiene”, me hace plantear un posible reto para el proyecto (aunque me gusta pensarlo más como colectivo): empoderamiento y sentido de pertenencia de los habitantes habituales del parque. No solamente porque ese es su espacio, sino porque les permite desarrollar una actividad sumamente enriquecedora para sus niños, quienes son los principales beneficiados. Muy probablemente no tienen otro espacio para realizar esta actividad, pues mucho me temo, que sus padres al no tener hábito de lectura, tampoco lo transmiten a sus hijos. Y esto no es un problema de clase socioeconómica ¡cuidado y alertas!

Un Ecuador donde se lee medio libro al año nos deja una clara evidencia de que esto está pasando en todos los rincones del país, sin discriminación de edades, géneros o clases sociales. De ahí a que los niños que han tenido la suerte de nacer en familias con mejores situaciones económicas tengan ventajas, como tener más libros al alcance en la biblioteca familiar, es otro tema, pero el fondo está en esas estadísticas alarmantes. Ahí radica la interesantísima propuesta que el Picnic de Palabras viene planteando por casi tres años en espacios públicos y gratuitos, sin necesidad de ser un ente estatal más bien como una iniciativa ciudadana-voluntaria que traspasa fronteras. Por ello, en lo personal, me siento orgulloso y privilegiado de poder participar de esta iniciativa, a pesar de ser tan solo mi segunda percepción como voluntario.

20507247_818685451624515_7680980162829665697_o.jpg

En cuanto logramos abrir el librero móvil, extendemos manteles y empezamos a clavar parasoles (mala idea en verano, ya se darán cuenta por qué). En seguida se acerca un niño de los puestos de comida de enfrente y nos ayuda a organizar el espacio. Por supuesto, Gina y Paola lo conocían, se sabían su nombre y eran panísimas. Estas dos chicas son espectaculares con los niños. Debe ser su buena vibra que permite esta relación tan auténtica y horizontal. Una vez que instalamos el lugar, Gina y yo, vamos a invitar a la gente. Paola se queda leyendo libros con los niños: ¡hermoso!

Noto que el parque, en general, está vacío en comparación hace un mes, que fue mi primera vez como voluntario. Sin embargo, la poca afluencia me permite identificar personajes peculiares que habitan este parque, y que parecen salidos de cuentos (quizás y este parque esté más relacionado con el Picnic de lo que pensamos o podemos ver). Una chica que alquila carritos para niños llama mi atención, es demasiado mal humorada. Parecería que odia a los niños: “… ese no es mi problema. ¡Lleve a su niña a llorar a otro lado!” le grita a un padre cuya hijita estaba rodeando los carritos pero que nunca los llegó a tocar” (¿y ni saben? Cuando les cuento a las chicas, Paola ya la conocía. ¿Estas chicas conocen a todo ser que habita el parque o que onda? Jajajaja. Pero me encanta ese vínculo que tienen, no sólo con el proyecto, sino, sobre todo, con la gente del parque).

20507428_818684841624576_3440732581950767728_o.jpg

Cuando regreso de invitar a la gente, para ver cómo va la cosa, Gina me invita a leer. Noto que ya hay algunas familias disfrutando, un domingo soleado, de la manera más rica. Padres leyendo a sus niños, niños leyendo por su cuenta, hermanos compartiendo historias y, por qué no, hijos leyendo a sus padres. No están en una biblioteca ni en la escuela ni en su cama antes de dormir. ¡Sí, están en un parque! Y están felices. Sonríen, cambian su voz para leer, se echan sobre el pasto. Si la felicidad existe debería ser algo así… creo yo.

Gina cubre todo el espacio que hay a mi alrededor de libros. Me sugiere uno con mucho entusiasmo: Little Bird (Germano Zullo/ Albertine- Enchanted Lion Books). Me gusta un montón. Resulta que a ambas les encanta ese libro, debe ser porque se parece a ellas. Trata sobre un señor que lleva pájaros en la parte trasera de su camión. Éste, atascado por un barranco que hay en el trayecto, decide liberar a los pájaros, pero uno se queda, al parecer no sabe volar. En base de señas y situaciones jocosas el señor le incentiva (o le enseña) a volar al pajarito, lo cual llena de una sonrisa gigante su cara. Al rato, el pajarito regresa comandando la bandada que antes había liberado el señor y lo toman de sus hombros con sus garras para llevárselo volando con ellos. De pronto noto una sonrisa en mi rostro, me la imagino como la del libro. Leo unos cuantos libros más. “Josueee” grita una de las chicas, levanto la mirada y veo un parasol asesino rodando por el parque a causa del fuerte viento de verano, por suerte nadie se cruza ni sale herido. La anécdota nos causa risa a los tres. Resolvemos quitar los parasoles y sugerir que en verano no se los use.

20506894_818684661624594_7406789394887172565_o.jpg

Una de las chicas me pregunta la hora. Son las 12h05. Es hora de levantar el kiosko. Empezamos a doblar los manteles pero el mismo niño del inicio le pide a una de las chicas que le lea el último libro. Ella me lo delega, ¡gracias dios! Nos sentamos, le leo dos libros. Si hubiera sido él, yo me hubiera levantado a medio libro (esto para no hacerme quedar mal, yo mismo, como lector) y me hubiera retirado indignado. Aquí me planteo un reto personal, mejorar mis relaciones con los niños y, por supuesto, mejorar mi lectura en voz alta. En fin, hace un buen tiempo que no escribo sobre las cosas buenas de la humanidad. Otra cosa que agradecerle al Picnic.

¡Merci beacoup!
¡Dios les pague!
¡Yupaychani!

Anuncios

Volver

20626312_10154874732998424_7570028401337857545_o.jpg

Hoy después de muchas ausencias, fuimos al parque infantil, con libros para compartir un muy corto espacio de tiempo, pero con un gran propósito: crear historias. Mediante la lectura cautivamos algunos niños y adultos y nos escuchamos, haciendo algo diferente en la tarde de domingo, con buen clima, y muchas ganas de volver a leer. Gracias a quienes creen, participan y apoyan esta iniciativa.

Palabra: facinación

16487438_1270736036328545_803883414565057823_o.jpg

PICNIC DE PALAVRAS
PRAÇA RAÍZES

Flávia Wolffowitz

Uma tarde, uma praça, famílias, diversão, música, artesanato.
Um local perfeito para saborear um farto picnic de aventuras e muita diversão.
Os livros e suas maravilhosas histórias possuem o poder mágico de encantar adultos e crianças.

Nossos encontros são esperados e compartilhados em família, transformando leitura em prazer e aconchego.

 

17545219_1270737282995087_6842326133564766420_o.jpg

Nuestro Picnic viene de la fascinación de tener nuevos lectores, las toallas están llenos de cuentos, libros de baño y poesía.

Siempre estoy ganando nuevos libros. La asociación con la biblioteca pública muncipal, partidario del proyecto siempre renueva nuestra colección. Las toallas siempre sirven un banquete abundante de aventuras.

5 años y seguimos contando y soñando

18837041_1925511487474870_7121813580403492016_o.jpg

El pasado 3 de junio Picnic de Palabras cumplió 5 años, que celebramos el día domingo, desde el parque de Alcalá en Bogotá. En ciudades como Quito y Buenos Aires, tuvimos Picnic en simultánea. En esta oportunidad, sólo queríamos que el sol saliera. Fue un día lleno de incertidumbre, hasta que todos llegaron al parque y el sol, desde su lugar de siempre, abrió el cielo y se asomó a ver los libros.

Desde la distancia, he recibido por diferentes fuentes, lo lindo que fue este reencuentro. Este año la lluvia a limitado el salir al parque, así que solo el poder hacerlo es motivo de dicha y celebración.

Después de cinco años, es posible decir:

  1. Empezar este proyecto fue un reto, un sueño y un aprender a hacer en el día a día. Compartir una pasión y sobre todo un amor que se sigue multiplicando.
  2. Somos un Iceberg: porque puede ser un cliché y pasa, lo que se ve en la superficie, es solo un pedacito de todo lo que sucede debajo el agua. Resonar, tener eco, compartir, soñar, volver, cruzar los dedos para que salga el sol. Cambiar de voluntarios, sentirnos solos y en esos díasPicnic nos de señales para no dudar, confiar y seguir intentando.
  3. Picnic es el jefe, hace mucho concluí que es una fuerza de amor que cuando nos llega no nos suelta. Es más grande que todos, y cuando empieza a ser replicado por otros, aún a pesar de las dificultades, se manifiesta igual.
  4. La clave está en la continuidad en el tiempo, sabemos que la lectura es un proceso que apoyamos, empezamos, continuamos, propiciamos, antojamos, y sobre todo amamos.
  5. Queremos cambiar el mundo, solos no podemos, sumando fuerzas si es posible. Cada vez somos más, el crecimiento es orgánico. Hay cosas que funcionan, y sobre todo muchas que no. Son incontables las lecciones de frustraciones aprendidas.
  6. Aprender es la mayor lección de este proyecto: no podemos confiar en que sabemos algo. Cada experiencia es única, grandes Picnics, pequeños VIP, donde la lectura varía y las relaciones se fortalecen.
  7. Calidad vrs. cantidad, nos sentimos orgullosos: la clave está en los mediadores y en la lectura personalizada.
  8. Hoy podemos decir que nuestras pequeñas lectoras son muestra del empoderamiento que tiene la lectura en la vida de una persona. La lectura social permite que asistentes como Fernanda, una de nuestras lectoras más voraces, este domingo, teniendo 8 años, haya leído en voz alta delante de los asistentes. (Yo todavía a los 24 moría de susto de hablar en público.)

18920856_1925507744141911_8540747554278567184_o.jpg

9. Las familias vuelven, nuevos asistentes comparten un banquete de libros. Después de dos horas, todos salen con el corazón repleto, es domingo, y todos somos distintos. Hay una felicidad que flota, que nos hace pensar que el mundo puede ser distinto. Y con esto en el corazón regresamos, lentamente, a nuestra realidad, a la rutina, a la casa, al orden, con más historias, más palabras, más voz para hablar de nosotros.

10. Seguimos nuestros corazones en este camino que se llama Picnic, en este sueño, en esta realidad, de saber que si se puede hacer la diferencia. Hoy Picnic de Palabras representa un proyecto de lectura, un movimiento cultural, una comunidad llena de mujeres y hombres con los que sumamos 1 + 1 = todos.

Cada vez que hacemos Picnic, extendemos un mantel que es puente para jugar y leer. Sobretodo, para descubrir, entre las voces y el silencio de los otros, que nosotros, también somos libros con patas.

 

 

 

 

Historias entre las historias

18238578_770714906421570_137204878538781550_o.jpg

Una reseña muy muy divertida de la mano de Silvi Albuja y Gina López

Lugar: Parque La Carolina
Fecha: 23 de abril de 2017
Mediación: Gina y Silvia

_¡¿Y la llave?! ¡¿y la llave?! Con rostro de preocupación, buscaba en todos los bolsillos de su pantalón jean y chaleco rojo el joven delgado encargado del Jardín Botánico.
_ Pero si la tenía en la mano – replicaba angustiado, frente a la puerta del Auditorio que permitía sacar el Librero Móvil.
Gina y Silvia se miraban una a la otra con cara de preocupación.
_ ¡¿Y ahora?! Gina respondió, volvamos a caminar por donde vinimos.
_ ¡La encontré! ¡la encontré!- una voz de alegría se escuchó detrás de las ramas y árboles.
_ Gina y Silvia empujaron el librero móvil.
_ Qué bueno regresar luego de esta ausencia – comentaba Gina.
_ Si las lluvias y el mal tiempo no ayudan mucho. Hoy hace un sol maravilloso y además es el día del libro qué mejor homenaje.
_ Bueno es hora de armarlo todo- Manos a la obra se miraron sonrientes.
_¡Y la llave del candado! ¡¿y la clave?! ¿Y ahora cómo lo abrimos?

***

18278511_770714863088241_6098589889121811567_o.jpg

Todo esto parece sacado de algún tipo de cuento de terror o suspenso, quizá una cruel broma, pero como en todo cuento, la trama se tensa, las protagonistas sufren y finalmente llega un hada madrina o héroe que lo soluciona todo, en esta historia así fue.
Un ejército de nuevos voluntarios se sumó al banquete picniquero. Margarita, Diane, Verónica, Cristina, Diana y Cristian, este último se las ingenio y fue quien trajo una herramienta mágica con la cual los libros impacientes pudieron salir a tomar sol.

Con alegría y entusiasmo colocamos los manteles y parasoles sobre la grama crecida. Nuestro amigo sol estuvo presente, radiante e imponente, hace días había dejado de mostrar su rostro a los quiteños y nos acompañó durante toda la jornada.

Llegaron visitantes nuevos y familias que ya son parte del Picnic y rápidamente se engancharon con algún libro y se acomodaron plácidamente.

18209386_770714866421574_4343329999386209596_o.jpg

Leímos Ramón Preocupón, Socorro, Willy el Soñador, Tito Puente (rey del mambo), y también, Cuidado con los Cuentos de Lobos.

Nuestro seguidor más asiduo estuvo ahí, Cristopher y su abuelita, también llegó Vale y sus padres Ceci y Cris, muy queridos por el Picnic ya que nos visitan desde hace mucho tiempo, y Nicole y Camila que leyeron sin parar.

Poco a poco las familias se fueron despidiendo, los nuevos voluntarios también. Habíamos recordado la clave del candado del librero móvil y ya los libros necesitaban un descanso. Al final de la jornada la alegre voz de Grace, la hermana de Gina, cantaba con su amigo que tocaba el ukelele, recogimos todo con su ayuda, cerramos la puerta del auditorio con llave, y todo mágicamente volvió a su lugar.

Una foto que dice: leer es para todos!

18156829_1921234431453496_7461233099678517185_n.jpg

Desde San Agustín, Huila, Arlex Francini ha venido realizando Picnic de Palabras por 4 años, articulado con la biblioteca pública. A pesar de las inclemencias del clima, hoy compartimos su historia con una foto que lo dice todo. Por: Arlex Francini.

El domingo 23 de Abril volvimos al parque infantil en compañía de voluntarios y con el apoyo de la biblioteca pública, después de muchos domingos desplazados por la amenaza de lluvia, tuvimos una gran tarde, con nuevos lectores y otros que nos recordaban o sabían que ya habían leído algunos libros que llevamos.

En esta oportunidad tuvimos una gran experiencia con niños que por su edad aún no conocen de letras pero sí de imágenes y fue muy agradable ver sus expresiones actuando, también se hizo vínculo de lectura con una Señora materna que está esperando mellizos.

En otro momento una niña estuvo muy aplicada escuchando la información que le transmitía una voluntaria estudiante de Ingeniería, sobre los planetas y experimentos. También fue muy agradable ver a un voluntario que nos acompaña cuando está en el pueblo, ya es un politólogo, leyendo el cuento de los tres cerditos.

18033003_1921234461453493_3231583652036933518_n.jpg

Unas niñas llegaron al final con maletines y bolsos y las invitamos a leer, pero ellas no querían que nosotros leyéramos que ellas ya podían hacerlo, entonces estuvieron un buen tiempo, cuando terminaron procedieron a lo que fueron al parque, a patinar. Es muy agradable volver al parque y generar un pequeño pero positivo impacto en la tarde de domingo en el pueblo, creemos que las personas valoran y extrañan esta actividad y eso es un motivo más para volver a leer para crear más historias

Picnic en Mashpi: lecturas y libros en un bosque tropical

 

18076864_766892586803802_1791208941901097749_o.jpg

Lugar: Mashpi
Fecha: 22 de abril de 2017
Mediación: Anapau, Paola y Emilia
Fotos: Paola
Reseña: Emilia y Paola

Atrás quedó el tráfico y las grandes avenidas con pasos a desnivel que anunciaban la salida norte de la ciudad de Quito. Poco a poco los paisajes fueron cambiando desde canteras desérticas, pasando por monumentos piramidales, edificios salidos de contexto y museos de sitio, hasta rodearnos del color verde de las montañas que se abrían paso entre quebradas y cascadas. Luego vino algo de neblina y lluvia que pidieron una parada de café y empanada de verde para apaciguar el hambre.

Volvimos a revisar las instrucciones para llegar, teníamos por delante varias curvas y la humedad que ya se iba metiendo en la piel. Después de pasar por la comunidad de Pachijal el camino se dividió en dos, y entre sombras de cedros, alisos, helechos y bromelias llegamos al letrero de bienvenida a “Pambiliño”. Al bajarnos, lo primero que vimos al pisar la tierra mojada fue el cielo completamente despejado, el cuello no nos daba para seguir doblándolo hacia atrás en busca de más brillo y más oscuridad, de más estrellas y constelaciones, la noche era inmensa y Mashpi ya nos anticipaba que serían días bellos y transformadores.

18121722_766893433470384_6321470800565370254_o.jpg

Emi, quien creó la iniciativa “Juguemos en el bosque”, nos recibió a la luz de velas y el movimiento de las hamacas, nos dijo que nos instalemos y que la cena estaba lista. Anapau nos mostró el camino hasta la maloca donde armamos las carpas. La casa estaba llena, artistas (titiriteros y teatreras) que también colaboraron en el vacacional, voluntarios de distintas partes del mundo y familias de fincas cercanas que apuestan a la sensibilización ambiental nos sentamos a la mesa a compartir alimentos sanos realizados con paciencia y dedicación (una mención especial a la compota de plátano con chocolate y nibs de cacao).

El día siguiente amaneció entre trinos de pájaros y un buen desayuno; y comenzaron a llegar los niño/as de la comunidad de Mashpi. En la zona habitan algunas familias colonas que llegaron a trabajar en grandes fincas de monocultivos de distintos productos agrícolas, principalmente, palmito y palma. Alrededor de 20 personas cantamos y movimos el cuerpo con unas rondas infantiles “rápido, rápido, rápido” y “leeeento, leeeento, leeeento” y bajamos a las orillas del río para disfrutar del “Picnic de Palabras”.

18121441_766893203470407_2062153615756680283_o.jpg

Mientras escuchábamos el sonido del agua fluyendo y llenábamos los pulmones de aire limpio, rodeados de la naturaleza de esta área protegida del cantón Quito, leímos sin parar. En parejas, en pequeños grupos o solos compartimos lecturas en voz alta sobre malvados conejitos, hombres de color, monos campeones y decenas de historias que nos estimularon la imaginación –creación de imágenes mentales-, proceso esencial para entender el mundo y actuar en él. Después, interactuando colectivamente leímos “Colores” de Hervé Tullet, primero con la mano mágica, después con pinceles y témperas, mezclamos y creamos el púrpura, naranja y verde. Sentados en círculo cerramos la jornada comiendo galletas y maní de dulce, y cantando mientras veíamos las ilustraciones del libro “Duerme negrito” (Paola Valdivia), acompañados por percusión y guitarra. Por último, todos los que deseábamos, chapuzón en el cristalino río Mashpi, nados hasta rocas, clavados, escalada y saltos desde sogas colgando de árboles, juegos con piedritas, pinturas corporales con “lápices de roca”, y esa deliciosa sensación corporal de frescura y tranquilidad.

Sumamos a las vivencias algunas perdidas por el bosque subtropical y caminatas explicativas sobre agricultura ecológica y restauración de ecosistemas degradados, y evidenciamos que la propuesta sobre desarrollo sustentable y conservación, que irradian las familias de las reservas de la zona, trasciende el discurso, se experimenta en el cotidiano como una forma de vida. Alegres y pensativos partimos a la ciudad tras la oportunidad de convivir en este espacio y recuperar ese vínculo con nuestro hábitat, sonriendo ratificamos que “en cada caminata con la naturaleza, uno recibe mucho más de lo que busca” John Muir.

Lectura, poesía, canciones: hilos para tejer una comunidad de lectores

17389031_1256202684462034_452314858467461916_o.jpg

Por: Pato Pereira.

Muchísima gente en la plaza. Mucha gente nueva pero también gente del barrio.

17434894_1256201224462180_8310758015271392220_o.jpg

Me acompañó la invaluable ayuda del ingeniero que llegó más tarde cargando maleta y mate. Se había comprometido el pequeño a ir con nosotros pero le agarró una siesta de último momento y no quise despertarlo. La plaza estaba llena de gente, eso pasa a veces. Era un día soleado, no tan cálido porque se está acercando el otoño… así que la gente aprovechó para salir a la plaza.

En cuanto echamos a volar los manteles se acercaron varios lectores a curiosear. Escuché por ahí un comentario “llegó el picnic de libros”, así que supe que era gente conocida. Un grupo de niños inquietos empezaron a curiosear, compartendo lecturas…

Seguimos invitando gente a acercarse, leimos, les recomendamos libros (nada que me guste más que recomendar un libro y ver que ese libro encontró un huequito en el corazón del lector).

Como ven en las fotos, no solo los niños leen, los grandes también…

17388944_1256201301128839_3844829436615057249_o.jpg

Es especial cuando me encuentro con algún pequeño lector que ya conozco hace rato, eso pasó con Bauti, el fanático de “Un lobo así de grande” que volvió después de unos meses sin verlo. Hace más de un año que lo veo en la plaza así que imaginénse lo chiquito que era. Leyó Lobo de FCE y luego se entretuvo con la Bruja Berta y El tesoro escondido del capitán Tifón… El hermano ya está tan grande que casi no lo reconozco, y ahora llegaron con una hermanita de meses ¡que espero nos siga visitando!

Al final regalamos poesías para llevar, y terminamos con un pequeño recital en donde compartimos primero poesía, Cocorococó, A lo bestia, y terminamos con el cuento de Finn Hermann…ante el pedido de algunos niños que lo habían visto por ahí…

17434778_1256201067795529_8815524038004258084_o.jpg

 

Como colofón, los invitamos hoy a soltar un libro en el barrio, para que se encuentre con un lector sosprendido, y acrecentemos esta comunidad lectora que crece, lenta, pero firme y pertinaz en mi barrio de Florida.

Los libros se retiraron satisfechos, el clima nos ayudó, y colorín colorado este picnic terminó…

Visitar Florencia y encontrarse de nuevo

IMG_3611.JPG

Si alguien me hubiera dicho, hace 5 años, que estaría visitando Florencia y haciendo Picnic de Palabras aquí, lo hubiera mirado con cara de si claro. Y resulta que esa persona habría tenido toda la razón, y si hubieramos hecho una apuesta sin duda la habría ganado con una sonrisa inmensa, y yo habría perdido.

Esto nunca pasó, lo que si pasó fue tener Picnic de Palabras en Florencia, y haber estado ahí. Conocer cómo lo hacen aquí, ser una visitante más, que en otro idioma, se sienta con una de las mediadoras italianas, a leer en voz alta como una niña de 5 años, que va descifrando lo que lee y lo que significa en inglés, porque ninguna habla italiano ni español. Que locura el poder de la lengua para acercanos y alejarnos. Aquí uno se las arregla con las manos, los ojos, el cuerpo. Aquí si que el cuerpo es un libro para leer y para contar.

IMG_3612.JPG

Encontré más similitudes que diferencias. Papás y mamás que se sientan en el piso, cerca a sus hijos, o entre sus piernas. Les leen al oído, como en un susurro, contándoles historias como si fueran secretos que nadie más puede oír. Son cómplices junto al libro. También, papás y mamás que se quedan al margen, de pie, y siguen la actividad sin involucrarse. Es para ellos que hacemos esto, para invitarlos a participar, paso a paso. Algunos se animan otros no. Ahí es donde empieza la brecha entre los niños que tienen el lujo de tener papás lectores y otros que los tienen al margen.

IMG_3621.JPG

Y entonces mi atención se la roba este pequeño, no supe su nombre, y me acordó a mi sonbrino Santi que está en Bogotá y tiene 2 años y mucha actitud. Dos niños lectores, cada uno único. Este pequeño lector estaba con su mamá, descubrió el libro del lobo, y no lo soltó durante todo el tiempo que estuvo. Lo tenía abrazado, y se siente la conexión en una sola foto, de lo que significa un objeto en la vida de un niño. En este caso sería temporal, y a la vez tan significativa, que se animo a ponerse de pie, juntarse con los otros niños, y pedirle a Andrea que leyera ese libro que con tanta fuerza abrazaba. Soltar para conocer lo que hay dentro.

IMG_3627.JPG

Durante la sesión de lectura en voz alta que presentó Andrea, la voz conecta. Tres de estos niños llegaron con pistolas de juguete. Andrea, mago y sabio, negocio con ellos desarmarse mientras leían, ellos bajaron las armas y las guardaron entre la maleta donde ellos traen los libros. Fue un acto sencillo y a la vez simbólico, libros que remplazan las armas, toda una apuesta. Niños que aceptaron el trato y estuvieron una hora escuchando historias, siguiéndolas, comentándolas, atentos. Aquí siempre hay espacio para todos, y los padres también tuvieron un lugar junto a sus hijos. Ver en esta foto todos los ojos siguiendo un punto que no está, la historia que se cuenta por fuera de la foto, muestra el potencial que tiene la palabra para conducir la atención de todos hacia un mismo punto. Por un instante, la lectura en voz alta, la posibilidad y la sonoridad de las palabras congelan el tiempo, la realidad y transportan a sus lectores al tiempo de la ficción, de la historia, que transcurre entre un texto escrito que tiene palabras e imágenes.

IMG_3642 (1).JPGHubo también espacio para leer en pequeños grupos, y con esta foto junto a las estatuas del parque, que se quedan solas cuando todos vuelven a sus casas, me quedo pensando en cómo estas historias, esta idea de Picnic de Palabras, es en realidad un barco que navega a su tiempo y en su propio viento que le marca el ritmo. Aquí, hasta a las estatuas les leen cuentos.

Picnic y el verano

17157458_1241045702644399_3246339616113393497_o.jpg

Por. Pato Pereyra

El clima nos va marcando un poco, el color de cada picnic. Hay picnic, grises en invierno, hay picnic brillantes en verano, o florecidos en primavera. Pero también, cada Picnic, cada encuentro con libros, tiene su propio clima.

Habíamos cancelado dos veces por lluvia, así que los libros y yo estábamos ansiosos.

Nomás llegar vimos que la plaza estaba desierta, había llegado a 40°C de sensación térmica, y la gente se quedaba en casa.

Me acompañó mi marido que me ayudaba a acarrear los libros, porque todos los otros ayudantes tenían sus propios compromisos (se habían metido a la pileta).

De a poco empecé a acomodar los libros sobre los manteles, cuando reconocí a esta madre con su hija, que ya habían venido en otra oportunidad. Me acerqué a invitarlas, (estaban en el sector de juegos) con un libro en mano, que recordaba que la pequeña había disfrutado.
Estaba con un vestido largo, a pesar del calor, violeta, como de princesa. Era una princesa.

17016902_1241045492644420_3908336075389781937_o.jpg

Como ven, de a poco se fue acercando a buscar más libros, algunos me dijeron que ya los conocía, y otros se los ofrecí para ver si le gustaban. Iban y venían los libros que compartía con su madre.

Al rato llegó una familia de 5 con dos perros, y los invité a participar. El padre me dijo que leían todos los días, entendí que no era el momento de leer …así que me alejé… Aunque volvimos a hablar cuando les ofrecí caramelos como hago siempre en algún momento de la tarde.

A medida que la tarde languidecía, la temperatura, un poco más soportable atrajo a otras familias. Un papá con dos nenes, que no sabía del Picnic, se entusiasmó y se acercó a leer con sus hijos.

Con esa familia leimos hasta el final varios libros. Llegaron también otra madre con dos hijos, que ya conozco de Picnic anteriores, se sentaron en las mesitas y miraron algunos libros. El hijo mayor, tendrá unos 12 o más, y lo conozco hace más de dos años. Una vez lo ví leer un libro de poesía de cuentos clásicos, Blancanieves y otras historias. Me sorprendió esa lectura, porque otras veces había elegido cuentos de misterio o terror. Cuando me acerqué a hablar con él me dijo que estaba buscando un libro para su hermanita. Ahora le leí a su hermanita.

Ahí subidos al mástil, un lugar un poco incómodo, abrazados al padre, porque era ahí donde querían estar, leimos y jugamos con Estaba la Rana y Un lobo así de grande.

17159145_1241045405977762_8693500301937354017_o.jpg

Al terminar, cuando todos se despedían agradeciendo, se acercó esa familia numerosa que había estado en los juegos mientras leiamos (aunque los perros venían cada tanto a saltar sobre los libros muy divertidos, es más uno salió en la foto), y la mamá me preguntó por la actividad. Le dije como buscarnos en facebook, que venimos una vez al mes, y dijo que la próxima iban a venir sin los perros…

Al final mi hijo más pequeño, también me acompañó en la plaza, de su autoría son las fotos que pude compartir en donde les estoy leyendo. Lo curioso, es que como hacía poco nos habían hecho una nota en un diario local, mi familia me decía que la plaza se iba a llenar de gente, y eso no pasó. Hemos tenido picnic de 30 personas o más, y en este apenas habrán llegado a 10 concurrentes. Pero el éxito del picnic no se cuenta en números, sino en encuentros, y en continuidad, es un logro para mí ver crecer a los niños del barrio, entre libros.

Fue un picnic cálido, como el día, pero intimista, como si no importara que estuviéramos en la plaza, un ambiente público y abierto. Como todos, un picnic especial.