Picnic de Palabras y Fernanda

Por: María Angélica Plata

El 12 de febrero, retomamos Picnic de Palabras Bogotá.

Con unas galletitas llenas de estrellas (llamadas ‘Pan di Stelle’) que llevó para compartir, Amalia Satizábal endulzó una tarde llena de relecturas y gratas sorpresas.

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Durante la primera media hora y después del cierre, los integrantes del equipo de voluntarios (Amalius, Juan D., Andres, Andrea, Caro, Catalina) y una amiga de la-familia-Picnic celebramos la alegría del reencuentro conversando, riendo y leyendo. Entre nosotros y para nosotros.

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Una familia que ya nos había acompañado estuvo presente. Otra, almorzó en el parque (hizo picnic en Picnic) y se quedó a leer, a disfrutar del domingo. Y uno de los organizadores del proyecto ‘Lectura en movimiento’ nos acompañó un ratico, prometió regresar y propuso que participáramos en alguna de las jornadas de lectura en los medios de transporte público de la ciudad.

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Pero, sin duda alguna, lo más emocionante del pasado Picnic fue oír leer, en voz alta y libro tras libro, a nuestra querida Fernanda. ¿Sí la recuerdan? Es la hija menor del señor que vende helados en el parque y una de las razones por las que Picnic se lleva a cabo en Alcalá. Pues ese domingo “Tito y Pepita” (su favorito, que conoce casi de memoria) y “Un lunes por la mañana” (uno de los libros más queridos de Marcela) recibieron su mirada atenta, el desplazamiento de sus ojos emocionados, el contacto de sus manos, su respiración. Aunque no olvido que leía bajito, con cierta timidez, y que en varios momentos le pedimos que elevara el tono, pude reconocer su entrega, su concentración, su felicidad mientras compartía las historias con el grupo.

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Y ya que en esa tarde varios libros resonaron en diferentes voces y momentos, me gustaría cerrar este breve recuento con unas palabras de Juan David: “lo interesante de un libro no es leerlo, es poder releerlo siempre”.

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Picnic de Palabras contado en 4 voces

El 4 de diciembre, para cerrar el 2016, imaginamos y dibujamos historias en compañía de Zorro+Conejo: laboratorio de arte y diseño para niños. Me disculpo por compartir hasta ahora la bitácora de esa fecha especial… pero confío en que llega “tarde pero a tiempo” (como solía decir Lorca).

Varias voces nombraron la experiencia:

Juan D. Rincón:
Un domingo más de Picnic de Palabras. Un domingo más especial que cualquier otro, por ser el último del año, porque quisimos recoger todo lo sembrado en un año de palabras, alegrías, risas, lágrimas, libros y despedidas que sólo son la promesa de futuros reencuentros. El último del año, pero también el primer domingo de picnic en que llegué al parque antes que nadie; el primero en que leí en voz alta desde hace un buen tiempo; el primero en que decidimos acompañar palabras con colores, con formas, con lápices, con tizas, con figuras… Fue un domingo de EXTRAÑAR en mayúsculas, fue un domingo más de leer y reír, de juego y fotografías hecho con el alma y las manos. Un domingo hecho con las voces y las historias de todos los que hacemos parte de esta maravillosa familia construida alrededor de las palabras.

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Amalius Satizabal:
Se llenó de niños, de niños de pocos y muchos años. Luciano, un pequeñito lector nos deleitó con sus expresiones y su amor por los dinosauros. Se nos acercó Juan José, un hombre de unos 50 años, quién devoró los libros en busca de dibujos hermosos, porque “yo no sé leer, pero dibujar sí puedo.” Encontró en los libros la inspiración para dibujarnos a cada uno un mensaje de paz.

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Catalina Laserna:
Dos voluntarias fueron en busca de niños al parque, una llevó a un niño y la otra llevó a Sara, la hija de Zorro, “adoración” de Conejo, los expositores del laboratorio de diseño y arte para niños y niñas. Sara estaba tan empoderada del proyecto de su madre que sabía perfectamente cómo seducir a padres y niños. Su expresividad atrapó la atención de varios pequeños. El grupo se hizo grande y mientras terminaron de reunirse todos, Amalia leyó un cuento de unos tigres que comían unos perros que salían por la cola. Juan y Amalia hicieron el gran y anhelado show de Tito y Pepita, lo cual atrapó la atención del público con mucha fuerza hasta que llegó el momento en que Zorro y Conejo se presentaron e hicieron la invitación de recorrer el espacio para dibujar con las diferentes propuestas: unos tableros circulares instalados en el piso haciendo las veces de hoyos, de donde podía salir cualquier cosa subterránea dibujada con tizas. Había rollos de papel en las cámaras fotográficas de madera y ahí el que quería hacía dibujitos para hacer una historia entre muchos dibujitos. Había tablas con papel para copiar imágenes de los cuentos de Picnic y había unas lupas para hacer microdibujos en cuadraditos de papel que con la lupa se aumentaban. Fue fascinante ver tantas posibilidades… ¡y ni hablar del momento en que llegó el modelo para dibujar en varias posiciones! ¡¡¡Era un escarabajo gigante!!!

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Caro Cove:
Fue un Picnic muy especial, en el que se notó la unión familiar de Sara, Alejandra y John. Me gustó mucho cuando Sara fue el modelo de escarabajo, que según Dani y Amalia era un dinosauro-rinoceronte. Porque cada quien tiene su punto de vista diferente a un objeto y de eso se trata el arte. Explorar, opinar sin ser juzgado. Un espacio que se llenó de creatividad inspirado por niños, adultos, juegos con las cámaras, las tizas, las lupas, los colores, las emociones.

Algo muy bonito fue regalar los dibujos hechos por uno a personas desconocidas. Se sintió una conexión súper linda. También recuerdo el dibujo que hizo Sara de Amalia con todos los detalles: el pelo crespo, el saco lleno de esqueletos de dinosaurios…

 

Tejidos de historias entre invitados y lectores

Fecha: 21 de agosto de 2016, Parque Alcalá, Bogotá. Por: Juan David Rincón

Domingo: De nuevo la esperanza de una tarde de lectura y la incertidumbre de si el día estará nublado o no, si lloverá o no. Pero como siempre, nuestra mejor forma de atraer el sol y hacer que un día nublado transmute en uno soleado, es sacando a pasear los libros: siempre es mejor verlos en un parque que en un estante.

Llegué algunos minutos después de las 2:00 p.m. al Parque de Alcalá, salí de la estación de TransMilenio y caminé hacia el sitio acostumbrado por el grupo para ubicar libros y manteles. Allí, ya estaban Marcela y Amalia. Empezamos a extender los manteles y a ubicar las cobijas y los libros. Los libros empezaron a convocar a las personas, a atraerlas. Catalina y Amalia se armaron de libros para ir a invitar a algunas personas que se encontraban en el parque. Y así empezó a juntarse un nutrido grupo de lectores, mientras los demás voluntarios iban llegando.

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A pesar de que cada uno de los lectores es un invitado especial a nuestros domingos de picnic, en esta ocasión teníamos un autor invitado. Se trató de Germán Izquierdo. Él es periodista y escritor y nos acompañó para contarnos acerca de su libro “La Cucharita: Historia de una canción”, publicado por Monigote e ilustrado por José Arboleda. Este es un libro muy particular porque nace de la investigación que él hizo sobre Jorge Velosa y su reconocida canción “La cucharita”. Para ese momento, ya había más de veinte personas reunidas en el espacio de Picnic. Germán empezó contándonos acerca de su motivación para escribir este libro y ante algunas de sus preguntas, muchos tuvimos que recurrir a la tarea de cantar los primeros versos de esta popular canción. Todo esto para recordar, por ejemplo, el material de la cuchara o el lugar en que se la regalaron a Velosa. Este libro también es especial porque recurre a un formato ilustrado, propio de los libros infantiles para contar una historia que fascina a grandes y pequeños, y eso es lo que hace que un libro sea sorprendente, según nos contaba el autor.

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Después de compartir la lectura en voz alta de este libro y de que el autor respondiera algunas preguntas, Mauricio Gaviria quien es el director de la editorial Monigote, nos leyó el libro “¡Chau!” de Edward van de Vendel y Marije Tolman. Esta es una historia sobre la capacidad de la imaginación para construir sueños y de compartir nuestros mundos fantásticos con quienes queremos. Marta es la pequeña protagonista que hace partícipe de sus sueños a su hermano quien sufre de pesadillas.

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Picnic es un espacio en el que todos nos integramos bajo la excusa de compartir un libro, y si lo podemos leer con amigos o en familia: ¡Mucho mejor! Una de nuestras pequeñas leyó para todos nosotros el libro “Formas” de Claudia Rueda. Su tarea no fue nada fácil pues este libro no tiene palabras, así que ella debía seguir la historia a través de las imágenes para reconstruir la historia, o más bien, construirla a partir de lo que el libro despertó en ella. Amalia Satízabal también compartió la lectura de varios libros, entre ellos “Zorro” de Margaret Wild y Ron Brooks (Ekaré), “Cosita Linda” de Anthony Browne (FCE) o “Este alce es mío” de Oliver Jeffers (FCE). Este último lo disfruté mucho, porque es uno de mis libros favoritos, no sólo de los que encuentro en Picnic, sino de todos los libros que conozco.

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Si al principio estábamos preocupados por las nubes, durante las lecturas hubo quienes se integraron al grupo de los que preferirían la sombra de los árboles, otros fueron de aquellos que disfrutaban de los magníficos rayos de sol que esta tarde de domingo nos regaló.

Este domingo de Picnic de Palabras nos permitió de nuevo integrar familias en torno al maravilloso acto de leer en familia. Vimos padres e hijos reunidos bajo un libro, a una pequeña que le leyó a los más grandes y a los grandes leyendo y riendo como niños. Cada libro despierta y motiva en quien los lee la capacidad de crear un nuevo mundo por descubrir y, sobre todo, compartir. Cada libro nos pone siempre a soñar: con la fantasía de sus páginas, con la felicidad de la voz que nos lo lee y con la promesa de un próximo descubrimiento de la mano de la literatura infantil.

Lluvia o sol siempre serán la cuestión en Bogotá

Muchas voces se encuentran en Picnic de Palabras, en esta ocasión la historia de nuestro primer Picnic durante marzo fue recogida por: María Angélica Plata.

El invierno no ha llegado a Bogotá, aunque en ciertos días los Cerros Orientales desaparecen bajo un manto opaco, y ventea y llueve con fuerza. Bogotá, además, tiene varios microclimas que pueden transformarse caprichosa e inesperadamente.

A pesar del pronóstico del tiempo (tarde lluviosa), Marcela, Daniela y Yaco salieron al parque y organizaron el mantel, los libros, las cobijas. Cuando llegué, a eso de las 2:10 p.m., Marce y Yaco colgaban uno de los carteles y Daniela leía con nuestra querida Valentina. Andrea, otra de las voluntarias llego unos minutos después, descargamos maletas y nos sentamos para disfrutar de las historias. Varias familias estaban reunidas y, poco a poco, se fueron acercando más y más personas, por lo que comenzamos a abrir el círculo, a mover las cobijas.

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Me quedé al lado de nuestra querida Fernanda y leímos juntas. Como he comentado en otras ocasiones, “Tito y Pepita” es uno de sus libros más queridos: lo conoce de memoria pero siempre se sorprende y siempre quiere regresar a sus páginas. También escogió “Lucas”, de Tony Bradman e ilustrado Tony Ross, y yo le pedí que acercara uno sobre la lengua que ninguna de las dos conocía. En una de sus idas al mantel escogió muchos libros, como cinco o seis (“Tito y Pepita” estaba por ahí, de nuevo), y verla con las manos llenas nos hizo reír. Recuerdo que junto a Andrea reconstruyó la historia de “El lápiz”, de Paula Bossio, y de igual manera los rumores de las lecturas que Fernanda y Daniela compartían. Solo ojeé los rostros cercanos, por lo que no puedo hablarles de las demás familias. Eso sí: me parece ver a Marce recorriendo el espacio y tomando algunas fotografías —que de seguro mostrarán los demás movimientos de la tarde.

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Dipacho —autor de “El niño gato”, “Dos pajaritos”, “El viaje de los elefantes”, “Jacinto y María José”, entre otros— era el invitado. Más o menos faltando un cuarto para las tres llegó y también Juan David, otro voluntario. Y la lluvia se presentó. Unas pocas gotas grandes hicieron que algunas personas sacaran sombrillas y que la mayoría buscara en las nubes señales de lo que pasaría. Las gotas que cayeron a continuación (más grandes y con mayor frecuencia) nos obligaron a recogerlo todo a las carreras. Más sombrillas aparecieron para proteger libros y cabezas. Tampoco olvido la imagen de Marce diciéndole a las personas, en medio del sonido del agua, que nos veríamos dentro de quince días y menos los gestos de tristeza de las familias, que comenzaron a salir del parque buscando refugio. Dipacho dijo que regresaría pronto.

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Diluvió. Escampamos en la casa de Marcela. Tomando algo calientito, limpiamos libros y pensamos en otros posibles espacios para que Picnic de Palabras se desarrolle cuando el invierno regrese a la ciudad. Al hablar de lo ocurrido y reír el corre corre, una vez más reconocimos que el clima pone las reglas de juego. A pesar de que la lluvia haya hecho que Picnic terminara antes de lo esperado, antes de que Dipacho compartiera en voz alta sus historias, el poco tiempo en que lectores y libros se encontraron fue significativo y puedo asegurar que a todos nos regaló risas o sueños y ganas de seguir siendo parte de la familia que es Picnic de Palabras.

De regreso con música en Picnic de Palabras Bogotá

Primer Picnic de Palabras del año en Bogotá

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Cielo parcialmente nublado, después de dos meses de estar en un verano casi eterno. Cuatro días antes de nuestro primer Picnic de Palabras, empezó a llover de nuevo. El dilema fue inmenso, extrañamos la lluvia, la situación es extrema, pero justo se nos cruzaba la lluvia con Picnic. De nuevo, conjuramos el sol, y nos arriesgamos, como tantas veces, a salir al parque, con una invitada especial, con una convocatoria inmensa y con un pronóstico del clima de lluvia todo el día.

Se alistaron 70 libros de todo tipo: para bebés, libros álbum con texto, sin texto, libros de autores e ilustradores colombianos, informativos, poesía, y comic. Salimos al parque y a las 2 en punto empezamos a organizar Picnic. Llegó Paula Ríos con su novio, nuestros invitados del día. Todos estábamos perplejos ante la incertidumbre del clima. De inmediato, empezaron a llegar familias, y sin darnos cuenta ya estaba Picnic andando.
No tuvimos tiempo de tomar nuestra clásica foto de portada para dejar registro de la selección de libros. Todo empezó rapidísimo, parecía que Picnic llevaba mucho tiempo esperando volver, y apenas lo soltamos en el parque concentró, como nunca, su atención en todo aquel que se acercaba. Fuimos un imán de palabras, el magnetismo del amor que se multiplicó ayer se queda corto cuando se nombra con palabras.

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Ayer Picnic creció, y como un niño chiquito que llega a un parque, corrió, se divirtió, logró que las familias quedaran atrapadas en el embrujo de la voz de Paula, cuando la lluvia se atrevió a asomarse, solo un par de mamás con sus hijas decidieron marcharse. El resto se quedó, cantando, bailando, aplaudiendo, leyendo y, sobre todo, sonriendo. Una vez que Paula terminó y los invitó a seguir leyendo en familia, todos se acomodaron y parecía que los libros no eran suficientes.

En medio de todo este revuelo, felicidad, lectura y amor, pude ver como una mamá puso frente a su hijo de 3 años el libro Yo, cocodrilo, Ed. Juventud, y él, como pez picando carnada, corrió hasta el libro. Una vez llegó, se sentó, sus papás lo rodearon, y ahora con sus gafas de lector experto empezó a leer el libro en familia.

Así, se tejieron muchas historias, entre puntos de colores, poemas de insultos y de amor, cuentos sin palabras para soñar historias, adivinanzas, voces de todas las edades repletas de felicidad. Tuvimos muchas familias nuevas, así como muchas familias que regresaron. En total llegaron 83 personas, un récord para nuestro Picnic, sobre todo iniciando un nuevo año.

Lecturas y libros, Picnic de Palabras y Librosbarco, Medellín, Colombia

En cada lugar Picnic de Palabras es adoptado y adaptado a las ideas que lo rodean. En esta oportunidad, se tejió una alianza con la Fundación Librosbarco. Por: Manuela Molina

La alianza con al Fundación Librosfoto 5barco culminó en uno de los mejores picnics que hemos tenido hasta el momento. Así pues, llegamos al Jardín Botánico, lugar acordado previamente, a eso de la 1:30 p.m., en donde estaban llevando a cabo Mercado Verde, el evento propio del primer Domingo de cada mes. Nos ubicamos en un principio en la parte de atrás del Patio de las Azaleas, pero para mayor comodidad salimos a la manga y una vez ya había unos cuantos niños con sus padres, comenzó a llover y tuvimos que desplazarnos nuevamente a dentro a esperar a que escampara y allí terminamos quedándonos.

José Manuel, Edwin y Natalia de Librosbarco llevaron 70 libros que organizaron encima de una mesa, la cual convocó a tantas personas que no quedó un solo libro. Mientras adultos y jóvenes visitaban su puerto de libros, niños y niñas visitaban el mantel de Picnic y decían ¡Sí! A leerse uno y otro y otro libro, todos acompañados de su familia pasaron una tarde agradable acompañados de mágicas historias.

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Samuel y su hermano Miguel, a pesar de que no sabían leer, dejaron que les leyéramos muchos libros y Samuel, sonrió una vez terminamos de leer “El ladrón de gallinas”, porque conoció un poco de lo que es el amor. Por otra parte, Juan Camilo se acercó a un niño que leía con su madre y le dijo que al final de leer el libro que tenía en sus manos le dijera a su mamá lo mucho que la quería al igual que el protagonista del libro.


Sin importar la lluvia, 58 personas y un globo se unieron con nosotros a leer durante toda la tarde. Fue uno de nuestros mejores picnics en cuanto a la asistencia y a la recepción que tuvo la gente frente a la propuesta. Era emocionante ver la cara alegre de todos los niños, porque compartir un rato haciendo algo que no hacen comúnmente acompañados por sus padres, que también se iban mucho más felices después de haber participado de la actividad.

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Voces desde Argentina e Italia en Picnic de Palabras Bogotá, Colombia

Después de tener una semana con un clima indefinido, amaneció haciendo un sol que no dejaba una sola nube en el cielo. Por: Marcela Escovar

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Llegamos al parque a las 2:05 con Carolina y Selva, la coordinadora de Picnic de Palabras Argentina. Organizamos entre las tres la carpa, el mantel, y justo llego Ana María Bernal, una amiga de la vida. Selva se animó a ir a invitar a las familias que estaban en la zona de juegos, y muchas familias se fueron acercando poco a poco. Justo llego Amalia Satizabal con su novio y un amigo italiano narrador de cuentos: Andrea Gasparri que con su acento en español se acercaba al argentino. Fue un Picnic de Palabras con dos invitados especiales sorpresa. Los niños se acercaban y les recomendamos que leer de acuerdo a su edad. En un momento, vimos a un niño de alrededor 2 años leyendo Flotante de David Wiesner y cada vez que pasaba la página llegaba doblada en la punta. Lo primero que pensé fue que el libro venia doblado, pero luego me percate de las hojas de la derecha estaban intactas, y llegaban arrugadas tras ser tocadas por el niño. Así que le propuse leerlo juntos desde el principio mientras le mostraba como se pasaban las páginas cuidadosamente. Selva se unió a esta lectura y terminaron juntos la historia, y el, al final, pasaba las páginas con cuidado. Para nosotros el cuidado consciente de los libros es parte esencial de la experiencia que tienen los lectores durante Picnic de Palabras.

MieDSCN3515ntras tanto, en la otra esquina de Picnic de Palabras, había una familia con un bebe de 9 meses. Estaba sobre su abuela, junto a su mamá y su hermanito. Tome un libro de cartoné y se lo mostré. No le gusto, así que traje Adivina que es esto de Taro Gomi, del FCE en cartoné. Fue lo máximo, es un libro que al tener huequitos, permite que el lector meta los dedos por ahí. Con mis dedos entre las páginas, el niño no solo se conectó más con la lectura, sino que jugo con mis dedos y se animó a pasar las páginas. Una vez más, probamos que a l
os niños les encanta leer desde chiquitos, sobre todo si cuentan con los libros acordes a su edad. Para edades entre los 0 y los 2 son ideales los libros de cartoné, de colores, conceptos, historias cortas, y con los que se pu
edan interactuar y jugar.

Andrea se animó y empezó, primero, a leer con un pequeño grupo de niñas, siguió coDSCN3521n un libro de Eric Carle para romper el hielo, continuo con Ahora no, Bernardo de David Mckee, y junto a Amalia Satizabal leyeron Tito y Pepita de Amalia Low. Fue un hit, y cerro leyendo en Kamishibai Donde viven los monstruos de Maurice Sendak.

Nos visitaron más de 40 personas, entre las que tuvimos 8 familias participantes. La mayoría llego porque estaban en el parque y se acercaron a leer y decidieron quedarse.

Un Picnic de Palabras único lleno de voces y de acentos en donde descubrimos que en ciudades como Florencia, Italia, de donde viene Andrea, tomarse un parque para leer y compartir con otros parece un sueño. -Está prohibido, llega la policía, y solo se puede hacer si tienes un permiso de la municipalidad.-

Picnic de Palabras en la mañana del día del padre en Bogotá

Hay días de muchas lecturas con pocos lectores. Esto fue lo que sucedió el 21 de junio de 2015. Por: María Angélica Plata

El pasado Picnic de Palabras coincidía con la celebración del día del padre y con el partido de la selección contra Perú. Así que se propuso un cambio de hora: no de 2:00 p.m. a 4:00 p.m., en la que regularmente se hace, sino de 10:00 a.m. a 12:00 m.

Llegamos al parque, al pedacito de verde que acoge un mantel a cuadros, varias cobijas, vpicnic 1arios libros y lectores. Aunque el cielo se estaba despejando, decidimos armar la carpa mini y ubicamos algunos libros. Pude reconocer que en horas de la mañana el movimiento del parque es diferente: muchos deportistas y pocas familias. El amarillo y el rojo de las camisetas de la selección contrastaban fuertemente con los opacos, en escala de grises, cerros orientales… y el barullo de los carros en las vías aledañas —aquellos que intentaban salir de la ciudad para almorzar o se movilizaban de regreso para ver el partido— hacían sentir que era un domingo particular.

Fernanda y Valentina, hijas del señor Fajardo —que vende helados en el parque— y fieles lectoras, nos ayudaron a armar la carpa (son expertas y sé que junto a Marce guiarán mi curso intensivo de armado de carpa, jeje) y con ellas compartimos toda la mañana. Fue un Picnic familiar.

También se acercó un señor con su nieto, chiquitín de unos dos años, y Marce los acompañó, prestando su voz, en las primeras lecturas. No era la primera vez que visitaban Picnic, pero hacía bastante que no regresaban.

Fernanda, Valentina y yo soñamos varios libros: “El corazón en la botella”, del genial Oliver Jeffers; “Duerme negrito”, ilustrado por Paloma Valdivia, y varios títulos informativos que invitan a adivinar y jugar (como “¿Quién me mira?” o “¡Pequeñitos!”, de Stéphane Frattini), y compartimos historias: hablamos de otros libros, de cosas que suceden en nuestra cotidianidad (hogar, estudio, trabajo), de lo que sentimos…

Casualmente me encontré con un conocido de Cartagena que en varias ocasiones se ha interesado por Picnic de Palabras y otros proyectos de promoción de lectura en los que he podido participar porque quisiera implementar algún programa con la Gobernación de Bolívar… y, aunque no se pudo quedar (iba camino al aeropuerto, sobre el tiempo), prometió visitar Picnic en uno de sus próximos viajes: “en mi próxima visita estaré en los Picnic” —recordó el domingo en la noche en el cartel de Picnic que posteé en mi muro.

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Cuando el abuelo se fue con su nieto, Marce se acercó y continuamos disfrutando los libros informativos del menú de ese día y contando las historias curiosas que conocíamos de cada animal. Después Marce leyó con Valentina y yo leí con Fernanda. Compartir “Tito y Pepita”, de la maravillosa Amalia Low, fue lo más bonito: Fernanda lo conoce de memoria pero siempre lo disfruta con asombro, como si fuera la primera vez.

Si bien varios factores hicieron que pocas personas participaran en el pasado Picnic, los encuentros entre libros y lectores siempre serán especiales y, desde el afecto, permitirán tejer sueños y esperanzas.

La experiencia de Picnic siempre es significativa. En Picnic, cada domingo, nace y crece la magia.

Picnic de Palabras en Medellín: un espacio lleno de voces

Nos gusta movernos en el tiempo, porque así como las historias, Picnic de Palabras no sólo pasa un día, dos horas, en diferentes parques del mundo, sino que también tiene memoria. Por esto nos devolvemos al 12 de abril de 2015. Por: Manuela Molina

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Nos recibió el parque regalándonos un día extremadamente soleado y nosotros llevábamos las ansias de que este fuera un día mágico, como no habíamos podido tenerlo semanas antes por la lluvia.

Nuestro primer lector fue Nicolás, quien con su mamá, venían desde Miami a visitar a su familia en Medellín. Él con su pequeña vida y ese gran corazón, que se detenía por un milisegundo cada vez que presionaba los círculos de “Un libro”, nos encantó con su presencia y obtuvo sonrisas que él mismo se regaló, solamente por decidirse, como todo un señor, a explorar el maravilloso mundo de las palabras.

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Ese libro sí que es todo un éxito, en especial en los niños más pequeños, sin embargo pudimos darnos cuenta de que para estos niños hacen falta más libros que no requieran tanto cuidado, ni que tengan tanto texto, para que ellos puedan aprovechar su tiempo al máximo y no lleguen a aburrirse en la experiencia, sino que encuentren historias apropiadas, divertidas y pensadas para su edad.

En un momento, su mamá se detuvo para hablar con nosotros un rato y Nicolás, desesperado, gritaba: “Mami, ¿qué pasa?… ¿qué pasa?”, una vez él notó que los círculos se detuvieron a la misma vez que su mamá lo hizo. De esta manera, alzó su cabeza y sus cachetes marcados se pronunciaron en una gigantesca sonrisa al ver que al otro lado del mantel, un niño, más grande que él, tenía en sus manos la historia de “Peppa Pig”.

Alejandro, el niño más grande, invitó a su manta a Nicolás y juntos leyeron ese y unos cuantos libros más. Fue bonito ver cómo podemos crear no solo cultura, sino también lazos de amistad, lazos humanos a través de los libros.

Alejandro fue el último niño en irse y se fue llenísimo, porque del menú, probó casi todo y salió viendo estrellas, así como nosotros, que antes de empezar tuvimos la oportunidad de compartir dos lecturas: “El dueño de la luz” y “La señora de las mariposas”, ambas nos recargaron de energía para empezar la tarde.

Como Nicolás y Alejandro, hubo otros niños y niñas que junto con sus padres, se sentaron a leer toda la tarde. Además, una bibliotecóloga que se acercó, admiró nuestra labor y el hecho de sacar los libros de un espacio convencional para acercarlos a una interacción más humana y al libre esparcimiento. Como siempre, todos salieron con una gran sonrisa

Picnic de Palabras en un rincón de Colombia: un retazo desde San Agustín, Huila.

Picnic de Palabras tiene muchas voces en cada rincón donde se replica. Hoy compartimos un domingo de mayo en San Agustín, Huila, Colombia. Por: Arlex Francini

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Nuestro picnic de mayo tuvo una súper invitada como voluntaria. Estaba todo programado para empezar a las 2 de la tarde, sin embargo una lluvia “espanta flojos” a la hora del almuerzo nos corrió la hora, sin embargo llegamos al parque con una maleta de libros donados al Picnic. Más tarde llegó el apoyo desde la Biblioteca Pública con más libros. La primera niña que se acercó a los libros, de 4 años hija de la Sra. que vende “raspados” tenía ganas de leer un libro de la popular “Peppa”. Empezamos a leerle otro cuento, ella inquieta quería leernos un cuento, ella, sin identificar letras quería compartir sus historias con nosotros, algo muy agradable.

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Luego fueron llegando más niños, un padre joven con su hijo se acercaron y se quedaron toda la tarde con nosotros. Él le leyó entusiasmado varios cuentos a su hijo, una abuela se acercó a nosotros para preguntar si vendíamos los libros para sus nietos, le dijimos que era gratis leer, entonces ella les dijo a los nietos que leyeran entre tanto ella iba a “mercar”. Otro niño que se acercó quiso compartir historias con su abuela, y venía por libros y le llevaba historias. Llegaron más niños y personas que pasaban para el supermercado y se quedaron un momento para compartir historias con sus hijos. Cuando empezamos a recoger los libros, algunos niños que siempre van a leer nos ayudan y quieren que volvamos al día siguiente, eso es algo bueno.

Fue una muy buena tarde, donde se crearon más historias a partir de generar un espacio sencillo pero muy valioso donde se comparte y se cambia el tranquilo transcurrir del parque de pueblo.