Picnic de Palabras y Fernanda

Por: María Angélica Plata

El 12 de febrero, retomamos Picnic de Palabras Bogotá.

Con unas galletitas llenas de estrellas (llamadas ‘Pan di Stelle’) que llevó para compartir, Amalia Satizábal endulzó una tarde llena de relecturas y gratas sorpresas.

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Durante la primera media hora y después del cierre, los integrantes del equipo de voluntarios (Amalius, Juan D., Andres, Andrea, Caro, Catalina) y una amiga de la-familia-Picnic celebramos la alegría del reencuentro conversando, riendo y leyendo. Entre nosotros y para nosotros.

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Una familia que ya nos había acompañado estuvo presente. Otra, almorzó en el parque (hizo picnic en Picnic) y se quedó a leer, a disfrutar del domingo. Y uno de los organizadores del proyecto ‘Lectura en movimiento’ nos acompañó un ratico, prometió regresar y propuso que participáramos en alguna de las jornadas de lectura en los medios de transporte público de la ciudad.

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Pero, sin duda alguna, lo más emocionante del pasado Picnic fue oír leer, en voz alta y libro tras libro, a nuestra querida Fernanda. ¿Sí la recuerdan? Es la hija menor del señor que vende helados en el parque y una de las razones por las que Picnic se lleva a cabo en Alcalá. Pues ese domingo “Tito y Pepita” (su favorito, que conoce casi de memoria) y “Un lunes por la mañana” (uno de los libros más queridos de Marcela) recibieron su mirada atenta, el desplazamiento de sus ojos emocionados, el contacto de sus manos, su respiración. Aunque no olvido que leía bajito, con cierta timidez, y que en varios momentos le pedimos que elevara el tono, pude reconocer su entrega, su concentración, su felicidad mientras compartía las historias con el grupo.

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Y ya que en esa tarde varios libros resonaron en diferentes voces y momentos, me gustaría cerrar este breve recuento con unas palabras de Juan David: “lo interesante de un libro no es leerlo, es poder releerlo siempre”.

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Picnic de Palabras contado en 4 voces

El 4 de diciembre, para cerrar el 2016, imaginamos y dibujamos historias en compañía de Zorro+Conejo: laboratorio de arte y diseño para niños. Me disculpo por compartir hasta ahora la bitácora de esa fecha especial… pero confío en que llega “tarde pero a tiempo” (como solía decir Lorca).

Varias voces nombraron la experiencia:

Juan D. Rincón:
Un domingo más de Picnic de Palabras. Un domingo más especial que cualquier otro, por ser el último del año, porque quisimos recoger todo lo sembrado en un año de palabras, alegrías, risas, lágrimas, libros y despedidas que sólo son la promesa de futuros reencuentros. El último del año, pero también el primer domingo de picnic en que llegué al parque antes que nadie; el primero en que leí en voz alta desde hace un buen tiempo; el primero en que decidimos acompañar palabras con colores, con formas, con lápices, con tizas, con figuras… Fue un domingo de EXTRAÑAR en mayúsculas, fue un domingo más de leer y reír, de juego y fotografías hecho con el alma y las manos. Un domingo hecho con las voces y las historias de todos los que hacemos parte de esta maravillosa familia construida alrededor de las palabras.

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Amalius Satizabal:
Se llenó de niños, de niños de pocos y muchos años. Luciano, un pequeñito lector nos deleitó con sus expresiones y su amor por los dinosauros. Se nos acercó Juan José, un hombre de unos 50 años, quién devoró los libros en busca de dibujos hermosos, porque “yo no sé leer, pero dibujar sí puedo.” Encontró en los libros la inspiración para dibujarnos a cada uno un mensaje de paz.

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Catalina Laserna:
Dos voluntarias fueron en busca de niños al parque, una llevó a un niño y la otra llevó a Sara, la hija de Zorro, “adoración” de Conejo, los expositores del laboratorio de diseño y arte para niños y niñas. Sara estaba tan empoderada del proyecto de su madre que sabía perfectamente cómo seducir a padres y niños. Su expresividad atrapó la atención de varios pequeños. El grupo se hizo grande y mientras terminaron de reunirse todos, Amalia leyó un cuento de unos tigres que comían unos perros que salían por la cola. Juan y Amalia hicieron el gran y anhelado show de Tito y Pepita, lo cual atrapó la atención del público con mucha fuerza hasta que llegó el momento en que Zorro y Conejo se presentaron e hicieron la invitación de recorrer el espacio para dibujar con las diferentes propuestas: unos tableros circulares instalados en el piso haciendo las veces de hoyos, de donde podía salir cualquier cosa subterránea dibujada con tizas. Había rollos de papel en las cámaras fotográficas de madera y ahí el que quería hacía dibujitos para hacer una historia entre muchos dibujitos. Había tablas con papel para copiar imágenes de los cuentos de Picnic y había unas lupas para hacer microdibujos en cuadraditos de papel que con la lupa se aumentaban. Fue fascinante ver tantas posibilidades… ¡y ni hablar del momento en que llegó el modelo para dibujar en varias posiciones! ¡¡¡Era un escarabajo gigante!!!

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Caro Cove:
Fue un Picnic muy especial, en el que se notó la unión familiar de Sara, Alejandra y John. Me gustó mucho cuando Sara fue el modelo de escarabajo, que según Dani y Amalia era un dinosauro-rinoceronte. Porque cada quien tiene su punto de vista diferente a un objeto y de eso se trata el arte. Explorar, opinar sin ser juzgado. Un espacio que se llenó de creatividad inspirado por niños, adultos, juegos con las cámaras, las tizas, las lupas, los colores, las emociones.

Algo muy bonito fue regalar los dibujos hechos por uno a personas desconocidas. Se sintió una conexión súper linda. También recuerdo el dibujo que hizo Sara de Amalia con todos los detalles: el pelo crespo, el saco lleno de esqueletos de dinosaurios…

 

Tejidos de historias entre invitados y lectores

Fecha: 21 de agosto de 2016, Parque Alcalá, Bogotá. Por: Juan David Rincón

Domingo: De nuevo la esperanza de una tarde de lectura y la incertidumbre de si el día estará nublado o no, si lloverá o no. Pero como siempre, nuestra mejor forma de atraer el sol y hacer que un día nublado transmute en uno soleado, es sacando a pasear los libros: siempre es mejor verlos en un parque que en un estante.

Llegué algunos minutos después de las 2:00 p.m. al Parque de Alcalá, salí de la estación de TransMilenio y caminé hacia el sitio acostumbrado por el grupo para ubicar libros y manteles. Allí, ya estaban Marcela y Amalia. Empezamos a extender los manteles y a ubicar las cobijas y los libros. Los libros empezaron a convocar a las personas, a atraerlas. Catalina y Amalia se armaron de libros para ir a invitar a algunas personas que se encontraban en el parque. Y así empezó a juntarse un nutrido grupo de lectores, mientras los demás voluntarios iban llegando.

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A pesar de que cada uno de los lectores es un invitado especial a nuestros domingos de picnic, en esta ocasión teníamos un autor invitado. Se trató de Germán Izquierdo. Él es periodista y escritor y nos acompañó para contarnos acerca de su libro “La Cucharita: Historia de una canción”, publicado por Monigote e ilustrado por José Arboleda. Este es un libro muy particular porque nace de la investigación que él hizo sobre Jorge Velosa y su reconocida canción “La cucharita”. Para ese momento, ya había más de veinte personas reunidas en el espacio de Picnic. Germán empezó contándonos acerca de su motivación para escribir este libro y ante algunas de sus preguntas, muchos tuvimos que recurrir a la tarea de cantar los primeros versos de esta popular canción. Todo esto para recordar, por ejemplo, el material de la cuchara o el lugar en que se la regalaron a Velosa. Este libro también es especial porque recurre a un formato ilustrado, propio de los libros infantiles para contar una historia que fascina a grandes y pequeños, y eso es lo que hace que un libro sea sorprendente, según nos contaba el autor.

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Después de compartir la lectura en voz alta de este libro y de que el autor respondiera algunas preguntas, Mauricio Gaviria quien es el director de la editorial Monigote, nos leyó el libro “¡Chau!” de Edward van de Vendel y Marije Tolman. Esta es una historia sobre la capacidad de la imaginación para construir sueños y de compartir nuestros mundos fantásticos con quienes queremos. Marta es la pequeña protagonista que hace partícipe de sus sueños a su hermano quien sufre de pesadillas.

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Picnic es un espacio en el que todos nos integramos bajo la excusa de compartir un libro, y si lo podemos leer con amigos o en familia: ¡Mucho mejor! Una de nuestras pequeñas leyó para todos nosotros el libro “Formas” de Claudia Rueda. Su tarea no fue nada fácil pues este libro no tiene palabras, así que ella debía seguir la historia a través de las imágenes para reconstruir la historia, o más bien, construirla a partir de lo que el libro despertó en ella. Amalia Satízabal también compartió la lectura de varios libros, entre ellos “Zorro” de Margaret Wild y Ron Brooks (Ekaré), “Cosita Linda” de Anthony Browne (FCE) o “Este alce es mío” de Oliver Jeffers (FCE). Este último lo disfruté mucho, porque es uno de mis libros favoritos, no sólo de los que encuentro en Picnic, sino de todos los libros que conozco.

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Si al principio estábamos preocupados por las nubes, durante las lecturas hubo quienes se integraron al grupo de los que preferirían la sombra de los árboles, otros fueron de aquellos que disfrutaban de los magníficos rayos de sol que esta tarde de domingo nos regaló.

Este domingo de Picnic de Palabras nos permitió de nuevo integrar familias en torno al maravilloso acto de leer en familia. Vimos padres e hijos reunidos bajo un libro, a una pequeña que le leyó a los más grandes y a los grandes leyendo y riendo como niños. Cada libro despierta y motiva en quien los lee la capacidad de crear un nuevo mundo por descubrir y, sobre todo, compartir. Cada libro nos pone siempre a soñar: con la fantasía de sus páginas, con la felicidad de la voz que nos lo lee y con la promesa de un próximo descubrimiento de la mano de la literatura infantil.

Celebramos 4 años de Picnic de Palabras

Empezamos los preparativos desde mayo, para celebrar el 4 cumpleaños de Picnic de Palabras. En esta oportunidad, teníamos como invitada a Amalia Low y al mago Ruben. En la mañana del domingo 12 de junio, nos reunimos con ocho de nuestros 10 voluntarios, porque dos se encontraban de viaje. Juntos alistamos un Picnic de Palabras 95% colombiano, porque se colaron libros de Hervé Tullet y Anthony Brown.

Almorzamos, repartimos las nuevas camisetas de Picnic de Palabras, y salimos juntos al parque. Desde las 2pm alistamos todo, y poco a poco fueron llegando nuestras familias. La meta 100 personas, suena exorbitante, teniendo en cuenta que en el último mes, y durante este año, por mal tiempo, hemos tenido que cancelar muchos Picnics, con un promedio de 30 personas. Esperábamos tres veces nuestra asistencia.

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Ese fin de semana tuvimos la oportunidad de salir en dos medios de comunicación, El Colombiano y la revista Arcadia. Estamos seguros que este despliegue en medios ayudó para que más personas supieran de nosotros. Entre todos nos organizamos, decoramos el espacio, les dimos la bienvenida a los asistentes y por esta vez hicimos algo diferente. Gracias al apoyo de cuatro editoriales tuvimos 25 libros para rifar entre las familias participantes. Esto hizo que el 90% de los asistentes saliera con un libro bajo el brazo.

A las 2:30 abrimos esta celebración con Amalia Low cantando el cumpleaños para Picnic de Palabras. Después leyó junto a Amalia Satizábal 4 de sus libros. En el intermedio tuvimos al mago Ruben que encantó a todos, y después de su presentación se sentó con un grupo de niños que lo retó a lanzar las cartas y adivinarlas más allá de los árboles del parque.

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Las familias compartieron, leyeron, se divirtieron. Vimos caras conocidas y muchas nuevas. Gracias a los registros, supimos cómo se enteraron del evento, quienes ya habían venido y quienes hasta ahora nos reconocían. El 40% ya había estado y eso nos permitió sentirnos en familia junto con amigos nuevos. Además, supimos que superamos la meta porque estuvieron 110 personas, ese día, bajo un sol radiante, cantando, leyendo y celebrando junto a nosotros una idea que no deja de sorprendernos.

Hicimos muchas fotos y pequeños clips de los diferentes momentos del evento. Esperamos que junto a los videos de todos los picnics, podamos tener un video que dé cuenta de la historia y del alcance de este proyecto y sobre todo nos sirva para inspirar a otros a que siga adelante y creciendo.

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Muchos de nuestros voluntarios tuvieron la oportunidad de leer con algunos de los niños, para mí fue imposible. Yo solo pude ver y sentir que el corazón se me explotaba al ver esta puesta en escena de haber cumplido la meta de lograr semejante convocatoria. De saber que ya no hay duda de que lo que estamos haciendo tienen un fin y un sentido mayor, que a veces es difícil poner en palabras y que solo el tiempo nos ha ayudado a dar cada paso.

Hace 4 años empezamos con 10 personas. Ahora reconocemos la importancia que tiene la lectura, su valor y relevancia en la vida de cada uno de nosotros y de aquellos a los que estamos tocando. También estamos en el camino de validar que tal vez sí somos más los que leemos más allá de las estadísticas porque nuestro secreto está en reconquistar el mundo con el amor por las palabras, las buenas historias desde el amor.

De regreso con música en Picnic de Palabras Bogotá

Primer Picnic de Palabras del año en Bogotá

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Cielo parcialmente nublado, después de dos meses de estar en un verano casi eterno. Cuatro días antes de nuestro primer Picnic de Palabras, empezó a llover de nuevo. El dilema fue inmenso, extrañamos la lluvia, la situación es extrema, pero justo se nos cruzaba la lluvia con Picnic. De nuevo, conjuramos el sol, y nos arriesgamos, como tantas veces, a salir al parque, con una invitada especial, con una convocatoria inmensa y con un pronóstico del clima de lluvia todo el día.

Se alistaron 70 libros de todo tipo: para bebés, libros álbum con texto, sin texto, libros de autores e ilustradores colombianos, informativos, poesía, y comic. Salimos al parque y a las 2 en punto empezamos a organizar Picnic. Llegó Paula Ríos con su novio, nuestros invitados del día. Todos estábamos perplejos ante la incertidumbre del clima. De inmediato, empezaron a llegar familias, y sin darnos cuenta ya estaba Picnic andando.
No tuvimos tiempo de tomar nuestra clásica foto de portada para dejar registro de la selección de libros. Todo empezó rapidísimo, parecía que Picnic llevaba mucho tiempo esperando volver, y apenas lo soltamos en el parque concentró, como nunca, su atención en todo aquel que se acercaba. Fuimos un imán de palabras, el magnetismo del amor que se multiplicó ayer se queda corto cuando se nombra con palabras.

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Ayer Picnic creció, y como un niño chiquito que llega a un parque, corrió, se divirtió, logró que las familias quedaran atrapadas en el embrujo de la voz de Paula, cuando la lluvia se atrevió a asomarse, solo un par de mamás con sus hijas decidieron marcharse. El resto se quedó, cantando, bailando, aplaudiendo, leyendo y, sobre todo, sonriendo. Una vez que Paula terminó y los invitó a seguir leyendo en familia, todos se acomodaron y parecía que los libros no eran suficientes.

En medio de todo este revuelo, felicidad, lectura y amor, pude ver como una mamá puso frente a su hijo de 3 años el libro Yo, cocodrilo, Ed. Juventud, y él, como pez picando carnada, corrió hasta el libro. Una vez llegó, se sentó, sus papás lo rodearon, y ahora con sus gafas de lector experto empezó a leer el libro en familia.

Así, se tejieron muchas historias, entre puntos de colores, poemas de insultos y de amor, cuentos sin palabras para soñar historias, adivinanzas, voces de todas las edades repletas de felicidad. Tuvimos muchas familias nuevas, así como muchas familias que regresaron. En total llegaron 83 personas, un récord para nuestro Picnic, sobre todo iniciando un nuevo año.

Voces desde Argentina e Italia en Picnic de Palabras Bogotá, Colombia

Después de tener una semana con un clima indefinido, amaneció haciendo un sol que no dejaba una sola nube en el cielo. Por: Marcela Escovar

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Llegamos al parque a las 2:05 con Carolina y Selva, la coordinadora de Picnic de Palabras Argentina. Organizamos entre las tres la carpa, el mantel, y justo llego Ana María Bernal, una amiga de la vida. Selva se animó a ir a invitar a las familias que estaban en la zona de juegos, y muchas familias se fueron acercando poco a poco. Justo llego Amalia Satizabal con su novio y un amigo italiano narrador de cuentos: Andrea Gasparri que con su acento en español se acercaba al argentino. Fue un Picnic de Palabras con dos invitados especiales sorpresa. Los niños se acercaban y les recomendamos que leer de acuerdo a su edad. En un momento, vimos a un niño de alrededor 2 años leyendo Flotante de David Wiesner y cada vez que pasaba la página llegaba doblada en la punta. Lo primero que pensé fue que el libro venia doblado, pero luego me percate de las hojas de la derecha estaban intactas, y llegaban arrugadas tras ser tocadas por el niño. Así que le propuse leerlo juntos desde el principio mientras le mostraba como se pasaban las páginas cuidadosamente. Selva se unió a esta lectura y terminaron juntos la historia, y el, al final, pasaba las páginas con cuidado. Para nosotros el cuidado consciente de los libros es parte esencial de la experiencia que tienen los lectores durante Picnic de Palabras.

MieDSCN3515ntras tanto, en la otra esquina de Picnic de Palabras, había una familia con un bebe de 9 meses. Estaba sobre su abuela, junto a su mamá y su hermanito. Tome un libro de cartoné y se lo mostré. No le gusto, así que traje Adivina que es esto de Taro Gomi, del FCE en cartoné. Fue lo máximo, es un libro que al tener huequitos, permite que el lector meta los dedos por ahí. Con mis dedos entre las páginas, el niño no solo se conectó más con la lectura, sino que jugo con mis dedos y se animó a pasar las páginas. Una vez más, probamos que a l
os niños les encanta leer desde chiquitos, sobre todo si cuentan con los libros acordes a su edad. Para edades entre los 0 y los 2 son ideales los libros de cartoné, de colores, conceptos, historias cortas, y con los que se pu
edan interactuar y jugar.

Andrea se animó y empezó, primero, a leer con un pequeño grupo de niñas, siguió coDSCN3521n un libro de Eric Carle para romper el hielo, continuo con Ahora no, Bernardo de David Mckee, y junto a Amalia Satizabal leyeron Tito y Pepita de Amalia Low. Fue un hit, y cerro leyendo en Kamishibai Donde viven los monstruos de Maurice Sendak.

Nos visitaron más de 40 personas, entre las que tuvimos 8 familias participantes. La mayoría llego porque estaban en el parque y se acercaron a leer y decidieron quedarse.

Un Picnic de Palabras único lleno de voces y de acentos en donde descubrimos que en ciudades como Florencia, Italia, de donde viene Andrea, tomarse un parque para leer y compartir con otros parece un sueño. -Está prohibido, llega la policía, y solo se puede hacer si tienes un permiso de la municipalidad.-

Sol o no sol : esa es nuestra cuestión, Bogotá, Colombia

Cosas en común entre todos: estar en manos del clima para saber si hay Picnic de Palabras o no. Países con estaciones, países tropicales en los que estamos a merced del caprichoso sol y al que le hacemos barra para que nos acompañe a leer. Este fue uno de esos domingos donde tuvimos suerte. Por: Maria Angélica Plata

Aunque presentimos que el caprichoso clima bogotano nos haría zancadilla, el pasado domingo 2 de agosto tuvimos un Picnic de Palabras precioso, con varias familias lectoras, visitas de curiosos cuatro patas, risas y sol con brisa.

picnic 5Cuando llegué al parque, a las 2:05 p.m., Carolina y Daniela estaban organizando los libros sobre el mantel. Al rato y antes de iniciar el armado de la carpa mini (¡que ha sido un éxito total!), se acercó un niño con su papá. Les hablamos del proyecto y se quedaron. Samuel escogió “Los exploradores de huesos” y se acomodaron, boca arriba, sobre una cobija para disfrutarlo. Nuestra querida Valentina llegó con Laura, una amiguita, a colaborarnos con la carpa —que en ese momento solo era un cúmulo de palos, organizados por números/tamaños. Entre las cinco lo logramos y la movimos preventivamente, para proteger los libros del mantel en caso de llovizna. La hermana de Samuel, Lucía, se acercó a saludar y decidió quedarse y compartir lecturas con su mamá.

Daniela y yo nos acercamos al parque infantil para invitar a niños, niñas y sus familias a participar del espacio de lectura. Burbujas de jabón colorearon nuestra pequeña caminata. También pasamos por el Paradero Paralibros Paraparques – PPP a saludar a Juan David (su promotor y también voluntario de Picnic) y a Jenniffer (amiga y promotora de otro PPP de la ciudad), que estaba visitando el parque. Pues dejaron un aviso en la puerta, invitando a otros lectores a Picnic, y decidieron acompañarnos.

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Cuando llegamos, Valentina y Laura estaban concentradas, descubriendo historias…, y ya había otras dos familias disfrutando de la tarde: un chiquitín hermoso con su mamá (él estaba dichoso hojeando “Las lágrimas del cocodrilo”, de Amalia Low, y murmurando cosas) y dos niñas acompañadas por su papá, que se quedaron hasta el final. Jenniffer y Juan David se ubicaron y recuerdo que los primeros (de muchos) libros que leyeron fueron “Secreto de familia”, de Isol, y “Un lunes por la mañana”, de Uri Shulevitz.

Daniela, Carolina y yo tapicnic 1mbién nos sentamos para comenzar a vivir la magia de Picnic y luego llegó Andrés, otro voluntario. Descubrí dos textos hermosos, que espero releer en un próximo encuentro: “y de pronto es primavera”, de Julie Fogliano, y “Rutinero”, de Níger Madrigal y María Wenicke.

Un chiquitín sonriente y sensible, Esteban, comenzó a seleccionar libros del mantel para leer con su tía. A veces pedía que le recomendaran alguno (Daniela lo hacía con gusto) y, emocionado, regresaba para que la tía y él pudieran compartirlo. Hacia el final de Picnic, antes de que se sumaran su mamá y su papá, preguntó *¿Nos quedaremos aquí leyendo cuentos?* Las personas que lo escuchamos, entre miradas cómplices, solo pudimos sonreír.

La visita de Yaco, el diseñador de los carteles de Picnic, nos sorprendió gratamente. Y también nos alegró la de la familia de Celeste, que recuerdo participó en Picnic cuando celebró su cumpleaños número tres. Celeste está grandota y ese día llevaba una balaca de buganvilias que iluminaba todo a su alrededor. ¡Es una preciosura esa chiquita! Se divirtieron con “Un libro”, de Hervé Tullet; “No”, de Claudia Rueda, “Los contrarios”, de Xavier Deneux, y muchos otros. Un amigo de la mamá y el papá de Celeste también se quedó un rato, conversando y hojeando libros.

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Hacia las cuatro, cuando varias familias ya se habían ido y porque recibimos la visita de nuestra querida Fernanda, nos quedamos un buen rato compartiendo historias. Por supuesto sus favoritas, las que se sabe de memoria (“Tito y Pepita”, de Amalia Low, y “Un lunes por la mañana”) y otras con las que Jenniffer, Juan David, Valentina y yo jugamos: “¡Ay! ¡Caca! y “Mi casa es tu casa”, de Stéphane Frattini.

Aproximadamente 35 personas (y la benevolencia del cielo bogotano) hicieron posible un Picnic de Palabras único y memorable, en el que recordamos constantemente a Marcela —que se encontraba de viaje. Fernanda y Valentina, para quienes el espacio de lectura (risas, afecto, historias) ha sido vital, no dejaron de preguntarla.

¡Gracias, Picnic de Palabras, por sembrar y hacer germinar en cada persona tantas cosas bellas!

Picnic de Palabras en la mañana del día del padre en Bogotá

Hay días de muchas lecturas con pocos lectores. Esto fue lo que sucedió el 21 de junio de 2015. Por: María Angélica Plata

El pasado Picnic de Palabras coincidía con la celebración del día del padre y con el partido de la selección contra Perú. Así que se propuso un cambio de hora: no de 2:00 p.m. a 4:00 p.m., en la que regularmente se hace, sino de 10:00 a.m. a 12:00 m.

Llegamos al parque, al pedacito de verde que acoge un mantel a cuadros, varias cobijas, vpicnic 1arios libros y lectores. Aunque el cielo se estaba despejando, decidimos armar la carpa mini y ubicamos algunos libros. Pude reconocer que en horas de la mañana el movimiento del parque es diferente: muchos deportistas y pocas familias. El amarillo y el rojo de las camisetas de la selección contrastaban fuertemente con los opacos, en escala de grises, cerros orientales… y el barullo de los carros en las vías aledañas —aquellos que intentaban salir de la ciudad para almorzar o se movilizaban de regreso para ver el partido— hacían sentir que era un domingo particular.

Fernanda y Valentina, hijas del señor Fajardo —que vende helados en el parque— y fieles lectoras, nos ayudaron a armar la carpa (son expertas y sé que junto a Marce guiarán mi curso intensivo de armado de carpa, jeje) y con ellas compartimos toda la mañana. Fue un Picnic familiar.

También se acercó un señor con su nieto, chiquitín de unos dos años, y Marce los acompañó, prestando su voz, en las primeras lecturas. No era la primera vez que visitaban Picnic, pero hacía bastante que no regresaban.

Fernanda, Valentina y yo soñamos varios libros: “El corazón en la botella”, del genial Oliver Jeffers; “Duerme negrito”, ilustrado por Paloma Valdivia, y varios títulos informativos que invitan a adivinar y jugar (como “¿Quién me mira?” o “¡Pequeñitos!”, de Stéphane Frattini), y compartimos historias: hablamos de otros libros, de cosas que suceden en nuestra cotidianidad (hogar, estudio, trabajo), de lo que sentimos…

Casualmente me encontré con un conocido de Cartagena que en varias ocasiones se ha interesado por Picnic de Palabras y otros proyectos de promoción de lectura en los que he podido participar porque quisiera implementar algún programa con la Gobernación de Bolívar… y, aunque no se pudo quedar (iba camino al aeropuerto, sobre el tiempo), prometió visitar Picnic en uno de sus próximos viajes: “en mi próxima visita estaré en los Picnic” —recordó el domingo en la noche en el cartel de Picnic que posteé en mi muro.

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Cuando el abuelo se fue con su nieto, Marce se acercó y continuamos disfrutando los libros informativos del menú de ese día y contando las historias curiosas que conocíamos de cada animal. Después Marce leyó con Valentina y yo leí con Fernanda. Compartir “Tito y Pepita”, de la maravillosa Amalia Low, fue lo más bonito: Fernanda lo conoce de memoria pero siempre lo disfruta con asombro, como si fuera la primera vez.

Si bien varios factores hicieron que pocas personas participaran en el pasado Picnic, los encuentros entre libros y lectores siempre serán especiales y, desde el afecto, permitirán tejer sueños y esperanzas.

La experiencia de Picnic siempre es significativa. En Picnic, cada domingo, nace y crece la magia.