Lectura, poesía, canciones: hilos para tejer una comunidad de lectores

17389031_1256202684462034_452314858467461916_o.jpg

Por: Pato Pereira.

Muchísima gente en la plaza. Mucha gente nueva pero también gente del barrio.

17434894_1256201224462180_8310758015271392220_o.jpg

Me acompañó la invaluable ayuda del ingeniero que llegó más tarde cargando maleta y mate. Se había comprometido el pequeño a ir con nosotros pero le agarró una siesta de último momento y no quise despertarlo. La plaza estaba llena de gente, eso pasa a veces. Era un día soleado, no tan cálido porque se está acercando el otoño… así que la gente aprovechó para salir a la plaza.

En cuanto echamos a volar los manteles se acercaron varios lectores a curiosear. Escuché por ahí un comentario “llegó el picnic de libros”, así que supe que era gente conocida. Un grupo de niños inquietos empezaron a curiosear, compartendo lecturas…

Seguimos invitando gente a acercarse, leimos, les recomendamos libros (nada que me guste más que recomendar un libro y ver que ese libro encontró un huequito en el corazón del lector).

Como ven en las fotos, no solo los niños leen, los grandes también…

17388944_1256201301128839_3844829436615057249_o.jpg

Es especial cuando me encuentro con algún pequeño lector que ya conozco hace rato, eso pasó con Bauti, el fanático de “Un lobo así de grande” que volvió después de unos meses sin verlo. Hace más de un año que lo veo en la plaza así que imaginénse lo chiquito que era. Leyó Lobo de FCE y luego se entretuvo con la Bruja Berta y El tesoro escondido del capitán Tifón… El hermano ya está tan grande que casi no lo reconozco, y ahora llegaron con una hermanita de meses ¡que espero nos siga visitando!

Al final regalamos poesías para llevar, y terminamos con un pequeño recital en donde compartimos primero poesía, Cocorococó, A lo bestia, y terminamos con el cuento de Finn Hermann…ante el pedido de algunos niños que lo habían visto por ahí…

17434778_1256201067795529_8815524038004258084_o.jpg

 

Como colofón, los invitamos hoy a soltar un libro en el barrio, para que se encuentre con un lector sosprendido, y acrecentemos esta comunidad lectora que crece, lenta, pero firme y pertinaz en mi barrio de Florida.

Los libros se retiraron satisfechos, el clima nos ayudó, y colorín colorado este picnic terminó…

Anuncios

Picnic y el verano

17157458_1241045702644399_3246339616113393497_o.jpg

Por. Pato Pereyra

El clima nos va marcando un poco, el color de cada picnic. Hay picnic, grises en invierno, hay picnic brillantes en verano, o florecidos en primavera. Pero también, cada Picnic, cada encuentro con libros, tiene su propio clima.

Habíamos cancelado dos veces por lluvia, así que los libros y yo estábamos ansiosos.

Nomás llegar vimos que la plaza estaba desierta, había llegado a 40°C de sensación térmica, y la gente se quedaba en casa.

Me acompañó mi marido que me ayudaba a acarrear los libros, porque todos los otros ayudantes tenían sus propios compromisos (se habían metido a la pileta).

De a poco empecé a acomodar los libros sobre los manteles, cuando reconocí a esta madre con su hija, que ya habían venido en otra oportunidad. Me acerqué a invitarlas, (estaban en el sector de juegos) con un libro en mano, que recordaba que la pequeña había disfrutado.
Estaba con un vestido largo, a pesar del calor, violeta, como de princesa. Era una princesa.

17016902_1241045492644420_3908336075389781937_o.jpg

Como ven, de a poco se fue acercando a buscar más libros, algunos me dijeron que ya los conocía, y otros se los ofrecí para ver si le gustaban. Iban y venían los libros que compartía con su madre.

Al rato llegó una familia de 5 con dos perros, y los invité a participar. El padre me dijo que leían todos los días, entendí que no era el momento de leer …así que me alejé… Aunque volvimos a hablar cuando les ofrecí caramelos como hago siempre en algún momento de la tarde.

A medida que la tarde languidecía, la temperatura, un poco más soportable atrajo a otras familias. Un papá con dos nenes, que no sabía del Picnic, se entusiasmó y se acercó a leer con sus hijos.

Con esa familia leimos hasta el final varios libros. Llegaron también otra madre con dos hijos, que ya conozco de Picnic anteriores, se sentaron en las mesitas y miraron algunos libros. El hijo mayor, tendrá unos 12 o más, y lo conozco hace más de dos años. Una vez lo ví leer un libro de poesía de cuentos clásicos, Blancanieves y otras historias. Me sorprendió esa lectura, porque otras veces había elegido cuentos de misterio o terror. Cuando me acerqué a hablar con él me dijo que estaba buscando un libro para su hermanita. Ahora le leí a su hermanita.

Ahí subidos al mástil, un lugar un poco incómodo, abrazados al padre, porque era ahí donde querían estar, leimos y jugamos con Estaba la Rana y Un lobo así de grande.

17159145_1241045405977762_8693500301937354017_o.jpg

Al terminar, cuando todos se despedían agradeciendo, se acercó esa familia numerosa que había estado en los juegos mientras leiamos (aunque los perros venían cada tanto a saltar sobre los libros muy divertidos, es más uno salió en la foto), y la mamá me preguntó por la actividad. Le dije como buscarnos en facebook, que venimos una vez al mes, y dijo que la próxima iban a venir sin los perros…

Al final mi hijo más pequeño, también me acompañó en la plaza, de su autoría son las fotos que pude compartir en donde les estoy leyendo. Lo curioso, es que como hacía poco nos habían hecho una nota en un diario local, mi familia me decía que la plaza se iba a llenar de gente, y eso no pasó. Hemos tenido picnic de 30 personas o más, y en este apenas habrán llegado a 10 concurrentes. Pero el éxito del picnic no se cuenta en números, sino en encuentros, y en continuidad, es un logro para mí ver crecer a los niños del barrio, entre libros.

Fue un picnic cálido, como el día, pero intimista, como si no importara que estuviéramos en la plaza, un ambiente público y abierto. Como todos, un picnic especial.

Nuestro primer nuevo Picnic 2017

A veces pasa que en Picnic de Palabras se entretejen historias de vida, de recuerdos y de otros, para seguir conectándonos a través de los libros de literatura infantil, que tienen en si mismos algo de magia. Por: Laura Godoy

16298642_1207067779375525_4140367223818316169_n (1).jpg

Me crié en una casa que no tenia libros, o había muy pocos. El primer libro que me compraron fue a los 7 años. En la escuela nos pidieron un libro para trabajar en clases “ El churrinche” de Laura Devetach. ¡Fue todo un lujo para mi familia! Libro que conservo y aun recuerdo el día que la maestra los repartió. Nos indicó cómo tomarlos y cómo tratarlos porque eran algo frágil.

16265750_1207067849375518_6802613218956681260_n (1).jpg
Luego con el paso de los años en la escuela primaria tuve la suerte de encontrar algunos más. Cada vez que mis compañeros llevaban a la escuela un libro. Se los pedía prestado y los leía en el recreo. Me acercaba a los libros de prestado. Siempre: De mis compañeros, de la biblioteca de la escuela o de mi ciudad. ¿Por qué cuento todo esto? Porque creo que con Picnic de palabras me reencuentro con esa niña que fui y devuelvo la oportunidad que se me presentó a los 7 años, que luego busque y sigo buscando a mis 31. Y encontré gente que, como yo ama el poder que te da la palabra y las infinitas oportunidades, infinitas oportunidades de lo nuevo.

16114646_1207068159375487_4913793606375357458_n (1).jpg
Y en este primer Picnic fue todo nuevo. Para nosotras y para los lectores que se acercaban tímidamente. Hacía mucho calor así que cuando llegamos había poca gente. Desplegamos los manteles y los libros y nos fuimos a invitar a la gente a que se acercara. Los padres nos miraban raro, no entendían mucho ¡Pero los chicos no necesitan entender! Se acercaron y algunos eligieron un libro y otros, todos.


Qué lindo fue ver a familias leyendo, a chicos buscando con sus ojos qué leer. Me quedo en particular con un chiquitín que no llegaba a los tres años y abrazado a un libro le pedía a su mamá llevarlo a su casa. Nosotras nos trajimos a nuestras casas a él en la anécdota del primer Picnic.
¡Gracias por la oportunidad!
Picnic Burzaco

Picnic de Lujo desde San Luis, Argentina

Entre todo el año y todos los Picnics vamos saltando y descubriendo historias que no podemos dejar de compartir. Aquí una que se registró en septiembre y que sin duda fue todo un regalo que nos parece perfecto para pensar en lo que será este nuevo año.

Por: Melina Venaccia

14380073_10211136839920569_1529617169955794955_o.jpg

El pasado sábado 24 de sep realizamos en San Luis el Picnic número 23 y como ante sala de nuestro segundo aniversario recibidos y dimos a mucha gente el mejor regalo. Istvansch un gran autor, ilustrador y editor argentino estaba en nuestra Provincia dando cursos a docentes. En uno de esos encuentros hablé con el para que pueda participar de Picnic, por supuesto al nombrarle el proyecto dijo que Si! Conoce de nosotras gracias a Selva Bianchi coordinadora de Argentina y en él ya había participado en 2014 de un Picnic junto a ella.

Desde el momento que dijo que si, hace tres meses, todo absolutamente todo fue soñar como sería ese momento, hoy escribió y me parece mentira que ya pasó. Nos preparamos mucho, realizamos toda la promoción que pudimos. En medio de eso tuvimos algunos problemas burocrático con la Universidad que la trajo a la provincia, en ese momento me llené de furia, hoy es sólo un detalle. Valió la pena todo lo que pasó, valió el momento y nada lo podrá opacar.

Llego en el día, salió un hermoso sol. El clima acompañó, vale aclarar ya que el día anterior sufrimos no más de 10 grados y vientos de 80km en plena primavera. Fuimos a la plaza una hora antes, ¿ansiedad? Si claro, nos brotaba la ansiedad por todos lados. Pusimos los manteles, algunos libros y la gente comenzó a llegar. Invitamos amigos, novios, familia, para que nos ayudaran a no perdernos ningún detalle. Conocimos ese mismo día a nuestra fotógrafa porque no queríamos perdernos ningún momento.

Mientras nuestra compañera fue a buscar a Istvansch a donde se alojaba nosotras recibimos a la gente. Llegaron muchos amigos, alumnos, docentes, nuestra profe de Literatura de la Universidad y hasta la dueña de la librería que nos ofreció préstamos los libros del autor para que tengamos en el Picnic. Una genia. Todos felices y expectantes.

Llegó Istvan y lo presenté. No recuerdo que dije, ni como lo dije, sólo se que estaba nerviosa y había mucha gente ( logre contar mediante la foto más de 60 personas), deje de hablar, la gente aplaudió y comenzó la magia… Me senté a disfrutar de las caras de todos. No podía perderme nada.

14425562_10211136882081623_3181971757678265366_o.jpg

Istvansch para los que no lo conocen es un gran autor, ilustrador y gran persona. Es un showman, habla con todos de una manera tan especial que es imposible no sonreír. Si no lo conocen, pónganse como meta hacerlo. Todos debemos plantar un árbol, leer un libro y conocer a Istvansch. Sin duda. Sentada sobre el pasto mire todo, disfrute de todo, la risa de los chicos, la alegría de los grandes. Llegó el momento de las preguntas y todo siguió siendo tan cálido y amable como es él. Se despidió con avión que va, avión que llega de Laura Devetach. ¡Tiro un avioncito y todos aplaudimos! El Picnic y la magia llegaban a su fin.

Se acercaron más chicos para hacerle más preguntas y otros para comprar sus libros. Istvan seguía respondiendo con el mismo amor que la primera pregunta. El Picnic había comenzado a las 16 hs y nos fuimos de la Plaza a las 19. La bondad y humildad de Istvan fueron tal que se quedo firmando libro por libro.

14435416_10211136880401581_8632332342995449533_o.jpg

Al final le dijimos de manera casi obligada “sentate con nosotras y come y toma algo” yo tenía la boca seca después de una hora y media… ¡Sin hablar! Me imaginaba él …
En esa charla el nos habló de lo mágico del Picnic, del concepto. La lectura al aire libre, en un espacio público es imposible que todo eso junto falle, que no sea grandioso como lo es.
Después de este Picnic tan genial, emocionante, sólo puedo agradecer.

En primer lugar a Marcela Escovar por la idea magnífica, a Selva Bianchi por hacerlo real en Argentina y también me doy las gracias a mi misma. Ver el proyecto y llevarlo adelante no es fácil, destinar un día al mes a veces se hace complicado, pero la pasión por lo que hago ayuda a que todo se más fácil.

Gracias a mis compañeras, amigas que siempre están ayudando y apostando a que Picnic sea posible, sin ellas claramente no podria. Fue un momento muy especial, el primer invitado a nuestro Picnic lo vivimos con mucha Felicidad. OBVIO gracias a Istvan que le agregó magia al mágico Picnic de todos los meses.

Historias para todos bajo el sol

Nuestra motivación: contar historias y que lleguen a todos los rincones del mundo. Hoy compartimos un Picnic de Palabras desde: Cte. N. Otamendi – Gral Alvarado – Pcia de Buenos Aires, Argentina. Por: Mirta Acosta

El domingo 23 de octubre despertó con los primeros rayos de sol, entibiando la mañana. Las redes sociales fueron testigo de nuestro afán de reclutar nuestros amigos, para compartir este picnic, especial. Alrededor de las 14.30 hs comenzó la recorrida para rejuntarnos y equiparnos de todo lo necesario. Ansiosas llegamos al Paseo. Todo el verde, el sol y la gran cantidad de personas que allí había en los juegos recreativos, nos animaban a buscar el lugar justo para asentarnos.

14666210_10209736781768255_8939803855869906811_n.jpg
Como cada encuentro, el lugar fue el más atractivo a nuestros afectos y a lo que el reparo no propiciaba. Se colgaron los banderines, se desplegaron manteles, las valijas con libros fueron ocupando sus lugares, y nuestros primeros amigos fueron llegando.

Otros que esperaban el colectivo con rumbo a ciudades vecinas, también se acercaron para conocer la propuesta, nos preguntaban y estimulaban a seguir con la misma. Mientras ordenábamos el lugar, algo de viento empezó a soplar, pero nada impedía la curiosidad y la exploración de los textos,… ¿se venden? Consultaban unos, ¿es sin compromiso? interrogaban otros. Ninguno se podía perder la posibilidad de tomar un libro.

14713539_10209736782168265_1726186121226529110_n.jpg

Muchos asistentes: mamás, hijos, abuelos, tíos; todos se acomodaron al sol o algún reparo de sombra, libro en mano y compartieron el mate que tanto nos une…más de 50 personas, coparon la plaza. Alrededor de las 15.30 llegó nuestra invitada, nuestra querida y admirada Adelina Galliti, quien con gran asombro nos volvió a contagiar con su magia, ansiosa de contar y de compartir.

Comenzamos a acompañar a los que llegaban, tentadas en sugerir libros a los comensales. Minutos mas tarde salimos a invitar a las familias del parque a compartir las historias que nos relataría Adelina. Asi fue que a las 16 hs, la cuentera con su tambor, comenzó a llamar a la ronda de cuentos.

14633078_10209736782848282_8938590569291431632_n.jpg

-¿Quieren escuchar historias? – Preguntó. Y ante la respuesta de los presentes… Pájaros que buscaban su libertad salieron a través de las historias y un elefante travieso que invitó a jugar a los grandes y pequeños… todos con gran estupor siguieron cada palabra…

Con el aplauso al final segui otro y otro. Nadie se movía del lugar, terminó la ronda de cuentos, el mate siguió pasando de mano en mano. Whattsapp radio (Emisora local) con su programa “Sexto nos cuenta” no fue indiferente, una alumna de 6TO: grado de la EP N°7 Domingo F. Sarmiento, entrevistó a la narradora para su próximo programa radial.

14729190_10209736782968285_2969532145781195021_n.jpg

Luego despedimos a nuestras voluntariosas compañeras que partían rumbo a Mar del Plata. Fue Una tarde única, con muchos espectadores, grandes curiosidades y maravillosas historias. El frio empezó a abrigarnos y nuevamente los libros a las valijas para prepararse a un nuevo encuentro.

El sol nos encuentra reunidos en la plaza

Contamos historias para compartir lo que no se ve detrás de mil fotos que registran cada domingo, en diferentes lugares, lo que sucede en Picnic de Palabras. En esta oportunidad desde Florida, Buenos Aires, Argentina. Por: Pato Pereyra

El domingo tuvimos nuestro Picnic en Florida , Bs As, Argentina. ¡Hubo mucha gente! Somos pocos voluntarios, la plaza es chiquita, así que tener como 30 personas circulando nos parece una multitud. Acá el invierno se hace sentir, así que cuando sale el sol la gente aprovecha para salir a la plaza.

El domingo salió el sol, muchos salieron y de casualidad nos encontraron, pero también varios ya nos estaban buscando. Como estaba sola al principio, tuve que pedirle a mi hijo de 14 que me acompañara para llevar los libros. Había armado una guirnarla de globos, pero en las 3 cuadras de caminata se enredó toda y quedó un adorno un tanto diferente a como lo había imaginado.

pic 4.jpg
Apenas al llegar, se acercó un chico que reconocí de Picnics anteriores. Santino se llama, y se ofreció a acomodar los libros. Es como si se sintiera “de la casa”. Mientras íbamos acomodando, alguna gente se acercaba a preguntar que hacíamos (lo de siempre si se venden), y se sorprendía de nunca habernos cruzado en tantos meses de Picnic. Otros volvieron después de haber compartido con nosotros en otros Picnics anteriores, así que buscaban sus libros y se ponían a leer.

pic 1.jpg

Una mamá me dijo que su hijo siempre que venía tomaba el mismo libro (La bruja Berta), y ahí estaba en medio de los juegos muy ensimismado leyéndolo en voz alta, como si fuera la primera vez. Santino en un momento me pidió papel y lápiz porque quería escribir una historia. Así que se fue a las mesitas y en una muestra de inspiración y determinación que envidiarían varios escritores, la escribió en la hora más o menos que estuvo en el Picnic.

pic 2.jpg

Con formato de comic, se titula “El sientífico Jackson y su robot recoge manzanas”. Al terminar el Picnic nos juntamos porque el quería leernos la historia a todos. Así lo hizo, y al terminar, se la pedí para traérmela y disfrutarla con más tiempo, eso lo desconcertó. Se quedó pensando, y al final me lo permitió con el compromiso de que se la devolvería el próximo Picnic. Santino su madre y su hermano fueron los últimos en irse de la plaza, cuando ya oscurecía.
En el medio, hubo tiempo para volver a contar historias. Aproveché que había bastante gente, y un lugar al sol y leí “José Tomillo”, “¡Es hora de dormir papá!”, “Los secretos del abuelo sapo” y “No cualquiera pone un huevo”, una historia de una escritora amiga argentina llamada Iris Rivera. Una nena muy pequeña me escuchaba atentamente, aún algunas que pensé que no le interesarían por tener más texto y menos ilustración, también algunos grandes escuchaban atentamente (aunque sus hijos ya se habían ido a los juegos o a otro lugar de la plaza), y Santino corría de un lado a otro, porque quería escuchar pero también terminar su historia antes de irse.

pic 3.jpg
Les dejo el cartel que armé contándoles a la gente de la plaza porque era un Picnic de Palabras especial. Antes de irse, varios dejaron su nombre anotados en corazoncitos que pegamos, como un saludo para la gente que allá lejos festejaba en su propio Picnic de Palabras. Fue un Picnic, como todos sorprende, y cálido, a pesar del frío que nos acecha en Buenos Aires.

Sinónimos: lectura y libertad

Un Picnic de Palabras que está repleto de historias, momentos, lecturas, voces, y sobre todo palabras para acercarnos a un momento que ya fue y que ahora es una historia más de nuestra colección de recuerdos. Una experiencia que en si mismas siempre es única, cada vez que se realiza y que nos hace sentir en casa, cerca, en familia, más allá de la distancia. Por: Mónica Esmail

12 de marzo
Comandante Nicanor Otamendi

Tuvimos un Picnic muy alegre y distendido, aunque los lectores tardaron en llegar, por momentos parecía una reunión de domingos en familia por el bullicio, la alegría del encuentro, el saludo y llamado a los gritos al que pasa. Algún papá que se quiere ir y su hija que se quiere quedar a leer, la vecina que le dice “Andá tranquilo, yo la miro”, otra mamá que le insiste a su hijo que venga a leer y él sólo quiere ir a jugar a la pelota con sus amigos, aunque después de un rato también se acercan y elijen sus libros. Los perros del pueblo acomodándose entre los lectores, un mate por acá, una galletita por allá.

Como estamos al lado de los juegos, de la cancha de básquet y de todo el césped para jugar al fútbol, nuestros lectores son bastante itinerantes, un rato juegan, otro leen, otro andan en bici, así que se van renovando, es difícil concentrarlos a todos para leerles como hacíamos en los primeros Picnics, es una actividad muuuuy libre. En total habrán sido alrededor de 30 personas las que se acercaron a leer. 

picnic 1.jpg

Algunos momentos que recuerdo fueron: “¿Me leés acá con él?” Le dijo una nena a Mirta acercándose al perro vagabundo del pueblo bautizado por todos “Nicanor”, y mientras escuchaba el cuento no dejaba de tomarle la patita, en realidad Nicanor no dejaba de agarrarle la mano a ella.

“Maaa me leés este?” –“Pará que termine este que está re bueno!” (está leyendo Cuentos de Amor de locura y de suerte de Liliana Cinetto.) –Escuchen lo que dice acá! y muy divertida lee para todos un fragmento. Después de un momento se la ve secándose las lágrimas por la emoción que le produce el mismo cuento (eso que nos pasa a veces con los libros, nos llevan de la risa al llanto, no podemos parar de leerlos y nos transportan muy lejos de donde estamos realmente).

“Tomá leé este que te va a encantar!” le dice una nena a un amiguito que recién llega. (Le entrega Iyoké es muy pequeño de Nathalie Dieterlé.) La misma nena, después de intentar leerle a una beba bastante inquieta, la agarró, se la llevó a la mamá y le dice: “Tomá, cuidala porque se te va para cualquier lado!” Y se eligió otro libro.

picnic 3.jpg


Una tarde más donde se ven caras de alegría, de sorpresa, de emoción, tanto de chicos como de grandes, grandes que por un momento vuelven a ser niños.

Historias para acompañar una fractura desde Buenos Aires

Por: Selva Bianchi

El 24 de enero tuvimos el primer picnic del año en San Cristóbal. Fue la primera vez en más de dos años que tuve miedo de no poder hacerlo. Durante la semana tuve una fractura en el tobillo y coincidió con que casi todo el equipo está de vacaciones. Como en esta sede siempre tenemos invitado especial y combinar fechas es muy complicado, sumado al hecho de que ya lo habíamos anunciado, fueron unos días de incertidumbre. Mi mamá ofició de fotógrafa y mi esposo de chofer y cebador de mate.

picnic 1
Finalmente se pudo realizar. Llegamos muy temprano al parque, hacía tanto calor que las pocas personas que había estaban jugando al agua en una fuente. Naturalmente yo no podía darme una vuelta para convocar gente y tampoco quería molestar a mis dos ayudantes a los que ya había vuelto medio locos. Así que desde el mantel traté de enganchar a los chicos que veía cerca. Así fue que pasaron unos adolescentes que venían a jugar al fútbol y los invité sin mucha esperanza. Para mi sorpresa aceptaron y recorrieron desde las historietas hasta los libros para los más chiquitos. Después de un buen rato se fueron a jugar y uno de ellos decidió quedarse hasta el final viendo los trabajos de la invitada.

picnic 2
Eva Mastrogiulio es diseñadora gráfica e ilustradora. Trajo sus trabajos originales y los libros impresos. Hablamos de cómo dibuja, de técnicas y también leímos en rueda algunos de sus libros. Una nena de 8 años a quien le costaba leer en voz alta fue la que más insistió, incluso leímos cuentos de otros autores. Su mamá se sumó a la rueda y su papá se quedó en un costado leyendo. Al final del encuentro, el señor me dijo que se había enganchado un montón con las leyendas griegas “y eso que no me gusta leer” agregó.

picnic 5

En un momento Eva se lamentó de no haber traído papel y lápiz para dibujar. Yo tenía tres marcadores y una birome. Entonces les preguntó a los chicos si querían que hiciera un dibujo. Todos aceptaron y una nena de 6 años empezó a improvisar un cuento sobre un gato. Eva comenzó a ilustrar la historia que iba creciendo con preguntas que le hacíamos a la nena. Ella muy entusiasmada fue contando con detalles y Eva fue invitando a los chicos a sumarse a la ilustración que terminó siendo de creación colectiva. Al final hizo un sorteo con uno de sus libros. Eva quedó tan contenta que prometió volver a visitarnos con sus hijos.

picnic 3
A pesar del calor hubo bastante concurrencia, fuimos en total 27 personas. Como broche final, se acercó un señor que había estado al principio con su hija y luego no volvimos a verlo. Se había ido a los juegos con la nena y uno de nuestros libros y al ver que nos preparábamos para irnos se acercó a devolverlo diciendo que aún no había podido terminarlo pero que venía para el próximo encuentro.

Sorpresas en Florida, Buenos Aires

A veces salimos solos al parque y ahí nos esperan sorpresas como esta: por Pato Pereyra

Estaba sola, porque al ser el cumpleaños de Roo (mi hija y voluntaria) el resto se quedó en el cumple…así que me ayudaron a llevar las mochilas a la plaza y ahí quedé con los libros y los lectores. Por suerte, aunque fueron varios concurrentes (unos 30), no vinieron todos juntos así que pude ir leyendo a algunos y charlando con otros, en forma espaciada. En contra, no pude sacar tantas fotos, y esta vez no hice la lectura en voz alta que suelo hacer en algún momento de la tarde.

picnic 3.jpg

Primera sorpresa: Eva, nos estaba esperando. Ella, con su papá y su mamá estaban en el sitio que ocupamos siempre en la plaza. al llegar nosotros. Ya va el cuarto picnic consecutivo al que viene

Llegué y pedí ayuda para acomodar manteles, como hago últimamente, unos chicos que andaba por allí me ayudaran a acomodar los libros, esta vez llevé una manta especial para los más chiquitos…y ahí la invité a Eva a sentarse, organizando los libros abiertos y parados, para que eligiera. Ella es tímida, pero enseguida empezó a tomar los libros que le dejaba, y lo mejor es que su papá que al principio también se mostraba tímido, ya estaba canchero con la lectura le decía, “querés leer este o el otro…”

picnic 1.jpg

 

Había gente en la plaza a la que fui invitando, algunos se acercaron, otros no. En las mesitas, vi a un señor mayor con una acompañante y fui a invitarlos a leer. El señor tenía 87 años, y estaba un poco sordo, se llamaba, Evangelisti, y era vecino del barrio. Les dije que los libros eran para todos…y la señora que lo acompañaba se puso a elegir entre los manteles, y estuvieron largo rato leyendo en las mesitas de ajedrez, muy concentrados ellos. Varias veces me acerqué a hablarles o recomendarles libros. Un placer verlos leer Stelaluna, La cosa perdida, o La verdadera historia del lobo feroz. El señor me agradeció mucho. Así fue toda la tarde, gente que no conocía el Picnic que se sentó a leer.

picnic 2.jpg
Al final, cuando iba a levantar los manteles, llegó una pareja con dos nenas. Roberta y Antonia. Se los veía conocedores de libros, y se pusieron a leerle a sus hijas, sobretodo a la mayor. El papá estaba entusiasmado con los libros y miraba uno tras otro. Le conté del picnic…se notaba que ella era extranjera, charlamos de escritores…que nos gustaban, de ilustradores que preferíamos…y al rato el marido se me acerca con dos libros. Ella me dice, son para vos…Eran dos ejemplares de Genoveva…Un libro en Braile…que yo había visto…Resultó que ella era la editora…Uns tremenda sorpresa! Libro hermosísmo…y de gran significado porque cuenta la historia en braile y con dibujos en relieve. El momento que resume este Picnic es ella, amamantando a su beba, sin dejar de leerle a la hermanita,, un libro, o en realidad alimentando con lecturas a las dos.

Me fui agotada y sorprendida de la plaza y con ganas de más. Es más, volvimos caminando juntos con Juan Cruz y Bauti, un par de chicos que llegaron al final, con sus papás , el se bajó del triciclo para leer, con chupete puesto y todo, y charlando como si nos conociéramos de siempre.

Nuestro secreto: la perseverancia en el tiempo, primer año en San Luis, Argentina

Hoy compartimos no sólo un Picnic de Palabras, sino un año de historias que se han venido tejiendo, entre el clima y las estaciones. La distancia acerca cuando las palabras están cerca. Festejamos nuestro primer año de Picnic de Palabras en San Luis, Argentina. Por: Meli Vinaccia

picnic 7

Nuestra sede de Picnic festejo sus primeros 12 encuentros el pasado 17 de Octubre, en esta oportunidad el encuentro fue un día sábado ya que el domingo 18 se festejo el día de la madre. Fue un cambio de día muy positivo, nos dimos cuenta que los sábados la plaza esta mucho más concurrida y nuestros visitantes estaban felices por el cambio de día. (Mucho conocían del proyecto pero nunca podían acercarse los días domingo). Seguramente seguiremos con nuestros encuentros los sábados.


picnic 3El horario era a las 17hs, llegamos a la plaza llenas de bolsos y los chicos ya nos estaban esperando, tuvimos nuestros “clientes fijos” de Picnic que siempre vienen y nuevos visitantes, algunos de ellos alumnos del jardí
n (las 4 integrantes de Picnic somos docentes de nivel Inicial). Los manteles estaban llenos de familias y de libros. Dentro de la difusión de Picnic contamos con una periodista del diario local que nos publica en la agenda cultural, en este caso la periodista nos realizo una nota para el diario y también para el noticiero del canal provincial.

picnic 2
Los festejos de cumpleaños siempre traen lindos recuerdos y anécdotas de cuando eramos chicos,(Siempre esta la abuela o la tía que se acuerda de nuestros primeros pasos, de cuando nos cambiaban el pañal) en este caso nos acordamos de cada mes, del calor extremo en el mes de febrero, del viento y el frío de junio…También recordamos los nervios del primer Picnic, pero siempre rescatamos la satisfacción de que cada mes el encuentro pueda llevarse adelante.

picnic 4En este Picnic de cumpleaños quisimos agregar una actividad para que los chicos puedan pintar y así lo hicimos. También teníamos pautadas otras actividades, pero a veces no todo sale como uno quiere. Lo bueno es que siempre el Picnic nos da alegría y lo más importante no es lo que nos llevamos nosotras sino lo que lleva cada niño al compartir ese momento de lectura con su familia. Gracias a toda la comunidad de Picnic, de tantos lugares y países.

picnic 6Picnic de Palabras para todas nosotras es un momento mágico, lo vivimos con ansias, nos llena de alegría, vemos la alegría en el otro y siempre pensamos “ojala estemos sembrando la semilla de la lectura en cada uno de los niños que se posa sobre nuestros manteles” y si no lo logramos al menos ese ratito que pasan por el Picnic sabemos que deja huellas.