Celebramos 4 años de Picnic de Palabras

Empezamos los preparativos desde mayo, para celebrar el 4 cumpleaños de Picnic de Palabras. En esta oportunidad, teníamos como invitada a Amalia Low y al mago Ruben. En la mañana del domingo 12 de junio, nos reunimos con ocho de nuestros 10 voluntarios, porque dos se encontraban de viaje. Juntos alistamos un Picnic de Palabras 95% colombiano, porque se colaron libros de Hervé Tullet y Anthony Brown.

Almorzamos, repartimos las nuevas camisetas de Picnic de Palabras, y salimos juntos al parque. Desde las 2pm alistamos todo, y poco a poco fueron llegando nuestras familias. La meta 100 personas, suena exorbitante, teniendo en cuenta que en el último mes, y durante este año, por mal tiempo, hemos tenido que cancelar muchos Picnics, con un promedio de 30 personas. Esperábamos tres veces nuestra asistencia.

DSCN3930

Ese fin de semana tuvimos la oportunidad de salir en dos medios de comunicación, El Colombiano y la revista Arcadia. Estamos seguros que este despliegue en medios ayudó para que más personas supieran de nosotros. Entre todos nos organizamos, decoramos el espacio, les dimos la bienvenida a los asistentes y por esta vez hicimos algo diferente. Gracias al apoyo de cuatro editoriales tuvimos 25 libros para rifar entre las familias participantes. Esto hizo que el 90% de los asistentes saliera con un libro bajo el brazo.

A las 2:30 abrimos esta celebración con Amalia Low cantando el cumpleaños para Picnic de Palabras. Después leyó junto a Amalia Satizábal 4 de sus libros. En el intermedio tuvimos al mago Ruben que encantó a todos, y después de su presentación se sentó con un grupo de niños que lo retó a lanzar las cartas y adivinarlas más allá de los árboles del parque.

DSCN3868

Las familias compartieron, leyeron, se divirtieron. Vimos caras conocidas y muchas nuevas. Gracias a los registros, supimos cómo se enteraron del evento, quienes ya habían venido y quienes hasta ahora nos reconocían. El 40% ya había estado y eso nos permitió sentirnos en familia junto con amigos nuevos. Además, supimos que superamos la meta porque estuvieron 110 personas, ese día, bajo un sol radiante, cantando, leyendo y celebrando junto a nosotros una idea que no deja de sorprendernos.

Hicimos muchas fotos y pequeños clips de los diferentes momentos del evento. Esperamos que junto a los videos de todos los picnics, podamos tener un video que dé cuenta de la historia y del alcance de este proyecto y sobre todo nos sirva para inspirar a otros a que siga adelante y creciendo.

DSCN3883

Muchos de nuestros voluntarios tuvieron la oportunidad de leer con algunos de los niños, para mí fue imposible. Yo solo pude ver y sentir que el corazón se me explotaba al ver esta puesta en escena de haber cumplido la meta de lograr semejante convocatoria. De saber que ya no hay duda de que lo que estamos haciendo tienen un fin y un sentido mayor, que a veces es difícil poner en palabras y que solo el tiempo nos ha ayudado a dar cada paso.

Hace 4 años empezamos con 10 personas. Ahora reconocemos la importancia que tiene la lectura, su valor y relevancia en la vida de cada uno de nosotros y de aquellos a los que estamos tocando. También estamos en el camino de validar que tal vez sí somos más los que leemos más allá de las estadísticas porque nuestro secreto está en reconquistar el mundo con el amor por las palabras, las buenas historias desde el amor.

Anuncios

Atando historias desde Ciudad Bolívar, Bogotá

DSCN0247
CUARTO PICNIC: Encuentro con Amalia Low
Diciembre 6 del 2015
Por Wendy Velásquez
Este fue uno de mis días más caóticos del mes, era una fecha muy especial porque vendría el equipo de Picnic Parque Alcalá a visitarnos, y traían a nada ni nada menos que a Amalia Low!!! Llamadas, corridas, carro tras moto y moto tras carro, en fin una odisea para recogerlos pero al final llegamos juntos al barrio. Cambiamos por esta única vez el lugar del picnic, no lo hicimos en el pequeño espacio del parque de concreto -no cabíamos todos- sino que lo hicimos en una zona verde en recuperación frente a la casa cultural -gracias totales a Mauricio y su equipo-.
DSCN0319
Nos acomodamos, extendimos nuestras sábanas y empezamos a leer; nos trajeron muchos regalos, Amalia fue muy tierna y nos dio sus libros con un bonito moño de regalo. Los niños fueron los que destaparon afanados los libros nuevos y ponían cara de sorpresa cuando les decía que ella los había hecho, también nos trajeron unos cuantos de Claudia Rueda lo que agradecimos infinitamente ya que no teníamos libros en cartoné para bebés. Tras esto y sacar los nuestros reunimos suficientes para empezar a leer, se los devoraron. Tanto así que fue un poco difícil convocarlos tiempo después para las lecturas en voz alta de Amalia y su maravilloso ukelelé. Fue un espacio maravilloso canciones iban y venían, versos y risas, sus libros en formato enorme y los pequeños rotando era de los más maravilloso, fue un encuentro significativo tanto para los niños como para mi, el picnic tenía risas, lecturas y palabras, los esfuerzos estaban completamente justificados.
DSCN0227
Tras compartir las lecturas en voz alta de los libros de Amalia regresamos a los demás libros, se sumaban niños y algunas mamás, unos chicos se quedaron con ellos maravillados por el instrumento, otros fueron a dar a los brazos de doña Leo y otros a los de Yaco, Daniela y Marcela, a mis brazos cayó una chiquita que con ojos enormes que se concentraba lo que más podía en la lectura.
Tras un buen rato recogimos nuestras sábanas y sonrisas empacamos los libros y sorpresivamete recibimos un montón más, no podía de la dicha.

31 de diciembre desde Florencia, Italia

Por: Andrea Gasparri

Treinta y uno de diciembre. Lejos de cada previsión meteorológica los días todavía están templados, y si la ciudad no se cubre de una insólita neblina, entonces el sol se arrima y nos regala un calorcito rico. Acá en Italia, abrimos la cobija por primera vez en un parque público, debajo de un roble que en estos días nos esperó preparando un colchón de hojas multicolores,  mullidas y acogedoras. Estamos en los jardines de Campo di Marte , detrás de la cancha de futbol de Firenze. Mientras pegamos algunos afiches a los arboles y ordenamos los libros, una mujer se nos acerca. Está toda envuelta en gorro, bufanda y sonrisa y nos pregunta: “¿Qué hacen?” Eso era exactamente lo que necesitábamos, una grieta, una raja, una abertura donde meter el rostro como hacen los perros cuando quieren abrir una puerta…

IMG_9454

Bueno, nosotros en aquella abertura ponemos un libro, un cuento y lentamente todas las bisagras a la base de los cuellos de los demás padres se mueven hacia nosotros mientras el enjambre de niños vuela a la cobija-balsa que los espera ahí tendida en el pasto. Flores, carreras, palabras, todo cae en el vórtice de pequeños dedos que indican las tapas ilustradas de los libros bien acomodados arriba del mantel y cuando una decena niños se quedan bien sentados uno al lado del otro delante de nosotros es todo un florecer de: ¿Me lees esto? ¿Pero luego me lees este otro también?

IMG_9436
Pequeñas victorias se acercan a la orilla de la manta de Picnic di Parole. Un papá que llega cargado como un ekeko con los juguetes más tentadores, monopatines, pelotas y bicicletas, llama a sus niños para que vayan a jugar, a correr, a patear… Todas actividades muy sanas pero ahora no pegan, porque la mamá está ahí sentada leyendo Vamos a cazar el oso, y yo rara veces vi un libro ganarle a la pelota de futbol, pero esto si puede pasar ahora, aquí en el Picnic. La sencillez que asombra, construida en un espacio público con un mantel, muchos libros y unos lectores. Esta es la receta de Picnic de palabras/di parole.

IMG_9411

A leer los cuentos éramos tres: yo, Beatrice y Margherita. Nos atrevimos a hacer también un pequeño experimento. Estoy traduciendo los libros de Amalia Low y antes de presentarlos a las editoriales necesito averiguar si funcionan con los niños. Así fue que traje Tito y Pepita con el texto traducido pegado en las paginas. Algunas parte funcionaron mejor que otras y hay que cambiar ciertas rimas. Cuando el libro salga en las librerías será el resultado de un trabajo mío, de mis colegas y de las sugerencias que me dieron los niños.

Ahora ya llegó enero y ya queremos organizar el próximo encuentro de Picnic di Parole. En un parque o en un local esto ya lo veremos.
Buena lectura.

31 dicembre desde Firenze, Italia

Por: Andrea Gasparri

Trentuno dicembre. Fuori da ogni previsione climatica le giornate sono ancora miti e se la città non è ricoperta da un’insolita nebbia, allora il sole fa capolino e ci regala tepore. Stendiamo la coperta per la prima volta in un parco pubblico, accanto a una quercia che in questi giorni ci ha atteso preparando un morbido e accogliete materasso di foglie coloratissime. Siamo ai giardini di Campo di Marte dietro lo stadio di Firenze. Mentre attacchiamo le locandine agli alberi e disponiamo i libri, una ragazza si avvicina imbacuccata con sciarpa, cappello e sorriso e ci chiede: “Che cosa fate?”. Era quello che ci serviva, uno spiraglio aperto, un pertugio dove mettere il naso, come fanno i cani quando vogliono aprire una porta…

IMG_9454

Beh noi in quel pertugio ci mettiamo un libro, una storia e piano piano i cardini alla base delle teste di altri genitori si voltano e i loro figli uno ad uno sciamano un po’ goffi verso questa zattera sul prato: la coperta spiegata di Picnic di parole. Aiuole, capriole, parole tutto viene risucchiato nel vortice di manine che indicano un’altra copertina illustrata in bella mostra sul tappeto e quando ormai circa una decina di bambini sono ben assiepati l’uno accanto all’altro davanti a noi, è tutto un fiorire di: Mi leggi quello? Mi leggi anche questo dopo?”

 IMG_9436

Piccole vittorie si affacciano al lembo della nostra coperta. Un babbo arriva carico di monopattini, palloni, e biciclette. Chiama i suoi tre bambini per nome per andare a giocare, a correre, a muoversi… Tutte cose sane e giuste ma non ora, perché la mamma sta leggendo A caccia dell’orso, e io l’ho visto rare volte un libro vincere sulle scorribande, eppure anche questo succede dalle parti del Picnic. La semplicità che sbaraglia. Uno spazio pubblico, una coperta, tanti libri e noi lettori. Questa è la ricetta di Picnic de palabras/di parole.

IMG_9411

A leggere le storie eravamo in tre: io, Beatrice e Margherita. Ci siamo perfino concessi un piccolo esperimento. Sto traducendo i libri di Amalia Low e prima di presentarli alle case editrici ho bisogno di provare se le mie versioni funzionano. Così ho portato Tito e Pepita con il testo in italiano attaccato sulle pagine. E quando questo libro uscirà nelle librerie italiane sarà frutto del lavoro mio, delle mie colleghe e dei suggerimenti dei bambini.
Adesso è già gennaio e noi non vedo l’ora di organizzare il prossimo incontro di Picnic di parole. Se all’aperto o al chiuso, questo si vedrà.
Buona lettura

 

Palabra difícil: incertidumbre

Hoy desde Ecuador nos encontramos con una palabra que está presente cada vez que se hace un Picnic de Palabras. Escrito por: Caro Bastidas

Lugar: Parque La Carolina
26 de julio de 2015
Mediadoras: Catalina y Carolina
Fotografías: Apoyo externo.

Lo maravilloso de una iniciativa que conjuga el arte y la voluntad de compartir es que, aunque se establezcan las reglas del juego (los domingos, cada quince días, de 10:00 a 12:00, en el parque La Carolina), siempre hay algo nuevo, inesperado, algo que se convierte en el motor de la gente que lleva a cabo la iniciativa, de aquellos que regresan y de los que están siempre allí.

picnic 4Ese motor fue, en los últimos dos Picnic de palabras, la ilusión de escuchar la lectura en voz alta de nuestro asistente número uno, Christopher. La semana pasada compartimos un video de Chris leyendo las imágenes de un cuento, con las pausas necesarias y la entonación que tantas veces ha escuchado en este espacio y todas quienes nos comprometimos con el Picnic nos emocionamos al verlo allí, construyendo historias de la mano de los libros.

Y entonces, cada vez que sucede algo así, el corazón se nos hace más grande y nos empuja a despertar más temprano los domingos, abrir espacios en las agendas, cruzar la ciudad, etc., solo para que episodios como el de Chris sigan sucediendo. Ese es el motor que nos impulsa y que cobra significado cada vez que organizamos los manteles, alistamos los libros, recibimos a las familias y nos disponemos a compartir.

picnic 1

En esta ocasión recibimos al público en medio de las vacaciones, algo que no afectó la cantidad de visitantes (alrededor de 30 personas), entre padres, madres, jóvenes y niños. Algo especial que llamó mi atención fue que más de una pareja de adultos se acercaron por curiosidad o invitación y nos acompañaron, un síntoma positivo del impacto que causa la literatura infantil sin importar la edad del lector.

picnic 6

Además, es necesario recordar que este Picnic se realizó después de un encuentro fuera de nuestro lugar establecido, en el recién inaugurado Centro Cultural Carlos Fuentes, del Fondo de Cultura Económica, en donde varias familias llegaron a un encuentro más libre y espontáneo con los libros. Esperamos que los Picnic de Palabras sigan cruzando espacios y lleguen cada vez a más lectores en lugares cada vez más inesperados.

Picnic de Palabras en la mañana del día del padre en Bogotá

Hay días de muchas lecturas con pocos lectores. Esto fue lo que sucedió el 21 de junio de 2015. Por: María Angélica Plata

El pasado Picnic de Palabras coincidía con la celebración del día del padre y con el partido de la selección contra Perú. Así que se propuso un cambio de hora: no de 2:00 p.m. a 4:00 p.m., en la que regularmente se hace, sino de 10:00 a.m. a 12:00 m.

Llegamos al parque, al pedacito de verde que acoge un mantel a cuadros, varias cobijas, vpicnic 1arios libros y lectores. Aunque el cielo se estaba despejando, decidimos armar la carpa mini y ubicamos algunos libros. Pude reconocer que en horas de la mañana el movimiento del parque es diferente: muchos deportistas y pocas familias. El amarillo y el rojo de las camisetas de la selección contrastaban fuertemente con los opacos, en escala de grises, cerros orientales… y el barullo de los carros en las vías aledañas —aquellos que intentaban salir de la ciudad para almorzar o se movilizaban de regreso para ver el partido— hacían sentir que era un domingo particular.

Fernanda y Valentina, hijas del señor Fajardo —que vende helados en el parque— y fieles lectoras, nos ayudaron a armar la carpa (son expertas y sé que junto a Marce guiarán mi curso intensivo de armado de carpa, jeje) y con ellas compartimos toda la mañana. Fue un Picnic familiar.

También se acercó un señor con su nieto, chiquitín de unos dos años, y Marce los acompañó, prestando su voz, en las primeras lecturas. No era la primera vez que visitaban Picnic, pero hacía bastante que no regresaban.

Fernanda, Valentina y yo soñamos varios libros: “El corazón en la botella”, del genial Oliver Jeffers; “Duerme negrito”, ilustrado por Paloma Valdivia, y varios títulos informativos que invitan a adivinar y jugar (como “¿Quién me mira?” o “¡Pequeñitos!”, de Stéphane Frattini), y compartimos historias: hablamos de otros libros, de cosas que suceden en nuestra cotidianidad (hogar, estudio, trabajo), de lo que sentimos…

Casualmente me encontré con un conocido de Cartagena que en varias ocasiones se ha interesado por Picnic de Palabras y otros proyectos de promoción de lectura en los que he podido participar porque quisiera implementar algún programa con la Gobernación de Bolívar… y, aunque no se pudo quedar (iba camino al aeropuerto, sobre el tiempo), prometió visitar Picnic en uno de sus próximos viajes: “en mi próxima visita estaré en los Picnic” —recordó el domingo en la noche en el cartel de Picnic que posteé en mi muro.

picnic 2

Cuando el abuelo se fue con su nieto, Marce se acercó y continuamos disfrutando los libros informativos del menú de ese día y contando las historias curiosas que conocíamos de cada animal. Después Marce leyó con Valentina y yo leí con Fernanda. Compartir “Tito y Pepita”, de la maravillosa Amalia Low, fue lo más bonito: Fernanda lo conoce de memoria pero siempre lo disfruta con asombro, como si fuera la primera vez.

Si bien varios factores hicieron que pocas personas participaran en el pasado Picnic, los encuentros entre libros y lectores siempre serán especiales y, desde el afecto, permitirán tejer sueños y esperanzas.

La experiencia de Picnic siempre es significativa. En Picnic, cada domingo, nace y crece la magia.

Cumpleaños Picnic de Palabras junio 2015

Empiezo esta historia con la última frase de una mamá en Picnic de Palabras:

“Mi hija Fernanda estaba tan emocionada de saber que hoy veníamos a Picnic de Palabras que no pudo dormir de la felicidad”. No habían podido volver porque se les cruzaron los domingos, hasta que al fin, al reprogramar este Picnic pudieron regresar.

Es difícil saber por dónde empezar, llevamos 70 libros, llegamos al parque a organizar todo, y ya nos estaban esperando algunas familias. Nos encontramos con Amalia Low, nuestra invitada especial, y una mamá con su hijo se acercaron para pedirle que les firmara sus libros. Poco a poco fueron llegando todos. Armamos todo al revés, primero el mantel, los libros, y al final la carpa. Cuando ya estábamos listos para levantarla uno de los palos se daño. Por eso quedó enana y fue increíble tener un Picnic de Palabras iglú: tamaño niños. Este cambio le dio un nuevo aire a la experiencia y la hizo más familiar que nunca. Tomar las fotos fue más difícil. Sin embargo, la atmosfera que se creó fue increíble.

Más de 43 personas participaron, muchas familias volvieron, y entre las que nos visitaron estuvo presente una familia de italianos que estaban de vacaciones en Bogotá. Justo iban caminando, y nos descubrieron en medio del parque entre cuentos y canciones de Amalia Low. Se acercaron, lo pensaron un poco, y al final quedaron encantados bajo el poder de las historias. Al final, hablaron con Amalia y con María Angélica y les dieron las gracias y nos felicitaron por la experiencia.

En medio de la organización llego Jorge, en bicicleta, hoy supimos al fin su nombre. Desde febrero nos descubrió, tiene 11 años y vive en un edificio que da justo frente al parque. Nos dijo: “no puede ser, hoy hay Picnic?” Le dijimos que sí, nos dijo que iba a dejar la bici y que ya volvía. Trajo a su hermano, nos ayudaron a terminar de organizar todo, y se pusieron a leer. Al rato quedo él solo y nos dijo que había invitado a su hermano, pero que definitivamente la lectura no lo tramaba tanto con a él. Al final se fue con dos libros de Amalia para su casa, dichoso y con la promesa de volver el próximo.

Fue un Picnic de Palabras que nos llenó el alma, el mejor regalo en sí mismo para saber que han sido tres años sin arrugas, solo sonrisas de felicidad. Llovizno un segundo, creo que para recordarnos lo afortunados que hemos sido este año con el clima. Bogotá es una ciudad reconocida por sus lluvias y hacer Picnic de Palabras desde el primer día siempre ha sido para todos nosotros un acto de fe.

Esperen historias de Picnic de Palabras en otros rincones, climas y geografías. Las historias hasta ahora empiezan.