Historias entre las historias

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Una reseña muy muy divertida de la mano de Silvi Albuja y Gina López

Lugar: Parque La Carolina
Fecha: 23 de abril de 2017
Mediación: Gina y Silvia

_¡¿Y la llave?! ¡¿y la llave?! Con rostro de preocupación, buscaba en todos los bolsillos de su pantalón jean y chaleco rojo el joven delgado encargado del Jardín Botánico.
_ Pero si la tenía en la mano – replicaba angustiado, frente a la puerta del Auditorio que permitía sacar el Librero Móvil.
Gina y Silvia se miraban una a la otra con cara de preocupación.
_ ¡¿Y ahora?! Gina respondió, volvamos a caminar por donde vinimos.
_ ¡La encontré! ¡la encontré!- una voz de alegría se escuchó detrás de las ramas y árboles.
_ Gina y Silvia empujaron el librero móvil.
_ Qué bueno regresar luego de esta ausencia – comentaba Gina.
_ Si las lluvias y el mal tiempo no ayudan mucho. Hoy hace un sol maravilloso y además es el día del libro qué mejor homenaje.
_ Bueno es hora de armarlo todo- Manos a la obra se miraron sonrientes.
_¡Y la llave del candado! ¡¿y la clave?! ¿Y ahora cómo lo abrimos?

***

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Todo esto parece sacado de algún tipo de cuento de terror o suspenso, quizá una cruel broma, pero como en todo cuento, la trama se tensa, las protagonistas sufren y finalmente llega un hada madrina o héroe que lo soluciona todo, en esta historia así fue.
Un ejército de nuevos voluntarios se sumó al banquete picniquero. Margarita, Diane, Verónica, Cristina, Diana y Cristian, este último se las ingenio y fue quien trajo una herramienta mágica con la cual los libros impacientes pudieron salir a tomar sol.

Con alegría y entusiasmo colocamos los manteles y parasoles sobre la grama crecida. Nuestro amigo sol estuvo presente, radiante e imponente, hace días había dejado de mostrar su rostro a los quiteños y nos acompañó durante toda la jornada.

Llegaron visitantes nuevos y familias que ya son parte del Picnic y rápidamente se engancharon con algún libro y se acomodaron plácidamente.

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Leímos Ramón Preocupón, Socorro, Willy el Soñador, Tito Puente (rey del mambo), y también, Cuidado con los Cuentos de Lobos.

Nuestro seguidor más asiduo estuvo ahí, Cristopher y su abuelita, también llegó Vale y sus padres Ceci y Cris, muy queridos por el Picnic ya que nos visitan desde hace mucho tiempo, y Nicole y Camila que leyeron sin parar.

Poco a poco las familias se fueron despidiendo, los nuevos voluntarios también. Habíamos recordado la clave del candado del librero móvil y ya los libros necesitaban un descanso. Al final de la jornada la alegre voz de Grace, la hermana de Gina, cantaba con su amigo que tocaba el ukelele, recogimos todo con su ayuda, cerramos la puerta del auditorio con llave, y todo mágicamente volvió a su lugar.

Picnic en Mashpi: lecturas y libros en un bosque tropical

 

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Lugar: Mashpi
Fecha: 22 de abril de 2017
Mediación: Anapau, Paola y Emilia
Fotos: Paola
Reseña: Emilia y Paola

Atrás quedó el tráfico y las grandes avenidas con pasos a desnivel que anunciaban la salida norte de la ciudad de Quito. Poco a poco los paisajes fueron cambiando desde canteras desérticas, pasando por monumentos piramidales, edificios salidos de contexto y museos de sitio, hasta rodearnos del color verde de las montañas que se abrían paso entre quebradas y cascadas. Luego vino algo de neblina y lluvia que pidieron una parada de café y empanada de verde para apaciguar el hambre.

Volvimos a revisar las instrucciones para llegar, teníamos por delante varias curvas y la humedad que ya se iba metiendo en la piel. Después de pasar por la comunidad de Pachijal el camino se dividió en dos, y entre sombras de cedros, alisos, helechos y bromelias llegamos al letrero de bienvenida a “Pambiliño”. Al bajarnos, lo primero que vimos al pisar la tierra mojada fue el cielo completamente despejado, el cuello no nos daba para seguir doblándolo hacia atrás en busca de más brillo y más oscuridad, de más estrellas y constelaciones, la noche era inmensa y Mashpi ya nos anticipaba que serían días bellos y transformadores.

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Emi, quien creó la iniciativa “Juguemos en el bosque”, nos recibió a la luz de velas y el movimiento de las hamacas, nos dijo que nos instalemos y que la cena estaba lista. Anapau nos mostró el camino hasta la maloca donde armamos las carpas. La casa estaba llena, artistas (titiriteros y teatreras) que también colaboraron en el vacacional, voluntarios de distintas partes del mundo y familias de fincas cercanas que apuestan a la sensibilización ambiental nos sentamos a la mesa a compartir alimentos sanos realizados con paciencia y dedicación (una mención especial a la compota de plátano con chocolate y nibs de cacao).

El día siguiente amaneció entre trinos de pájaros y un buen desayuno; y comenzaron a llegar los niño/as de la comunidad de Mashpi. En la zona habitan algunas familias colonas que llegaron a trabajar en grandes fincas de monocultivos de distintos productos agrícolas, principalmente, palmito y palma. Alrededor de 20 personas cantamos y movimos el cuerpo con unas rondas infantiles “rápido, rápido, rápido” y “leeeento, leeeento, leeeento” y bajamos a las orillas del río para disfrutar del “Picnic de Palabras”.

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Mientras escuchábamos el sonido del agua fluyendo y llenábamos los pulmones de aire limpio, rodeados de la naturaleza de esta área protegida del cantón Quito, leímos sin parar. En parejas, en pequeños grupos o solos compartimos lecturas en voz alta sobre malvados conejitos, hombres de color, monos campeones y decenas de historias que nos estimularon la imaginación –creación de imágenes mentales-, proceso esencial para entender el mundo y actuar en él. Después, interactuando colectivamente leímos “Colores” de Hervé Tullet, primero con la mano mágica, después con pinceles y témperas, mezclamos y creamos el púrpura, naranja y verde. Sentados en círculo cerramos la jornada comiendo galletas y maní de dulce, y cantando mientras veíamos las ilustraciones del libro “Duerme negrito” (Paola Valdivia), acompañados por percusión y guitarra. Por último, todos los que deseábamos, chapuzón en el cristalino río Mashpi, nados hasta rocas, clavados, escalada y saltos desde sogas colgando de árboles, juegos con piedritas, pinturas corporales con “lápices de roca”, y esa deliciosa sensación corporal de frescura y tranquilidad.

Sumamos a las vivencias algunas perdidas por el bosque subtropical y caminatas explicativas sobre agricultura ecológica y restauración de ecosistemas degradados, y evidenciamos que la propuesta sobre desarrollo sustentable y conservación, que irradian las familias de las reservas de la zona, trasciende el discurso, se experimenta en el cotidiano como una forma de vida. Alegres y pensativos partimos a la ciudad tras la oportunidad de convivir en este espacio y recuperar ese vínculo con nuestro hábitat, sonriendo ratificamos que “en cada caminata con la naturaleza, uno recibe mucho más de lo que busca” John Muir.

Picnic y el verano

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Por. Pato Pereyra

El clima nos va marcando un poco, el color de cada picnic. Hay picnic, grises en invierno, hay picnic brillantes en verano, o florecidos en primavera. Pero también, cada Picnic, cada encuentro con libros, tiene su propio clima.

Habíamos cancelado dos veces por lluvia, así que los libros y yo estábamos ansiosos.

Nomás llegar vimos que la plaza estaba desierta, había llegado a 40°C de sensación térmica, y la gente se quedaba en casa.

Me acompañó mi marido que me ayudaba a acarrear los libros, porque todos los otros ayudantes tenían sus propios compromisos (se habían metido a la pileta).

De a poco empecé a acomodar los libros sobre los manteles, cuando reconocí a esta madre con su hija, que ya habían venido en otra oportunidad. Me acerqué a invitarlas, (estaban en el sector de juegos) con un libro en mano, que recordaba que la pequeña había disfrutado.
Estaba con un vestido largo, a pesar del calor, violeta, como de princesa. Era una princesa.

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Como ven, de a poco se fue acercando a buscar más libros, algunos me dijeron que ya los conocía, y otros se los ofrecí para ver si le gustaban. Iban y venían los libros que compartía con su madre.

Al rato llegó una familia de 5 con dos perros, y los invité a participar. El padre me dijo que leían todos los días, entendí que no era el momento de leer …así que me alejé… Aunque volvimos a hablar cuando les ofrecí caramelos como hago siempre en algún momento de la tarde.

A medida que la tarde languidecía, la temperatura, un poco más soportable atrajo a otras familias. Un papá con dos nenes, que no sabía del Picnic, se entusiasmó y se acercó a leer con sus hijos.

Con esa familia leimos hasta el final varios libros. Llegaron también otra madre con dos hijos, que ya conozco de Picnic anteriores, se sentaron en las mesitas y miraron algunos libros. El hijo mayor, tendrá unos 12 o más, y lo conozco hace más de dos años. Una vez lo ví leer un libro de poesía de cuentos clásicos, Blancanieves y otras historias. Me sorprendió esa lectura, porque otras veces había elegido cuentos de misterio o terror. Cuando me acerqué a hablar con él me dijo que estaba buscando un libro para su hermanita. Ahora le leí a su hermanita.

Ahí subidos al mástil, un lugar un poco incómodo, abrazados al padre, porque era ahí donde querían estar, leimos y jugamos con Estaba la Rana y Un lobo así de grande.

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Al terminar, cuando todos se despedían agradeciendo, se acercó esa familia numerosa que había estado en los juegos mientras leiamos (aunque los perros venían cada tanto a saltar sobre los libros muy divertidos, es más uno salió en la foto), y la mamá me preguntó por la actividad. Le dije como buscarnos en facebook, que venimos una vez al mes, y dijo que la próxima iban a venir sin los perros…

Al final mi hijo más pequeño, también me acompañó en la plaza, de su autoría son las fotos que pude compartir en donde les estoy leyendo. Lo curioso, es que como hacía poco nos habían hecho una nota en un diario local, mi familia me decía que la plaza se iba a llenar de gente, y eso no pasó. Hemos tenido picnic de 30 personas o más, y en este apenas habrán llegado a 10 concurrentes. Pero el éxito del picnic no se cuenta en números, sino en encuentros, y en continuidad, es un logro para mí ver crecer a los niños del barrio, entre libros.

Fue un picnic cálido, como el día, pero intimista, como si no importara que estuviéramos en la plaza, un ambiente público y abierto. Como todos, un picnic especial.

Leer y crear

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Lugar: Parque La Carolina, Quito, Ecuador
Fecha: 12 de febrero de 2017
Mediación: Paola y Grace
Fotos y reseña: Paola López

Llegó el domingo y maravillosamente logré instalar sola el Picnic de Palabras en el parque La Carolina. Debido a distintos motivos la otra colaboradora que se había apuntado para hacerlo en conjunto, nunca llegó.

A pesar del temor que generaba montarlo sin manos, ni existencias que apoyen y unan esfuerzos, lo hice, principalmente, por respeto y reciprocidad con los invitados que habían confirmado su asistencia.

La mañana estaba fría y había un cielo nublado que anunciaba llovizna. Sin embargo, gracias a la insistencia de Cristopher y su valiosa ayuda, ubicamos unos pocos libros en los manteles e invitamos a las familias que circulaban por los alrededores.

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Varias adolescentes y un par de niñas, hijas de otros comerciantes del parque, se unieron entusiasmadas por primera vez a la dinámica. Llegaron algunas familias nuevas que aceptaron la invitación a realizar Kirigami (arte de papel cortado) con los invitados de 3DPAPEL, entre esas, una familia de la India que hablaba principalmente inglés, pero que gracias a la traducción de mi hermana y su deseo, lograron seguir los pasos de la actividad.

Las chicas me preguntaron sobre qué se trataba el proyecto; si los libros eran sólo para “niño/as”, y si ellas podían leerlos. Les explique que a pesar de que el género se denomina Literatura Infantil porque está pensado para el disfrute y comprensión de lectores infantiles; nosotras consideramos que la literatura es universal y que los libros álbum se caracterizan porque la narración textual y visual ofrece guiños para lectores de distintas edades. Reflexionando sobre el tema, pensamos que este tipo de libros son inclusivos, favorecen distintos niveles lectura y que haya más de una interpretación.

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Adultos, niño/as y adolescentes se integraron con entusiasmo a realizar los animales de papel en 3D. Mientras dibujaban los conceptos salidos de su imaginación, algunos solicitaban borradores, respecto a lo cual Fabricio (coordinador actividad) respondió que ellos no los tienen porque respetan el “error” y, en sí, todo lo que sucede en el proceso de construcción y creación. Luego me comentó sobre la importancia de generar seguridad en los niño/as, aspecto que la educación formal, muchas veces, lima. Minutos después entre los manteles circulaban cerditos con cabello, conejitos dientones, elefantes flacos, perros con nombres y hasta lombrices.

Después de la actividad, los protagonistas de este encuentro fueron los libros en inglés, pues la presencia de la familia de la India y las comunicaciones con ellos, motivó a que las adolescentes busquen y lean en conjunto con mi hermana libros como Pomelo, entre otros y, también, libros de poesía.

Aproximadamente a las 13:00pm, con la ayuda de Fabricio y su familia, levantamos los parasoles, manteles y libros; recibimos muchos agradecimientos y sonrisas de los asistentes con curiosidad sobre los próximos encuentros y la promesa de que volverían.

Primer año Río de Janerio

Hoy, después de un break de casi 6 meses, volvimos con el Picnic de Palabras en Río de Janeiro, Brasil. Fue un día especial porque celebramos el primer año de nuestro Picnic de Palabras. Empezamos el Picnic el 10 de enero de 2016 – y hoy celebramos un año de pura lectura, amor, entrega y sonrisas.

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Empezamos a las 10 am, pero preparamos algunas sorpresas como forma de celebración: además de la lectura en grupo hecha por Mariane Sousa, hicimos una ornamentación más bonita, realizamos juegos con los niños y preparamos un mantel relleno de golosinas.

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Hoy la lectura en grupo se dio de manera un poco diferente, visto que los niños decidieron que libro sería leído. Así que el libro pensado inicialmente por nosotros no fue el elegido por los niños, entonces nos tocó seguir por otro camino: leímos “A Pior Princesa do Mundo”, seguido de “Chapeuzinho Amarelo” y de un libro de imágenes.

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A los niños les encantaron los libros <hay dos videos acerca de las lecturas hechas por Mariane Sousa en la página de Picnic de Palavras Brasil, por si quisieren ver> y siguieron leyendo a los demás libros que habían por allá. Después, iniciamos los juegos y las actividades lúdicas, y, al final, abrimos el “cóctel”.

Todo fue increíble, principalmente para mí, que me hacía mucha falta el Picnic de Palabras aquí. 

Picnic de Lujo desde San Luis, Argentina

Entre todo el año y todos los Picnics vamos saltando y descubriendo historias que no podemos dejar de compartir. Aquí una que se registró en septiembre y que sin duda fue todo un regalo que nos parece perfecto para pensar en lo que será este nuevo año.

Por: Melina Venaccia

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El pasado sábado 24 de sep realizamos en San Luis el Picnic número 23 y como ante sala de nuestro segundo aniversario recibidos y dimos a mucha gente el mejor regalo. Istvansch un gran autor, ilustrador y editor argentino estaba en nuestra Provincia dando cursos a docentes. En uno de esos encuentros hablé con el para que pueda participar de Picnic, por supuesto al nombrarle el proyecto dijo que Si! Conoce de nosotras gracias a Selva Bianchi coordinadora de Argentina y en él ya había participado en 2014 de un Picnic junto a ella.

Desde el momento que dijo que si, hace tres meses, todo absolutamente todo fue soñar como sería ese momento, hoy escribió y me parece mentira que ya pasó. Nos preparamos mucho, realizamos toda la promoción que pudimos. En medio de eso tuvimos algunos problemas burocrático con la Universidad que la trajo a la provincia, en ese momento me llené de furia, hoy es sólo un detalle. Valió la pena todo lo que pasó, valió el momento y nada lo podrá opacar.

Llego en el día, salió un hermoso sol. El clima acompañó, vale aclarar ya que el día anterior sufrimos no más de 10 grados y vientos de 80km en plena primavera. Fuimos a la plaza una hora antes, ¿ansiedad? Si claro, nos brotaba la ansiedad por todos lados. Pusimos los manteles, algunos libros y la gente comenzó a llegar. Invitamos amigos, novios, familia, para que nos ayudaran a no perdernos ningún detalle. Conocimos ese mismo día a nuestra fotógrafa porque no queríamos perdernos ningún momento.

Mientras nuestra compañera fue a buscar a Istvansch a donde se alojaba nosotras recibimos a la gente. Llegaron muchos amigos, alumnos, docentes, nuestra profe de Literatura de la Universidad y hasta la dueña de la librería que nos ofreció préstamos los libros del autor para que tengamos en el Picnic. Una genia. Todos felices y expectantes.

Llegó Istvan y lo presenté. No recuerdo que dije, ni como lo dije, sólo se que estaba nerviosa y había mucha gente ( logre contar mediante la foto más de 60 personas), deje de hablar, la gente aplaudió y comenzó la magia… Me senté a disfrutar de las caras de todos. No podía perderme nada.

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Istvansch para los que no lo conocen es un gran autor, ilustrador y gran persona. Es un showman, habla con todos de una manera tan especial que es imposible no sonreír. Si no lo conocen, pónganse como meta hacerlo. Todos debemos plantar un árbol, leer un libro y conocer a Istvansch. Sin duda. Sentada sobre el pasto mire todo, disfrute de todo, la risa de los chicos, la alegría de los grandes. Llegó el momento de las preguntas y todo siguió siendo tan cálido y amable como es él. Se despidió con avión que va, avión que llega de Laura Devetach. ¡Tiro un avioncito y todos aplaudimos! El Picnic y la magia llegaban a su fin.

Se acercaron más chicos para hacerle más preguntas y otros para comprar sus libros. Istvan seguía respondiendo con el mismo amor que la primera pregunta. El Picnic había comenzado a las 16 hs y nos fuimos de la Plaza a las 19. La bondad y humildad de Istvan fueron tal que se quedo firmando libro por libro.

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Al final le dijimos de manera casi obligada “sentate con nosotras y come y toma algo” yo tenía la boca seca después de una hora y media… ¡Sin hablar! Me imaginaba él …
En esa charla el nos habló de lo mágico del Picnic, del concepto. La lectura al aire libre, en un espacio público es imposible que todo eso junto falle, que no sea grandioso como lo es.
Después de este Picnic tan genial, emocionante, sólo puedo agradecer.

En primer lugar a Marcela Escovar por la idea magnífica, a Selva Bianchi por hacerlo real en Argentina y también me doy las gracias a mi misma. Ver el proyecto y llevarlo adelante no es fácil, destinar un día al mes a veces se hace complicado, pero la pasión por lo que hago ayuda a que todo se más fácil.

Gracias a mis compañeras, amigas que siempre están ayudando y apostando a que Picnic sea posible, sin ellas claramente no podria. Fue un momento muy especial, el primer invitado a nuestro Picnic lo vivimos con mucha Felicidad. OBVIO gracias a Istvan que le agregó magia al mágico Picnic de todos los meses.

Cambio de planes en la Paloma, Uruguay

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A veces las cosas no salen como esperamos y hay que cambiar los planes con felices resultados. Por: Laura Lovob

Después de una semana de lluvias, preparamos el Picnic con mucha alegría y nos pasó algo terrible… ¡No vino nadie!

Parece que acá antes de que empiece el verano, mucha gente entra en una especie de locura de prepararse para la llegada del turismo. Los artesanos acumulan artesanías para esa fecha, acomodan las casas para alquilar, cortan el pasto… en fin, fue una gran decepción, pero ya estamos pensando en cambiar de lugar y hacer el próximo en un lugar más concurrido por los turistas a ver qué pasa la próxima.

De todos modos, decidimos no darnos por vencidos y seguimos adelante con dos Picnics fuera de programa. Acompañamos a la Escuela Puente Azul de La Pedrera en su fiesta de la Primavera. Hicimos un Picnic frente al mar, mientras algunos remontaban cometas. Fue un Picnic pequeño, participaron unos 12 niños con sus padres, estrenamos unos banderines coloridos y pasamos una tarde de sol preciosa rodeados de amigos.

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También participamos del Festival Arte Escuela Abierta junto a la Escuela de la Paloma y la de Costa Azul. Ese fue un Picnic enorme (imposible contar cuántos niños se sentaron a leer con nosotros)  Tuvimos la ayuda de las lectoras voluntarias del programa La Paloma Lee, de la escuela, y a Horacio Cavallo como autor invitado. Horacio habló con los chicos, les leyó varios poemas de su libro Figurichos y respondió muchísimas preguntas y escuchó sugerencias sobre nuevos animales para inventar. Después, los que tuvieron ganas, pudieron crear su propio figuricho y algunos hasta se animaron a escribir un poema. Lo hicimos en los dos turnos de la escuela, así que fue un día largo y realmente inolvidable, con una lluvia que se aguantó hasta el final y una niebla que venía del mar pero no llegaba a acercarse del todo.

 

Historias para todos bajo el sol

Nuestra motivación: contar historias y que lleguen a todos los rincones del mundo. Hoy compartimos un Picnic de Palabras desde: Cte. N. Otamendi – Gral Alvarado – Pcia de Buenos Aires, Argentina. Por: Mirta Acosta

El domingo 23 de octubre despertó con los primeros rayos de sol, entibiando la mañana. Las redes sociales fueron testigo de nuestro afán de reclutar nuestros amigos, para compartir este picnic, especial. Alrededor de las 14.30 hs comenzó la recorrida para rejuntarnos y equiparnos de todo lo necesario. Ansiosas llegamos al Paseo. Todo el verde, el sol y la gran cantidad de personas que allí había en los juegos recreativos, nos animaban a buscar el lugar justo para asentarnos.

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Como cada encuentro, el lugar fue el más atractivo a nuestros afectos y a lo que el reparo no propiciaba. Se colgaron los banderines, se desplegaron manteles, las valijas con libros fueron ocupando sus lugares, y nuestros primeros amigos fueron llegando.

Otros que esperaban el colectivo con rumbo a ciudades vecinas, también se acercaron para conocer la propuesta, nos preguntaban y estimulaban a seguir con la misma. Mientras ordenábamos el lugar, algo de viento empezó a soplar, pero nada impedía la curiosidad y la exploración de los textos,… ¿se venden? Consultaban unos, ¿es sin compromiso? interrogaban otros. Ninguno se podía perder la posibilidad de tomar un libro.

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Muchos asistentes: mamás, hijos, abuelos, tíos; todos se acomodaron al sol o algún reparo de sombra, libro en mano y compartieron el mate que tanto nos une…más de 50 personas, coparon la plaza. Alrededor de las 15.30 llegó nuestra invitada, nuestra querida y admirada Adelina Galliti, quien con gran asombro nos volvió a contagiar con su magia, ansiosa de contar y de compartir.

Comenzamos a acompañar a los que llegaban, tentadas en sugerir libros a los comensales. Minutos mas tarde salimos a invitar a las familias del parque a compartir las historias que nos relataría Adelina. Asi fue que a las 16 hs, la cuentera con su tambor, comenzó a llamar a la ronda de cuentos.

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-¿Quieren escuchar historias? – Preguntó. Y ante la respuesta de los presentes… Pájaros que buscaban su libertad salieron a través de las historias y un elefante travieso que invitó a jugar a los grandes y pequeños… todos con gran estupor siguieron cada palabra…

Con el aplauso al final segui otro y otro. Nadie se movía del lugar, terminó la ronda de cuentos, el mate siguió pasando de mano en mano. Whattsapp radio (Emisora local) con su programa “Sexto nos cuenta” no fue indiferente, una alumna de 6TO: grado de la EP N°7 Domingo F. Sarmiento, entrevistó a la narradora para su próximo programa radial.

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Luego despedimos a nuestras voluntariosas compañeras que partían rumbo a Mar del Plata. Fue Una tarde única, con muchos espectadores, grandes curiosidades y maravillosas historias. El frio empezó a abrigarnos y nuevamente los libros a las valijas para prepararse a un nuevo encuentro.

Moverse para conocer nuevos lectores en Quito, Ecuador

Lugar: Parque El Ejido
Fecha: 22 de octubre de 2016
Mediación: Sofi, Majo, Karina y Emilia
Fotos: Sofi y Emilia
Reseña: Emilia

Esta vez nos dimos cita en un nuevo parque porque quisimos aprovechar un evento coyuntural que ocurría muy cerca: Hábitat III, este encuentro trajo a muchas personas de distintas partes del mundo para conversar sobre el futuro de las ciudades. Así que con algunos libros seleccionados, nuestras clásicas sombrillas y los manteles nos dirigimos a “El Ejido” que se encuentra en un punto estratégico de Quito, justo cuando se acaba el centro histórico y ya comienza la parte más “moderna”.

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Junto a Sofi y sus amigas, todas movilizadas en bicis, empezamos a organizar el espacio. Elegimos un lugar visible y fácil de reconocer para quienes se habían enterado del evento a través de facebook pero luego empezamos a dudar si era el más adecuado, ya que no veíamos a muchas familias por el sector. Sin embargo, como por arte de magia, algunos niños se vieron atraídos por los colores que saltaban en el lugar. Los primeros en llegar, un niño de unos 8 años y su madre, se acercaron a mirar el menú ofrecido en los manteles y él después de ojearlos rápidamente, escogió “Sofi tu mirada” escrito por Liset Lantigua con ilustraciones de Sozapato, publicado por Zonacuario. Pensé que esta elección, un libro de una editorial nacional, fue una respuesta a la familiaridad que le trajo el título y la portada, luego empecé a reflexionar sobre la importancia de tener ese tipo de obras (fácilmente reconocidas a primera vista y con los criterios que cumplen todos los libros de Picnic) y me vino a la mente todas las consecuencias poderosas que esta acción puede generar en el imaginario lector de nuestros visitantes.

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Luego de estas conversaciones internas que tuve, llegó Valentina, una niña de 6 años que junto a su madre se sentaron en el mantel donde yo estaba. Al estar tan cerca fue inevitable no escucharlas, “voy a buscar otro ma” decía ella apenas veía que estaba por terminarse el libro. Volvió a llamar mi atención que lo que buscaba era algo similar a lo que ya había leído, buscaba otras portadas con Willy, el famosísimo mono de Anthony Browne. Cuando volvió a levantarse, le mostré “Ramón preocupón” del mismo autor, abrió los ojos y vi que su mirada se sorprendía con este encuentro. De nuevo me senté a pensar en cómo se pueden tejer esos puentes a través de lo conocido hacia lo desconocido o mejor, quizás hacia lo un poquito menos conocido, y así poco a poco hacer recorridos lectores que permitan acercarnos a nuestros gustos.
Cuando me despegué de mis pensamientos y de chismosear en las lecturas de Valentina y su madre, me di cuenta que todos los manteles estaban llenos. Cada una de las voluntarias estaba leyendo con un niño o una niña diferente, no había muchos adultos, los niños llegaron solos y eso generó algo de duda. Luego, mientras conversaba con Sofi, me contó que eran hijos de los señores que vendían en algunas carpas instaladas en el parque. Algunos no habían tenido mucho contacto con la lectura pero estaban encantados con los libros.

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Majo, otra voluntaria, estuvo conversando con un niño sobre la importancia de aprender quichua, él le contó que sus padres hablaban pero que a él le daba vergüenza, así que Majo le animó a que aprenda y le confesó que a ella le encantaría saber y en seguida todas nos sumamos a esta confesión. Después de pensarlo, el pequeño pareció sentirse un poco más convencido. Es triste mirar cómo intentamos tapar, por vergüenza (propia o ajena), nuestras raíces, todos lo hacemos casi sin darnos cuenta, así que este encuentro fue otra sacudida en el Picnic.

Ya casi al final de la segunda hora, llegaron algunas amigas extranjeras de Sofi que vinieron para Hábitat III. Ellas, aunque hablaban poco español, se sentaron a escuchar con mucha atención las lecturas de Sebastián y además cuando terminó le obsequiaron una monedita de Canadá que habían traído para los niños. Otro encuentro bonito que hubo al final de Picnic, fue el de Sheila con su papá. Ella, de 6 años había pasado todas las dos horas yendo y viendo de libro en libro y de voluntaria en voluntaria, hasta que su padre, un poco asombrado se acercó para ver qué es lo que estaba haciendo. Le invité a sentarse y Sheila se animó a mostrarle que sí puede leer. Tomó “Dos pajaritos” un libro de imágenes de Dipacho y se puso a contarle toda la historia de principio a fin, él me miraba como buscando una respuesta a lo que estaba haciendo su hija, yo le dije que eso también es leer, que nos han hecho pensar que solo se lee letras pero que la lectura de imágenes es igual o a veces más importante.

Y acabo con esta pequeña frase de Teresa Durán para recordar la necesidad de tomar consciencia sobre lo que implica leer “antes de saber leer se ha de saber sentir… Amamos a quien nos habla y, también y sobre todo, a quien nos escucha. Igualmente, sin duda alguna, amamos la imagen de quien nos habla y nos escucha. Porque la imagen es también comunicación, una comunicación muy especial que se transforma en conocimiento”.

Picnic en Iquique, Chile

Picnic de Palabras Iquique, Región de Tarapacá, Zona Norte, Chile

Por Marcela Riquelme

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Hoy tuvimos sesión en la playa, llegamos cada una junto a nuestros hijos, como siempre. La tarde estaba cálida y ventosa , mucha gente en la playa, disfrutando, tal vez, del 18 chico, pues en Chile, celebramos nuestras fiestas patrias el fin de semana pasado. Instalamos los libros clasificándolos por edades, por tipos, en las diferentes mantas multicolores, extendimos los banderines y mientras hablábamos de nuestros próximos proyectos para el Picnic (que la verdad, siempre nos vienen las ideas por mil y vuelan tanto que no casi no alcanzamos a tomarlas todas), cuando veo caminando una colega del trabajo que viene junto a su hijo acercándose hacia donde estamos.

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Ya me había avisado que vendría y la verdad me dio mucha alegría porque de toda la gente que dice que irá casi nunca aparece. Venía con libros y todo el entusiasmo. Luego llegó otro amigo con su hijo y como siempre la gente que pasa y nos pregunta si vendemos, algunos que se quedan mirando sorprendidos y luego es como si quisieran escapar del influjo de los libros, se van caminando sin mirar.

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Una familia que no conocíamos se sumó y estuvo leyendo, la madre muy contenta, nos agradeció al irse.Estamos pensando preparar algo especial para el próximo encuentro que será la próxima semana, a ver si captamos más público. Como siempre es un gusto salir de casa a compartir la lectura con los niños, leer para otros, para la próxima esperamos tener más lectores.