Personajes, lectores e historias en Picnic de Palabras

Por: Josue Veloz

Esta es mi tercera vez en el Picnic de Palabras: una como participante y esta es la segunda como voluntario. No conozco a las otras voluntarias. El único contacto ha sido correos donde cuadramos la hora y lugar de encuentro y las funciones que cada uno cumpliría.

En cuanto llegan me comparten su buena onda y entusiasmo, también me cuentan que son hermanas: Paola y Gina. En seguida me doy cuenta que llevan un buen tiempo compartiendo en el Picnic, pues hacen que podamos retirar el “librero rodante” con gran rapidez por su amistad con los encargados del Jardín Botánico de Quito donde se lo guarda.

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Sin más, sacamos el librero al lugar habitual donde, cada quince días, se lo instala. De nuevo abrirla nos retrasa, pero también nos obliga a ingeniárnosla para lograr nuestro fin, y enseguida se acerca una señora, de los puestos de comida de enfrente, a prestarnos su ayuda: “Siempre les tiene que pasar algo los domingos”. Ese “siempre” me hace pensar en el posicionamiento que ya tiene el Picnic de Palabras en el lugar, pero ese “les tiene”, y no “nos tiene”, me hace plantear un posible reto para el proyecto (aunque me gusta pensarlo más como colectivo): empoderamiento y sentido de pertenencia de los habitantes habituales del parque. No solamente porque ese es su espacio, sino porque les permite desarrollar una actividad sumamente enriquecedora para sus niños, quienes son los principales beneficiados. Muy probablemente no tienen otro espacio para realizar esta actividad, pues mucho me temo, que sus padres al no tener hábito de lectura, tampoco lo transmiten a sus hijos. Y esto no es un problema de clase socioeconómica ¡cuidado y alertas!

Un Ecuador donde se lee medio libro al año nos deja una clara evidencia de que esto está pasando en todos los rincones del país, sin discriminación de edades, géneros o clases sociales. De ahí a que los niños que han tenido la suerte de nacer en familias con mejores situaciones económicas tengan ventajas, como tener más libros al alcance en la biblioteca familiar, es otro tema, pero el fondo está en esas estadísticas alarmantes. Ahí radica la interesantísima propuesta que el Picnic de Palabras viene planteando por casi tres años en espacios públicos y gratuitos, sin necesidad de ser un ente estatal más bien como una iniciativa ciudadana-voluntaria que traspasa fronteras. Por ello, en lo personal, me siento orgulloso y privilegiado de poder participar de esta iniciativa, a pesar de ser tan solo mi segunda percepción como voluntario.

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En cuanto logramos abrir el librero móvil, extendemos manteles y empezamos a clavar parasoles (mala idea en verano, ya se darán cuenta por qué). En seguida se acerca un niño de los puestos de comida de enfrente y nos ayuda a organizar el espacio. Por supuesto, Gina y Paola lo conocían, se sabían su nombre y eran panísimas. Estas dos chicas son espectaculares con los niños. Debe ser su buena vibra que permite esta relación tan auténtica y horizontal. Una vez que instalamos el lugar, Gina y yo, vamos a invitar a la gente. Paola se queda leyendo libros con los niños: ¡hermoso!

Noto que el parque, en general, está vacío en comparación hace un mes, que fue mi primera vez como voluntario. Sin embargo, la poca afluencia me permite identificar personajes peculiares que habitan este parque, y que parecen salidos de cuentos (quizás y este parque esté más relacionado con el Picnic de lo que pensamos o podemos ver). Una chica que alquila carritos para niños llama mi atención, es demasiado mal humorada. Parecería que odia a los niños: “… ese no es mi problema. ¡Lleve a su niña a llorar a otro lado!” le grita a un padre cuya hijita estaba rodeando los carritos pero que nunca los llegó a tocar” (¿y ni saben? Cuando les cuento a las chicas, Paola ya la conocía. ¿Estas chicas conocen a todo ser que habita el parque o que onda? Jajajaja. Pero me encanta ese vínculo que tienen, no sólo con el proyecto, sino, sobre todo, con la gente del parque).

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Cuando regreso de invitar a la gente, para ver cómo va la cosa, Gina me invita a leer. Noto que ya hay algunas familias disfrutando, un domingo soleado, de la manera más rica. Padres leyendo a sus niños, niños leyendo por su cuenta, hermanos compartiendo historias y, por qué no, hijos leyendo a sus padres. No están en una biblioteca ni en la escuela ni en su cama antes de dormir. ¡Sí, están en un parque! Y están felices. Sonríen, cambian su voz para leer, se echan sobre el pasto. Si la felicidad existe debería ser algo así… creo yo.

Gina cubre todo el espacio que hay a mi alrededor de libros. Me sugiere uno con mucho entusiasmo: Little Bird (Germano Zullo/ Albertine- Enchanted Lion Books). Me gusta un montón. Resulta que a ambas les encanta ese libro, debe ser porque se parece a ellas. Trata sobre un señor que lleva pájaros en la parte trasera de su camión. Éste, atascado por un barranco que hay en el trayecto, decide liberar a los pájaros, pero uno se queda, al parecer no sabe volar. En base de señas y situaciones jocosas el señor le incentiva (o le enseña) a volar al pajarito, lo cual llena de una sonrisa gigante su cara. Al rato, el pajarito regresa comandando la bandada que antes había liberado el señor y lo toman de sus hombros con sus garras para llevárselo volando con ellos. De pronto noto una sonrisa en mi rostro, me la imagino como la del libro. Leo unos cuantos libros más. “Josueee” grita una de las chicas, levanto la mirada y veo un parasol asesino rodando por el parque a causa del fuerte viento de verano, por suerte nadie se cruza ni sale herido. La anécdota nos causa risa a los tres. Resolvemos quitar los parasoles y sugerir que en verano no se los use.

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Una de las chicas me pregunta la hora. Son las 12h05. Es hora de levantar el kiosko. Empezamos a doblar los manteles pero el mismo niño del inicio le pide a una de las chicas que le lea el último libro. Ella me lo delega, ¡gracias dios! Nos sentamos, le leo dos libros. Si hubiera sido él, yo me hubiera levantado a medio libro (esto para no hacerme quedar mal, yo mismo, como lector) y me hubiera retirado indignado. Aquí me planteo un reto personal, mejorar mis relaciones con los niños y, por supuesto, mejorar mi lectura en voz alta. En fin, hace un buen tiempo que no escribo sobre las cosas buenas de la humanidad. Otra cosa que agradecerle al Picnic.

¡Merci beacoup!
¡Dios les pague!
¡Yupaychani!

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Hoy después de muchas ausencias, fuimos al parque infantil, con libros para compartir un muy corto espacio de tiempo, pero con un gran propósito: crear historias. Mediante la lectura cautivamos algunos niños y adultos y nos escuchamos, haciendo algo diferente en la tarde de domingo, con buen clima, y muchas ganas de volver a leer. Gracias a quienes creen, participan y apoyan esta iniciativa.

Historias entre las historias

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Una reseña muy muy divertida de la mano de Silvi Albuja y Gina López

Lugar: Parque La Carolina
Fecha: 23 de abril de 2017
Mediación: Gina y Silvia

_¡¿Y la llave?! ¡¿y la llave?! Con rostro de preocupación, buscaba en todos los bolsillos de su pantalón jean y chaleco rojo el joven delgado encargado del Jardín Botánico.
_ Pero si la tenía en la mano – replicaba angustiado, frente a la puerta del Auditorio que permitía sacar el Librero Móvil.
Gina y Silvia se miraban una a la otra con cara de preocupación.
_ ¡¿Y ahora?! Gina respondió, volvamos a caminar por donde vinimos.
_ ¡La encontré! ¡la encontré!- una voz de alegría se escuchó detrás de las ramas y árboles.
_ Gina y Silvia empujaron el librero móvil.
_ Qué bueno regresar luego de esta ausencia – comentaba Gina.
_ Si las lluvias y el mal tiempo no ayudan mucho. Hoy hace un sol maravilloso y además es el día del libro qué mejor homenaje.
_ Bueno es hora de armarlo todo- Manos a la obra se miraron sonrientes.
_¡Y la llave del candado! ¡¿y la clave?! ¿Y ahora cómo lo abrimos?

***

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Todo esto parece sacado de algún tipo de cuento de terror o suspenso, quizá una cruel broma, pero como en todo cuento, la trama se tensa, las protagonistas sufren y finalmente llega un hada madrina o héroe que lo soluciona todo, en esta historia así fue.
Un ejército de nuevos voluntarios se sumó al banquete picniquero. Margarita, Diane, Verónica, Cristina, Diana y Cristian, este último se las ingenio y fue quien trajo una herramienta mágica con la cual los libros impacientes pudieron salir a tomar sol.

Con alegría y entusiasmo colocamos los manteles y parasoles sobre la grama crecida. Nuestro amigo sol estuvo presente, radiante e imponente, hace días había dejado de mostrar su rostro a los quiteños y nos acompañó durante toda la jornada.

Llegaron visitantes nuevos y familias que ya son parte del Picnic y rápidamente se engancharon con algún libro y se acomodaron plácidamente.

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Leímos Ramón Preocupón, Socorro, Willy el Soñador, Tito Puente (rey del mambo), y también, Cuidado con los Cuentos de Lobos.

Nuestro seguidor más asiduo estuvo ahí, Cristopher y su abuelita, también llegó Vale y sus padres Ceci y Cris, muy queridos por el Picnic ya que nos visitan desde hace mucho tiempo, y Nicole y Camila que leyeron sin parar.

Poco a poco las familias se fueron despidiendo, los nuevos voluntarios también. Habíamos recordado la clave del candado del librero móvil y ya los libros necesitaban un descanso. Al final de la jornada la alegre voz de Grace, la hermana de Gina, cantaba con su amigo que tocaba el ukelele, recogimos todo con su ayuda, cerramos la puerta del auditorio con llave, y todo mágicamente volvió a su lugar.

Picnic en Mashpi: lecturas y libros en un bosque tropical

 

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Lugar: Mashpi
Fecha: 22 de abril de 2017
Mediación: Anapau, Paola y Emilia
Fotos: Paola
Reseña: Emilia y Paola

Atrás quedó el tráfico y las grandes avenidas con pasos a desnivel que anunciaban la salida norte de la ciudad de Quito. Poco a poco los paisajes fueron cambiando desde canteras desérticas, pasando por monumentos piramidales, edificios salidos de contexto y museos de sitio, hasta rodearnos del color verde de las montañas que se abrían paso entre quebradas y cascadas. Luego vino algo de neblina y lluvia que pidieron una parada de café y empanada de verde para apaciguar el hambre.

Volvimos a revisar las instrucciones para llegar, teníamos por delante varias curvas y la humedad que ya se iba metiendo en la piel. Después de pasar por la comunidad de Pachijal el camino se dividió en dos, y entre sombras de cedros, alisos, helechos y bromelias llegamos al letrero de bienvenida a “Pambiliño”. Al bajarnos, lo primero que vimos al pisar la tierra mojada fue el cielo completamente despejado, el cuello no nos daba para seguir doblándolo hacia atrás en busca de más brillo y más oscuridad, de más estrellas y constelaciones, la noche era inmensa y Mashpi ya nos anticipaba que serían días bellos y transformadores.

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Emi, quien creó la iniciativa “Juguemos en el bosque”, nos recibió a la luz de velas y el movimiento de las hamacas, nos dijo que nos instalemos y que la cena estaba lista. Anapau nos mostró el camino hasta la maloca donde armamos las carpas. La casa estaba llena, artistas (titiriteros y teatreras) que también colaboraron en el vacacional, voluntarios de distintas partes del mundo y familias de fincas cercanas que apuestan a la sensibilización ambiental nos sentamos a la mesa a compartir alimentos sanos realizados con paciencia y dedicación (una mención especial a la compota de plátano con chocolate y nibs de cacao).

El día siguiente amaneció entre trinos de pájaros y un buen desayuno; y comenzaron a llegar los niño/as de la comunidad de Mashpi. En la zona habitan algunas familias colonas que llegaron a trabajar en grandes fincas de monocultivos de distintos productos agrícolas, principalmente, palmito y palma. Alrededor de 20 personas cantamos y movimos el cuerpo con unas rondas infantiles “rápido, rápido, rápido” y “leeeento, leeeento, leeeento” y bajamos a las orillas del río para disfrutar del “Picnic de Palabras”.

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Mientras escuchábamos el sonido del agua fluyendo y llenábamos los pulmones de aire limpio, rodeados de la naturaleza de esta área protegida del cantón Quito, leímos sin parar. En parejas, en pequeños grupos o solos compartimos lecturas en voz alta sobre malvados conejitos, hombres de color, monos campeones y decenas de historias que nos estimularon la imaginación –creación de imágenes mentales-, proceso esencial para entender el mundo y actuar en él. Después, interactuando colectivamente leímos “Colores” de Hervé Tullet, primero con la mano mágica, después con pinceles y témperas, mezclamos y creamos el púrpura, naranja y verde. Sentados en círculo cerramos la jornada comiendo galletas y maní de dulce, y cantando mientras veíamos las ilustraciones del libro “Duerme negrito” (Paola Valdivia), acompañados por percusión y guitarra. Por último, todos los que deseábamos, chapuzón en el cristalino río Mashpi, nados hasta rocas, clavados, escalada y saltos desde sogas colgando de árboles, juegos con piedritas, pinturas corporales con “lápices de roca”, y esa deliciosa sensación corporal de frescura y tranquilidad.

Sumamos a las vivencias algunas perdidas por el bosque subtropical y caminatas explicativas sobre agricultura ecológica y restauración de ecosistemas degradados, y evidenciamos que la propuesta sobre desarrollo sustentable y conservación, que irradian las familias de las reservas de la zona, trasciende el discurso, se experimenta en el cotidiano como una forma de vida. Alegres y pensativos partimos a la ciudad tras la oportunidad de convivir en este espacio y recuperar ese vínculo con nuestro hábitat, sonriendo ratificamos que “en cada caminata con la naturaleza, uno recibe mucho más de lo que busca” John Muir.

Picnic y el verano

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Por. Pato Pereyra

El clima nos va marcando un poco, el color de cada picnic. Hay picnic, grises en invierno, hay picnic brillantes en verano, o florecidos en primavera. Pero también, cada Picnic, cada encuentro con libros, tiene su propio clima.

Habíamos cancelado dos veces por lluvia, así que los libros y yo estábamos ansiosos.

Nomás llegar vimos que la plaza estaba desierta, había llegado a 40°C de sensación térmica, y la gente se quedaba en casa.

Me acompañó mi marido que me ayudaba a acarrear los libros, porque todos los otros ayudantes tenían sus propios compromisos (se habían metido a la pileta).

De a poco empecé a acomodar los libros sobre los manteles, cuando reconocí a esta madre con su hija, que ya habían venido en otra oportunidad. Me acerqué a invitarlas, (estaban en el sector de juegos) con un libro en mano, que recordaba que la pequeña había disfrutado.
Estaba con un vestido largo, a pesar del calor, violeta, como de princesa. Era una princesa.

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Como ven, de a poco se fue acercando a buscar más libros, algunos me dijeron que ya los conocía, y otros se los ofrecí para ver si le gustaban. Iban y venían los libros que compartía con su madre.

Al rato llegó una familia de 5 con dos perros, y los invité a participar. El padre me dijo que leían todos los días, entendí que no era el momento de leer …así que me alejé… Aunque volvimos a hablar cuando les ofrecí caramelos como hago siempre en algún momento de la tarde.

A medida que la tarde languidecía, la temperatura, un poco más soportable atrajo a otras familias. Un papá con dos nenes, que no sabía del Picnic, se entusiasmó y se acercó a leer con sus hijos.

Con esa familia leimos hasta el final varios libros. Llegaron también otra madre con dos hijos, que ya conozco de Picnic anteriores, se sentaron en las mesitas y miraron algunos libros. El hijo mayor, tendrá unos 12 o más, y lo conozco hace más de dos años. Una vez lo ví leer un libro de poesía de cuentos clásicos, Blancanieves y otras historias. Me sorprendió esa lectura, porque otras veces había elegido cuentos de misterio o terror. Cuando me acerqué a hablar con él me dijo que estaba buscando un libro para su hermanita. Ahora le leí a su hermanita.

Ahí subidos al mástil, un lugar un poco incómodo, abrazados al padre, porque era ahí donde querían estar, leimos y jugamos con Estaba la Rana y Un lobo así de grande.

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Al terminar, cuando todos se despedían agradeciendo, se acercó esa familia numerosa que había estado en los juegos mientras leiamos (aunque los perros venían cada tanto a saltar sobre los libros muy divertidos, es más uno salió en la foto), y la mamá me preguntó por la actividad. Le dije como buscarnos en facebook, que venimos una vez al mes, y dijo que la próxima iban a venir sin los perros…

Al final mi hijo más pequeño, también me acompañó en la plaza, de su autoría son las fotos que pude compartir en donde les estoy leyendo. Lo curioso, es que como hacía poco nos habían hecho una nota en un diario local, mi familia me decía que la plaza se iba a llenar de gente, y eso no pasó. Hemos tenido picnic de 30 personas o más, y en este apenas habrán llegado a 10 concurrentes. Pero el éxito del picnic no se cuenta en números, sino en encuentros, y en continuidad, es un logro para mí ver crecer a los niños del barrio, entre libros.

Fue un picnic cálido, como el día, pero intimista, como si no importara que estuviéramos en la plaza, un ambiente público y abierto. Como todos, un picnic especial.

Leer y crear

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Lugar: Parque La Carolina, Quito, Ecuador
Fecha: 12 de febrero de 2017
Mediación: Paola y Grace
Fotos y reseña: Paola López

Llegó el domingo y maravillosamente logré instalar sola el Picnic de Palabras en el parque La Carolina. Debido a distintos motivos la otra colaboradora que se había apuntado para hacerlo en conjunto, nunca llegó.

A pesar del temor que generaba montarlo sin manos, ni existencias que apoyen y unan esfuerzos, lo hice, principalmente, por respeto y reciprocidad con los invitados que habían confirmado su asistencia.

La mañana estaba fría y había un cielo nublado que anunciaba llovizna. Sin embargo, gracias a la insistencia de Cristopher y su valiosa ayuda, ubicamos unos pocos libros en los manteles e invitamos a las familias que circulaban por los alrededores.

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Varias adolescentes y un par de niñas, hijas de otros comerciantes del parque, se unieron entusiasmadas por primera vez a la dinámica. Llegaron algunas familias nuevas que aceptaron la invitación a realizar Kirigami (arte de papel cortado) con los invitados de 3DPAPEL, entre esas, una familia de la India que hablaba principalmente inglés, pero que gracias a la traducción de mi hermana y su deseo, lograron seguir los pasos de la actividad.

Las chicas me preguntaron sobre qué se trataba el proyecto; si los libros eran sólo para “niño/as”, y si ellas podían leerlos. Les explique que a pesar de que el género se denomina Literatura Infantil porque está pensado para el disfrute y comprensión de lectores infantiles; nosotras consideramos que la literatura es universal y que los libros álbum se caracterizan porque la narración textual y visual ofrece guiños para lectores de distintas edades. Reflexionando sobre el tema, pensamos que este tipo de libros son inclusivos, favorecen distintos niveles lectura y que haya más de una interpretación.

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Adultos, niño/as y adolescentes se integraron con entusiasmo a realizar los animales de papel en 3D. Mientras dibujaban los conceptos salidos de su imaginación, algunos solicitaban borradores, respecto a lo cual Fabricio (coordinador actividad) respondió que ellos no los tienen porque respetan el “error” y, en sí, todo lo que sucede en el proceso de construcción y creación. Luego me comentó sobre la importancia de generar seguridad en los niño/as, aspecto que la educación formal, muchas veces, lima. Minutos después entre los manteles circulaban cerditos con cabello, conejitos dientones, elefantes flacos, perros con nombres y hasta lombrices.

Después de la actividad, los protagonistas de este encuentro fueron los libros en inglés, pues la presencia de la familia de la India y las comunicaciones con ellos, motivó a que las adolescentes busquen y lean en conjunto con mi hermana libros como Pomelo, entre otros y, también, libros de poesía.

Aproximadamente a las 13:00pm, con la ayuda de Fabricio y su familia, levantamos los parasoles, manteles y libros; recibimos muchos agradecimientos y sonrisas de los asistentes con curiosidad sobre los próximos encuentros y la promesa de que volverían.

Primer año Río de Janerio

Hoy, después de un break de casi 6 meses, volvimos con el Picnic de Palabras en Río de Janeiro, Brasil. Fue un día especial porque celebramos el primer año de nuestro Picnic de Palabras. Empezamos el Picnic el 10 de enero de 2016 – y hoy celebramos un año de pura lectura, amor, entrega y sonrisas.

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Empezamos a las 10 am, pero preparamos algunas sorpresas como forma de celebración: además de la lectura en grupo hecha por Mariane Sousa, hicimos una ornamentación más bonita, realizamos juegos con los niños y preparamos un mantel relleno de golosinas.

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Hoy la lectura en grupo se dio de manera un poco diferente, visto que los niños decidieron que libro sería leído. Así que el libro pensado inicialmente por nosotros no fue el elegido por los niños, entonces nos tocó seguir por otro camino: leímos “A Pior Princesa do Mundo”, seguido de “Chapeuzinho Amarelo” y de un libro de imágenes.

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A los niños les encantaron los libros <hay dos videos acerca de las lecturas hechas por Mariane Sousa en la página de Picnic de Palavras Brasil, por si quisieren ver> y siguieron leyendo a los demás libros que habían por allá. Después, iniciamos los juegos y las actividades lúdicas, y, al final, abrimos el “cóctel”.

Todo fue increíble, principalmente para mí, que me hacía mucha falta el Picnic de Palabras aquí. 

Picnic de Lujo desde San Luis, Argentina

Entre todo el año y todos los Picnics vamos saltando y descubriendo historias que no podemos dejar de compartir. Aquí una que se registró en septiembre y que sin duda fue todo un regalo que nos parece perfecto para pensar en lo que será este nuevo año.

Por: Melina Venaccia

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El pasado sábado 24 de sep realizamos en San Luis el Picnic número 23 y como ante sala de nuestro segundo aniversario recibidos y dimos a mucha gente el mejor regalo. Istvansch un gran autor, ilustrador y editor argentino estaba en nuestra Provincia dando cursos a docentes. En uno de esos encuentros hablé con el para que pueda participar de Picnic, por supuesto al nombrarle el proyecto dijo que Si! Conoce de nosotras gracias a Selva Bianchi coordinadora de Argentina y en él ya había participado en 2014 de un Picnic junto a ella.

Desde el momento que dijo que si, hace tres meses, todo absolutamente todo fue soñar como sería ese momento, hoy escribió y me parece mentira que ya pasó. Nos preparamos mucho, realizamos toda la promoción que pudimos. En medio de eso tuvimos algunos problemas burocrático con la Universidad que la trajo a la provincia, en ese momento me llené de furia, hoy es sólo un detalle. Valió la pena todo lo que pasó, valió el momento y nada lo podrá opacar.

Llego en el día, salió un hermoso sol. El clima acompañó, vale aclarar ya que el día anterior sufrimos no más de 10 grados y vientos de 80km en plena primavera. Fuimos a la plaza una hora antes, ¿ansiedad? Si claro, nos brotaba la ansiedad por todos lados. Pusimos los manteles, algunos libros y la gente comenzó a llegar. Invitamos amigos, novios, familia, para que nos ayudaran a no perdernos ningún detalle. Conocimos ese mismo día a nuestra fotógrafa porque no queríamos perdernos ningún momento.

Mientras nuestra compañera fue a buscar a Istvansch a donde se alojaba nosotras recibimos a la gente. Llegaron muchos amigos, alumnos, docentes, nuestra profe de Literatura de la Universidad y hasta la dueña de la librería que nos ofreció préstamos los libros del autor para que tengamos en el Picnic. Una genia. Todos felices y expectantes.

Llegó Istvan y lo presenté. No recuerdo que dije, ni como lo dije, sólo se que estaba nerviosa y había mucha gente ( logre contar mediante la foto más de 60 personas), deje de hablar, la gente aplaudió y comenzó la magia… Me senté a disfrutar de las caras de todos. No podía perderme nada.

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Istvansch para los que no lo conocen es un gran autor, ilustrador y gran persona. Es un showman, habla con todos de una manera tan especial que es imposible no sonreír. Si no lo conocen, pónganse como meta hacerlo. Todos debemos plantar un árbol, leer un libro y conocer a Istvansch. Sin duda. Sentada sobre el pasto mire todo, disfrute de todo, la risa de los chicos, la alegría de los grandes. Llegó el momento de las preguntas y todo siguió siendo tan cálido y amable como es él. Se despidió con avión que va, avión que llega de Laura Devetach. ¡Tiro un avioncito y todos aplaudimos! El Picnic y la magia llegaban a su fin.

Se acercaron más chicos para hacerle más preguntas y otros para comprar sus libros. Istvan seguía respondiendo con el mismo amor que la primera pregunta. El Picnic había comenzado a las 16 hs y nos fuimos de la Plaza a las 19. La bondad y humildad de Istvan fueron tal que se quedo firmando libro por libro.

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Al final le dijimos de manera casi obligada “sentate con nosotras y come y toma algo” yo tenía la boca seca después de una hora y media… ¡Sin hablar! Me imaginaba él …
En esa charla el nos habló de lo mágico del Picnic, del concepto. La lectura al aire libre, en un espacio público es imposible que todo eso junto falle, que no sea grandioso como lo es.
Después de este Picnic tan genial, emocionante, sólo puedo agradecer.

En primer lugar a Marcela Escovar por la idea magnífica, a Selva Bianchi por hacerlo real en Argentina y también me doy las gracias a mi misma. Ver el proyecto y llevarlo adelante no es fácil, destinar un día al mes a veces se hace complicado, pero la pasión por lo que hago ayuda a que todo se más fácil.

Gracias a mis compañeras, amigas que siempre están ayudando y apostando a que Picnic sea posible, sin ellas claramente no podria. Fue un momento muy especial, el primer invitado a nuestro Picnic lo vivimos con mucha Felicidad. OBVIO gracias a Istvan que le agregó magia al mágico Picnic de todos los meses.

Cambio de planes en la Paloma, Uruguay

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A veces las cosas no salen como esperamos y hay que cambiar los planes con felices resultados. Por: Laura Lovob

Después de una semana de lluvias, preparamos el Picnic con mucha alegría y nos pasó algo terrible… ¡No vino nadie!

Parece que acá antes de que empiece el verano, mucha gente entra en una especie de locura de prepararse para la llegada del turismo. Los artesanos acumulan artesanías para esa fecha, acomodan las casas para alquilar, cortan el pasto… en fin, fue una gran decepción, pero ya estamos pensando en cambiar de lugar y hacer el próximo en un lugar más concurrido por los turistas a ver qué pasa la próxima.

De todos modos, decidimos no darnos por vencidos y seguimos adelante con dos Picnics fuera de programa. Acompañamos a la Escuela Puente Azul de La Pedrera en su fiesta de la Primavera. Hicimos un Picnic frente al mar, mientras algunos remontaban cometas. Fue un Picnic pequeño, participaron unos 12 niños con sus padres, estrenamos unos banderines coloridos y pasamos una tarde de sol preciosa rodeados de amigos.

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También participamos del Festival Arte Escuela Abierta junto a la Escuela de la Paloma y la de Costa Azul. Ese fue un Picnic enorme (imposible contar cuántos niños se sentaron a leer con nosotros)  Tuvimos la ayuda de las lectoras voluntarias del programa La Paloma Lee, de la escuela, y a Horacio Cavallo como autor invitado. Horacio habló con los chicos, les leyó varios poemas de su libro Figurichos y respondió muchísimas preguntas y escuchó sugerencias sobre nuevos animales para inventar. Después, los que tuvieron ganas, pudieron crear su propio figuricho y algunos hasta se animaron a escribir un poema. Lo hicimos en los dos turnos de la escuela, así que fue un día largo y realmente inolvidable, con una lluvia que se aguantó hasta el final y una niebla que venía del mar pero no llegaba a acercarse del todo.

 

Historias para todos bajo el sol

Nuestra motivación: contar historias y que lleguen a todos los rincones del mundo. Hoy compartimos un Picnic de Palabras desde: Cte. N. Otamendi – Gral Alvarado – Pcia de Buenos Aires, Argentina. Por: Mirta Acosta

El domingo 23 de octubre despertó con los primeros rayos de sol, entibiando la mañana. Las redes sociales fueron testigo de nuestro afán de reclutar nuestros amigos, para compartir este picnic, especial. Alrededor de las 14.30 hs comenzó la recorrida para rejuntarnos y equiparnos de todo lo necesario. Ansiosas llegamos al Paseo. Todo el verde, el sol y la gran cantidad de personas que allí había en los juegos recreativos, nos animaban a buscar el lugar justo para asentarnos.

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Como cada encuentro, el lugar fue el más atractivo a nuestros afectos y a lo que el reparo no propiciaba. Se colgaron los banderines, se desplegaron manteles, las valijas con libros fueron ocupando sus lugares, y nuestros primeros amigos fueron llegando.

Otros que esperaban el colectivo con rumbo a ciudades vecinas, también se acercaron para conocer la propuesta, nos preguntaban y estimulaban a seguir con la misma. Mientras ordenábamos el lugar, algo de viento empezó a soplar, pero nada impedía la curiosidad y la exploración de los textos,… ¿se venden? Consultaban unos, ¿es sin compromiso? interrogaban otros. Ninguno se podía perder la posibilidad de tomar un libro.

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Muchos asistentes: mamás, hijos, abuelos, tíos; todos se acomodaron al sol o algún reparo de sombra, libro en mano y compartieron el mate que tanto nos une…más de 50 personas, coparon la plaza. Alrededor de las 15.30 llegó nuestra invitada, nuestra querida y admirada Adelina Galliti, quien con gran asombro nos volvió a contagiar con su magia, ansiosa de contar y de compartir.

Comenzamos a acompañar a los que llegaban, tentadas en sugerir libros a los comensales. Minutos mas tarde salimos a invitar a las familias del parque a compartir las historias que nos relataría Adelina. Asi fue que a las 16 hs, la cuentera con su tambor, comenzó a llamar a la ronda de cuentos.

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-¿Quieren escuchar historias? – Preguntó. Y ante la respuesta de los presentes… Pájaros que buscaban su libertad salieron a través de las historias y un elefante travieso que invitó a jugar a los grandes y pequeños… todos con gran estupor siguieron cada palabra…

Con el aplauso al final segui otro y otro. Nadie se movía del lugar, terminó la ronda de cuentos, el mate siguió pasando de mano en mano. Whattsapp radio (Emisora local) con su programa “Sexto nos cuenta” no fue indiferente, una alumna de 6TO: grado de la EP N°7 Domingo F. Sarmiento, entrevistó a la narradora para su próximo programa radial.

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Luego despedimos a nuestras voluntariosas compañeras que partían rumbo a Mar del Plata. Fue Una tarde única, con muchos espectadores, grandes curiosidades y maravillosas historias. El frio empezó a abrigarnos y nuevamente los libros a las valijas para prepararse a un nuevo encuentro.