El tiempo vuela y las palabras lo cuentan

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Por: Vero Angulo, desde Quito, Ecuador, Parque La Carolina

Ha volado el tiempo y en Quito ya tenemos al verano en todo su esplendor, es un día de sol en la Carolina y se puede ver a la gente disfrutando del parque, aunque ayer clima nos jugó una broma y cayó un gran aguacero, por lo que el césped aún está mojado. Junto al resto de voluntarios buscamos colocamos los parasoles y esperamos que se seque un poco el piso mientras arreglamos el carrito de los libros.

Christopher y Mateo, dos de nuestros más fieles comensales se acercan a ayudarnos a acomodar el banquete que vamos a ofrecer. Los colores de los manteles y parasoles y dan alegría al parque y llaman la atención de los guardias de seguridad que se acercan para ver que no usemos el espacio público para hacer ventas ilegales. Una vez que les contamos de qué se trata se quedan pensativos, se despiden y se van, escucho a uno de ellos decir que el siguiente domingo va a castigar a su hijo y lo llevará a que lea, seguramente a él le inculcaron eso en su hogar que leer era un castigo, espero que realmente lleve a su hijo el siguiente domingo para poco a poco cambiarle al pequeño el chip, para que se dé cuenta de lo maravilloso que puede ser leer.

Las familias empiezan a llegar, padres, madres, abuelas, tíos, tías hermanos, primos, llegan y escogen los libros que van a disfrutar. Los más pequeños luego de disfrutar de los cuentos contados por los grandes se sorprenden cuando les decimos que ellos también pueden leer, les damos un libro de imágenes y les decimos que es su turno de contar el cuento, es maravilloso escuchar todo lo que pueden imaginar.

El espacio se democratiza, los niños aprender a compartir y se dan cuenta que todos somos iguales, los padres aprenden a vivir en comunidad a cooperar y a esperar; en apenas dos horas logramos recordar que todos tenemos un niño interior y que la magia de la lectura nos acerca a él.

Es hora de cerrar los manteles y parasoles, es hora de despedirse, los invitados agradecen y se van a continuar disfrutando de un domingo diferente, los voluntarios recogemos los libros y guardamos el carrito de fantasía.

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Había una vez… después de la lluvia

Después de dos semanas de suspender el picnic por lluvia, finalmente pudimos concretar el encuentro en la Plaza Martín Fierro. El clima de Buenos Aires está un poco enloquecido, hasta ahora no nos había sucedido nunca suspender tantas veces y seguir temblando cada vez que se asomaba una nube.

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Mucho de ese miedo al clima está relacionado con la presencia de invitados. El Picnic de San Cristóbal tiene esa característica y a esta altura, después de tres años y 40 picnics con invitados se convirtió en un compromiso. La agenda se arma con mucha anticipación y los invitados liberan esos domingos pero tampoco se puede abusar. Istvansch, vino por segunda vez por su propia voluntad, prácticamente autoconvocado, porque es un grande, un generoso y un ser increíble. Estuvimos comunicados siguiendo a las nubes minuto a minuto y cambiando de planes todo el tiempo, pero siempre me sentía en falta con él. La cuestión es que salió el sol por un rato y se juntó alguna gente en la plaza. No fue un encuentro multitudinario porque enero es un mes de vacaciones y hay poca gente en Capital. Así y todo había lectores de esos que nos siguen siempre que pueden, algunos nuevos que se acercaron luego de nuestra invitación recorriendo la plaza y otros que vinieron especialmente a ver al invitado.

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Istvansch contó algunas de sus historias, hizo una demostración en vivo dibujando con tijeras y también se sentó a charlar sobre lo que la gente preguntaba. En general el público adulto es quien queda maravillado y tiene mil interrogantes.

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Zaida, una de nuestras colaboradoras, notó que algunos lectores de corta edad no llegaban a engancharse del todo con historias dónde el humor, la ironía y la ambigüedad eran la delicia de los mayores, y decidió dejar su propio disfrute de lado para juntar a un pequeño grupo y leerles lo que ellos le acercaban. Fue un momento hermoso que permitió el disfrute de lo que cada uno tenía ganas de hacer.

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Los chicos se acercaban más a las ilustraciones y una nena se sentó frente al invitado, en primera fila y dijo “yo llegué tarde, ¿cómo es eso de pintar con la tijera”? entonces Istvansh tomó uno de sus libros y fue detallando cómo hacía su trabajo, señalando todas las capas superpuestas de cartulinas de distintos colores especialmente seleccionados sólo para hacer un sol. 
Fue una tarde de mucho calor, no sólo de temperatura ambiente sino de almas en torno a la lectura y al mate, incluso el tereré. Cantidad de asistentes: 21

Lectura y libertad desde Iquique, Chile

 

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Recordando historias, compartimos la que nos llega desde Iquique, Chile. Por: Marcela Riquelme

En el día de ayer tuvimos un Picnic muy especial. Cerramos un ciclo haciendo lo que nos habíamos propuesto al iniciar este bello proyecto que conocimos gracias a las redes sociales y que quisimos para esta ciudad. Lectura y libertad. Libertad de compartir la lectura con los demás. Buscar la libertad en la lectura pero también en la recuperación de la calle como un espacio de todos. Libertad de estar con otros y ser con otros que buscan ser libres. Libertad de expresión de las ideas. Por esa razón es que ayer nos hicimos parte de la actividad solidaria con los trabajadores de Sodimac, por reconocernos con otros la búsqueda de una vida plena que nadie nos regalará gratuitamente.


Empezamos recibiendo a los niños con una pequeña rima que estaba dentro de una caja de fósforos, sobre los Reyes Magos. En una simple cajita de fósforos copihue pusimos palabras y las dijimos en voz alta. Luego invitamos a los niños a sacar de otra cajita, alguna de las preguntas que Neruda inventó para su poemario “El libro de las preguntas”. Todas ellas escritas con lápiz verde, como gustaba el poeta, en hojas celestes y azules. Cada niño escogió un papel y lo leyó frente a los demás.


La actividad que hicimos incluyó escritura de historias originales. Luego de una motivación relacionada con la creación de personajes para la creación de un cuento. Las ideas fluyeron como parte de una corriente y cada uno comenzó a escribir su relato. Luego de terminados los colgaron en nuestro cordel de banderines y tras presentarlos se fueron con sus textos a jugar.


Creo que logramos lo que nos propusimos con el Picnic, traer la lectura a la calle, compartirla. Espero que el próximo año implementemos de nuevas maneras este espacio que nos hemos regalado y que las personas sigan siendo parte de él. 

Picnic de Palabras en Cuenca

Seguimos compartiendo historias maravillosas de nuestros Picnics desde diferentes rincones del mundo. Hoy presentamos el que realizaron en Cuenca en una feria navideña.

Desde Cuenca, llega este tercer encuentro gracias a María José Urgilés
Lugar: Feria Navideña de Cuenca, La Quinta y Hotel Victoria
Fecha: 10 y 11 de diciembre de 2016
Mediación: Juan Pablo Dávila y María José
Fotos: María José Urgilés.
Reseña: María José Urgilés.

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Nuestra tercera presentación de Picnic de Palabras la hicimos en dos mercadillos navideños, nos fue muy bien, lo que más nos entusiasmó es que a pesar de existir un juego inflable y distracciones como música, comida, helados y más; finalmente contra todo pronóstico, los niños y niñas acudían por un libro.

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Una anécdota para recordar es un niño que se acercó con total amabilidad a hacer un trueque, textualmente me dijo: “Te cambio este copo (refiriéndose a una piña de pino que llevaba en la mano) por éste libro (señalando el libro que deseaba con su dedo). Le explique que por el momento no hacemos trueques, pero que podría leer el libro y devolverlo después de disfrutarlo.

Y como se ha hecho algo de costumbre, los adultos no faltaron en nuestra edición, haciéndonos preguntas de lo que se trata el proyecto y claro leyendo los libros muy entusiasmados.

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Esta vez en Picnic de Palabras “La Quinta” estuvieron 11 niños y niñas entre los dos y once años.

En Picnic de Palabras “Hotel Victoria”, en total nos visitaron 11 niños y niñas en edades comprendidas entres el año y los 10 años.

En esta edición nos han pedido más libros de monstruos y de aviones. También tuvieron muchísima acogida los libros en otros idiomas, razón por la que poco a poco iremos incrementando libros principalmente en inglés.

Ahora hemos realizado Picnic de Palabras en espacios algo alternativos y nos fue muy bien. No descartamos la posibilidad de ampliar nuestro horizonte e ir probando las propuestas que la comunidad cuencana exponga.

Sol después de mucha lluvia en Bogotá

Como tuvimos que cancelar, por mal clima, las pasadas dos fechas (18 de septiembre y 2 de octubre), el domingo estábamos anhelantes. Afortunadamente, el cielo amaneció despejado y radiante, y el clima nos sonrío y fue nuestro cómplice a lo largo del día.

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Al llegar al parque reconocimos que una familia había armado carpa en el lugar donde regularmente colocamos el mantel con los libros, así que buscamos sombra cerca y nos ubicamos. Mi papá ayudó a colgar el afiche antes de regresar a casa, y María Leonor (mamá de Marce) y yo organizamos el espacio: mantel, libros, cobijas. Entre tanto, una familia que nos había visitado en otras ocasiones llegó: algunos integrantes prefirieron ir primero al parque y otros buscaron un lugar y comenzaron a leer y a compartir. En ese momento apareció Juan David, nos sentamos y leímos en voz alta un rato, recibimos a las personas que fueron llegando y él registró con la cámara algunos momentos.

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‘Enrique Rojo’ (Andrés Sarmiento) nos acompañaría. Compartiría con los lectores “Baba y Utu”: historia amazónica —cuyos protagonistas son una cocodrila, un jaguar y una anaconda— ilustrada por el reconocido y genial caricaturista Matador. A eso de las 2:30 llegó Andrés Sarmiento y lo acompañaba Chuck: un precioso golden retriever que cautivó a los participantes con sus gestos y su buen comportamiento. Lo podrán ver en algunas de las fotos.

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Andrés se acomodó (Chuck a su lado) y hojeó algunas historias. Rápidamente, me dirigí al parque e invité a las familias que estaban presentes. Cuando regresé, más personas se habían sentado y ya escogían libros del mantel. Antecitos de las 3:00 comenzó la actividad: ‘Enrique Rojo’ nos habló del porqué de su seudónimo, de las lenguas amerindias, de su hijo Joaquín, y presentó “Baba y Utu”. Al finalizar, firmó libros, conversó con los lectores y se tomó fotos. Como verán en una de la pequeña galería que adjunto, dejó en Picnic un ejemplar de su libro y escribió una linda dedicatoria.

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Otros integrantes del equipo (Daniela, Andrés, Rachel y Rafael) y quizás unas cuarenta personas más (y dos peludos cuatro patas) estuvieron presentes.

Antes de poner punto final, me gustaría compartir con ustedes que dos razones más hicieron del pasado Picnic algo especial:

Emilia Andrade (amiga del alma y coordinadora de Picnic de Palabras Ecuador), su mamá y su papá nos acompañaron.

Un pequeño equipo de Panamericana (la editorial que publicó “Baba y Utu”) estuvo apoyando al autor, registrando el momento y disfrutando de Picnic. Con Camila, una de las integrantes del área de comunicaciones, hablamos de la importancia de sumar esfuerzos, de crear alianzas: Picnic podrá seguir siendo uno de los espacios para presentar nuevas voces e historias y en el parque recibiremos a otros autores/ilustradores.

Palabra por o: observación

Bitácora del 30 de octubre de 2016

Por Teresa Farfán.

San Pedro Garza García, Nuevo León, México

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Estamos muy felices de avisarles que Picnic de Palabras en San Pedro de Pinta vuelve a estar activo todos los domingos. Gracias a Lucila por ponernos en contacto con Avril y el maravilloso grupo de voluntarios que nos van a ayudar todos los domingos, ellos son Juan, José Ángel, Andrés, Patricio y Nicolás, todos son estudiantes de 5to semestre de preparatoria, van a hacer con nosotros su servicio social.

Les cuento como nos fue hoy, llegamos a las 11:30 a.m., tuvimos 24 familias, 69 asistentes y ocho voluntarios. Uno de los asistentes era francés y una familia era italiana.
Era muy lindo porque al caminar entre las familias escuchabas francés, italiano, inglés y español. Una familia estaba hablando con su hija en inglés, ya no investigue si eran mexicanos o no. Necesito hablar con las embajadas y los consulados para conseguir libros.

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Lo más divertido, fue ver pasar al perro que iba de Lobo Feroz disfrazado de abuelita con el cazador. El hermoso perro disfrazado de vampiro. El primer niño que llego disfrazado de pirata y el que se disfrazó de calavera, también llego un niño de astronauta y Avril le dio un libro sobre las estrellas. Llegaron dos enormes Gran danés con una familia.

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Y lo más hermoso los gritos de los niños y las familias invitando a más familias a platicar con ellos y a leer. Ver los manteles otra vez llenos con muchas familias, ver muchos papas solos con sus niños poniéndole todo el entusiasmo al contarles el libro. Escuchar a una niña que le dan a elegir “¿Quieres que te lea yo o tu papá?”, le preguntó uno de los voluntarios. Y la niña responde –“Mi papá.” 8 familias eran de papá con sus hijos.

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Estoy detectando familias en que la mamá le lee al hermanito más grande o a la hermanita y no incluyen al bebé de meses que está en la carriola o jugando con los libros, solito.
Si tienen recomendaciones para lectura con bebés de meses para ayudar a estas familias por favor escríbanme.


Saludos a todos y felices Picnic de Palabras.

Alfombra voladora

Firenze, 30 de septiembre 2016

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Por: Andrea Gasparri

La primera persona que vino acercándose a la cobija debajo del pequeño roble en Piazza Tasso fue Paste (dulces). Este señor mayor, que habrá tenido mas o menos 70 años, se complementa con nosotros por el trabajo que íbamos a empezar con los niños. Se tomó un tiempo para contarnos que en esta plaza todo tiene un apodo, como por ejemplo su amigo Sonrisa… “Le dicen así porque el siempre sonríe. A mi  en cambio me dicen Paste, porque cuando era chiquito, y en aquella época se sufría mucho el hambre, iba de panadería en panadería para pedir los dulces que habían salido mal o las migas que quedaban en las bandejas  del las bandejas.”

De ahí poco a poco llega los niños… Remolinos de cuentos, explosiones de risas, carreras, persecuciones juegos a “hacemos que yo soy… y vos sos…” Nosotros nos llevamos bien con los pibes de la plaza, y con los adultos también, estos gigantes que se asombran que todo lo que ofrecemos es gratis, de onda… Y las abuelas nos alientan a seguir haciendo el Picnic di Parole, mientras que los papás se acercan y empiezan a escoger entres los libros que presentamos.

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Los niños y las niñas como siempre al principio son pocos… pero luego de unos minutos ya se multiplican las cabezas. Cuentos que engancha cuento y que tira a otro cuento hasta que la cobija se transforma en una alfombra voladora.

Ya nos estamos organizando para el mes de octubre… Ya volveremos a la plaza.

Lectura de lectores desde las emociones

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Por: Silvi Albuja

El parque La Carolina, nos recibía con ese clásico sol brillante que nos recuerda que estamos en el ombligo del mundo. Este es mi tercer voluntariado, así que pagué la novatada.

Cata y yo acordamos encontrarnos en un punto del parque previamente para alistar todo antes del picnic. Lo curioso es que en mi despiste no puse atención al lugar de encuentro y mientras la una esperaba en un extremo la otra lo hacía del lado contrario. Pero esta parte no fue la más cómica, pues mientras yo la buscaba por un lado ella caminaba por el otro, finalmente nos encontramos.

Los más fieles seguidores del picnic como súper héroes Mateo y Christopher ayudaron a Cata a empujar el librero móvil, llegué yo con mi cargo de conciencia a cuestas y nos pusimos manos a la obra. Lo curioso fue que como todo paladín famoso, este par de angelitos desaparecieron misteriosamente.

Poco a poco fue llegando la gente, la Cata y yo nos repartimos para invitar a las familias, y mi sorpresa fue que de golpe teníamos a 8 niñas sin ningún adulto cerca, todas ellas con características distintas entre sí. Mientras yo seguía invitando a las familias y explicando de qué se trataba el picnic, la Cata estaba cálidamente rodeada leyendo a un grupo de niños.

La más pequeñita del grupo de niñas que nos visitaban, de cabello largo, cachetes regordetes, vestido negro con florecitas, me miro y me dijo: ¡quiero pintar! Me acerqué con pinturas y libro en mano y nos pusimos a pintar. Mientras la miraba un solo pensamiento rondaba mi cabeza ¿qué le puede ocurrir a una niña tan pequeña para que la sonrisa se le haya borrado completamente del rostro?

Pasamos de pintar a leer y de leer a pintar. Estuvimos leyendo sin parar durante una hora y media, hasta que una religiosa se acercó y dio la orden para que las niñas se despidieran. Fue ahí cuando la Cata me explicó que venían de una casa de acogida; parte de las actividades de este centro era llevarlas de paseo al parque y gratamente se habían encontrado con este oasis lleno de libros.

Cata conversó con la hermana y le explicó de lo que va el picnic y se intercambiaron datos de contacto, con el objetivo de coordinar actividades en el futuro. Nos despedimos de este lindo grupo, esperando volverlas a ver pronto.

Las familias se acercaban de apoco entre timidez y desconfianza. Otra encantadora escena fue cuando una muchacha joven se sentó a leer con su fiel amigo un schnauzer gris. Al igual que una familia que trajo a su peludo amigo y cómodamente se instalaron a deleitarse con el sabor de las palabras.

Incansable fue el entusiasmo de un pequeñito de 4 años de pantalones cortos y camiseta, que leyó junto a su mamá por casi una hora, ellos fueron nuestros últimos visitantes.
Empezamos a guardar las cosas. Empujamos el librero móvil de regreso a su lugar de reposo el Jardín Botánico, esta vez juntas y sin súper héroes que nos dieran una mano.
Alguien me preguntó ¿qué se gana con ser voluntario? entre polvo, sudor y cansancio mi mayor recompensa de ese día fue: lograr llenar de curiosidad y ansias la mirada de una niña alejando el rastro de tristeza de su rostro. Sentir la calidez de un abuelo leyendo a su nieto, ver la gentileza de quien lee a su mejor amigo, el amor sincero de quien lee con cariño y que un par de libros de mi biblioteca me agradecieran por sacarlos a tomar sol.

Niños, padres, mascotas, libros y sonrisas. La lectura es una aventura gozosa. Eso es un día de picnic de palabras.

Historias sin tiempo desde Puebla

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Entre el presente y el pasado nos movemos, porque hay historias que vale la pena recordar. Cada Picnic de Palabras es único, en cada país, en cada ciudad, en cada rincón de los parques, bajo los árboles y con un mismo elemento en común que siempre nos acompaña: el sol y la voz. Por:  Rosario Ramirez y Ludvila

A las 11 de la mañana extendimos los manteles, los libros, una maleta con un pequeño teatro dentro y un miniteatrito de cartón para regalar.

Con las fiestas navideñas encima y las piñatas y pastorelas celebrándose en los alrededores del Parque-Laguna donde lo llevamos a cabo, nosotras esperamos pacientemente. Al principio la gente que se acercaba era muy poca. El vientito frío tampoco ayudaba mucho, pero por lo menos una familia completa se tendió en los manteles bien convencida de quedarse con nosotros.

Poco a poco y conforme volvían los chicos con sus bolsitas de dulces en mano (después de haber roto la piñata en otro lado) los invitábamos a echarle un vistazo a nuestro picnic de libros, el ambiente se fue animando y los manteles se llenaron.

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De pronto los monstruos y los reyes saltaron de un lado a otro y de unas manos a otras (los monstruos y los reyes siempre son de los personajes favoritos en los libros) todo el mundo estaba totalmente instalado. Una pareja se acercó con 8 pequeños y un par más no tan pequeños (entre 13 y 16 años quizá) que se sumaron al principio medio tímidos, pero después resultaron bastante animados en la lectura.
A la hora y pico, sin tener la certeza de “interrumpir” el ambiente que se había creado, decidimos que era tiempo de pasar a nuestro “plato fuerte” del picnic y que consistió en la lectura en “kamishibai” de un cuento que tuvo entretenidos, divertidos y participativos a chicos y grandes, y al finalizar el relato y aprovechando el ánimo y actitud de todos, los convocamos a crear su propia historia para que la contaran después ahí mismo. Así que armados tan sólo con hojas reciclables y unos cuantos crayones de colores, las familias y los pequeños dieron rienda suelta a la creación de sus propios cuentos. Hubo personajes que perdieron sus maletas en la playa, cerditos juguetones en el lodo, changos trepadores, autos amigables, arcoiris, y un montón de historias contadas directamente de la voz de los niños (y los no tan niños también).

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Joseph, de los más pequeños asistentes (3 años) y su historia de “un auto y un changuito que jugaban y se fueron al espacio con el arcoiris es busca de un árbol de mandarinas”, nos enamoró a todos. Hubo muchos aplausos y risas en este picnic.

Al final organizamos la rifa del miniteatrito que nosotras mismas (Rosario y yo, Ludvila) construímos y pintamos para animarlos a leer. Con resultados positivos y sorprendentemente participativos, Marijó (de 9 años) ganó el teatrito, y a pesar de que todos lo querían para continuar sus historias en sus casas, partieron felices.

La mayoría decidió llevarse sus cuentos; algunos nos compartieron su intención de construir en casa su propio teatro porque les pareció bastante divertido y entretenido. Eso es algo muy reconfortante que provoca volver a tener el picnic muy pronto, con actividades similares que estimulen a los que asistan y vuelvan inolvidable la experiencia.
Nosotras (ahora somos sólo dos personas con el picnic aquí en Puebla) seguimos sorprendidas y felices de que nuestra labor logre mover y emocionar a los chicos, pero también que logre conmover y hacer participar a los adultos con la misma emoción de cuando son pequeños. Las caras y actitud de los adultos asistentes nos cuenta que vuelven a ser niños, y los que sí son niños, adoran esto.

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¡Por cierto! este día la mamá del pequeñito Joseph se sumó como voluntaria a nuestro Picnic de Palabras Puebla y también tuvimos la donación de 18 libros por parte de una familia que asistió la primera vez y quedó muy feliz y complacida… Por nuestra parte, puras noticias congratulantes desde tierras mexicanas…

Saludos y enhorabuena a todos los Picnics de Palabras del mundo…

Desde Puebla, México

De regreso con música en Picnic de Palabras Bogotá

Primer Picnic de Palabras del año en Bogotá

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Cielo parcialmente nublado, después de dos meses de estar en un verano casi eterno. Cuatro días antes de nuestro primer Picnic de Palabras, empezó a llover de nuevo. El dilema fue inmenso, extrañamos la lluvia, la situación es extrema, pero justo se nos cruzaba la lluvia con Picnic. De nuevo, conjuramos el sol, y nos arriesgamos, como tantas veces, a salir al parque, con una invitada especial, con una convocatoria inmensa y con un pronóstico del clima de lluvia todo el día.

Se alistaron 70 libros de todo tipo: para bebés, libros álbum con texto, sin texto, libros de autores e ilustradores colombianos, informativos, poesía, y comic. Salimos al parque y a las 2 en punto empezamos a organizar Picnic. Llegó Paula Ríos con su novio, nuestros invitados del día. Todos estábamos perplejos ante la incertidumbre del clima. De inmediato, empezaron a llegar familias, y sin darnos cuenta ya estaba Picnic andando.
No tuvimos tiempo de tomar nuestra clásica foto de portada para dejar registro de la selección de libros. Todo empezó rapidísimo, parecía que Picnic llevaba mucho tiempo esperando volver, y apenas lo soltamos en el parque concentró, como nunca, su atención en todo aquel que se acercaba. Fuimos un imán de palabras, el magnetismo del amor que se multiplicó ayer se queda corto cuando se nombra con palabras.

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Ayer Picnic creció, y como un niño chiquito que llega a un parque, corrió, se divirtió, logró que las familias quedaran atrapadas en el embrujo de la voz de Paula, cuando la lluvia se atrevió a asomarse, solo un par de mamás con sus hijas decidieron marcharse. El resto se quedó, cantando, bailando, aplaudiendo, leyendo y, sobre todo, sonriendo. Una vez que Paula terminó y los invitó a seguir leyendo en familia, todos se acomodaron y parecía que los libros no eran suficientes.

En medio de todo este revuelo, felicidad, lectura y amor, pude ver como una mamá puso frente a su hijo de 3 años el libro Yo, cocodrilo, Ed. Juventud, y él, como pez picando carnada, corrió hasta el libro. Una vez llegó, se sentó, sus papás lo rodearon, y ahora con sus gafas de lector experto empezó a leer el libro en familia.

Así, se tejieron muchas historias, entre puntos de colores, poemas de insultos y de amor, cuentos sin palabras para soñar historias, adivinanzas, voces de todas las edades repletas de felicidad. Tuvimos muchas familias nuevas, así como muchas familias que regresaron. En total llegaron 83 personas, un récord para nuestro Picnic, sobre todo iniciando un nuevo año.