Picnic de Palabras a prueba de viento

Desde Comandante N. Otamendi, Argentina, el viento, el frío, nos acompañaron durante un nuevo Picnic de Palabras. Por: Mónica Esmail

Una vez más el clima se divirtió con nosotros. A la mañana estaba muy lindo y al mediodía empezó a cambiar con vientos fuertes y frío. Como teníamos invitada fuimos a esperarla con nuestras valijas pero cuando bajó del micro, el frío era peor y estaba muy congestionada. Esperamos un rato buscando algún lugar apropiado pero se hacían remolinos de viento por donde estuviéramos. Como no habíamos avisado que cualquier cosa lo hacíamos en el Centro Cultural nadie iba a saber que estábamos ahí así que cerca de las 15:30 hs, ante la soledad reinante, nuestra invitada dijo que no tenía problema en volver en cualquier otra ocasión y decidimos suspender y dejarla que vaya a descansar tranquila y recuperarse de su resfrío.

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La despedimos, y luego que salió el micro continuamos hablando tratando de combinar una fecha para concretarlo y decidimos aprovechar para tomar unos mates ahí y “por las dudas” que se acerque alguien, ya que se veía un claro en el cielo muy prometedor, extendimos un sólo mantelito con unos pocos libros. Nos acomodamos y empezó a asomarse el sol de a ratos, el viento no paraba pero ya se sentía distinto. Pusimos nueva fecha, conversamos sobre algunos libros nuevos que habíamos visto en las últimas ferias y otros que habíamos encargado por Internet, y cuando decidimos que ya habíamos sentido suficiente frío y que era mejor irnos, llegó una primer lectora de dos años (Perdón, el primer lector fue un perro) con su mamá, quién muy decidida elegía los libros que quería que leean, que por supuesto no eran los mismos que quería leerle su mamá. “Ete no. Ete.”

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Por supuesto le dimos su tiempo. Al ratito se acercó otro niño, agarró un libro y salió corriendo. Lo trajo nuevamente una nena y se quedaron leyendo, enseguida se acercaron 4 o 5 niños más así estuvimos leyendo lo poco que habíamos dejado, hasta que los vinieron a buscar porque ya hacía demasiado frío. (Finalmente el cielo quedó completamente celeste, pero el viento nunca cesó.)

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Uno de los chiquitos con los que estaba encontrando objetos en el libro me mira y me dice: “¡Pero no terminé de buscar todos!” ante la mirada negativa de la madre emponchadísima porque ya habíamos quedado a la sombra le dije que lo esperaba el próximo para seguir buscando a lo que me dice preocupado: “Pero ¿vas a volver?” así que tenemos una deuda pendiente para el próximo Picnic”

 

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Tejidos de historias entre invitados y lectores

Fecha: 21 de agosto de 2016, Parque Alcalá, Bogotá. Por: Juan David Rincón

Domingo: De nuevo la esperanza de una tarde de lectura y la incertidumbre de si el día estará nublado o no, si lloverá o no. Pero como siempre, nuestra mejor forma de atraer el sol y hacer que un día nublado transmute en uno soleado, es sacando a pasear los libros: siempre es mejor verlos en un parque que en un estante.

Llegué algunos minutos después de las 2:00 p.m. al Parque de Alcalá, salí de la estación de TransMilenio y caminé hacia el sitio acostumbrado por el grupo para ubicar libros y manteles. Allí, ya estaban Marcela y Amalia. Empezamos a extender los manteles y a ubicar las cobijas y los libros. Los libros empezaron a convocar a las personas, a atraerlas. Catalina y Amalia se armaron de libros para ir a invitar a algunas personas que se encontraban en el parque. Y así empezó a juntarse un nutrido grupo de lectores, mientras los demás voluntarios iban llegando.

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A pesar de que cada uno de los lectores es un invitado especial a nuestros domingos de picnic, en esta ocasión teníamos un autor invitado. Se trató de Germán Izquierdo. Él es periodista y escritor y nos acompañó para contarnos acerca de su libro “La Cucharita: Historia de una canción”, publicado por Monigote e ilustrado por José Arboleda. Este es un libro muy particular porque nace de la investigación que él hizo sobre Jorge Velosa y su reconocida canción “La cucharita”. Para ese momento, ya había más de veinte personas reunidas en el espacio de Picnic. Germán empezó contándonos acerca de su motivación para escribir este libro y ante algunas de sus preguntas, muchos tuvimos que recurrir a la tarea de cantar los primeros versos de esta popular canción. Todo esto para recordar, por ejemplo, el material de la cuchara o el lugar en que se la regalaron a Velosa. Este libro también es especial porque recurre a un formato ilustrado, propio de los libros infantiles para contar una historia que fascina a grandes y pequeños, y eso es lo que hace que un libro sea sorprendente, según nos contaba el autor.

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Después de compartir la lectura en voz alta de este libro y de que el autor respondiera algunas preguntas, Mauricio Gaviria quien es el director de la editorial Monigote, nos leyó el libro “¡Chau!” de Edward van de Vendel y Marije Tolman. Esta es una historia sobre la capacidad de la imaginación para construir sueños y de compartir nuestros mundos fantásticos con quienes queremos. Marta es la pequeña protagonista que hace partícipe de sus sueños a su hermano quien sufre de pesadillas.

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Picnic es un espacio en el que todos nos integramos bajo la excusa de compartir un libro, y si lo podemos leer con amigos o en familia: ¡Mucho mejor! Una de nuestras pequeñas leyó para todos nosotros el libro “Formas” de Claudia Rueda. Su tarea no fue nada fácil pues este libro no tiene palabras, así que ella debía seguir la historia a través de las imágenes para reconstruir la historia, o más bien, construirla a partir de lo que el libro despertó en ella. Amalia Satízabal también compartió la lectura de varios libros, entre ellos “Zorro” de Margaret Wild y Ron Brooks (Ekaré), “Cosita Linda” de Anthony Browne (FCE) o “Este alce es mío” de Oliver Jeffers (FCE). Este último lo disfruté mucho, porque es uno de mis libros favoritos, no sólo de los que encuentro en Picnic, sino de todos los libros que conozco.

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Si al principio estábamos preocupados por las nubes, durante las lecturas hubo quienes se integraron al grupo de los que preferirían la sombra de los árboles, otros fueron de aquellos que disfrutaban de los magníficos rayos de sol que esta tarde de domingo nos regaló.

Este domingo de Picnic de Palabras nos permitió de nuevo integrar familias en torno al maravilloso acto de leer en familia. Vimos padres e hijos reunidos bajo un libro, a una pequeña que le leyó a los más grandes y a los grandes leyendo y riendo como niños. Cada libro despierta y motiva en quien los lee la capacidad de crear un nuevo mundo por descubrir y, sobre todo, compartir. Cada libro nos pone siempre a soñar: con la fantasía de sus páginas, con la felicidad de la voz que nos lo lee y con la promesa de un próximo descubrimiento de la mano de la literatura infantil.

Historias que nos habitan

Por: Marcela Escovar

La última vez que me hicieron una pregunta difícil: ¿Cuándo fue la última vez que lloraste de la felicidad? Fue difícil contestar, por todos los momentos que he tenido y que me han llegado al fondo del alma y sin querer irse.

Picnic de Palabras es sin duda una experiencia que me sigue explotando el corazón, ver cómo cada domingo se replica en diferentes rincones del mundo, en plazas y parques, demuestra el poder que tiene la voluntad para transformar. Creo en la lectura como una experiencia que es capaz de darnos un espacio para respirar, para estar en el mundo desde otras voces, realidades, tiempos.

Sobre todo, para mi leer es una acción en donde la empatía se revela, sin darnos mucha cuenta. Queremos a los personajes, porque nos identificamos con unos y tenemos conflictos con otros. En ocasiones nos recuerdan personas cercanas de nuestro mundo real a quien seguro les recomendaremos lo que leemos en algún momento. Las emociones y pasiones florecen y nos damos cuenta de lo vivos que podemos estar.

Así que para responder a la pregunta, tuve que hacer un barrio de historias, momentos, y encontré que eso me pasa sobre todo cuando me conmuevo. En la cuarta celebración del cumpleaños de Picnic de Palabras, donde sobre todo el clima fue totalmente incierto, todo resulto bien, y desde la frontera -como esos personajes que en los libros para niños son dibujados al borde, porque parece que no pueden entrar- pude observar a más de cien personas reunidas y felices alrededor de historias contadas en voz alta. Era magia, estábamos haciendo magia, algo pasaba ahí que era completamente fascinante, y que para mí es el alma de Picnic de Palabras.

Me conmueve y me hace llorar de la felicidad la capacidad que tenemos como seres humanos de generar experiencias en donde podemos tocar el alma del otro.

Cómo nace Picnic de Palabras, Chosica, Perú

Facebook nos conectó con Rosario para pensar como instalar Picnic de Palabras en Perú. Un año después, logramos aterrizarlo porque viajamos hasta Perú, pasando por Cusco, el valle sagrado, Lima, Chosica y Huánuco, en nuestro primer viaje internacional de formación de formadores para replicar las prácticas de lectura y el proyecto de Picnic de Palabras gracias a Mi primer libro.

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El resultado fue dejar a más de uno enamorado, y con la emoción de haber estado en el primer Picnic de Palabras en Chosica, Perú. Escogimos el parque principal donde todas las familias se reúnen a pasar el día. A un lado hay ferias, carrusel, inflables, así que nos hicimos del otro lado, dudando que tan exitoso sería escoger este lugar.

Resulta que justo alrededor de la zona donde nos encontrábamos, hay carritos de comida, puestos donde la gente puede almorzar comida típica peruana junto a sus familias y pasar la tarde en el parque. Lo que no sabíamos era que dentro de estos carritos también hay familias y niños que decidieron venir a leer junto a nosotros.

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Cada parque donde hacemos Picnic de Palabras también nos da estos niños que son realmente nuestro principal público objetivo. Esto nos muestra lo tanto que nos parecemos a pesar de las diferencias. Leímos durante dos horas, y fue difícil porque en su mayoría eran libros en inglés, sin embargo, esto no fue un impedimento para los asistentes. La lectura de imágenes se disparó y las conversaciones alrededor de las ilustraciones nos permitieron hacer lecturas más largas, con un mayor grado de atención y mientras los lectores nos pedían más. El resultado es encontrarnos con lectores insaciables.

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Cada Picnic de Palabras es único y a la vez tiene la capacidad de replicar un sentido de comunidad reunida alrededor del amor y del reconocer al otro que lo hace único. Se siente el valor del tiempo en todas estas personas que leen, en las sonrisas de los niños, en cómo se emocionan, se tensan, están a la expectativa, todo en simultánea.

 

Summer in the City: Picnic de Palabras Brooklyn 

By: Emily Pellerin

Working up to June’s edition of Picnic de Palabras, we were anticipating grueling heat, and were unsure of how that would affect our audience at the park. Luckily, the day was absolutely beautiful, the park was crowded, and the shade was ample.

This was the first time in the Brooklyn Picnic’s short history that there were more volunteers than there were readers, making for a funny demography on the picnic blankets. That didn’t deter the kiddos from coming around — as usual, there were cousins in pairs, some solo readers, parents and little ones, and whole families who joined us to read. There was even an avid reader who brought his furry friend to the picnic blankets: Pancho, the (reading) rabbit!

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One newly observed relationship to the program was that some shyer children were hesitant to come over and read with/to us, but asked to carry books with them to read in their own spaces. Like a mini library in the park, a few kiddos would bring books back to their own blankets, read them, and return to choose another once they were done.

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This month, we incorporated books for children whose stories were entwined with writers of classic literature: Zora Neale Hurston-curated short stories, a Virginia Woolf parody, an MLK speech transcribed for kids; we also included books in Cantonese, along with those in Spanish and English, as we’ve noticed the breadth of bilingualism in the park is expanded beyond just Spanish- and English-speakers. The culturally rich neighborhood of Bushwick again proved itself a wonderful host for our Picnic de Palabras.

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This month we were lucky that Yaco of Picnic de Palabras Bogotá was visiting! Upcoming in August, Picnic de Palabras Brooklyn will host Mary Murphy Wong, a longtime New York resident and storyteller.

Cuando la tierra se mueve hay que volver a soñar juntos

Historias para reconstruir después de que la tierra tiembla sin previo aviso. Por: Emilia Andrade

Lugar: Don Juan
Fecha: 14 de mayo de 2016
Reseña: Emilia

El camino de llegada nos fue anunciando lo que circulaba por todos los medios: el terremoto había sido fuerte y mientras más poblado era el lugar, más daños se hacían presentes. Sin embargo, lo que no nos había dicho nadie era que la fuerza para sobreponerse a la adversidad fue casi tan poderosa como el mismo movimiento que originó los destrozos. En la carretera, entre plásticos y escombros, veíamos cocinas comunitarias improvisadas, cocinas que ofrecían las delicias manabas de las que todos los ecuatorianos nos sentimos orgullosos. A un mes del terremoto la gente de Pedernales ya estaba levantándose y organizando sus propias iniciativas para, poco a poco, ir retornando a la normalidad.

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Seguimos andando y en un par de horas más llegamos a Don Juan donde estaba el campamento de voluntarios de Embudo liderado por Juan Carlos, un hombre que fue a entregar ayuda y terminó quedándose porque encontró un nuevo sentido a su vida. Él nos recibió con un abrazo y dijo “el que estén aquí ya dice mucho, gracias por venir”. Con este mensaje resonando en mi cabeza, bajamos al pueblo. El primer encuentro que tuvimos con Don Juan fue al atardecer. La plaza central, con dos palos de caña guadua improvisados como arcos de fútbol, nos susurraba que la lluvia había caído fuerte durante la noche, pero también nos decía que ahora eso no importaba, que lo que verdaderamente estaba en juego era un partido de fútbol entre los más pequeños. Los refuerzos nacionales (Juan) e internacionales (Dipacho y Gio) habían llegado para equilibrar los ánimos. Entre sudor y sonrisas les contamos a los niños que al día siguiente haríamos una actividad para compartir libros y jugar con ellos.

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Y así fue, a pesar de que el sol de la mañana se asomó con timidez, los niños estaban listos para empezar y buscar los libros que con tanto cariño habían viajado desde Bogotá. Les preguntamos si preferían hacer la actividad en la playa y no dudaron ni un segundo en la propuesta, todos ayudaron a trasladar las carpas, los libros y los manteles. A pocos metros del mar nos dimos las manos, manos tostadas por el sol y labradas por la sal, manos pequeñas que agarraban fuerte para no soltarse, manos que se unieron en círculo para hacer una dinámica que “rompiera el hielo”. Lo que no supimos fue que no había nada que romper y menos aún que hubiera algún hielo que aguantara esas temperaturas. Los niños estaban ávidos por abrir las maletas y empezar a ojear libros. Hicimos pequeños grupos para leer, les contamos algunos acuerdos para la actividad y en menos tiempo del que nos tomó instalar todo ya se dibujaron sonrisas lectoras. Fue bonito mirar que las niñas más grandes y dos madres se acercaron para tomar el liderazgo con los pequeños, leían en voz alta, invitaban a hacer búsquedas y juegos en los libros. Conversamos con ellas sobre la posibilidad de que el Picnic pueda quedarse a largo plazo si estaban dispuestas a dar continuidad a esta iniciativa, se entusiasmaron y a mí me resonó esta idea… veremos qué surge con el tiempo.

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Después de una hora de lectura, Vane les propuso algunos juegos para correr y saltar en la arena, varios niños se unieron y otros quisieron seguir leyendo. Yo me quedé con Alan, uno de los niños más consentidos, leímos “¡¡¡Socorro!!!” de la editorial Corimbo y sin darme cuenta tenía un coro de niños repitiendo conmigo “socorro hay un monstruo verde/rayado/con espinas que me quiere comer”. El libro se fue abriendo más y más hasta acogernos a todos como una gran casa. Cuando levanté la mirada vi a Juan con un grupo de unos 5 niños, escuchándolo muy atentos y pidiendo nuevos libros. En otra esquina estaba Dipacho tomando fotos, atento a capturar los detalles del encuentro. Más tarde cuando decidimos cerrar el Picnic, llegó Ale y Rafa acompañados de Domingo, el “biblioburro” como lo bautizaron ellos seguramente influenciados por la historia del librero colombiano. Con una caja llena de rompecabezas, legos, pinturas y una guitarra al hombro esta pareja de Calceta nos sorprendió a todos con la versatilidad de tareas que propusieron.
Antes de acabar, uno de los niños más grandes me dijo si podíamos hacer origami, recordé que había traído papel y le pregunté a Gio si sabía alguna figura, luego de un par de intentos, ya estaban varios niños sentados a su alrededor. Entre conejos y barcos de papel cerramos nuestro primer día con más aprendizajes de los que pensábamos recibir.

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Al día siguiente visitamos Jama, un cantón a unos minutos de Don Juan. Las calles de barro y lluvia, los nuevos albergues y las pocas edificaciones que quedaban en pie dificultaron la tarea para recordar el lugar del campamento que los amigos de Embudo habían montado hace un mes. Finalmente lo logramos, al llegar nos recibieron Asu, Bachi y sus familiares, ellas están liderando “El Ébano” donde, en ese momento, estaban alrededor de unas 15 familias en casas temporales. “Todo cambia muy rápido y las necesidades son diferentes cada día” nos dijo Asu. Y sí, pudimos comprobarlo cuando fuimos a invitar a las personas de los barrios, Vane me fue contando cómo ha visto que se han fortalecido o debilitado los vecinos con el paso de los días. Cuando volvimos al campamento ya estaban unos 10 niños y jóvenes esperándonos, se habían acomodado con colchones en los espacios de sombra y todos tenían libros entre sus manos. Similar a lo que sucedió en Don Juan, los jóvenes empezaron a leer a los más pequeños pero poco a poco se fueron disipando y querían hacer “otra cosa”. Les propuse dar más tiempo a los que aún querían leer, la dinámica de no tener a padres o familiares involucrados cambia el sentido de Picnic pero debíamos ajustarnos a las necesidades.

Algunos se volvieron a enganchar con la lectura, les fui mostrando libros sobre temáticas cercanas a ellos, el mar o el fútbol fueron las más buscadas. Después de una hora y media fuimos guardando los libros con Juan y les propusimos que hagan pequeños grupos para algunas actividades manuales que teníamos. Rompecabezas, colores, hojas y tarjetas de memoria fueron saliendo de una de las donaciones que recibimos. Como suele suceder, unos querían lo que los otros tenían pero deje que ellos mismos se organizaran para no generar dependencia en mis decisiones, pudieron resolverlo bien y se fueron turnando de actividades. Una de las que más interés despertó fue el juego de memoria, grandes y chicos la disfrutaron muchísimo y encontraron distintas maneras para jugar. Me apenó no tener más tarjetas pero prometí volver con nuevas o quizás traer material para que ellos mismos puedan hacerlas. A la hora de guardar las cosas todos nos preguntaron cuándo volveríamos, en ese momento no pudimos decirles con certeza pero ahora estamos seguros que a finales de este mes regresaremos llenos de libros y alegrías por compartir.

Celebramos 4 años de Picnic de Palabras

Empezamos los preparativos desde mayo, para celebrar el 4 cumpleaños de Picnic de Palabras. En esta oportunidad, teníamos como invitada a Amalia Low y al mago Ruben. En la mañana del domingo 12 de junio, nos reunimos con ocho de nuestros 10 voluntarios, porque dos se encontraban de viaje. Juntos alistamos un Picnic de Palabras 95% colombiano, porque se colaron libros de Hervé Tullet y Anthony Brown.

Almorzamos, repartimos las nuevas camisetas de Picnic de Palabras, y salimos juntos al parque. Desde las 2pm alistamos todo, y poco a poco fueron llegando nuestras familias. La meta 100 personas, suena exorbitante, teniendo en cuenta que en el último mes, y durante este año, por mal tiempo, hemos tenido que cancelar muchos Picnics, con un promedio de 30 personas. Esperábamos tres veces nuestra asistencia.

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Ese fin de semana tuvimos la oportunidad de salir en dos medios de comunicación, El Colombiano y la revista Arcadia. Estamos seguros que este despliegue en medios ayudó para que más personas supieran de nosotros. Entre todos nos organizamos, decoramos el espacio, les dimos la bienvenida a los asistentes y por esta vez hicimos algo diferente. Gracias al apoyo de cuatro editoriales tuvimos 25 libros para rifar entre las familias participantes. Esto hizo que el 90% de los asistentes saliera con un libro bajo el brazo.

A las 2:30 abrimos esta celebración con Amalia Low cantando el cumpleaños para Picnic de Palabras. Después leyó junto a Amalia Satizábal 4 de sus libros. En el intermedio tuvimos al mago Ruben que encantó a todos, y después de su presentación se sentó con un grupo de niños que lo retó a lanzar las cartas y adivinarlas más allá de los árboles del parque.

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Las familias compartieron, leyeron, se divirtieron. Vimos caras conocidas y muchas nuevas. Gracias a los registros, supimos cómo se enteraron del evento, quienes ya habían venido y quienes hasta ahora nos reconocían. El 40% ya había estado y eso nos permitió sentirnos en familia junto con amigos nuevos. Además, supimos que superamos la meta porque estuvieron 110 personas, ese día, bajo un sol radiante, cantando, leyendo y celebrando junto a nosotros una idea que no deja de sorprendernos.

Hicimos muchas fotos y pequeños clips de los diferentes momentos del evento. Esperamos que junto a los videos de todos los picnics, podamos tener un video que dé cuenta de la historia y del alcance de este proyecto y sobre todo nos sirva para inspirar a otros a que siga adelante y creciendo.

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Muchos de nuestros voluntarios tuvieron la oportunidad de leer con algunos de los niños, para mí fue imposible. Yo solo pude ver y sentir que el corazón se me explotaba al ver esta puesta en escena de haber cumplido la meta de lograr semejante convocatoria. De saber que ya no hay duda de que lo que estamos haciendo tienen un fin y un sentido mayor, que a veces es difícil poner en palabras y que solo el tiempo nos ha ayudado a dar cada paso.

Hace 4 años empezamos con 10 personas. Ahora reconocemos la importancia que tiene la lectura, su valor y relevancia en la vida de cada uno de nosotros y de aquellos a los que estamos tocando. También estamos en el camino de validar que tal vez sí somos más los que leemos más allá de las estadísticas porque nuestro secreto está en reconquistar el mundo con el amor por las palabras, las buenas historias desde el amor.

Un nuevo Picnic de Palabras desde Iqueque, Chile

Poco a poco nuevas ciudades se suman y comparten esta iniciativa. Iqueque, Chile, ahora tiene su propio Picnic de Palabras. Por: Marcela Riquelme

Picnic de Palabras en Iquique

El lugar de encuentro fue Playa Brava, desde las 17:30 llegamos con nuestros banderines que cruzamos de palmera a palmera, la tarde traía viento y así empezamos a recibir a nuestros primeros invitados. La primera en llegar fue nuestra amiga cuentacuentista Miriam, que venía premunida de sus historias para compartir al caer la tarde. Luego una familia se acercó a mirar y un señor con su perro nos contó las estrategias que tenía con sus hijos, ya mayores, para que leyeran, recordó junto a nosotros el Mampato y luego se despidió perdiéndose en la avenida.

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El tiempo iba pasando y luego llegó una sonriente mamá con su pequeña de tres años, con Frozen, su cuento favorito, debajo del brazo, pusieron su manta y comenzaron a leer. Mientras tanto, llegaron nuevos invitados, quienes fueron tomando ubicación en la playa, una pareja que iba a la playa a pasear se quedó con nosotros durante todo el Picnic hasta que cayó la noche.

Tuvimos la visita de Nicolás, actor y conocido cuentacuentista de la ciudad, quien llegó con su hijo , el Kamishibai bajo el brazo y una caja llena de libros del concurso Iquique en cien palabras de regalo, que nuestros hijos se encargaron de repartir entre los paseantes que ese domingo caminaban por la avenida Arturo Prat.

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Padres con sus hijos, lectores solitarios, madres e hijas, matrimonios, no visitaron y así dimos vida a este episodio lector y de imaginación. La lectura libre fluía, los invitados comenzaban a intercambiar libros y conversar, a leer en voz alta, los niños, entre que jugaban, leían y escuchaban, iban dándole vida al espacio que desde el cielo debe haberse visto como una pradera de múltiples colores por las mantas y los libros esparcidos en ellas.

Llegó el momento del kamishibai, hicimos un semicírculo y Miriam nos relató la historia del Condor y la pastora, fue pasando las ilustraciones que ella misma dibujó mientras el cuento avanzaba. Poco a poco el sol desapareció y en la hora del atardecer comenzamos a despedirnos, se fueron poco a poco los nuevos amigos del Picnic, prometimos volver a encontrarnos la próxima vez.

Puebla: dos experiencias en un mes

Crecemos como comunidad a lo largo y a lo ancho de países ricos en cultura e historia. Hoy nos acercamos a Puebla, ese lugar en México que tiene una fuerte herencia española en cada uno de sus rincones. Ahora Picnic teje historias desde uno de sus espacios verdes para contar y compartir con las familias nuestro amor por las palabras. Por:  Ludvila Ilustración, Rosario Ramirez, Javi Pedrito Castorilero

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Lugar: Parque Bicentenario Laguna de Chapulco. Puebla. México.
Mediación: Pedro
Fotografías: Yassel (invitada)

El día 8 de mayo pintaba nublado pero poco a poco el sol y la energía de Pepe Picnic hicieron que las nubes se disiparan y el cielo grisáceo desapareciera. En esta sesión se contó con la presencia de 12 comensales que participaron en un momento de lectura en familia. Una pareja que llegó muy entusiasmada al parque con sus hijos y sobrinos, a bordo de sus bicicletas, frenaron un momento sus vehículos para pasar un rato agradable compartiendo la lectura con los pequeños. Lo anterior generó una charla interesante acerca de los proyectos de fomento a la lectura llevados a cabo fuera de las escuelas. Idea que les fascinó.

Posteriormente se acercaron con cierta timidez una niña y un niño. Situación curiosa, donde el niño era de tan sólo 2 años y sentía ansias por querer aprender a leer. Tomó varios libros para que su hermanita se los leyera, posteriormente se acercó su padre para reforzar ese momento tan bello. Del otro lado del mantel se escuchaban las voces de otro padre leyendo y platicando con su hijo, acerca de algunos inventos y descubrimientos hechos por la humanidad. Amenazando muy apasionados con volver para el siguiente Picnic.

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El siguiente Picnic de mayo fue un día muy especial para compartir experiencias, con 35 comensales que nos visitaron.

En esta ocasión nuestros amigos de “La madriguera” nos acompañaron cantando y contando historias. Desde hacernos reír con la canción de “El feo” de Rockdrigo González, acompañado del cuento del “Grufaló”; hasta sacar nuestro lado más puro del corazón escuchando la historia del “pájaro del alma” asistido por la canción de “El colibrí” de Virulo.

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Momentos tan nobles que se expresan en risas, suspiros y lecturas que nos hacen crecer. Pequeños niños que llegan con entusiasmo y toman un libro con una inocencia tan sincera que se transmite a los adultos. Padres e hijos que enriquecen su relación estando un instante donde el gusto por la lectura se siente hasta en el viento del parque. Es así, como cerramos el mes de mayo, para seguir con el entusiasmo que desde un principio se ha generado. Agradeciendo a todos nuestros comensales chicos y grandes, y a toda la gente que nos apoya con su granito de arena.

El invierno en el sur se viste de sol y lluvia

Compartimos las historias de cada uno de nuestros Picnics de Palabras. Cada lugar tienen su voz, su acento, su estilo. Hoy llega Brasil, desde Rio de Janeiro, con la posibilidad de hacer Picnic después de varios domingos de lluvia. Por: Mariana Elena Pinheiro

Hoy finalmente tuvimos nuestro séptimo Picnic de Palavras. Después de muchas semanas de frío y lluvia, hoy el sol salió. Fue aún más especial, pues tuvimos la participación de una escritora de libros infantiles: Yohana Sanfer. Autora de “É de menino, é de menina”, cuyo libro trata sobre la dicotomía generada en torno de las cosas que son exclusivamente de niños, y las que son exclusivas de niñas. No tuvimos mucha asistencia, tal vez por la cantidad de fiestas que habían por allá, pero fue un encuentro maravilloso. Los niños estuvieron muy alegres, divertidos y a ellos les gustó que les leyeran.

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Inicialmente empezamos con dos actividades: la lectura en grupo del libro de Sanfer, con derecho a preguntas de los niños a la autora; hicimos una actividad de Lectura Creativa, en la cual usamos un libro que trabaja apenas con imágenes, sin nada escrito, y los niños nos ayudaron a inventar una historia. Fue una actividad muy chévere, pues todos participaron y quedaron encantados.

Por fin, los papás leyeron los libros con sus hijos y al final hubo una actividad de pintura, organizada por Yohana Sanfer.

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Para ver más fotos de este día las encuentran en la página de Picnic en Brasil: https://www.facebook.com/picnicdepalavrasbrasil/, así pueden mirarlas y comentarlas.