5 años y seguimos contando y soñando

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El pasado 3 de junio Picnic de Palabras cumplió 5 años, que celebramos el día domingo, desde el parque de Alcalá en Bogotá. En ciudades como Quito y Buenos Aires, tuvimos Picnic en simultánea. En esta oportunidad, sólo queríamos que el sol saliera. Fue un día lleno de incertidumbre, hasta que todos llegaron al parque y el sol, desde su lugar de siempre, abrió el cielo y se asomó a ver los libros.

Desde la distancia, he recibido por diferentes fuentes, lo lindo que fue este reencuentro. Este año la lluvia a limitado el salir al parque, así que solo el poder hacerlo es motivo de dicha y celebración.

Después de cinco años, es posible decir:

  1. Empezar este proyecto fue un reto, un sueño y un aprender a hacer en el día a día. Compartir una pasión y sobre todo un amor que se sigue multiplicando.
  2. Somos un Iceberg: porque puede ser un cliché y pasa, lo que se ve en la superficie, es solo un pedacito de todo lo que sucede debajo el agua. Resonar, tener eco, compartir, soñar, volver, cruzar los dedos para que salga el sol. Cambiar de voluntarios, sentirnos solos y en esos díasPicnic nos de señales para no dudar, confiar y seguir intentando.
  3. Picnic es el jefe, hace mucho concluí que es una fuerza de amor que cuando nos llega no nos suelta. Es más grande que todos, y cuando empieza a ser replicado por otros, aún a pesar de las dificultades, se manifiesta igual.
  4. La clave está en la continuidad en el tiempo, sabemos que la lectura es un proceso que apoyamos, empezamos, continuamos, propiciamos, antojamos, y sobre todo amamos.
  5. Queremos cambiar el mundo, solos no podemos, sumando fuerzas si es posible. Cada vez somos más, el crecimiento es orgánico. Hay cosas que funcionan, y sobre todo muchas que no. Son incontables las lecciones de frustraciones aprendidas.
  6. Aprender es la mayor lección de este proyecto: no podemos confiar en que sabemos algo. Cada experiencia es única, grandes Picnics, pequeños VIP, donde la lectura varía y las relaciones se fortalecen.
  7. Calidad vrs. cantidad, nos sentimos orgullosos: la clave está en los mediadores y en la lectura personalizada.
  8. Hoy podemos decir que nuestras pequeñas lectoras son muestra del empoderamiento que tiene la lectura en la vida de una persona. La lectura social permite que asistentes como Fernanda, una de nuestras lectoras más voraces, este domingo, teniendo 8 años, haya leído en voz alta delante de los asistentes. (Yo todavía a los 24 moría de susto de hablar en público.)

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9. Las familias vuelven, nuevos asistentes comparten un banquete de libros. Después de dos horas, todos salen con el corazón repleto, es domingo, y todos somos distintos. Hay una felicidad que flota, que nos hace pensar que el mundo puede ser distinto. Y con esto en el corazón regresamos, lentamente, a nuestra realidad, a la rutina, a la casa, al orden, con más historias, más palabras, más voz para hablar de nosotros.

10. Seguimos nuestros corazones en este camino que se llama Picnic, en este sueño, en esta realidad, de saber que si se puede hacer la diferencia. Hoy Picnic de Palabras representa un proyecto de lectura, un movimiento cultural, una comunidad llena de mujeres y hombres con los que sumamos 1 + 1 = todos.

Cada vez que hacemos Picnic, extendemos un mantel que es puente para jugar y leer. Sobretodo, para descubrir, entre las voces y el silencio de los otros, que nosotros, también somos libros con patas.

 

 

 

 

Una foto que dice: leer es para todos!

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Desde San Agustín, Huila, Arlex Francini ha venido realizando Picnic de Palabras por 4 años, articulado con la biblioteca pública. A pesar de las inclemencias del clima, hoy compartimos su historia con una foto que lo dice todo. Por: Arlex Francini.

El domingo 23 de Abril volvimos al parque infantil en compañía de voluntarios y con el apoyo de la biblioteca pública, después de muchos domingos desplazados por la amenaza de lluvia, tuvimos una gran tarde, con nuevos lectores y otros que nos recordaban o sabían que ya habían leído algunos libros que llevamos.

En esta oportunidad tuvimos una gran experiencia con niños que por su edad aún no conocen de letras pero sí de imágenes y fue muy agradable ver sus expresiones actuando, también se hizo vínculo de lectura con una Señora materna que está esperando mellizos.

En otro momento una niña estuvo muy aplicada escuchando la información que le transmitía una voluntaria estudiante de Ingeniería, sobre los planetas y experimentos. También fue muy agradable ver a un voluntario que nos acompaña cuando está en el pueblo, ya es un politólogo, leyendo el cuento de los tres cerditos.

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Unas niñas llegaron al final con maletines y bolsos y las invitamos a leer, pero ellas no querían que nosotros leyéramos que ellas ya podían hacerlo, entonces estuvieron un buen tiempo, cuando terminaron procedieron a lo que fueron al parque, a patinar. Es muy agradable volver al parque y generar un pequeño pero positivo impacto en la tarde de domingo en el pueblo, creemos que las personas valoran y extrañan esta actividad y eso es un motivo más para volver a leer para crear más historias

Picnic de Palabras y Fernanda

Por: María Angélica Plata

El 12 de febrero, retomamos Picnic de Palabras Bogotá.

Con unas galletitas llenas de estrellas (llamadas ‘Pan di Stelle’) que llevó para compartir, Amalia Satizábal endulzó una tarde llena de relecturas y gratas sorpresas.

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Durante la primera media hora y después del cierre, los integrantes del equipo de voluntarios (Amalius, Juan D., Andres, Andrea, Caro, Catalina) y una amiga de la-familia-Picnic celebramos la alegría del reencuentro conversando, riendo y leyendo. Entre nosotros y para nosotros.

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Una familia que ya nos había acompañado estuvo presente. Otra, almorzó en el parque (hizo picnic en Picnic) y se quedó a leer, a disfrutar del domingo. Y uno de los organizadores del proyecto ‘Lectura en movimiento’ nos acompañó un ratico, prometió regresar y propuso que participáramos en alguna de las jornadas de lectura en los medios de transporte público de la ciudad.

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Pero, sin duda alguna, lo más emocionante del pasado Picnic fue oír leer, en voz alta y libro tras libro, a nuestra querida Fernanda. ¿Sí la recuerdan? Es la hija menor del señor que vende helados en el parque y una de las razones por las que Picnic se lleva a cabo en Alcalá. Pues ese domingo “Tito y Pepita” (su favorito, que conoce casi de memoria) y “Un lunes por la mañana” (uno de los libros más queridos de Marcela) recibieron su mirada atenta, el desplazamiento de sus ojos emocionados, el contacto de sus manos, su respiración. Aunque no olvido que leía bajito, con cierta timidez, y que en varios momentos le pedimos que elevara el tono, pude reconocer su entrega, su concentración, su felicidad mientras compartía las historias con el grupo.

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Y ya que en esa tarde varios libros resonaron en diferentes voces y momentos, me gustaría cerrar este breve recuento con unas palabras de Juan David: “lo interesante de un libro no es leerlo, es poder releerlo siempre”.

Picnic de Palabras contado en 4 voces

El 4 de diciembre, para cerrar el 2016, imaginamos y dibujamos historias en compañía de Zorro+Conejo: laboratorio de arte y diseño para niños. Me disculpo por compartir hasta ahora la bitácora de esa fecha especial… pero confío en que llega “tarde pero a tiempo” (como solía decir Lorca).

Varias voces nombraron la experiencia:

Juan D. Rincón:
Un domingo más de Picnic de Palabras. Un domingo más especial que cualquier otro, por ser el último del año, porque quisimos recoger todo lo sembrado en un año de palabras, alegrías, risas, lágrimas, libros y despedidas que sólo son la promesa de futuros reencuentros. El último del año, pero también el primer domingo de picnic en que llegué al parque antes que nadie; el primero en que leí en voz alta desde hace un buen tiempo; el primero en que decidimos acompañar palabras con colores, con formas, con lápices, con tizas, con figuras… Fue un domingo de EXTRAÑAR en mayúsculas, fue un domingo más de leer y reír, de juego y fotografías hecho con el alma y las manos. Un domingo hecho con las voces y las historias de todos los que hacemos parte de esta maravillosa familia construida alrededor de las palabras.

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Amalius Satizabal:
Se llenó de niños, de niños de pocos y muchos años. Luciano, un pequeñito lector nos deleitó con sus expresiones y su amor por los dinosauros. Se nos acercó Juan José, un hombre de unos 50 años, quién devoró los libros en busca de dibujos hermosos, porque “yo no sé leer, pero dibujar sí puedo.” Encontró en los libros la inspiración para dibujarnos a cada uno un mensaje de paz.

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Catalina Laserna:
Dos voluntarias fueron en busca de niños al parque, una llevó a un niño y la otra llevó a Sara, la hija de Zorro, “adoración” de Conejo, los expositores del laboratorio de diseño y arte para niños y niñas. Sara estaba tan empoderada del proyecto de su madre que sabía perfectamente cómo seducir a padres y niños. Su expresividad atrapó la atención de varios pequeños. El grupo se hizo grande y mientras terminaron de reunirse todos, Amalia leyó un cuento de unos tigres que comían unos perros que salían por la cola. Juan y Amalia hicieron el gran y anhelado show de Tito y Pepita, lo cual atrapó la atención del público con mucha fuerza hasta que llegó el momento en que Zorro y Conejo se presentaron e hicieron la invitación de recorrer el espacio para dibujar con las diferentes propuestas: unos tableros circulares instalados en el piso haciendo las veces de hoyos, de donde podía salir cualquier cosa subterránea dibujada con tizas. Había rollos de papel en las cámaras fotográficas de madera y ahí el que quería hacía dibujitos para hacer una historia entre muchos dibujitos. Había tablas con papel para copiar imágenes de los cuentos de Picnic y había unas lupas para hacer microdibujos en cuadraditos de papel que con la lupa se aumentaban. Fue fascinante ver tantas posibilidades… ¡y ni hablar del momento en que llegó el modelo para dibujar en varias posiciones! ¡¡¡Era un escarabajo gigante!!!

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Caro Cove:
Fue un Picnic muy especial, en el que se notó la unión familiar de Sara, Alejandra y John. Me gustó mucho cuando Sara fue el modelo de escarabajo, que según Dani y Amalia era un dinosauro-rinoceronte. Porque cada quien tiene su punto de vista diferente a un objeto y de eso se trata el arte. Explorar, opinar sin ser juzgado. Un espacio que se llenó de creatividad inspirado por niños, adultos, juegos con las cámaras, las tizas, las lupas, los colores, las emociones.

Algo muy bonito fue regalar los dibujos hechos por uno a personas desconocidas. Se sintió una conexión súper linda. También recuerdo el dibujo que hizo Sara de Amalia con todos los detalles: el pelo crespo, el saco lleno de esqueletos de dinosaurios…

 

Tejidos de historias entre invitados y lectores

Fecha: 21 de agosto de 2016, Parque Alcalá, Bogotá. Por: Juan David Rincón

Domingo: De nuevo la esperanza de una tarde de lectura y la incertidumbre de si el día estará nublado o no, si lloverá o no. Pero como siempre, nuestra mejor forma de atraer el sol y hacer que un día nublado transmute en uno soleado, es sacando a pasear los libros: siempre es mejor verlos en un parque que en un estante.

Llegué algunos minutos después de las 2:00 p.m. al Parque de Alcalá, salí de la estación de TransMilenio y caminé hacia el sitio acostumbrado por el grupo para ubicar libros y manteles. Allí, ya estaban Marcela y Amalia. Empezamos a extender los manteles y a ubicar las cobijas y los libros. Los libros empezaron a convocar a las personas, a atraerlas. Catalina y Amalia se armaron de libros para ir a invitar a algunas personas que se encontraban en el parque. Y así empezó a juntarse un nutrido grupo de lectores, mientras los demás voluntarios iban llegando.

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A pesar de que cada uno de los lectores es un invitado especial a nuestros domingos de picnic, en esta ocasión teníamos un autor invitado. Se trató de Germán Izquierdo. Él es periodista y escritor y nos acompañó para contarnos acerca de su libro “La Cucharita: Historia de una canción”, publicado por Monigote e ilustrado por José Arboleda. Este es un libro muy particular porque nace de la investigación que él hizo sobre Jorge Velosa y su reconocida canción “La cucharita”. Para ese momento, ya había más de veinte personas reunidas en el espacio de Picnic. Germán empezó contándonos acerca de su motivación para escribir este libro y ante algunas de sus preguntas, muchos tuvimos que recurrir a la tarea de cantar los primeros versos de esta popular canción. Todo esto para recordar, por ejemplo, el material de la cuchara o el lugar en que se la regalaron a Velosa. Este libro también es especial porque recurre a un formato ilustrado, propio de los libros infantiles para contar una historia que fascina a grandes y pequeños, y eso es lo que hace que un libro sea sorprendente, según nos contaba el autor.

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Después de compartir la lectura en voz alta de este libro y de que el autor respondiera algunas preguntas, Mauricio Gaviria quien es el director de la editorial Monigote, nos leyó el libro “¡Chau!” de Edward van de Vendel y Marije Tolman. Esta es una historia sobre la capacidad de la imaginación para construir sueños y de compartir nuestros mundos fantásticos con quienes queremos. Marta es la pequeña protagonista que hace partícipe de sus sueños a su hermano quien sufre de pesadillas.

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Picnic es un espacio en el que todos nos integramos bajo la excusa de compartir un libro, y si lo podemos leer con amigos o en familia: ¡Mucho mejor! Una de nuestras pequeñas leyó para todos nosotros el libro “Formas” de Claudia Rueda. Su tarea no fue nada fácil pues este libro no tiene palabras, así que ella debía seguir la historia a través de las imágenes para reconstruir la historia, o más bien, construirla a partir de lo que el libro despertó en ella. Amalia Satízabal también compartió la lectura de varios libros, entre ellos “Zorro” de Margaret Wild y Ron Brooks (Ekaré), “Cosita Linda” de Anthony Browne (FCE) o “Este alce es mío” de Oliver Jeffers (FCE). Este último lo disfruté mucho, porque es uno de mis libros favoritos, no sólo de los que encuentro en Picnic, sino de todos los libros que conozco.

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Si al principio estábamos preocupados por las nubes, durante las lecturas hubo quienes se integraron al grupo de los que preferirían la sombra de los árboles, otros fueron de aquellos que disfrutaban de los magníficos rayos de sol que esta tarde de domingo nos regaló.

Este domingo de Picnic de Palabras nos permitió de nuevo integrar familias en torno al maravilloso acto de leer en familia. Vimos padres e hijos reunidos bajo un libro, a una pequeña que le leyó a los más grandes y a los grandes leyendo y riendo como niños. Cada libro despierta y motiva en quien los lee la capacidad de crear un nuevo mundo por descubrir y, sobre todo, compartir. Cada libro nos pone siempre a soñar: con la fantasía de sus páginas, con la felicidad de la voz que nos lo lee y con la promesa de un próximo descubrimiento de la mano de la literatura infantil.

Historias que nos habitan

Por: Marcela Escovar

La última vez que me hicieron una pregunta difícil: ¿Cuándo fue la última vez que lloraste de la felicidad? Fue difícil contestar, por todos los momentos que he tenido y que me han llegado al fondo del alma y sin querer irse.

Picnic de Palabras es sin duda una experiencia que me sigue explotando el corazón, ver cómo cada domingo se replica en diferentes rincones del mundo, en plazas y parques, demuestra el poder que tiene la voluntad para transformar. Creo en la lectura como una experiencia que es capaz de darnos un espacio para respirar, para estar en el mundo desde otras voces, realidades, tiempos.

Sobre todo, para mi leer es una acción en donde la empatía se revela, sin darnos mucha cuenta. Queremos a los personajes, porque nos identificamos con unos y tenemos conflictos con otros. En ocasiones nos recuerdan personas cercanas de nuestro mundo real a quien seguro les recomendaremos lo que leemos en algún momento. Las emociones y pasiones florecen y nos damos cuenta de lo vivos que podemos estar.

Así que para responder a la pregunta, tuve que hacer un barrio de historias, momentos, y encontré que eso me pasa sobre todo cuando me conmuevo. En la cuarta celebración del cumpleaños de Picnic de Palabras, donde sobre todo el clima fue totalmente incierto, todo resulto bien, y desde la frontera -como esos personajes que en los libros para niños son dibujados al borde, porque parece que no pueden entrar- pude observar a más de cien personas reunidas y felices alrededor de historias contadas en voz alta. Era magia, estábamos haciendo magia, algo pasaba ahí que era completamente fascinante, y que para mí es el alma de Picnic de Palabras.

Me conmueve y me hace llorar de la felicidad la capacidad que tenemos como seres humanos de generar experiencias en donde podemos tocar el alma del otro.

Celebramos 4 años de Picnic de Palabras

Empezamos los preparativos desde mayo, para celebrar el 4 cumpleaños de Picnic de Palabras. En esta oportunidad, teníamos como invitada a Amalia Low y al mago Ruben. En la mañana del domingo 12 de junio, nos reunimos con ocho de nuestros 10 voluntarios, porque dos se encontraban de viaje. Juntos alistamos un Picnic de Palabras 95% colombiano, porque se colaron libros de Hervé Tullet y Anthony Brown.

Almorzamos, repartimos las nuevas camisetas de Picnic de Palabras, y salimos juntos al parque. Desde las 2pm alistamos todo, y poco a poco fueron llegando nuestras familias. La meta 100 personas, suena exorbitante, teniendo en cuenta que en el último mes, y durante este año, por mal tiempo, hemos tenido que cancelar muchos Picnics, con un promedio de 30 personas. Esperábamos tres veces nuestra asistencia.

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Ese fin de semana tuvimos la oportunidad de salir en dos medios de comunicación, El Colombiano y la revista Arcadia. Estamos seguros que este despliegue en medios ayudó para que más personas supieran de nosotros. Entre todos nos organizamos, decoramos el espacio, les dimos la bienvenida a los asistentes y por esta vez hicimos algo diferente. Gracias al apoyo de cuatro editoriales tuvimos 25 libros para rifar entre las familias participantes. Esto hizo que el 90% de los asistentes saliera con un libro bajo el brazo.

A las 2:30 abrimos esta celebración con Amalia Low cantando el cumpleaños para Picnic de Palabras. Después leyó junto a Amalia Satizábal 4 de sus libros. En el intermedio tuvimos al mago Ruben que encantó a todos, y después de su presentación se sentó con un grupo de niños que lo retó a lanzar las cartas y adivinarlas más allá de los árboles del parque.

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Las familias compartieron, leyeron, se divirtieron. Vimos caras conocidas y muchas nuevas. Gracias a los registros, supimos cómo se enteraron del evento, quienes ya habían venido y quienes hasta ahora nos reconocían. El 40% ya había estado y eso nos permitió sentirnos en familia junto con amigos nuevos. Además, supimos que superamos la meta porque estuvieron 110 personas, ese día, bajo un sol radiante, cantando, leyendo y celebrando junto a nosotros una idea que no deja de sorprendernos.

Hicimos muchas fotos y pequeños clips de los diferentes momentos del evento. Esperamos que junto a los videos de todos los picnics, podamos tener un video que dé cuenta de la historia y del alcance de este proyecto y sobre todo nos sirva para inspirar a otros a que siga adelante y creciendo.

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Muchos de nuestros voluntarios tuvieron la oportunidad de leer con algunos de los niños, para mí fue imposible. Yo solo pude ver y sentir que el corazón se me explotaba al ver esta puesta en escena de haber cumplido la meta de lograr semejante convocatoria. De saber que ya no hay duda de que lo que estamos haciendo tienen un fin y un sentido mayor, que a veces es difícil poner en palabras y que solo el tiempo nos ha ayudado a dar cada paso.

Hace 4 años empezamos con 10 personas. Ahora reconocemos la importancia que tiene la lectura, su valor y relevancia en la vida de cada uno de nosotros y de aquellos a los que estamos tocando. También estamos en el camino de validar que tal vez sí somos más los que leemos más allá de las estadísticas porque nuestro secreto está en reconquistar el mundo con el amor por las palabras, las buenas historias desde el amor.

Lluvia o sol siempre serán la cuestión en Bogotá

Muchas voces se encuentran en Picnic de Palabras, en esta ocasión la historia de nuestro primer Picnic durante marzo fue recogida por: María Angélica Plata.

El invierno no ha llegado a Bogotá, aunque en ciertos días los Cerros Orientales desaparecen bajo un manto opaco, y ventea y llueve con fuerza. Bogotá, además, tiene varios microclimas que pueden transformarse caprichosa e inesperadamente.

A pesar del pronóstico del tiempo (tarde lluviosa), Marcela, Daniela y Yaco salieron al parque y organizaron el mantel, los libros, las cobijas. Cuando llegué, a eso de las 2:10 p.m., Marce y Yaco colgaban uno de los carteles y Daniela leía con nuestra querida Valentina. Andrea, otra de las voluntarias llego unos minutos después, descargamos maletas y nos sentamos para disfrutar de las historias. Varias familias estaban reunidas y, poco a poco, se fueron acercando más y más personas, por lo que comenzamos a abrir el círculo, a mover las cobijas.

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Me quedé al lado de nuestra querida Fernanda y leímos juntas. Como he comentado en otras ocasiones, “Tito y Pepita” es uno de sus libros más queridos: lo conoce de memoria pero siempre se sorprende y siempre quiere regresar a sus páginas. También escogió “Lucas”, de Tony Bradman e ilustrado Tony Ross, y yo le pedí que acercara uno sobre la lengua que ninguna de las dos conocía. En una de sus idas al mantel escogió muchos libros, como cinco o seis (“Tito y Pepita” estaba por ahí, de nuevo), y verla con las manos llenas nos hizo reír. Recuerdo que junto a Andrea reconstruyó la historia de “El lápiz”, de Paula Bossio, y de igual manera los rumores de las lecturas que Fernanda y Daniela compartían. Solo ojeé los rostros cercanos, por lo que no puedo hablarles de las demás familias. Eso sí: me parece ver a Marce recorriendo el espacio y tomando algunas fotografías —que de seguro mostrarán los demás movimientos de la tarde.

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Dipacho —autor de “El niño gato”, “Dos pajaritos”, “El viaje de los elefantes”, “Jacinto y María José”, entre otros— era el invitado. Más o menos faltando un cuarto para las tres llegó y también Juan David, otro voluntario. Y la lluvia se presentó. Unas pocas gotas grandes hicieron que algunas personas sacaran sombrillas y que la mayoría buscara en las nubes señales de lo que pasaría. Las gotas que cayeron a continuación (más grandes y con mayor frecuencia) nos obligaron a recogerlo todo a las carreras. Más sombrillas aparecieron para proteger libros y cabezas. Tampoco olvido la imagen de Marce diciéndole a las personas, en medio del sonido del agua, que nos veríamos dentro de quince días y menos los gestos de tristeza de las familias, que comenzaron a salir del parque buscando refugio. Dipacho dijo que regresaría pronto.

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Diluvió. Escampamos en la casa de Marcela. Tomando algo calientito, limpiamos libros y pensamos en otros posibles espacios para que Picnic de Palabras se desarrolle cuando el invierno regrese a la ciudad. Al hablar de lo ocurrido y reír el corre corre, una vez más reconocimos que el clima pone las reglas de juego. A pesar de que la lluvia haya hecho que Picnic terminara antes de lo esperado, antes de que Dipacho compartiera en voz alta sus historias, el poco tiempo en que lectores y libros se encontraron fue significativo y puedo asegurar que a todos nos regaló risas o sueños y ganas de seguir siendo parte de la familia que es Picnic de Palabras.

Atando historias desde Ciudad Bolívar, Bogotá

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CUARTO PICNIC: Encuentro con Amalia Low
Diciembre 6 del 2015
Por Wendy Velásquez
Este fue uno de mis días más caóticos del mes, era una fecha muy especial porque vendría el equipo de Picnic Parque Alcalá a visitarnos, y traían a nada ni nada menos que a Amalia Low!!! Llamadas, corridas, carro tras moto y moto tras carro, en fin una odisea para recogerlos pero al final llegamos juntos al barrio. Cambiamos por esta única vez el lugar del picnic, no lo hicimos en el pequeño espacio del parque de concreto -no cabíamos todos- sino que lo hicimos en una zona verde en recuperación frente a la casa cultural -gracias totales a Mauricio y su equipo-.
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Nos acomodamos, extendimos nuestras sábanas y empezamos a leer; nos trajeron muchos regalos, Amalia fue muy tierna y nos dio sus libros con un bonito moño de regalo. Los niños fueron los que destaparon afanados los libros nuevos y ponían cara de sorpresa cuando les decía que ella los había hecho, también nos trajeron unos cuantos de Claudia Rueda lo que agradecimos infinitamente ya que no teníamos libros en cartoné para bebés. Tras esto y sacar los nuestros reunimos suficientes para empezar a leer, se los devoraron. Tanto así que fue un poco difícil convocarlos tiempo después para las lecturas en voz alta de Amalia y su maravilloso ukelelé. Fue un espacio maravilloso canciones iban y venían, versos y risas, sus libros en formato enorme y los pequeños rotando era de los más maravilloso, fue un encuentro significativo tanto para los niños como para mi, el picnic tenía risas, lecturas y palabras, los esfuerzos estaban completamente justificados.
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Tras compartir las lecturas en voz alta de los libros de Amalia regresamos a los demás libros, se sumaban niños y algunas mamás, unos chicos se quedaron con ellos maravillados por el instrumento, otros fueron a dar a los brazos de doña Leo y otros a los de Yaco, Daniela y Marcela, a mis brazos cayó una chiquita que con ojos enormes que se concentraba lo que más podía en la lectura.
Tras un buen rato recogimos nuestras sábanas y sonrisas empacamos los libros y sorpresivamete recibimos un montón más, no podía de la dicha.

Lecturas y libros, Picnic de Palabras y Librosbarco, Medellín, Colombia

En cada lugar Picnic de Palabras es adoptado y adaptado a las ideas que lo rodean. En esta oportunidad, se tejió una alianza con la Fundación Librosbarco. Por: Manuela Molina

La alianza con al Fundación Librosfoto 5barco culminó en uno de los mejores picnics que hemos tenido hasta el momento. Así pues, llegamos al Jardín Botánico, lugar acordado previamente, a eso de la 1:30 p.m., en donde estaban llevando a cabo Mercado Verde, el evento propio del primer Domingo de cada mes. Nos ubicamos en un principio en la parte de atrás del Patio de las Azaleas, pero para mayor comodidad salimos a la manga y una vez ya había unos cuantos niños con sus padres, comenzó a llover y tuvimos que desplazarnos nuevamente a dentro a esperar a que escampara y allí terminamos quedándonos.

José Manuel, Edwin y Natalia de Librosbarco llevaron 70 libros que organizaron encima de una mesa, la cual convocó a tantas personas que no quedó un solo libro. Mientras adultos y jóvenes visitaban su puerto de libros, niños y niñas visitaban el mantel de Picnic y decían ¡Sí! A leerse uno y otro y otro libro, todos acompañados de su familia pasaron una tarde agradable acompañados de mágicas historias.

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Samuel y su hermano Miguel, a pesar de que no sabían leer, dejaron que les leyéramos muchos libros y Samuel, sonrió una vez terminamos de leer “El ladrón de gallinas”, porque conoció un poco de lo que es el amor. Por otra parte, Juan Camilo se acercó a un niño que leía con su madre y le dijo que al final de leer el libro que tenía en sus manos le dijera a su mamá lo mucho que la quería al igual que el protagonista del libro.


Sin importar la lluvia, 58 personas y un globo se unieron con nosotros a leer durante toda la tarde. Fue uno de nuestros mejores picnics en cuanto a la asistencia y a la recepción que tuvo la gente frente a la propuesta. Era emocionante ver la cara alegre de todos los niños, porque compartir un rato haciendo algo que no hacen comúnmente acompañados por sus padres, que también se iban mucho más felices después de haber participado de la actividad.

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