Lectura, poesía, canciones: hilos para tejer una comunidad de lectores

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Por: Pato Pereira.

Muchísima gente en la plaza. Mucha gente nueva pero también gente del barrio.

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Me acompañó la invaluable ayuda del ingeniero que llegó más tarde cargando maleta y mate. Se había comprometido el pequeño a ir con nosotros pero le agarró una siesta de último momento y no quise despertarlo. La plaza estaba llena de gente, eso pasa a veces. Era un día soleado, no tan cálido porque se está acercando el otoño… así que la gente aprovechó para salir a la plaza.

En cuanto echamos a volar los manteles se acercaron varios lectores a curiosear. Escuché por ahí un comentario “llegó el picnic de libros”, así que supe que era gente conocida. Un grupo de niños inquietos empezaron a curiosear, compartendo lecturas…

Seguimos invitando gente a acercarse, leimos, les recomendamos libros (nada que me guste más que recomendar un libro y ver que ese libro encontró un huequito en el corazón del lector).

Como ven en las fotos, no solo los niños leen, los grandes también…

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Es especial cuando me encuentro con algún pequeño lector que ya conozco hace rato, eso pasó con Bauti, el fanático de “Un lobo así de grande” que volvió después de unos meses sin verlo. Hace más de un año que lo veo en la plaza así que imaginénse lo chiquito que era. Leyó Lobo de FCE y luego se entretuvo con la Bruja Berta y El tesoro escondido del capitán Tifón… El hermano ya está tan grande que casi no lo reconozco, y ahora llegaron con una hermanita de meses ¡que espero nos siga visitando!

Al final regalamos poesías para llevar, y terminamos con un pequeño recital en donde compartimos primero poesía, Cocorococó, A lo bestia, y terminamos con el cuento de Finn Hermann…ante el pedido de algunos niños que lo habían visto por ahí…

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Como colofón, los invitamos hoy a soltar un libro en el barrio, para que se encuentre con un lector sosprendido, y acrecentemos esta comunidad lectora que crece, lenta, pero firme y pertinaz en mi barrio de Florida.

Los libros se retiraron satisfechos, el clima nos ayudó, y colorín colorado este picnic terminó…

Picnic y el verano

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Por. Pato Pereyra

El clima nos va marcando un poco, el color de cada picnic. Hay picnic, grises en invierno, hay picnic brillantes en verano, o florecidos en primavera. Pero también, cada Picnic, cada encuentro con libros, tiene su propio clima.

Habíamos cancelado dos veces por lluvia, así que los libros y yo estábamos ansiosos.

Nomás llegar vimos que la plaza estaba desierta, había llegado a 40°C de sensación térmica, y la gente se quedaba en casa.

Me acompañó mi marido que me ayudaba a acarrear los libros, porque todos los otros ayudantes tenían sus propios compromisos (se habían metido a la pileta).

De a poco empecé a acomodar los libros sobre los manteles, cuando reconocí a esta madre con su hija, que ya habían venido en otra oportunidad. Me acerqué a invitarlas, (estaban en el sector de juegos) con un libro en mano, que recordaba que la pequeña había disfrutado.
Estaba con un vestido largo, a pesar del calor, violeta, como de princesa. Era una princesa.

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Como ven, de a poco se fue acercando a buscar más libros, algunos me dijeron que ya los conocía, y otros se los ofrecí para ver si le gustaban. Iban y venían los libros que compartía con su madre.

Al rato llegó una familia de 5 con dos perros, y los invité a participar. El padre me dijo que leían todos los días, entendí que no era el momento de leer …así que me alejé… Aunque volvimos a hablar cuando les ofrecí caramelos como hago siempre en algún momento de la tarde.

A medida que la tarde languidecía, la temperatura, un poco más soportable atrajo a otras familias. Un papá con dos nenes, que no sabía del Picnic, se entusiasmó y se acercó a leer con sus hijos.

Con esa familia leimos hasta el final varios libros. Llegaron también otra madre con dos hijos, que ya conozco de Picnic anteriores, se sentaron en las mesitas y miraron algunos libros. El hijo mayor, tendrá unos 12 o más, y lo conozco hace más de dos años. Una vez lo ví leer un libro de poesía de cuentos clásicos, Blancanieves y otras historias. Me sorprendió esa lectura, porque otras veces había elegido cuentos de misterio o terror. Cuando me acerqué a hablar con él me dijo que estaba buscando un libro para su hermanita. Ahora le leí a su hermanita.

Ahí subidos al mástil, un lugar un poco incómodo, abrazados al padre, porque era ahí donde querían estar, leimos y jugamos con Estaba la Rana y Un lobo así de grande.

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Al terminar, cuando todos se despedían agradeciendo, se acercó esa familia numerosa que había estado en los juegos mientras leiamos (aunque los perros venían cada tanto a saltar sobre los libros muy divertidos, es más uno salió en la foto), y la mamá me preguntó por la actividad. Le dije como buscarnos en facebook, que venimos una vez al mes, y dijo que la próxima iban a venir sin los perros…

Al final mi hijo más pequeño, también me acompañó en la plaza, de su autoría son las fotos que pude compartir en donde les estoy leyendo. Lo curioso, es que como hacía poco nos habían hecho una nota en un diario local, mi familia me decía que la plaza se iba a llenar de gente, y eso no pasó. Hemos tenido picnic de 30 personas o más, y en este apenas habrán llegado a 10 concurrentes. Pero el éxito del picnic no se cuenta en números, sino en encuentros, y en continuidad, es un logro para mí ver crecer a los niños del barrio, entre libros.

Fue un picnic cálido, como el día, pero intimista, como si no importara que estuviéramos en la plaza, un ambiente público y abierto. Como todos, un picnic especial.

Nuestro primer nuevo Picnic 2017

A veces pasa que en Picnic de Palabras se entretejen historias de vida, de recuerdos y de otros, para seguir conectándonos a través de los libros de literatura infantil, que tienen en si mismos algo de magia. Por: Laura Godoy

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Me crié en una casa que no tenia libros, o había muy pocos. El primer libro que me compraron fue a los 7 años. En la escuela nos pidieron un libro para trabajar en clases “ El churrinche” de Laura Devetach. ¡Fue todo un lujo para mi familia! Libro que conservo y aun recuerdo el día que la maestra los repartió. Nos indicó cómo tomarlos y cómo tratarlos porque eran algo frágil.

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Luego con el paso de los años en la escuela primaria tuve la suerte de encontrar algunos más. Cada vez que mis compañeros llevaban a la escuela un libro. Se los pedía prestado y los leía en el recreo. Me acercaba a los libros de prestado. Siempre: De mis compañeros, de la biblioteca de la escuela o de mi ciudad. ¿Por qué cuento todo esto? Porque creo que con Picnic de palabras me reencuentro con esa niña que fui y devuelvo la oportunidad que se me presentó a los 7 años, que luego busque y sigo buscando a mis 31. Y encontré gente que, como yo ama el poder que te da la palabra y las infinitas oportunidades, infinitas oportunidades de lo nuevo.

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Y en este primer Picnic fue todo nuevo. Para nosotras y para los lectores que se acercaban tímidamente. Hacía mucho calor así que cuando llegamos había poca gente. Desplegamos los manteles y los libros y nos fuimos a invitar a la gente a que se acercara. Los padres nos miraban raro, no entendían mucho ¡Pero los chicos no necesitan entender! Se acercaron y algunos eligieron un libro y otros, todos.


Qué lindo fue ver a familias leyendo, a chicos buscando con sus ojos qué leer. Me quedo en particular con un chiquitín que no llegaba a los tres años y abrazado a un libro le pedía a su mamá llevarlo a su casa. Nosotras nos trajimos a nuestras casas a él en la anécdota del primer Picnic.
¡Gracias por la oportunidad!
Picnic Burzaco

Historias para todos bajo el sol

Nuestra motivación: contar historias y que lleguen a todos los rincones del mundo. Hoy compartimos un Picnic de Palabras desde: Cte. N. Otamendi – Gral Alvarado – Pcia de Buenos Aires, Argentina. Por: Mirta Acosta

El domingo 23 de octubre despertó con los primeros rayos de sol, entibiando la mañana. Las redes sociales fueron testigo de nuestro afán de reclutar nuestros amigos, para compartir este picnic, especial. Alrededor de las 14.30 hs comenzó la recorrida para rejuntarnos y equiparnos de todo lo necesario. Ansiosas llegamos al Paseo. Todo el verde, el sol y la gran cantidad de personas que allí había en los juegos recreativos, nos animaban a buscar el lugar justo para asentarnos.

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Como cada encuentro, el lugar fue el más atractivo a nuestros afectos y a lo que el reparo no propiciaba. Se colgaron los banderines, se desplegaron manteles, las valijas con libros fueron ocupando sus lugares, y nuestros primeros amigos fueron llegando.

Otros que esperaban el colectivo con rumbo a ciudades vecinas, también se acercaron para conocer la propuesta, nos preguntaban y estimulaban a seguir con la misma. Mientras ordenábamos el lugar, algo de viento empezó a soplar, pero nada impedía la curiosidad y la exploración de los textos,… ¿se venden? Consultaban unos, ¿es sin compromiso? interrogaban otros. Ninguno se podía perder la posibilidad de tomar un libro.

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Muchos asistentes: mamás, hijos, abuelos, tíos; todos se acomodaron al sol o algún reparo de sombra, libro en mano y compartieron el mate que tanto nos une…más de 50 personas, coparon la plaza. Alrededor de las 15.30 llegó nuestra invitada, nuestra querida y admirada Adelina Galliti, quien con gran asombro nos volvió a contagiar con su magia, ansiosa de contar y de compartir.

Comenzamos a acompañar a los que llegaban, tentadas en sugerir libros a los comensales. Minutos mas tarde salimos a invitar a las familias del parque a compartir las historias que nos relataría Adelina. Asi fue que a las 16 hs, la cuentera con su tambor, comenzó a llamar a la ronda de cuentos.

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-¿Quieren escuchar historias? – Preguntó. Y ante la respuesta de los presentes… Pájaros que buscaban su libertad salieron a través de las historias y un elefante travieso que invitó a jugar a los grandes y pequeños… todos con gran estupor siguieron cada palabra…

Con el aplauso al final segui otro y otro. Nadie se movía del lugar, terminó la ronda de cuentos, el mate siguió pasando de mano en mano. Whattsapp radio (Emisora local) con su programa “Sexto nos cuenta” no fue indiferente, una alumna de 6TO: grado de la EP N°7 Domingo F. Sarmiento, entrevistó a la narradora para su próximo programa radial.

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Luego despedimos a nuestras voluntariosas compañeras que partían rumbo a Mar del Plata. Fue Una tarde única, con muchos espectadores, grandes curiosidades y maravillosas historias. El frio empezó a abrigarnos y nuevamente los libros a las valijas para prepararse a un nuevo encuentro.

El sol nos encuentra reunidos en la plaza

Contamos historias para compartir lo que no se ve detrás de mil fotos que registran cada domingo, en diferentes lugares, lo que sucede en Picnic de Palabras. En esta oportunidad desde Florida, Buenos Aires, Argentina. Por: Pato Pereyra

El domingo tuvimos nuestro Picnic en Florida , Bs As, Argentina. ¡Hubo mucha gente! Somos pocos voluntarios, la plaza es chiquita, así que tener como 30 personas circulando nos parece una multitud. Acá el invierno se hace sentir, así que cuando sale el sol la gente aprovecha para salir a la plaza.

El domingo salió el sol, muchos salieron y de casualidad nos encontraron, pero también varios ya nos estaban buscando. Como estaba sola al principio, tuve que pedirle a mi hijo de 14 que me acompañara para llevar los libros. Había armado una guirnarla de globos, pero en las 3 cuadras de caminata se enredó toda y quedó un adorno un tanto diferente a como lo había imaginado.

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Apenas al llegar, se acercó un chico que reconocí de Picnics anteriores. Santino se llama, y se ofreció a acomodar los libros. Es como si se sintiera “de la casa”. Mientras íbamos acomodando, alguna gente se acercaba a preguntar que hacíamos (lo de siempre si se venden), y se sorprendía de nunca habernos cruzado en tantos meses de Picnic. Otros volvieron después de haber compartido con nosotros en otros Picnics anteriores, así que buscaban sus libros y se ponían a leer.

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Una mamá me dijo que su hijo siempre que venía tomaba el mismo libro (La bruja Berta), y ahí estaba en medio de los juegos muy ensimismado leyéndolo en voz alta, como si fuera la primera vez. Santino en un momento me pidió papel y lápiz porque quería escribir una historia. Así que se fue a las mesitas y en una muestra de inspiración y determinación que envidiarían varios escritores, la escribió en la hora más o menos que estuvo en el Picnic.

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Con formato de comic, se titula “El sientífico Jackson y su robot recoge manzanas”. Al terminar el Picnic nos juntamos porque el quería leernos la historia a todos. Así lo hizo, y al terminar, se la pedí para traérmela y disfrutarla con más tiempo, eso lo desconcertó. Se quedó pensando, y al final me lo permitió con el compromiso de que se la devolvería el próximo Picnic. Santino su madre y su hermano fueron los últimos en irse de la plaza, cuando ya oscurecía.
En el medio, hubo tiempo para volver a contar historias. Aproveché que había bastante gente, y un lugar al sol y leí “José Tomillo”, “¡Es hora de dormir papá!”, “Los secretos del abuelo sapo” y “No cualquiera pone un huevo”, una historia de una escritora amiga argentina llamada Iris Rivera. Una nena muy pequeña me escuchaba atentamente, aún algunas que pensé que no le interesarían por tener más texto y menos ilustración, también algunos grandes escuchaban atentamente (aunque sus hijos ya se habían ido a los juegos o a otro lugar de la plaza), y Santino corría de un lado a otro, porque quería escuchar pero también terminar su historia antes de irse.

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Les dejo el cartel que armé contándoles a la gente de la plaza porque era un Picnic de Palabras especial. Antes de irse, varios dejaron su nombre anotados en corazoncitos que pegamos, como un saludo para la gente que allá lejos festejaba en su propio Picnic de Palabras. Fue un Picnic, como todos sorprende, y cálido, a pesar del frío que nos acecha en Buenos Aires.

Eso que se siente y es innombrable: felicidad

El clima hace de las suyas en cada rincón donde se encuentra Picnic de Palabras. En esta oportunidad ya está llegando el otoño, hace frío y por fin hubo un poquito de sol que motivo a las familias y a Picnic a salir de nuevo al parque. Por: Selva Bianchi

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Ayer tuvimos nuestro Picnic  de Palabras en San Cristóbal. Este año el clima nos está complicando los encuentros. Por suerte ayer, a pesar del frío, el sol nos dejó un par de horas para disfrutar. Había bastante gente en el parque, quizás por esa cantidad de días sin salir… Vinieron vecinos que habían estado hace mucho tiempo, y otros nuevos que se enteraron por facebook y por un aviso que estoy publicando hace un tiempo en una revista.

Tuvimos como invitado especial a Alexiev Gandman, un ilustrador y diseñador gráfico que los chicos conocen también a través del programa Art Atack porque allí dibuja con elementos no convencionales (telas, brillantina, cajas, arena). Nos contó sus aventuras en el set de filmación, algunas anécdotas graciosas otras de los contratiempos que tiene cuando deciden filmar al aire libre. También nos mostró sus libros, algunos de ellos escritos e ilustrados por él.

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Leyó para todos y leímos entre todos. Vino una familia completa trayendo libros de Alexiev que no estaban en el picnic y nos contaron cómo los disfrutaron aún cuando los chicos no sabían leer. Los compartieron con todos los presentes y después le pidieron al invitado que se los firmara. Alexiev vino con sus hijas y su esposa que también es escritora.


Nuestra colaboradora Zaida estuvo leyendo con su hermosa tonada colombiana y enamoró a varios pequeños lectores. Una de ellas, estuvo hasta que su papá decidió que era hora de irse y no pudo terminar el último de los libros.

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De repente se escuchaba a una nena llorar a mares y a su familia tratando de averiguar lo que le pasaba. Sucedió que había aquejado el libro inconcluso y se tenían que ir. Entonces nos dijo cuál era, lo buscamos y por primera vez aceptamos que se vaya en préstamo hasta el encuentro de junio, con el compromiso de volver y traerlo para que otros lectores lo puedan disfrutar. Se fue muy feliz.

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Dos chicos de familias distintas querían leer el mismo libro y llevarlo a sus mantas. Como había que esperar el turno y nadie aceptaba acordaron juntarse y leer al mismo tiempo. Una nena se acercó al final para saludar y emocionada nos contó que había leído ocho libros.

Pasamos una hermosa tarde. La cámara de fotos se quedó sin batería y Anita tuvo que terminar el registro con el celular, por eso hay fotos de peor calidad. Fuimos aproximadamente 37 lectores.

Historias para acompañar una fractura desde Buenos Aires

Por: Selva Bianchi

El 24 de enero tuvimos el primer picnic del año en San Cristóbal. Fue la primera vez en más de dos años que tuve miedo de no poder hacerlo. Durante la semana tuve una fractura en el tobillo y coincidió con que casi todo el equipo está de vacaciones. Como en esta sede siempre tenemos invitado especial y combinar fechas es muy complicado, sumado al hecho de que ya lo habíamos anunciado, fueron unos días de incertidumbre. Mi mamá ofició de fotógrafa y mi esposo de chofer y cebador de mate.

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Finalmente se pudo realizar. Llegamos muy temprano al parque, hacía tanto calor que las pocas personas que había estaban jugando al agua en una fuente. Naturalmente yo no podía darme una vuelta para convocar gente y tampoco quería molestar a mis dos ayudantes a los que ya había vuelto medio locos. Así que desde el mantel traté de enganchar a los chicos que veía cerca. Así fue que pasaron unos adolescentes que venían a jugar al fútbol y los invité sin mucha esperanza. Para mi sorpresa aceptaron y recorrieron desde las historietas hasta los libros para los más chiquitos. Después de un buen rato se fueron a jugar y uno de ellos decidió quedarse hasta el final viendo los trabajos de la invitada.

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Eva Mastrogiulio es diseñadora gráfica e ilustradora. Trajo sus trabajos originales y los libros impresos. Hablamos de cómo dibuja, de técnicas y también leímos en rueda algunos de sus libros. Una nena de 8 años a quien le costaba leer en voz alta fue la que más insistió, incluso leímos cuentos de otros autores. Su mamá se sumó a la rueda y su papá se quedó en un costado leyendo. Al final del encuentro, el señor me dijo que se había enganchado un montón con las leyendas griegas “y eso que no me gusta leer” agregó.

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En un momento Eva se lamentó de no haber traído papel y lápiz para dibujar. Yo tenía tres marcadores y una birome. Entonces les preguntó a los chicos si querían que hiciera un dibujo. Todos aceptaron y una nena de 6 años empezó a improvisar un cuento sobre un gato. Eva comenzó a ilustrar la historia que iba creciendo con preguntas que le hacíamos a la nena. Ella muy entusiasmada fue contando con detalles y Eva fue invitando a los chicos a sumarse a la ilustración que terminó siendo de creación colectiva. Al final hizo un sorteo con uno de sus libros. Eva quedó tan contenta que prometió volver a visitarnos con sus hijos.

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A pesar del calor hubo bastante concurrencia, fuimos en total 27 personas. Como broche final, se acercó un señor que había estado al principio con su hija y luego no volvimos a verlo. Se había ido a los juegos con la nena y uno de nuestros libros y al ver que nos preparábamos para irnos se acercó a devolverlo diciendo que aún no había podido terminarlo pero que venía para el próximo encuentro.

Hay espacio hasta para el teatro, San Cristóbal, Buenos Aires, Argentina

Nos movemos en el tiempo y en el espacio. Hoy compartimos nuestra historia desde San Cristobal, Buenos Aires, Argentina. Por: Selva Bianchi

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Coincidió con el festejo del día del niño. La plaza estaba especialmente repleta, llena de puestos de comida, juegos inflables y bandas de música que habitualmente no se ven en este lugar. La cantidad de asistentes al picnic no se modifica sustancialmente por la afluencia masiva de gente al parque. Picnic tiene su propio público, alguno que pasa y se engancha con la propuesta, otro que nos conoce y viene a buscarnos.

Así como el picnic de agosto estuvo cerca de la poesía, esta vez vino de la mano del teatro, gracias a nuestra invitada: Florencia Aroldi, que no sólo es actriz sino que escribe teatro para chicos en una versión no comercial o al menos no como la que suele verse en cartel.

Florencia vino acompañada por su familia, su pareja es actor y una amiga narradora que ha trabajado en alguna de sus obras.

picnic 6Trajo muchos ejemplares de sus libros que nos ayudaron a armar una rueda de lectura de teatro y que al final regaló generosamente a todos los chicos. Nos pidió presentarnos a todos y gracias a eso descubrimos que había muchos chicos entre 6 y 11 años. Así que pudieron tomar los distintos papeles. Los adultos se fueron sumando y en un momento formamos una rueda muy grande de lectores de un mismo texto. Hubo chicos más chiquitos que siguieron seleccionando otros libros y Ana, nuestra amorosa colaboradora colombiana, se dedicó a leerles a los que no querían participar en la rueda.

Algunos chicos comentaban lo que sabían del teatro, por ejemplo que tiene que haber un conflicto, qué significa dar el pie, qué es una escena… A mi me tocó el rol de las acotaciones, y hubo personajes que se fueron compartiendo por varios lectores e incluso se leyeron al unísono.

picnic 1Fue una tarde hermosa y creo que lo mejor es este texto que posteó Florencia en su muro, compartiendo las fotos: “Me siento muy feliz por haber compartido ayer, tal vez una de las experiencias más hermosas y conmovedoras que he vivido hasta esta página de mi almanaque. El teatro me brinda una vez más la posibilidad de encontrarme con seres humanos gigantes, de poder coincidir en un solo lugar con mi ser niña, ser hija, ser madre, ser escritora, ser amiga, ser mujer, ser lectora esto significa un “bingo” en mi alma que me fortalece y enriquece. Coincidir en un mismo espacio con otras personas en esta “rayuela” de tiempo de las que solo conozco su nombre y su risa es algo invaluable. Gracias Picnic de palabras Argentina por hacer posible la magia del encuentro. Gracias por fomentar e impulsar la lectura en general y del teatro en particular, hábito poco usual, por cierto pero que está expandiendo por la infatigable tarea que realizan. Muy rico todo!”

Cantidad de participantes:55