Primer domingo de mes

Por: Juan David Rincón

Primer domingo de mes. Las palabras “Picnic de Palabras” ya llevaban varios días escritas en mi organizador. Llegué a la casa de Marcela Escovar, nuestra directora, tras un corto recorrido en bicicleta por la carrera 19. Ese día no haríamos un Picnic como los otros, básicamente por dos motivos: Sergio, Manuel y Sofía estarían en su primer Picnic como colaboradores; también porque haríamos lecturas en varios idiomas. Este sería un Picnic muy especial.

Así que, en primer lugar, llegué a casa de Marcela y con ella les hablamos a los chicos acerca de qué es Picnic de Palabras, cómo lo realizamos y por qué creemos en este sueño que nos motiva y que ha mantenido despierta a tanta gente durante más de cinco años.

Tras esto, nos encargamos de escoger los libros que llevaríamos. Este momento fue, más que nada, una sesión de lectura, una especie de Picnic previo, porque nos dedicamos a leer y releer una gran cantidad de libros. Ya que Sergio, Sofía y Manuel se están sumergiendo en el mundo de la literatura infantil no dejaban de sorprenderse con muchos libros que veían por primera vez, si bien cada uno de ellos tenía sus propios referentes y sus propias lecturas capaces de devolverlos a la infancia con solo abrir un libro.

Después de la selección, mediada también por esa charla introductoria acerca del trabajo que hacemos en Picnic de Palabras, alistamos todo lo necesario y salimos hacia el parque de Alcalá. Cuando llegamos y bajamos las bolsas con los libros, los manteles y nuestro pendón, empezó a llover. Así que tuvimos que volver de inmediato. Al volver, nos encontramos con Catalina y su mamá, quienes esperaban llegar al parque y asistir a Picnic, pero debido a la lluvia se acogieron a nuestro plan B.

Una vez en casa de Marcela nos pusimos a leer diversos libros. Diana Escovar, por ejemplo, leyó para nosotros La sorpresa de Sylvia van Ommen y la mamá de Catalina nos compartió la lectura de Los tres cerditos de David Wiesner. Los pequeños Santiago y Martín fueron los más lectores y recomendaban a los demás qué leer y por qué; así que yo fui uno de los que decidió hacer caso a sus sugerencias y quedé sorprendido con varios de los libros que leí y que no había visto antes como Art y Max, también de David Wiesner. Los libros iban pasando de mano y mano y todos empezamos a hacer montoncitos con esos libros que queríamos leer y devorar. Afuera llovía, incluso tronaba, pero nosotros estábamos bajo el refugio de los libros, una taza de café caliente y de una grata compañía.

En realidad, esta bitácora iba a hablar de otra cosa, iba a ser sobre qué pasa cuando no hay Picnic de Palabras (por motivos, como la lluvia, que impiden la actividad al ser en espacios abiertos), pero en realidad descubrí que habiendo alguien que lea y con quien leer siempre es posible que suceda Picnic. No importa el lugar, ni los modos. Nuestro plan B resultó ser una magnífica experiencia de lo que pasa cuando realizamos Picnic en sus condiciones convencionales (que de cualquier modo siempre escapan a la convencionalidad y ahí está su potencia): nos reunimos a conocer y conocernos con la excusa de los libros como motivación de ese encuentro y como el detonante de lecturas, sorpresas y risas. Abrir libros y leerlos así afuera el cielo también se abra y caiga un gran chaparrón.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s