Pasa el tiempo, y seguimos leyendo, cuando el clima nos lo permite y las condiciones son óptimas. Esta vez desde Ecuador, un picnic que es inolvidable.

Reseña de Catalina Unigarro sobre la visita de María de los Ángeles Boada

Lugar: Parque La Carolina.
Fecha: 27 de noviembre de 2016
Mediación: Cata, Juan y Emilia
Fotografías: Emilia

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Conocí a María de los Ángeles Boada, escritora de literatura infantil, por una amiga en común, en una reunioncita en la que conversamos con entusiasmo sobre las posibilidades de emprender proyectos en torno a la lectura. María es escritora ecuatoriana y la verdad, hasta entonces no había tenido oportunidad de conocer su obra. Le propuse que nos acompañe en un encuentro de Picnic para escuchar en su voz sus historias y aceptó de inmediato. Sin embargo, y por varias razones, ese momento tardó casi un año en concretarse. Nos perdímos la pista.

Volvimos a encontrarnos y a organizar su visita. María estuvo siempre muy entusiasmada de conocer este espacio y me pidió que le explicara en qué consistiría su participación. ¿Qué queremos de estos invitados especiales? Pensé. Y recordé todo el sentido. Esos ejercicios tan necesarios para no automatizar las cosas. Le comenté que se trataba de una iniciativa bastante libre en la que no teníamos guión aparente. Que se trataba ante todo de compartir. Que cuando sugerimos libros, como en la música, compartimos nuestros favoritos, lo que nos alegra el corazón. Así que la invité a llevar los libros que más le guste y disfrute leer.

Después de acoger a nuestros visitantes durante la primera hora de Picnic, María empezó las lecturas en voz alta. Nos compartió “¿Dónde viven los monstruos?” de Maurice Sendak, “El elefante flaco y la jirafa gorda” de Amalia Low; “No seas goloso señor oso” y “¿Qué idioma hablan los animales?” de su autoría. Sus dos hijos la acompañaron, y la asistieron con dos títeres muy simpáticos. Gracias a la calidez de la lectura, fueron historias que atraparon a los grandes y más pequeñitos, quienes respondieron con su atenta escucha. María nos invitó al juego de cada historia, desatando preguntas y risas cómplices. Sentir esas respuestas fue muy inspirador. En esta ocasión, y gracias a la generosidad de María quien nos regaló su voz y sus bellas historias, se generó la cercanía, no siempre posible, entre escritores/narradores con el público, despertando la curiosidad e interés por la obra, el oficio y la profesión.

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En cuanto las lecturas terminaron, algunos niños y padres se acercaron a María a preguntarle sobre sus libros, sus historias y dónde encontrarlas. Es una suerte asistir a estos momentos privilegiados, en el que se sienten vínculos afectivos y puentes invisibles entre la literatura y las personas, esos momentos que vienen sucediendo en la sencillez de los manteles del Picnic, hace ya dos años, gracias a un equipo de voluntarios y a una comunidad amorosa que va creciendo, en un lindo parque de Quito.

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