Había una vez… después de la lluvia

Después de dos semanas de suspender el picnic por lluvia, finalmente pudimos concretar el encuentro en la Plaza Martín Fierro. El clima de Buenos Aires está un poco enloquecido, hasta ahora no nos había sucedido nunca suspender tantas veces y seguir temblando cada vez que se asomaba una nube.

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Mucho de ese miedo al clima está relacionado con la presencia de invitados. El Picnic de San Cristóbal tiene esa característica y a esta altura, después de tres años y 40 picnics con invitados se convirtió en un compromiso. La agenda se arma con mucha anticipación y los invitados liberan esos domingos pero tampoco se puede abusar. Istvansch, vino por segunda vez por su propia voluntad, prácticamente autoconvocado, porque es un grande, un generoso y un ser increíble. Estuvimos comunicados siguiendo a las nubes minuto a minuto y cambiando de planes todo el tiempo, pero siempre me sentía en falta con él. La cuestión es que salió el sol por un rato y se juntó alguna gente en la plaza. No fue un encuentro multitudinario porque enero es un mes de vacaciones y hay poca gente en Capital. Así y todo había lectores de esos que nos siguen siempre que pueden, algunos nuevos que se acercaron luego de nuestra invitación recorriendo la plaza y otros que vinieron especialmente a ver al invitado.

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Istvansch contó algunas de sus historias, hizo una demostración en vivo dibujando con tijeras y también se sentó a charlar sobre lo que la gente preguntaba. En general el público adulto es quien queda maravillado y tiene mil interrogantes.

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Zaida, una de nuestras colaboradoras, notó que algunos lectores de corta edad no llegaban a engancharse del todo con historias dónde el humor, la ironía y la ambigüedad eran la delicia de los mayores, y decidió dejar su propio disfrute de lado para juntar a un pequeño grupo y leerles lo que ellos le acercaban. Fue un momento hermoso que permitió el disfrute de lo que cada uno tenía ganas de hacer.

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Los chicos se acercaban más a las ilustraciones y una nena se sentó frente al invitado, en primera fila y dijo “yo llegué tarde, ¿cómo es eso de pintar con la tijera”? entonces Istvansh tomó uno de sus libros y fue detallando cómo hacía su trabajo, señalando todas las capas superpuestas de cartulinas de distintos colores especialmente seleccionados sólo para hacer un sol. 
Fue una tarde de mucho calor, no sólo de temperatura ambiente sino de almas en torno a la lectura y al mate, incluso el tereré. Cantidad de asistentes: 21

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