Picnic de Palabras a prueba de viento

Desde Comandante N. Otamendi, Argentina, el viento, el frío, nos acompañaron durante un nuevo Picnic de Palabras. Por: Mónica Esmail

Una vez más el clima se divirtió con nosotros. A la mañana estaba muy lindo y al mediodía empezó a cambiar con vientos fuertes y frío. Como teníamos invitada fuimos a esperarla con nuestras valijas pero cuando bajó del micro, el frío era peor y estaba muy congestionada. Esperamos un rato buscando algún lugar apropiado pero se hacían remolinos de viento por donde estuviéramos. Como no habíamos avisado que cualquier cosa lo hacíamos en el Centro Cultural nadie iba a saber que estábamos ahí así que cerca de las 15:30 hs, ante la soledad reinante, nuestra invitada dijo que no tenía problema en volver en cualquier otra ocasión y decidimos suspender y dejarla que vaya a descansar tranquila y recuperarse de su resfrío.

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La despedimos, y luego que salió el micro continuamos hablando tratando de combinar una fecha para concretarlo y decidimos aprovechar para tomar unos mates ahí y “por las dudas” que se acerque alguien, ya que se veía un claro en el cielo muy prometedor, extendimos un sólo mantelito con unos pocos libros. Nos acomodamos y empezó a asomarse el sol de a ratos, el viento no paraba pero ya se sentía distinto. Pusimos nueva fecha, conversamos sobre algunos libros nuevos que habíamos visto en las últimas ferias y otros que habíamos encargado por Internet, y cuando decidimos que ya habíamos sentido suficiente frío y que era mejor irnos, llegó una primer lectora de dos años (Perdón, el primer lector fue un perro) con su mamá, quién muy decidida elegía los libros que quería que leean, que por supuesto no eran los mismos que quería leerle su mamá. “Ete no. Ete.”

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Por supuesto le dimos su tiempo. Al ratito se acercó otro niño, agarró un libro y salió corriendo. Lo trajo nuevamente una nena y se quedaron leyendo, enseguida se acercaron 4 o 5 niños más así estuvimos leyendo lo poco que habíamos dejado, hasta que los vinieron a buscar porque ya hacía demasiado frío. (Finalmente el cielo quedó completamente celeste, pero el viento nunca cesó.)

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Uno de los chiquitos con los que estaba encontrando objetos en el libro me mira y me dice: “¡Pero no terminé de buscar todos!” ante la mirada negativa de la madre emponchadísima porque ya habíamos quedado a la sombra le dije que lo esperaba el próximo para seguir buscando a lo que me dice preocupado: “Pero ¿vas a volver?” así que tenemos una deuda pendiente para el próximo Picnic”

 

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