Lluvia o sol siempre serán la cuestión en Bogotá

Muchas voces se encuentran en Picnic de Palabras, en esta ocasión la historia de nuestro primer Picnic durante marzo fue recogida por: María Angélica Plata.

El invierno no ha llegado a Bogotá, aunque en ciertos días los Cerros Orientales desaparecen bajo un manto opaco, y ventea y llueve con fuerza. Bogotá, además, tiene varios microclimas que pueden transformarse caprichosa e inesperadamente.

A pesar del pronóstico del tiempo (tarde lluviosa), Marcela, Daniela y Yaco salieron al parque y organizaron el mantel, los libros, las cobijas. Cuando llegué, a eso de las 2:10 p.m., Marce y Yaco colgaban uno de los carteles y Daniela leía con nuestra querida Valentina. Andrea, otra de las voluntarias llego unos minutos después, descargamos maletas y nos sentamos para disfrutar de las historias. Varias familias estaban reunidas y, poco a poco, se fueron acercando más y más personas, por lo que comenzamos a abrir el círculo, a mover las cobijas.

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Me quedé al lado de nuestra querida Fernanda y leímos juntas. Como he comentado en otras ocasiones, “Tito y Pepita” es uno de sus libros más queridos: lo conoce de memoria pero siempre se sorprende y siempre quiere regresar a sus páginas. También escogió “Lucas”, de Tony Bradman e ilustrado Tony Ross, y yo le pedí que acercara uno sobre la lengua que ninguna de las dos conocía. En una de sus idas al mantel escogió muchos libros, como cinco o seis (“Tito y Pepita” estaba por ahí, de nuevo), y verla con las manos llenas nos hizo reír. Recuerdo que junto a Andrea reconstruyó la historia de “El lápiz”, de Paula Bossio, y de igual manera los rumores de las lecturas que Fernanda y Daniela compartían. Solo ojeé los rostros cercanos, por lo que no puedo hablarles de las demás familias. Eso sí: me parece ver a Marce recorriendo el espacio y tomando algunas fotografías —que de seguro mostrarán los demás movimientos de la tarde.

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Dipacho —autor de “El niño gato”, “Dos pajaritos”, “El viaje de los elefantes”, “Jacinto y María José”, entre otros— era el invitado. Más o menos faltando un cuarto para las tres llegó y también Juan David, otro voluntario. Y la lluvia se presentó. Unas pocas gotas grandes hicieron que algunas personas sacaran sombrillas y que la mayoría buscara en las nubes señales de lo que pasaría. Las gotas que cayeron a continuación (más grandes y con mayor frecuencia) nos obligaron a recogerlo todo a las carreras. Más sombrillas aparecieron para proteger libros y cabezas. Tampoco olvido la imagen de Marce diciéndole a las personas, en medio del sonido del agua, que nos veríamos dentro de quince días y menos los gestos de tristeza de las familias, que comenzaron a salir del parque buscando refugio. Dipacho dijo que regresaría pronto.

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Diluvió. Escampamos en la casa de Marcela. Tomando algo calientito, limpiamos libros y pensamos en otros posibles espacios para que Picnic de Palabras se desarrolle cuando el invierno regrese a la ciudad. Al hablar de lo ocurrido y reír el corre corre, una vez más reconocimos que el clima pone las reglas de juego. A pesar de que la lluvia haya hecho que Picnic terminara antes de lo esperado, antes de que Dipacho compartiera en voz alta sus historias, el poco tiempo en que lectores y libros se encontraron fue significativo y puedo asegurar que a todos nos regaló risas o sueños y ganas de seguir siendo parte de la familia que es Picnic de Palabras.

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