Eso que se siente y es innombrable: felicidad

El clima hace de las suyas en cada rincón donde se encuentra Picnic de Palabras. En esta oportunidad ya está llegando el otoño, hace frío y por fin hubo un poquito de sol que motivo a las familias y a Picnic a salir de nuevo al parque. Por: Selva Bianchi

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Ayer tuvimos nuestro Picnic  de Palabras en San Cristóbal. Este año el clima nos está complicando los encuentros. Por suerte ayer, a pesar del frío, el sol nos dejó un par de horas para disfrutar. Había bastante gente en el parque, quizás por esa cantidad de días sin salir… Vinieron vecinos que habían estado hace mucho tiempo, y otros nuevos que se enteraron por facebook y por un aviso que estoy publicando hace un tiempo en una revista.

Tuvimos como invitado especial a Alexiev Gandman, un ilustrador y diseñador gráfico que los chicos conocen también a través del programa Art Atack porque allí dibuja con elementos no convencionales (telas, brillantina, cajas, arena). Nos contó sus aventuras en el set de filmación, algunas anécdotas graciosas otras de los contratiempos que tiene cuando deciden filmar al aire libre. También nos mostró sus libros, algunos de ellos escritos e ilustrados por él.

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Leyó para todos y leímos entre todos. Vino una familia completa trayendo libros de Alexiev que no estaban en el picnic y nos contaron cómo los disfrutaron aún cuando los chicos no sabían leer. Los compartieron con todos los presentes y después le pidieron al invitado que se los firmara. Alexiev vino con sus hijas y su esposa que también es escritora.


Nuestra colaboradora Zaida estuvo leyendo con su hermosa tonada colombiana y enamoró a varios pequeños lectores. Una de ellas, estuvo hasta que su papá decidió que era hora de irse y no pudo terminar el último de los libros.

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De repente se escuchaba a una nena llorar a mares y a su familia tratando de averiguar lo que le pasaba. Sucedió que había aquejado el libro inconcluso y se tenían que ir. Entonces nos dijo cuál era, lo buscamos y por primera vez aceptamos que se vaya en préstamo hasta el encuentro de junio, con el compromiso de volver y traerlo para que otros lectores lo puedan disfrutar. Se fue muy feliz.

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Dos chicos de familias distintas querían leer el mismo libro y llevarlo a sus mantas. Como había que esperar el turno y nadie aceptaba acordaron juntarse y leer al mismo tiempo. Una nena se acercó al final para saludar y emocionada nos contó que había leído ocho libros.

Pasamos una hermosa tarde. La cámara de fotos se quedó sin batería y Anita tuvo que terminar el registro con el celular, por eso hay fotos de peor calidad. Fuimos aproximadamente 37 lectores.

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Volver y traer la esperanza en las historias

Voces de todas partes, con diferentes acentos y palabras. Hoy compartimos un Picnic que quería salir, sobre todo después de una tragedia que dejo al país en luto: el terremoto de Ecuador. Por: Emilia Andrade

Lugar: Parque La Carolina.
Fecha: 26 de abril de 2016
Mediación: Cata, Vale, Paola, Gina, Emilia
Fotografías: Cata
Reseña: Emilia

Con muchas ansias esperamos que llegara el día sábado, y es que habíamos cancelado 2 Picnic de Palabras consecutivos por situaciones adversas: días lluviosos y el devastador terremoto de la costa ecuatoriana que obligó a suspender los eventos públicos. Al contar los días nos fijamos que ya llevábamos un mes sin salir a leer, así que todas estábamos listas para extender los manteles.

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Llegamos al parque con mucha energía, con ganas de ratificar el poder sanador de la lectura y buscando reencontrarnos con la comunidad que se ha formado en torno al Picnic. Y así fue, estuvimos alrededor de 30 personas, con familias como la de Valeria que nos siguen desde el inicio hasta nuevos amigos como Pablo que nos visitó por primera vez e incluso se animó a leer en voz alta. Sin embargo, los grandes faltantes fueron los pequeños (Mateo y Christopher) quienes no salieron al parque esta vez. Los extrañamos pero pudimos contarle a su abuela que volveríamos pronto con un invitado que seguro les gustaría.
Mientras organizábamos los libros, pude conversar con la familia de Vale, su padre me dijo que a las 11 tenían que irse porque la pequeña tenía clases de música. Ella, apenas escuchó esto, aclaró “pero no importa, puedo llegar tarde o no ir”. Ante esto Cristian me confesó que el amor que ahora tiene su hija por los libros es enorme y se lo debe a Picnic, nos contó que en el colegio ella habla sobre algunos cuentos que ha leído en nuestros manteles y además ha visto que ha mejorado su vocabulario. Por atrás su mamá también dio testimonio de los cambios “aquí aprendió a leer” dijo. Luego me preguntaron sobre la liberación de libros, una actividad auspiciada por el Fondo de Cultura Económica que buscaba generar encuentros con libros dejados al azar. Alrededor de las 11 llegó la gestora cultural del FCE quien fue dejando obsequios que luego encontraron miradas lectoras. Vale fue la primera en tener su libro y sonreír con él.

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Más tarde tuvimos otra visita sorpresa: Pablo Florez, bibliotecario de la Universidad Central, llegó con un libro bellísimo que no conocíamos: “El viaje de Max” de Gauthier David y Marie Caudry, libro que horas antes lo había leído en el bus de camino al parque. Pablo se animó a leernos y todos quedamos atrapados entre la historia y las bellas ilustraciones.
Casi al final pude compartir algunas lecturas visuales con dos nuevos visitantes: Rafa y su hermano. Su abuela los había traído al parque para que jugaran y terminaron enganchados con los libros. Rafaela me leyó en voz alta “No” de Claudia Rueda y lo hizo con todas las entonaciones y pausas que el libro pedía. Su hermano menor, lleno de energía, iba y venía de los manteles cambiando de libros, entonces le propuse leer “Hide and Seek” de Taro Gomi. Quedó encantado con la búsqueda de objetos así que seguí mostrándole otros libros de ese tipo, luego se quedaron los dos hermanos compartiendo y siendo cómplices de sus lecturas.

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Si bien fue un encuentro emotivo también lo sentí algo silencioso, como si intentara guardar el luto que se respira en la ciudad con todos los movimientos que se han dado. Desde Picnic esperamos que esos movimientos solo traigan nuevas oportunidades para seguir creyendo y soñando.

Lluvia o sol siempre serán la cuestión en Bogotá

Muchas voces se encuentran en Picnic de Palabras, en esta ocasión la historia de nuestro primer Picnic durante marzo fue recogida por: María Angélica Plata.

El invierno no ha llegado a Bogotá, aunque en ciertos días los Cerros Orientales desaparecen bajo un manto opaco, y ventea y llueve con fuerza. Bogotá, además, tiene varios microclimas que pueden transformarse caprichosa e inesperadamente.

A pesar del pronóstico del tiempo (tarde lluviosa), Marcela, Daniela y Yaco salieron al parque y organizaron el mantel, los libros, las cobijas. Cuando llegué, a eso de las 2:10 p.m., Marce y Yaco colgaban uno de los carteles y Daniela leía con nuestra querida Valentina. Andrea, otra de las voluntarias llego unos minutos después, descargamos maletas y nos sentamos para disfrutar de las historias. Varias familias estaban reunidas y, poco a poco, se fueron acercando más y más personas, por lo que comenzamos a abrir el círculo, a mover las cobijas.

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Me quedé al lado de nuestra querida Fernanda y leímos juntas. Como he comentado en otras ocasiones, “Tito y Pepita” es uno de sus libros más queridos: lo conoce de memoria pero siempre se sorprende y siempre quiere regresar a sus páginas. También escogió “Lucas”, de Tony Bradman e ilustrado Tony Ross, y yo le pedí que acercara uno sobre la lengua que ninguna de las dos conocía. En una de sus idas al mantel escogió muchos libros, como cinco o seis (“Tito y Pepita” estaba por ahí, de nuevo), y verla con las manos llenas nos hizo reír. Recuerdo que junto a Andrea reconstruyó la historia de “El lápiz”, de Paula Bossio, y de igual manera los rumores de las lecturas que Fernanda y Daniela compartían. Solo ojeé los rostros cercanos, por lo que no puedo hablarles de las demás familias. Eso sí: me parece ver a Marce recorriendo el espacio y tomando algunas fotografías —que de seguro mostrarán los demás movimientos de la tarde.

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Dipacho —autor de “El niño gato”, “Dos pajaritos”, “El viaje de los elefantes”, “Jacinto y María José”, entre otros— era el invitado. Más o menos faltando un cuarto para las tres llegó y también Juan David, otro voluntario. Y la lluvia se presentó. Unas pocas gotas grandes hicieron que algunas personas sacaran sombrillas y que la mayoría buscara en las nubes señales de lo que pasaría. Las gotas que cayeron a continuación (más grandes y con mayor frecuencia) nos obligaron a recogerlo todo a las carreras. Más sombrillas aparecieron para proteger libros y cabezas. Tampoco olvido la imagen de Marce diciéndole a las personas, en medio del sonido del agua, que nos veríamos dentro de quince días y menos los gestos de tristeza de las familias, que comenzaron a salir del parque buscando refugio. Dipacho dijo que regresaría pronto.

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Diluvió. Escampamos en la casa de Marcela. Tomando algo calientito, limpiamos libros y pensamos en otros posibles espacios para que Picnic de Palabras se desarrolle cuando el invierno regrese a la ciudad. Al hablar de lo ocurrido y reír el corre corre, una vez más reconocimos que el clima pone las reglas de juego. A pesar de que la lluvia haya hecho que Picnic terminara antes de lo esperado, antes de que Dipacho compartiera en voz alta sus historias, el poco tiempo en que lectores y libros se encontraron fue significativo y puedo asegurar que a todos nos regaló risas o sueños y ganas de seguir siendo parte de la familia que es Picnic de Palabras.

Spring allows Picnic de Palabras in NY

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The weather allows Picnic de Palabras NY to share readings and love with their readers. By: Emily Pellerin

The launch of Picnic de Palabras Brooklyn took place last weekend in Maria Hernandez Park. Though the lay of the park was the same as we left it last fall (having gone on hiatus for the cold season), the energy within it was more boisterous and kinetic than I felt like we’d ever experienced.

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After laying down the books across our few checkered blankets and welcoming our first guests of the day (and of the season!), the same contagiousness of curiosity that we remember from last season was quickly at play. The small parcel of blankets was buzzing with tons of new kids; as usual, we found that lots of readers came with their cousins, siblings, or the like. There were even a couple familiar faces from last year’s Picnics!

Wonderfully, this time around we noticed an increased interest from the parents of the children participating. A handful of them were very interested in staying in-the-know about next month’s Picnic, as well, granting us the opportunity to connect on an additional level going forward (via email or phone).

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With the children as well as with the parents, as is consistent from last year, the majority of our readers were bilingual. One girl, Jenny, elementary aged, came by with her younger sister. They began wanting to be read to, but by the end of their time on the Picnic blankets with books in hand, they began reading to us!

We ended up extending our group beyond the perimeter of the blankets, and even had a group choreographing and cartwheeling by the end of the program. It was a playful, laughter-filled, and reading-loving group.

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The weather last weekend couldn’t have greeted our season launch more generously – and neither could have the community of Bushwick, Brooklyn. We can’t wait till next month to further connect with the children of the area over literature, and to offer them the space to recognize how fun, interactive, and bonding the act of reading can be. Of course, we could “offer” for eternity, but it’s their participation, eagerness and powerful childlike energy that grant Picnic de Palabras its purpose.