Picnic: palabras para morder

En esta ocasión nos llega el mar, la arena, el sol, a través de las palabras de un Picnic de Palabras en Quito, en el parque La Carolina. Los libros y las historias nos trasladan en un instante a otros lugares posibles. Por: Paola López y Gina López

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El domingo 21 de febrero, el Picnic se instaló nuevamente en el parque La Carolina. Aproximadamente a las 9:50, 10 minutos antes de que empiece la actividad, llegamos y armamos todo rápidamente con la infaltable ayuda y entusiasmo de Mateo y Christopher. Nuevamente ubicamos los parasoles y manteles de forma circular, de la misma manera que se usó el Picnic anterior porque ayuda a mantener integrado al grupo de lectura.

Una vez listas para recibir a nuestros primeros lectores nos acercamos a invitar a las familias reunidas en los juegos cercanos. Les comentamos en particular que teníamos nuevos libros sobre el agua y el cuidado del medio ambiente que podrían disfrutar juntos. Pronto no quedaba más espacio en los manteles. Mucha gente se acercó a mordisquear las palabras y darles forma y sentido, aproximadamente unas 40 personas, entre ellos varios rostros conocidos de familias recurrentes que siempre nos alegra ver.

También fue emocionante notar que este fue el Picnic con los visitantes más chiquitos, muchos bebés y pequeños menores de 4 años, dispuestos a encontrarse desde ya con los libros y a convertirse, seguramente, en grande lectores. Fue gratificante verlos reforzar su autonomía y autoconfianza en acciones simples pero potentes como elegir un libro, vislumbrar como estrechan vínculos afectivos con otros a través de la lectura y como se familiarizan con el libro en tanto objeto.

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Como “Problemático es lo acuático” (Editorial CIDCLI), haciendo referencia a uno de nuestros títulos, este encuentro estuvo lleno de sorpresas. Al tratarse del último Picnic con apoyo de la Empresa FV, las actividades se centraron en la temática del agua con los libros adquiridos gracias a su auspicio. Desde collares de conchas hasta mares en botellas rondaron por los manteles. Muchos niños acompañados por Gio y Emilia con la ayuda de cordeles, conchas, clavos, tintes azules, aceite y más trabajaron en artesanías sugeridas en el libro- activiario “Mar” (Ediciones Ekare). También, Gio reunió a un grupo pequeño de asistentes y leyó en voz alta “Cuando despareció el mar” (Editorial Juventud).

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Un acontecimiento agradable fue la visita de la madre de Mateo y Christopher, quien descansó de sus ventas en el parque y se acercó a un parasol a compartir la lectura junto a sus dos hijos por primera vez. Por otro lado, tuvimos un gran susto debido al ataque epiléptico de una asistente, afortunadamente todo se pudo controlar con el apoyo rápido y eficaz de algunos participantes que colaboraron como una gran familia.

Debido a la insistencia de los participantes alargamos el Picnic 20 minutos más, terminándolo a las 12:20. Nos complace pensar que el domingo fuimos una masa pequeña de personas en un gran parque situado en la mitad del mundo (Quito, latitud 0,0′,0”) que soñamos y reflexionamos a partir de las letras y los libros. Creemos que seremos capaces como sociedad, de encontrar los mecanismos y las vías más solidarias para armonizar con el medio ambiente y sus recursos naturales.

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