De regreso con música en Picnic de Palabras Bogotá

Primer Picnic de Palabras del año en Bogotá

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Cielo parcialmente nublado, después de dos meses de estar en un verano casi eterno. Cuatro días antes de nuestro primer Picnic de Palabras, empezó a llover de nuevo. El dilema fue inmenso, extrañamos la lluvia, la situación es extrema, pero justo se nos cruzaba la lluvia con Picnic. De nuevo, conjuramos el sol, y nos arriesgamos, como tantas veces, a salir al parque, con una invitada especial, con una convocatoria inmensa y con un pronóstico del clima de lluvia todo el día.

Se alistaron 70 libros de todo tipo: para bebés, libros álbum con texto, sin texto, libros de autores e ilustradores colombianos, informativos, poesía, y comic. Salimos al parque y a las 2 en punto empezamos a organizar Picnic. Llegó Paula Ríos con su novio, nuestros invitados del día. Todos estábamos perplejos ante la incertidumbre del clima. De inmediato, empezaron a llegar familias, y sin darnos cuenta ya estaba Picnic andando.
No tuvimos tiempo de tomar nuestra clásica foto de portada para dejar registro de la selección de libros. Todo empezó rapidísimo, parecía que Picnic llevaba mucho tiempo esperando volver, y apenas lo soltamos en el parque concentró, como nunca, su atención en todo aquel que se acercaba. Fuimos un imán de palabras, el magnetismo del amor que se multiplicó ayer se queda corto cuando se nombra con palabras.

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Ayer Picnic creció, y como un niño chiquito que llega a un parque, corrió, se divirtió, logró que las familias quedaran atrapadas en el embrujo de la voz de Paula, cuando la lluvia se atrevió a asomarse, solo un par de mamás con sus hijas decidieron marcharse. El resto se quedó, cantando, bailando, aplaudiendo, leyendo y, sobre todo, sonriendo. Una vez que Paula terminó y los invitó a seguir leyendo en familia, todos se acomodaron y parecía que los libros no eran suficientes.

En medio de todo este revuelo, felicidad, lectura y amor, pude ver como una mamá puso frente a su hijo de 3 años el libro Yo, cocodrilo, Ed. Juventud, y él, como pez picando carnada, corrió hasta el libro. Una vez llegó, se sentó, sus papás lo rodearon, y ahora con sus gafas de lector experto empezó a leer el libro en familia.

Así, se tejieron muchas historias, entre puntos de colores, poemas de insultos y de amor, cuentos sin palabras para soñar historias, adivinanzas, voces de todas las edades repletas de felicidad. Tuvimos muchas familias nuevas, así como muchas familias que regresaron. En total llegaron 83 personas, un récord para nuestro Picnic, sobre todo iniciando un nuevo año.

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