Historias sin tiempo desde Puebla

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Entre el presente y el pasado nos movemos, porque hay historias que vale la pena recordar. Cada Picnic de Palabras es único, en cada país, en cada ciudad, en cada rincón de los parques, bajo los árboles y con un mismo elemento en común que siempre nos acompaña: el sol y la voz. Por:  Rosario Ramirez y Ludvila

A las 11 de la mañana extendimos los manteles, los libros, una maleta con un pequeño teatro dentro y un miniteatrito de cartón para regalar.

Con las fiestas navideñas encima y las piñatas y pastorelas celebrándose en los alrededores del Parque-Laguna donde lo llevamos a cabo, nosotras esperamos pacientemente. Al principio la gente que se acercaba era muy poca. El vientito frío tampoco ayudaba mucho, pero por lo menos una familia completa se tendió en los manteles bien convencida de quedarse con nosotros.

Poco a poco y conforme volvían los chicos con sus bolsitas de dulces en mano (después de haber roto la piñata en otro lado) los invitábamos a echarle un vistazo a nuestro picnic de libros, el ambiente se fue animando y los manteles se llenaron.

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De pronto los monstruos y los reyes saltaron de un lado a otro y de unas manos a otras (los monstruos y los reyes siempre son de los personajes favoritos en los libros) todo el mundo estaba totalmente instalado. Una pareja se acercó con 8 pequeños y un par más no tan pequeños (entre 13 y 16 años quizá) que se sumaron al principio medio tímidos, pero después resultaron bastante animados en la lectura.
A la hora y pico, sin tener la certeza de “interrumpir” el ambiente que se había creado, decidimos que era tiempo de pasar a nuestro “plato fuerte” del picnic y que consistió en la lectura en “kamishibai” de un cuento que tuvo entretenidos, divertidos y participativos a chicos y grandes, y al finalizar el relato y aprovechando el ánimo y actitud de todos, los convocamos a crear su propia historia para que la contaran después ahí mismo. Así que armados tan sólo con hojas reciclables y unos cuantos crayones de colores, las familias y los pequeños dieron rienda suelta a la creación de sus propios cuentos. Hubo personajes que perdieron sus maletas en la playa, cerditos juguetones en el lodo, changos trepadores, autos amigables, arcoiris, y un montón de historias contadas directamente de la voz de los niños (y los no tan niños también).

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Joseph, de los más pequeños asistentes (3 años) y su historia de “un auto y un changuito que jugaban y se fueron al espacio con el arcoiris es busca de un árbol de mandarinas”, nos enamoró a todos. Hubo muchos aplausos y risas en este picnic.

Al final organizamos la rifa del miniteatrito que nosotras mismas (Rosario y yo, Ludvila) construímos y pintamos para animarlos a leer. Con resultados positivos y sorprendentemente participativos, Marijó (de 9 años) ganó el teatrito, y a pesar de que todos lo querían para continuar sus historias en sus casas, partieron felices.

La mayoría decidió llevarse sus cuentos; algunos nos compartieron su intención de construir en casa su propio teatro porque les pareció bastante divertido y entretenido. Eso es algo muy reconfortante que provoca volver a tener el picnic muy pronto, con actividades similares que estimulen a los que asistan y vuelvan inolvidable la experiencia.
Nosotras (ahora somos sólo dos personas con el picnic aquí en Puebla) seguimos sorprendidas y felices de que nuestra labor logre mover y emocionar a los chicos, pero también que logre conmover y hacer participar a los adultos con la misma emoción de cuando son pequeños. Las caras y actitud de los adultos asistentes nos cuenta que vuelven a ser niños, y los que sí son niños, adoran esto.

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¡Por cierto! este día la mamá del pequeñito Joseph se sumó como voluntaria a nuestro Picnic de Palabras Puebla y también tuvimos la donación de 18 libros por parte de una familia que asistió la primera vez y quedó muy feliz y complacida… Por nuestra parte, puras noticias congratulantes desde tierras mexicanas…

Saludos y enhorabuena a todos los Picnics de Palabras del mundo…

Desde Puebla, México

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Sinónimos: lectura y libertad

Un Picnic de Palabras que está repleto de historias, momentos, lecturas, voces, y sobre todo palabras para acercarnos a un momento que ya fue y que ahora es una historia más de nuestra colección de recuerdos. Una experiencia que en si mismas siempre es única, cada vez que se realiza y que nos hace sentir en casa, cerca, en familia, más allá de la distancia. Por: Mónica Esmail

12 de marzo
Comandante Nicanor Otamendi

Tuvimos un Picnic muy alegre y distendido, aunque los lectores tardaron en llegar, por momentos parecía una reunión de domingos en familia por el bullicio, la alegría del encuentro, el saludo y llamado a los gritos al que pasa. Algún papá que se quiere ir y su hija que se quiere quedar a leer, la vecina que le dice “Andá tranquilo, yo la miro”, otra mamá que le insiste a su hijo que venga a leer y él sólo quiere ir a jugar a la pelota con sus amigos, aunque después de un rato también se acercan y elijen sus libros. Los perros del pueblo acomodándose entre los lectores, un mate por acá, una galletita por allá.

Como estamos al lado de los juegos, de la cancha de básquet y de todo el césped para jugar al fútbol, nuestros lectores son bastante itinerantes, un rato juegan, otro leen, otro andan en bici, así que se van renovando, es difícil concentrarlos a todos para leerles como hacíamos en los primeros Picnics, es una actividad muuuuy libre. En total habrán sido alrededor de 30 personas las que se acercaron a leer. 

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Algunos momentos que recuerdo fueron: “¿Me leés acá con él?” Le dijo una nena a Mirta acercándose al perro vagabundo del pueblo bautizado por todos “Nicanor”, y mientras escuchaba el cuento no dejaba de tomarle la patita, en realidad Nicanor no dejaba de agarrarle la mano a ella.

“Maaa me leés este?” –“Pará que termine este que está re bueno!” (está leyendo Cuentos de Amor de locura y de suerte de Liliana Cinetto.) –Escuchen lo que dice acá! y muy divertida lee para todos un fragmento. Después de un momento se la ve secándose las lágrimas por la emoción que le produce el mismo cuento (eso que nos pasa a veces con los libros, nos llevan de la risa al llanto, no podemos parar de leerlos y nos transportan muy lejos de donde estamos realmente).

“Tomá leé este que te va a encantar!” le dice una nena a un amiguito que recién llega. (Le entrega Iyoké es muy pequeño de Nathalie Dieterlé.) La misma nena, después de intentar leerle a una beba bastante inquieta, la agarró, se la llevó a la mamá y le dice: “Tomá, cuidala porque se te va para cualquier lado!” Y se eligió otro libro.

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Una tarde más donde se ven caras de alegría, de sorpresa, de emoción, tanto de chicos como de grandes, grandes que por un momento vuelven a ser niños.

Picnic: palabras para morder

En esta ocasión nos llega el mar, la arena, el sol, a través de las palabras de un Picnic de Palabras en Quito, en el parque La Carolina. Los libros y las historias nos trasladan en un instante a otros lugares posibles. Por: Paola López y Gina López

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El domingo 21 de febrero, el Picnic se instaló nuevamente en el parque La Carolina. Aproximadamente a las 9:50, 10 minutos antes de que empiece la actividad, llegamos y armamos todo rápidamente con la infaltable ayuda y entusiasmo de Mateo y Christopher. Nuevamente ubicamos los parasoles y manteles de forma circular, de la misma manera que se usó el Picnic anterior porque ayuda a mantener integrado al grupo de lectura.

Una vez listas para recibir a nuestros primeros lectores nos acercamos a invitar a las familias reunidas en los juegos cercanos. Les comentamos en particular que teníamos nuevos libros sobre el agua y el cuidado del medio ambiente que podrían disfrutar juntos. Pronto no quedaba más espacio en los manteles. Mucha gente se acercó a mordisquear las palabras y darles forma y sentido, aproximadamente unas 40 personas, entre ellos varios rostros conocidos de familias recurrentes que siempre nos alegra ver.

También fue emocionante notar que este fue el Picnic con los visitantes más chiquitos, muchos bebés y pequeños menores de 4 años, dispuestos a encontrarse desde ya con los libros y a convertirse, seguramente, en grande lectores. Fue gratificante verlos reforzar su autonomía y autoconfianza en acciones simples pero potentes como elegir un libro, vislumbrar como estrechan vínculos afectivos con otros a través de la lectura y como se familiarizan con el libro en tanto objeto.

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Como “Problemático es lo acuático” (Editorial CIDCLI), haciendo referencia a uno de nuestros títulos, este encuentro estuvo lleno de sorpresas. Al tratarse del último Picnic con apoyo de la Empresa FV, las actividades se centraron en la temática del agua con los libros adquiridos gracias a su auspicio. Desde collares de conchas hasta mares en botellas rondaron por los manteles. Muchos niños acompañados por Gio y Emilia con la ayuda de cordeles, conchas, clavos, tintes azules, aceite y más trabajaron en artesanías sugeridas en el libro- activiario “Mar” (Ediciones Ekare). También, Gio reunió a un grupo pequeño de asistentes y leyó en voz alta “Cuando despareció el mar” (Editorial Juventud).

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Un acontecimiento agradable fue la visita de la madre de Mateo y Christopher, quien descansó de sus ventas en el parque y se acercó a un parasol a compartir la lectura junto a sus dos hijos por primera vez. Por otro lado, tuvimos un gran susto debido al ataque epiléptico de una asistente, afortunadamente todo se pudo controlar con el apoyo rápido y eficaz de algunos participantes que colaboraron como una gran familia.

Debido a la insistencia de los participantes alargamos el Picnic 20 minutos más, terminándolo a las 12:20. Nos complace pensar que el domingo fuimos una masa pequeña de personas en un gran parque situado en la mitad del mundo (Quito, latitud 0,0′,0”) que soñamos y reflexionamos a partir de las letras y los libros. Creemos que seremos capaces como sociedad, de encontrar los mecanismos y las vías más solidarias para armonizar con el medio ambiente y sus recursos naturales.

De regreso con música en Picnic de Palabras Bogotá

Primer Picnic de Palabras del año en Bogotá

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Cielo parcialmente nublado, después de dos meses de estar en un verano casi eterno. Cuatro días antes de nuestro primer Picnic de Palabras, empezó a llover de nuevo. El dilema fue inmenso, extrañamos la lluvia, la situación es extrema, pero justo se nos cruzaba la lluvia con Picnic. De nuevo, conjuramos el sol, y nos arriesgamos, como tantas veces, a salir al parque, con una invitada especial, con una convocatoria inmensa y con un pronóstico del clima de lluvia todo el día.

Se alistaron 70 libros de todo tipo: para bebés, libros álbum con texto, sin texto, libros de autores e ilustradores colombianos, informativos, poesía, y comic. Salimos al parque y a las 2 en punto empezamos a organizar Picnic. Llegó Paula Ríos con su novio, nuestros invitados del día. Todos estábamos perplejos ante la incertidumbre del clima. De inmediato, empezaron a llegar familias, y sin darnos cuenta ya estaba Picnic andando.
No tuvimos tiempo de tomar nuestra clásica foto de portada para dejar registro de la selección de libros. Todo empezó rapidísimo, parecía que Picnic llevaba mucho tiempo esperando volver, y apenas lo soltamos en el parque concentró, como nunca, su atención en todo aquel que se acercaba. Fuimos un imán de palabras, el magnetismo del amor que se multiplicó ayer se queda corto cuando se nombra con palabras.

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Ayer Picnic creció, y como un niño chiquito que llega a un parque, corrió, se divirtió, logró que las familias quedaran atrapadas en el embrujo de la voz de Paula, cuando la lluvia se atrevió a asomarse, solo un par de mamás con sus hijas decidieron marcharse. El resto se quedó, cantando, bailando, aplaudiendo, leyendo y, sobre todo, sonriendo. Una vez que Paula terminó y los invitó a seguir leyendo en familia, todos se acomodaron y parecía que los libros no eran suficientes.

En medio de todo este revuelo, felicidad, lectura y amor, pude ver como una mamá puso frente a su hijo de 3 años el libro Yo, cocodrilo, Ed. Juventud, y él, como pez picando carnada, corrió hasta el libro. Una vez llegó, se sentó, sus papás lo rodearon, y ahora con sus gafas de lector experto empezó a leer el libro en familia.

Así, se tejieron muchas historias, entre puntos de colores, poemas de insultos y de amor, cuentos sin palabras para soñar historias, adivinanzas, voces de todas las edades repletas de felicidad. Tuvimos muchas familias nuevas, así como muchas familias que regresaron. En total llegaron 83 personas, un récord para nuestro Picnic, sobre todo iniciando un nuevo año.

Dos principios: gratitud y amor

Gratis, en estado de gracia, benevolencia y gratis amore Dei.  ¿La gratuidad es revolucionaria? Por ahí si… Pero la cosa más sorprendente del Picnic es que podemos hacer realmente lo que más nos gusta, sin vínculos y que se resume en contar cuentos y observar. Por: Andrea Gasparri

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Bueno entonces digan… ¿Qué es lo que contaron? ¿Qué es lo que observaron? Se estarán preguntando ustedes, querido traviesos lectores de estas líneas.

Bueno por supuesto leímos nuestros libros preferidos, ¿Dónde está mamá?, Donde viven los monstruos, Huevos verdes con jamón, por hablar de los mas clásicos. La noche de la visita, Afortunadamente, Los cinco desastres, si hablamos de las novedades. Y a parte estaba Paulina Sabugal, una amiga mexicana que es actriz y que ya tiene experiencia de trabajo con niños y niñas en teatros y escuelas. Leímos la versión italiana de La peor señora del mundo y todos se reían, niños y adultos se reían, y nosotros también reíamos y juntos pasamos por diferentes estados de ánimo al escuchar como la malvada y horrorosa señora torturaba a los vecinos hasta el punto que para molestarlos más tenía que hacer cosas buenas a toda cuesta.

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Y así fue que el espacio de Andersen Café se fue lentamente transformando en un nido de imaginación donde niños y niñas agarraban libros y se los leían entre ellos. Un ambiente protegido donde todos los adultos se volvían en lectores delante de miradas curiosas. Suficiente arrancar con un “Erase una vez…” apenas soplado a media voz, que  ya te sentías rodeado por parejas de orejas enmarcando cabezas atentas a la historia… y las miradas se hacían especulativas y las cejas se volvían medialunas…

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Y luego siempre, y repito siempre, se escucha una voz de pollito que grita Noooooo ese es mi libro preferido. Y por ahí deberíamos dedicar un rinconcito del picnic a Noooooo ese es mi libro preferido… y leer solamente estos libros que surgen  por el querer de corazones lectores. Pero mientras tantos acomodamos otras piedrita blanca en la hermosa senda de Picnic di Parole. El aburrido y lluvioso febrero ya se marchó y nosotros procedemos con el viento en popa, ya tenemos nuevos libros y nuevas ideas para el mes de marzo. Si porque marzo es un mes especial para nosotros que vivimos en este hemisferio:

Vente y un marzo primavera
brotan flores y alegría
y no es un día cualquiera

sino aquel de la Poesía

Nos veremos antes del 21 de marzo, y esta vez esperemos que sea en un parque al aire libre.