Historias, voces y colores desde Quito

Lugar: Parque La Carolina.
Fecha: 10 de enero de 2016
Mediación: Ana Paula, Emilia y Valeria
Fotografías: Óscar
Reseña: Valeria Quilago SV

El primer Picnic de Palabras del año en Quito

Comenzó el 2016 y Picnic de Palabras Ecuador ya extendió sus manteles de cuadrados rojos y blancos sobre el césped del Parque La Carolina en la ciudad de Quito. Este domingo, después de la temporada de fiestas, Picnic se empoderó de su espacio para desplegar los libros que proponen a sus lectores, mágicos viajes a través de sus páginas.

La noche anterior había llovido. Amaneció nublado, pero con el paso de las horas el cielo iba liberándose de las nubes. Al llegar al parque el frío capitalino todavía se sentía. Pero un caluroso saludo y una gentil bienvenida que nos dieron las señoras que trabajan ahí vendiendo comida o dulces nos llenó, aún con más energía.

Empezamos a organizar, a decidir los lugares donde estarían los manteles, a disponer los libros, desenrollar los banners. Colocamos unos parasoles amarillos y azules, pues el sol quiteño puede ser fuerte, sobre todo a media mañana y queremos que nuestras familias se sientan cómodas todo el tiempo.

picnic 3

Con todo listo, ya empezamos a invitar a las personas a que se acerquen y sean parte de esta poderosa iniciativa de fomento a la lectura.  ¡El primer Picnic del año!

Poco a poco se iban acercando las personas. Unas ya son de la casa como Mateo de 10 años que nos acompaña casi siempre. Su entusiasmo es contagioso. Sabe mucho porque se nota que le agrada leer. Le gusta ayudarnos con la logística y está pendiente de los demás niños, sobretodo si los conoce. Otros, en cambio, se aproximan sin estar seguros de qué se trata. Al explicarles lo que es Picnic, muchos no dudan en participar y dejarse llevar por el amor a las buenas historias.

Dos hermanitas que iban con sus nanas aceptaron quedarse y leímos mucho. Una de ellas, Turquesa, de cinco años, pidió que se le lea varias veces el libro ‘Socorro’ de Michael Escoffier y Mattieu Maudet. Lo que nos confirmó que los niños son re-lectores por naturaleza. Los adultos también deberíamos re-leernos nuestros libros favoritos.picnic 2

La gente seguía llegando. Cada vez sumábamos más. Hablamos con una familia de madre ecuatoriana, padre y bebé brasileños. Nos contaron que se acababan de mudar de Río de Janeiro a Quito hace pocas semanas y que se enteraron de Picnic gracias a las redes sociales. Se despidieron encantados y prometieron que volverían.

En otro mantelito estaba sentada Andrea de nueve años. La encontramos leyendo ‘El día de los muertos’ de Ivar Da Coll. Nos situamos cerca de ella y nos dejamos llevar por su lectura en voz alta. Escuchamos cómo pronunciaba cada palabra, sus silencios, sus pausas. Realmente fue algo hermoso.

Ya casi al final, Mateo, junto a otros dos de sus amigos, abrió una caja que contenía colores, marcadores y crayones. Al detectar eso, varios niños se pusieron a dibujar y colorear, mostrándose entre sí sus grandes trabajos artísticos.

picnic 4

Llegó el medio día y con él; el momento de recoger, ordenar y guardar todo hasta la próxima ocasión. Nos despedimos felices porque Picnic una vez más consiguió, de alguna manera, conectar a los niños y sus padres con la Literatura. Fue otra oportunidad para estrechar más los lazos de Picnic con su comunidad.

Como dijo Emilie Buchwald, autora norteamericana, “los niños se hacen lectores en el regazo de sus padres”. Por eso Picnic busca generar esos encuentros entre las familias y los libros.

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