Sorpresas en Florida, Buenos Aires

A veces salimos solos al parque y ahí nos esperan sorpresas como esta: por Pato Pereyra

Estaba sola, porque al ser el cumpleaños de Roo (mi hija y voluntaria) el resto se quedó en el cumple…así que me ayudaron a llevar las mochilas a la plaza y ahí quedé con los libros y los lectores. Por suerte, aunque fueron varios concurrentes (unos 30), no vinieron todos juntos así que pude ir leyendo a algunos y charlando con otros, en forma espaciada. En contra, no pude sacar tantas fotos, y esta vez no hice la lectura en voz alta que suelo hacer en algún momento de la tarde.

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Primera sorpresa: Eva, nos estaba esperando. Ella, con su papá y su mamá estaban en el sitio que ocupamos siempre en la plaza. al llegar nosotros. Ya va el cuarto picnic consecutivo al que viene

Llegué y pedí ayuda para acomodar manteles, como hago últimamente, unos chicos que andaba por allí me ayudaran a acomodar los libros, esta vez llevé una manta especial para los más chiquitos…y ahí la invité a Eva a sentarse, organizando los libros abiertos y parados, para que eligiera. Ella es tímida, pero enseguida empezó a tomar los libros que le dejaba, y lo mejor es que su papá que al principio también se mostraba tímido, ya estaba canchero con la lectura le decía, “querés leer este o el otro…”

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Había gente en la plaza a la que fui invitando, algunos se acercaron, otros no. En las mesitas, vi a un señor mayor con una acompañante y fui a invitarlos a leer. El señor tenía 87 años, y estaba un poco sordo, se llamaba, Evangelisti, y era vecino del barrio. Les dije que los libros eran para todos…y la señora que lo acompañaba se puso a elegir entre los manteles, y estuvieron largo rato leyendo en las mesitas de ajedrez, muy concentrados ellos. Varias veces me acerqué a hablarles o recomendarles libros. Un placer verlos leer Stelaluna, La cosa perdida, o La verdadera historia del lobo feroz. El señor me agradeció mucho. Así fue toda la tarde, gente que no conocía el Picnic que se sentó a leer.

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Al final, cuando iba a levantar los manteles, llegó una pareja con dos nenas. Roberta y Antonia. Se los veía conocedores de libros, y se pusieron a leerle a sus hijas, sobretodo a la mayor. El papá estaba entusiasmado con los libros y miraba uno tras otro. Le conté del picnic…se notaba que ella era extranjera, charlamos de escritores…que nos gustaban, de ilustradores que preferíamos…y al rato el marido se me acerca con dos libros. Ella me dice, son para vos…Eran dos ejemplares de Genoveva…Un libro en Braile…que yo había visto…Resultó que ella era la editora…Uns tremenda sorpresa! Libro hermosísmo…y de gran significado porque cuenta la historia en braile y con dibujos en relieve. El momento que resume este Picnic es ella, amamantando a su beba, sin dejar de leerle a la hermanita,, un libro, o en realidad alimentando con lecturas a las dos.

Me fui agotada y sorprendida de la plaza y con ganas de más. Es más, volvimos caminando juntos con Juan Cruz y Bauti, un par de chicos que llegaron al final, con sus papás , el se bajó del triciclo para leer, con chupete puesto y todo, y charlando como si nos conociéramos de siempre.

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Primer año de Picnic de Palabras Quito

Seguimos celebrando y compartiendo el festejo del primer año de Picnic de Palabras Ecuador.

Lugar: Parque La Carolina.
Fecha: 22 de noviembre de 2015
Mediación: Cata, Anapau, Carlos, Paola, Gina y Emilia
Fotografías: Belén
Invitadas: Andrea Andrade (narradora de cuentos) y Liliana Gutiérrez (ilustradora)

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Llegamos al año, con más de 20 Picnics en nuestra querida Carolina y alrededor de 12 eventos externos… nos damos cuenta que ya hemos tejido historia. Los cumpleaños suelen ser esas fechas en donde uno se propone nuevas metas, festeja con los amigos y recibe cariño de quienes lo han visto crecer… y así fue este domingo. Entre los 6 voluntarios empezamos a organizar el espacio, agregamos unos globos para entrar en ambiente festivo y después hicimos lo de siempre: invitar familias para que se acerquen a leer. Perdí la cuenta de la cantidad de personas que estuvimos, entre 40 y 50 creo, vi muchos más niños que de costumbre y varios amigos se programaron para acompañarnos.

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Nuestra primera invitada fue Andrea Andrade, ella nos narró algunas historias muy bonitas, con reflexiones acerca de la naturaleza, su poder y su importancia. Nos contó sobre el Pumamaqui, una planta con hojas en forma de mano de puma y otra de un brócoli que decidió salir a buscar nuevas tierras, libres de pesticidas… y así, con su voz, sus gestos y su mirada nos cautivó a todos.

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Luego volvimos a tener un tiempo para leer, pude sentarme a acompañar la lectura de Flor, quien me contó que su hermana es la que alquila unos autos eléctricos en el parque, por eso suele visitarnos con frecuencia. A ella le gusta leer en silencio, viene y va de los juegos a los libros y su historia favorita es “El día de los muertos” de Ivar Da Coll.

Mientras los manteles fueron cambiando de familias, nuestra segunda invitada se instaló en la mitad con su canasta, sus libros y sus pinturas. Liliana Gutiérrez, LELE, una ilustradora de la “vieja escuela” nos propuso dos lecturas: “A viajar con la abuela que vuela” de su autoría y “El ratón y los vientos” de Arnold Lobel. A partir del segundo libro hicimos nuestra versión de esos vientos, aterrizándolos a nuestra realidad para así, cómo dijo Liliana “dejar que las experiencias sean las que nos permitan soltar para ser representadas”. Los libros se escondieron por un momento para dar paso al papel, la pintura, los pinceles y las esponjas… cada uno hizo su propio cuento y se lo llevó a casa. Antes de terminar con todo el festejo, regalamos revistas ¡elé! que recibimos de una donación de Zonacuario. Esta revista tiene un éxito increíble entre los niños, varios de ellos buscaron ediciones específicas porque las coleccionan.

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Cerca de la 1 pm guardamos las cosas y nos despedimos de nuestro espacio… a La Carolina volveremos el próximo año, con energías renovadas y con varias sorpresas que ya les iremos contando.

Picnic de Palabras: juntos en Ciudad Bolívar, Bogotá

Desde que supimos que un nuevo Picnic de Palabras se iba a realizar en Bogotá decidimos apoyarlo con nuevos libros. Hicimos una campaña y logramos recoger alrededor de 40 libros. No está mal para empezar. Teníamos pendiente la visita y junto a la autora Amalia Low, pusimos la fecha del 6 de diciembre.

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Llego el día, y es importante ubicarlos en Bogotá, una ciudad con alrededor de 8 millones de habitantes, en donde las distancias son inmensas. Ciudad Bolívar es un lugar al que soñábamos llegar porque sabemos que este proyecto se necesita. Cuentan con una serie de problemáticas socioeconómicas que ha hecho de este lugar un sitio privilegiado para recibir desde muchos lugares ayudas de fundaciones y empresas. Sin embargo, nosotros no queríamos ser como los demás. Soñábamos que alguien, de la misma comunidad, se animara a realizar el proyecto y que creciera de la mano de los niños.

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Resulta que eso fue lo que finalmente paso, bajo unas circunstancias de necesidad. La biblioteca comunitaria con la que contaban cerro, y quedaron los niños y las familias con las ganas de seguir leyendo. Wendy nos encontró y se animó a continuar, a través de Picnic de Palabras, el acercamiento a la lectura.

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La emoción no cabe en el corazón de ver a todos estos niños leyendo, corriendo, y compartiendo juntos lecturas e historias. Los libros simplemente están ahí, desde cualquier lugar del mundo, esperándonos. Hoy fue desde Ciudad Bolívar, un lugar rodeado de montañas y de niños que tienen fe en sus ojos. Que se sorprenden con todo lo que ven y todo lo preguntan. Nos llevamos a Ciudad Bolívar en el corazón como una experiencia de esperanza, de motor para seguir adelante con este proyecto y de saber que lo estamos haciendo bien. Nos hicieron falta los papás, pero sabemos que poco a poco irán llegando, en su ritmo y a su tiempo.
Amalia Low leyó y canto varios de sus cuentos, y los niños quedaron encantados con su ukelele. La música nos une y nos mueve eso que no se ve pero sabemos que está por ahí: el alma.

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El mundo nos necesita, paso a paso, con disciplina y pasión de seguir encontrándonos con lectores de todas las edades para soñar y construir el mundo que queremos.

Wendy gracias por cumplirnos este sueño!

Winter time in Picnic de Palabras NY

On a cold November day, post-American Thanksgiving feasts, kiddos and parents congregated around the checkered blankets held heavy with libros at Bushwick’s Maria Hernandez Park in Brooklyn, New York City.

November 29, 2015:

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The month before last in NYC it was chilly – there was a brisk wind and a group of bundled up kiddos to match. This month, the weekend after Thanksgiving, the playground and park were a bit more vacant than usual. Despite the sunshine, it was very cold, and daylight savings time had diminished the hours of daylight in our usual allotted Picnic time.

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That being said, with a fresh volunteer visiting from the west coast and two alumni helpers, we were able to gather a small crew of loyal readers to the picnic blankets and books. Like Picnics past, the readers were majority English and Spanish speakers, a couple of whom had in fact just arrived to the States from the Dominican Republic a few months before. This was a great opportunity for the kids to get hands-on time with English language books, which, though they could not yet read them themselves, were wonderful centers of engagement as we read them aloud.

Also encouraging, and something we’re used to having returned to Maria Hernandez Park for a few months now, was the fact that parents were often lead to the reading blankets by the kids, and not the other way around. Once we let people know that the reading program was taking place, children seemed eager to come read, and would bring their siblings and friends along with them. We even had a couple really little ones join us (with their parents) to look through pictures in the books.

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Unlike other Picnics, we did not have any “repeat customers,” so to speak. We did find that parents and children alike were very interested in the flyers this month, which we distributed liberally, and were curious about what dates upcoming we’d be returning. We also found that this month there were families from outside the Bushwick community, one of who (the aforementioned Dominican family) comes to Bushwick only on Sundays, for church.

Though the turnout of readers this month was a little lower than usual, we nonetheless had a productive time in the park, and learned some great lessons about how the frosty weather can affect engagement.

Inaugurazione Picnic di Parole, Firenze, Italia

Domenica 29 novembre Firenze è stranamente immobile. Chiuse le strade principali, chiuse le vie del centro, c’è un atmosfera sospesa fin dalla mattina presto. Tutti aspettano il via della Maratona di Firenze 2015. Migliaia di corridori vestiti strani che s’affanneranno per 42 chilometri in un circuito incantevole del tessuto urbano fiorentino.Noi non siamo tra quelli. Noi siamo in centro, ospitati nei locali dell’Europa Power Yoga, dove si svolgerà il mercato di autoproduzioni WAO!. Saremo li come casa editrice Ed.it e poi come Picnic di parole. Lo abbiamo detto e ridetto, sui social, a voce, con i volantini. Il clima freddo e umido non ci aiuta. La manifestazione sportiva nemmeno. Però abbiamo deciso che questa domenica 29 novembre avremmo lanciato il primo Picnic di parole Italiano e così sarà.

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Alle due e mezzo del pomeriggio, con nostra grande sorpresa si affacciano le prime timide famiglie che chiedono se è qui che si leggono storie per bambini. Noi abbiamo preparato uno spazio all’interno dello studio di Design FrigoLabo, che si trova a pochi passi dal centro yoga. Quando ero in Colombia a Bogotá insieme agli ideatori di Picnic de palabras, mi sono fatto spiegare come allestire lo spazio di lettura, come invitare bambini, genitori e lettori a impossessarsi di tutti gli angoli disponibili della coperta distesa in terra e come dare il primo passo, l’invito l’accoglienza ad agguantare un libro e farne racconto.Ebbene alle due bambine che sono arrivate per prime se ne sono aggiunte altre due… In poco tempo c’erano già una decina di bambini tra i tre e gli otto anni che saltavano da un lembo all’altro indicando libri e porgendo cartonati ai più grandi perché glieli raccontassero.

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In questa prima avventura di Picnic di parole eravamo in tre: Andrea, Beatrice e Margherita.Abbiamo raccolto le mail di una decina di genitori per un totale di 15 bambini. Non poteva andare meglio. Come ama ripetere Margherita questo progetto rappresenta la semplicità che sbaraglia, ed è vero. Facendo quello che meglio sappiamo fare, raccontare storie, con uno spazio a disposizione e un po’ di passaparola è nato un bel momento di condivisione che presto ripeteremo altrove.