Volver y sentir que nunca te has ido

Desde Quito, Ecuador, una nueva historia de un Picnic de Palabras muy especial. Por: Emilia Andrade

El domingo volvimos a tener un nuevo encuentro en La Carolina, yo estuve ausente por un par de meses así que tenía mucha añoranza de regresar al Picnic. Entre manteles y libros fueron apareciendo recuerdos de lecturas y novedades para compartir con los lectores. Mientras Caro y yo arreglábamos las cosas, llegaron Paola y su hermana Gina, quienes habían escrito para ser voluntarias. Las dos nos ayudaron a lo largo del Picnic y compartieron sonrisas y lecturas con todas las personas que se cruzaron por los manteles.

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Mateo también fue uno de los primeros en llegar, él fue directo a la maleta para buscar libros y sacó el de Tintín, uno de sus favoritos, luego nos ayudó a arreglar las cosas y junto a Christopher empezaron a descubrir qué libros traíamos esta vez. Y fueron varias las novedades gracias a Enchanted Lion Books, una editorial de Nueva York, quienes nos regalaron 16 libros muy muy bellos. Aunque algunos estaban en inglés, quienes se acercaron se dieron cuenta de que tenían poco texto o incluso nada, así que se animaron a abrirlos y leer sus imágenes.

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Al leer “The Jacket” de Kirsten Hall y Dasha Tolstikova junto a Mateo, él hizo un análisis de todos los detalles que veía, anticipaba en donde estaba la protagonista, buscaba las similitudes entre ella y su libro y comentaba acerca del tipo de ilustraciones hasta que llegamos al final. La historia acaba cuando la niña decide hacerle una “chaqueta” a su libro porque su perro lo ensució, “chaqueta” que resulta ser la verdadera sobrecubierta del libro que contiene la historia. En ese momento Mateo se sorprendió y dijo “¡osea que este libro te lo regaló la niña! ¡Es igualito!”. Yo solo atiné a sonreír y asentir con la cabeza. Ese momento quedará guardado en los archivos de Picnic, para que nunca nos olvidemos de creer verdaderamente en los libros y en el poder que ellos tienen para hacernos sentir únicos, privilegiados y especiales.

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Con el paso de las horas más familias se fueron uniendo pero también nos visitaron algunos chicos interesados en el proyecto. Klever de Loja, una ciudad al sur del país, se entusiasmó con la idea de armar Picnic en su barrio y Carlos, quien trabaja en una empresa que busca crear conciencia del uso del agua, nos ofreció apoyar de manera económica si generamos algún tipo de alianza. Nos dejó de tarea pensar en libros que traten sobre el cuidado del agua así que si tienen sugerencias les agradecemos mucho. Carlos también le dio un color distinto al Picnic, ya que trajo a su perro que no se despegaba de un peluche de pato (ya bien mordisqueado) amarrado a un tipo de caña de pescar. Christopher y Mateo se divirtieron muchísimo con él y cuando se cansaron, decidieron leerle un libro.
Otro momento que nos partió el corazón a todas fue cuando se acercaron unos niños lustrabotas a ofrecer limpiarles los zapatos a algunos de los asistentes. En ese momento Paola les animó a que se queden a leer un libro, con eso el Picnic se pagó sólo.

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Cuando miramos el reloj ya eran las 12, fuimos recogiendo todo y justo empezaron a aparecer nuevas familias, les dejamos que lean un tiempo y les dimos la información para que nos visiten dentro de 15 días. Todas salimos muy contentas y hace poco Paola y Gina escribieron esto “‘El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo’ esa fue la frase que se instaló y quedó rondando el domingo en la cabeza. Gracias por las letras y los encuentros…”

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