Sol o no sol : esa es nuestra cuestión, Bogotá, Colombia

Cosas en común entre todos: estar en manos del clima para saber si hay Picnic de Palabras o no. Países con estaciones, países tropicales en los que estamos a merced del caprichoso sol y al que le hacemos barra para que nos acompañe a leer. Este fue uno de esos domingos donde tuvimos suerte. Por: Maria Angélica Plata

Aunque presentimos que el caprichoso clima bogotano nos haría zancadilla, el pasado domingo 2 de agosto tuvimos un Picnic de Palabras precioso, con varias familias lectoras, visitas de curiosos cuatro patas, risas y sol con brisa.

picnic 5Cuando llegué al parque, a las 2:05 p.m., Carolina y Daniela estaban organizando los libros sobre el mantel. Al rato y antes de iniciar el armado de la carpa mini (¡que ha sido un éxito total!), se acercó un niño con su papá. Les hablamos del proyecto y se quedaron. Samuel escogió “Los exploradores de huesos” y se acomodaron, boca arriba, sobre una cobija para disfrutarlo. Nuestra querida Valentina llegó con Laura, una amiguita, a colaborarnos con la carpa —que en ese momento solo era un cúmulo de palos, organizados por números/tamaños. Entre las cinco lo logramos y la movimos preventivamente, para proteger los libros del mantel en caso de llovizna. La hermana de Samuel, Lucía, se acercó a saludar y decidió quedarse y compartir lecturas con su mamá.

Daniela y yo nos acercamos al parque infantil para invitar a niños, niñas y sus familias a participar del espacio de lectura. Burbujas de jabón colorearon nuestra pequeña caminata. También pasamos por el Paradero Paralibros Paraparques – PPP a saludar a Juan David (su promotor y también voluntario de Picnic) y a Jenniffer (amiga y promotora de otro PPP de la ciudad), que estaba visitando el parque. Pues dejaron un aviso en la puerta, invitando a otros lectores a Picnic, y decidieron acompañarnos.

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Cuando llegamos, Valentina y Laura estaban concentradas, descubriendo historias…, y ya había otras dos familias disfrutando de la tarde: un chiquitín hermoso con su mamá (él estaba dichoso hojeando “Las lágrimas del cocodrilo”, de Amalia Low, y murmurando cosas) y dos niñas acompañadas por su papá, que se quedaron hasta el final. Jenniffer y Juan David se ubicaron y recuerdo que los primeros (de muchos) libros que leyeron fueron “Secreto de familia”, de Isol, y “Un lunes por la mañana”, de Uri Shulevitz.

Daniela, Carolina y yo tapicnic 1mbién nos sentamos para comenzar a vivir la magia de Picnic y luego llegó Andrés, otro voluntario. Descubrí dos textos hermosos, que espero releer en un próximo encuentro: “y de pronto es primavera”, de Julie Fogliano, y “Rutinero”, de Níger Madrigal y María Wenicke.

Un chiquitín sonriente y sensible, Esteban, comenzó a seleccionar libros del mantel para leer con su tía. A veces pedía que le recomendaran alguno (Daniela lo hacía con gusto) y, emocionado, regresaba para que la tía y él pudieran compartirlo. Hacia el final de Picnic, antes de que se sumaran su mamá y su papá, preguntó *¿Nos quedaremos aquí leyendo cuentos?* Las personas que lo escuchamos, entre miradas cómplices, solo pudimos sonreír.

La visita de Yaco, el diseñador de los carteles de Picnic, nos sorprendió gratamente. Y también nos alegró la de la familia de Celeste, que recuerdo participó en Picnic cuando celebró su cumpleaños número tres. Celeste está grandota y ese día llevaba una balaca de buganvilias que iluminaba todo a su alrededor. ¡Es una preciosura esa chiquita! Se divirtieron con “Un libro”, de Hervé Tullet; “No”, de Claudia Rueda, “Los contrarios”, de Xavier Deneux, y muchos otros. Un amigo de la mamá y el papá de Celeste también se quedó un rato, conversando y hojeando libros.

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Hacia las cuatro, cuando varias familias ya se habían ido y porque recibimos la visita de nuestra querida Fernanda, nos quedamos un buen rato compartiendo historias. Por supuesto sus favoritas, las que se sabe de memoria (“Tito y Pepita”, de Amalia Low, y “Un lunes por la mañana”) y otras con las que Jenniffer, Juan David, Valentina y yo jugamos: “¡Ay! ¡Caca! y “Mi casa es tu casa”, de Stéphane Frattini.

Aproximadamente 35 personas (y la benevolencia del cielo bogotano) hicieron posible un Picnic de Palabras único y memorable, en el que recordamos constantemente a Marcela —que se encontraba de viaje. Fernanda y Valentina, para quienes el espacio de lectura (risas, afecto, historias) ha sido vital, no dejaron de preguntarla.

¡Gracias, Picnic de Palabras, por sembrar y hacer germinar en cada persona tantas cosas bellas!

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