Cumpleaños Picnic de Palabras junio 2015

Empiezo esta historia con la última frase de una mamá en Picnic de Palabras:

“Mi hija Fernanda estaba tan emocionada de saber que hoy veníamos a Picnic de Palabras que no pudo dormir de la felicidad”. No habían podido volver porque se les cruzaron los domingos, hasta que al fin, al reprogramar este Picnic pudieron regresar.

Es difícil saber por dónde empezar, llevamos 70 libros, llegamos al parque a organizar todo, y ya nos estaban esperando algunas familias. Nos encontramos con Amalia Low, nuestra invitada especial, y una mamá con su hijo se acercaron para pedirle que les firmara sus libros. Poco a poco fueron llegando todos. Armamos todo al revés, primero el mantel, los libros, y al final la carpa. Cuando ya estábamos listos para levantarla uno de los palos se daño. Por eso quedó enana y fue increíble tener un Picnic de Palabras iglú: tamaño niños. Este cambio le dio un nuevo aire a la experiencia y la hizo más familiar que nunca. Tomar las fotos fue más difícil. Sin embargo, la atmosfera que se creó fue increíble.

Más de 43 personas participaron, muchas familias volvieron, y entre las que nos visitaron estuvo presente una familia de italianos que estaban de vacaciones en Bogotá. Justo iban caminando, y nos descubrieron en medio del parque entre cuentos y canciones de Amalia Low. Se acercaron, lo pensaron un poco, y al final quedaron encantados bajo el poder de las historias. Al final, hablaron con Amalia y con María Angélica y les dieron las gracias y nos felicitaron por la experiencia.

En medio de la organización llego Jorge, en bicicleta, hoy supimos al fin su nombre. Desde febrero nos descubrió, tiene 11 años y vive en un edificio que da justo frente al parque. Nos dijo: “no puede ser, hoy hay Picnic?” Le dijimos que sí, nos dijo que iba a dejar la bici y que ya volvía. Trajo a su hermano, nos ayudaron a terminar de organizar todo, y se pusieron a leer. Al rato quedo él solo y nos dijo que había invitado a su hermano, pero que definitivamente la lectura no lo tramaba tanto con a él. Al final se fue con dos libros de Amalia para su casa, dichoso y con la promesa de volver el próximo.

Fue un Picnic de Palabras que nos llenó el alma, el mejor regalo en sí mismo para saber que han sido tres años sin arrugas, solo sonrisas de felicidad. Llovizno un segundo, creo que para recordarnos lo afortunados que hemos sido este año con el clima. Bogotá es una ciudad reconocida por sus lluvias y hacer Picnic de Palabras desde el primer día siempre ha sido para todos nosotros un acto de fe.

Esperen historias de Picnic de Palabras en otros rincones, climas y geografías. Las historias hasta ahora empiezan.

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