Visitar Florencia y encontrarse de nuevo

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Si alguien me hubiera dicho, hace 5 años, que estaría visitando Florencia y haciendo Picnic de Palabras aquí, lo hubiera mirado con cara de si claro. Y resulta que esa persona habría tenido toda la razón, y si hubieramos hecho una apuesta sin duda la habría ganado con una sonrisa inmensa, y yo habría perdido.

Esto nunca pasó, lo que si pasó fue tener Picnic de Palabras en Florencia, y haber estado ahí. Conocer cómo lo hacen aquí, ser una visitante más, que en otro idioma, se sienta con una de las mediadoras italianas, a leer en voz alta como una niña de 5 años, que va descifrando lo que lee y lo que significa en inglés, porque ninguna habla italiano ni español. Que locura el poder de la lengua para acercanos y alejarnos. Aquí uno se las arregla con las manos, los ojos, el cuerpo. Aquí si que el cuerpo es un libro para leer y para contar.

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Encontré más similitudes que diferencias. Papás y mamás que se sientan en el piso, cerca a sus hijos, o entre sus piernas. Les leen al oído, como en un susurro, contándoles historias como si fueran secretos que nadie más puede oír. Son cómplices junto al libro. También, papás y mamás que se quedan al margen, de pie, y siguen la actividad sin involucrarse. Es para ellos que hacemos esto, para invitarlos a participar, paso a paso. Algunos se animan otros no. Ahí es donde empieza la brecha entre los niños que tienen el lujo de tener papás lectores y otros que los tienen al margen.

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Y entonces mi atención se la roba este pequeño, no supe su nombre, y me acordó a mi sonbrino Santi que está en Bogotá y tiene 2 años y mucha actitud. Dos niños lectores, cada uno único. Este pequeño lector estaba con su mamá, descubrió el libro del lobo, y no lo soltó durante todo el tiempo que estuvo. Lo tenía abrazado, y se siente la conexión en una sola foto, de lo que significa un objeto en la vida de un niño. En este caso sería temporal, y a la vez tan significativa, que se animo a ponerse de pie, juntarse con los otros niños, y pedirle a Andrea que leyera ese libro que con tanta fuerza abrazaba. Soltar para conocer lo que hay dentro.

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Durante la sesión de lectura en voz alta que presentó Andrea, la voz conecta. Tres de estos niños llegaron con pistolas de juguete. Andrea, mago y sabio, negocio con ellos desarmarse mientras leían, ellos bajaron las armas y las guardaron entre la maleta donde ellos traen los libros. Fue un acto sencillo y a la vez simbólico, libros que remplazan las armas, toda una apuesta. Niños que aceptaron el trato y estuvieron una hora escuchando historias, siguiéndolas, comentándolas, atentos. Aquí siempre hay espacio para todos, y los padres también tuvieron un lugar junto a sus hijos. Ver en esta foto todos los ojos siguiendo un punto que no está, la historia que se cuenta por fuera de la foto, muestra el potencial que tiene la palabra para conducir la atención de todos hacia un mismo punto. Por un instante, la lectura en voz alta, la posibilidad y la sonoridad de las palabras congelan el tiempo, la realidad y transportan a sus lectores al tiempo de la ficción, de la historia, que transcurre entre un texto escrito que tiene palabras e imágenes.

IMG_3642 (1).JPGHubo también espacio para leer en pequeños grupos, y con esta foto junto a las estatuas del parque, que se quedan solas cuando todos vuelven a sus casas, me quedo pensando en cómo estas historias, esta idea de Picnic de Palabras, es en realidad un barco que navega a su tiempo y en su propio viento que le marca el ritmo. Aquí, hasta a las estatuas les leen cuentos.

Eric Carle: los colores en la infancia

En nuestros especiales de Picnic en el MAMBO, compartimos la lectura de libros escritos e ilustrados por Eric Carle: “La oruga muy hambrienta” y “La araña hacendosa”. Tan solo dos ejemplos de historias que están llenas de color y de texturas alrededor de un diálogo sencillo e entrañable entre imágenes y texto.

Eric Carle es un autor e ilustrador norteamericano que ha sido reconocido mundialmente por su libro “The Very Hungry Caterpillar” traducido a más de 66 idiomas con ventas de más de 50 millones de copias desde su publicación en 1969. Se calcula que este libro se vende en promedio cada 30 segundos.

Infancia y adolescencia

Reconocer que desde los años 60 y 70 en Estados Unidos ya empieza un desarrollo único de la literatura infantil resulta fundamental para entender las influencias de nuestros autores e ilustradores colombianos y latinoamericanos.

En términos históricos estamos en plena guerra fría. Eric Carle hace parte de aquellos niños que tuvieron una infancia en un período de mucha incertidumbre entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Aunque es difícil imaginar las condiciones en las que crecieron los niños y jóvenes de mediados del siglo veinte, el mismo Carle reconoce que tuvo la oportunidad de vivir en Alemania siendo muy pequeño. Recuerda de este período la falta de color durante esta experiencia y lo relaciona con el color gris. Esto debido al desabastecimiento en el colegio de materiales, por la falta de colores porque tan solo tenían papeles y lápices.

Al regresar a Estados Unidos, en el colegio tuvo la oportunidad de acceder a todo tipo de materiales, colores, papeles, y esto fue algo que marcó su infancia. Cuando observamos con detenimiento su trabajo, encontramos una combinación y explosión de colores que están en perfecta armonía con el blanco y el espacio “vacío”. Carle no le teme a esto y esta sencillez hace parte de su estilo a lo largo de toda su obra.

Técnica: Collage

La técnica más reconocida de su trabajo está en utilizar pliegos de papel de seda y pintarlos de un color con diferentes combinaciones. Después los colecciona y los va utilizando de acuerdo al proyecto que tiene en mente.

Sus ilustraciones son el resultado de un collage, donde valida diferentes tonos de un mismo color. Las combinaciones que ha creado a lo largo de su obra rinden un homenaje a todos los colores que encontramos en la naturaleza en movimiento.

Su trabajo puede estar junto al de otros grandes artistas, porque no solo se apropia de una técnica sino que la ha llevado más allá, utiliza el collage que ha desarrollado de una manera tan “aparentemente sencilla” para contar historias inspiradas en la observación de la naturaleza. Sus dibujos e ilustraciones podrían ser las de un niño. Sin embargo, tras la sencillez está la maestría obtenida a lo largo de los años de un trabajo de conceptualización que captura e inspira a grandes y niños y parte de la observación de la naturaleza.

El museo de Eric Carle

Este artista ha ido más allá y ha creado The Eric Carle Museum, en donde se encuentran los bocetos de su trabajo o el “detrás de cámara”. Los visitantes pueden conocer de cerca su trabajo y obra y acceder a diferentes tipos de publicaciones desde libros de literatura infantil hasta textos especializados de Carle y otros escritores y artistas. Este espacio tiene como misión inspirar el amor por la lectura y el arte a través de los libros para niños.

En este museo también se realizan exposiciones especiales de otros ilustradores. Tiene espacios para que los más pequeños exploren y se apropien del espacio, y una tienda de recuerdos donde los principales protagonistas son, por supuesto, los libros para niños.

Es sobre todo un espacio pensando para rendirle no solo homenaje a la infancia y todas sus posibilidades desde: el juego, la exploración, la creatividad y la diversión. Una experiencia estética similar a la que nos evoca la lectura de “Una oruga muy hambrienta”.

Hervé Tullet: ¿ilustrador artista?

En 2010, Hervé Tullet publicó “A livre” un libro que en español fue traducido como “Un libro”. En Estados Unidos fue traducido como “Press Here” y estuvo por 4 años en la lista de Best Sellers del New York Times en la categoría de libros de literatura infantil.

Tullet nació en Francia en 1958, a lo largo de su vida ha desarrollado una carrera en la que se destaca como artista, maestro, autor e ilustrador de libros para niños y ha publicado más de 80 libros.

Lecturas en Picnic en el MAMBO: Un libro y Colores

En nuestro primer Picnic en el Mambo leímos “Un libro” y “Colores” de Tullet. “Un libro” nunca puede faltar en las experiencias de Picnic de Palabras que se realizan en Bogotá. La razón: es el libro más leído después de casi 8 años de este proyecto de lectura. Niños y adultos quedan atrapados en un formato de libro que sin una historia tradicional, cuestiona todas las posibilidades que puede tener un libro.

Y a la vez establece un diálogo con la tecnología que representa en sí mismo un libro con las “nuevas tecnologías” que llegaron a partir de 2010 con el boom de tablets, Ipads y libros digitales. A través de una lectura que invita y reconoce la existencia del lector, nos reta a aceptar o “no” nuestro rol para que la lectura se active y suceda.

Todo empieza y todo termina presionando un punto amarillo.

En “Colores” el autor lleva aún más lejos las primeras exploraciones que propuso originalmente en “Un libro”. Aquí el lector tiene una mano mágica con la que combina colores. Mezclar, combinar, sacudir, cerrar el libro de improviso y pasar la página para darnos cuenta de que es posible que lo que hacemos se mezcle y se transforme.

El autor nos abre la puerta a las nuevas posibilidades que puede tener un libro: desde la lectura y el formato de un libro impreso. El reto para el lector es: ¿estamos dispuestos a aceptar las nuevas condiciones? aceptar la ficción, activar la imaginación y pasar las páginas mientras jugamos. En otras palabras, ser lectores activos porque queremos y, por voluntad propia, aceptamos las reglas del juego.

¿Por qué recomendamos a Hervé Tullet?

Es un artista que ha sabido utilizar diferentes formatos para conectarse con su audiencia. Su trabajo y obra ponen en el centro a los niños que se sintoniza de inmediato con el juego y las posibilidades que tiene el arte de ser explorado a través de los libros que ha creado.

Sus libros buscan dejar más preguntas, frente a lo que es la experiencia estética durante la lectura, que respuestas. Es un artista que ha aprendido a reformular las preguntas de una realidad que conocemos y que incluso podemos dar por hecha.

En Un libro, utiliza círculos y colores primarios para jugar con los lectores, a través de una lectura activa, y en donde la voz parece provenir del libro mismo. En Colores, empezamos con los colores primarios y vamos avanzando con nuevas formas de mezclar que hacen parte de nuestros primeros contactos con nuestras clases de pintura.

¿Dónde está la innovación en la obra de Tullet?

Tullet ha logrado llevar las actividades cotidianas de lo que sería una clase de pintura en un kinder a nuevos formatos. Les ha dado un valor y un lugar en libros para niños y en actividades y talleres experienciales alrededor del mundo. Ha logrado darle un nuevo lugar a los pilares del arte a través de un diálogo con la lectura, la tecnología, el juego.

Si tenemos alguna duda del éxito que ha tenido su trabajo: “A livre” ha sido traducido a más de 20 idiomas desde que fue publicado.

Recomendamos este libro para lectores curiosos de todas las edades.

Mayo: Picnic en el Mambo

En tiempos de cuarentena hay que reiventarnos. Picnic de Palabras no fue la excepción, y sin pensarlo, realizamos a lo largo del mes de abril cuatro lecturas a través de nuestras redes sociales. Hicimos una selección de libros pensando en lo que iba surgiendo, a lo largo de las semanas. Primero leímos libros divertidos, en otra sesión compartimos libros de viajes e historias dónde las emociones y la creatividad son los protagonistas. Esto nos permitió pensar la colección desde nuevos lugares.

Alianzas: literatura infantil y arte

A principios del mes de abril nos contactaron del MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá) para sumar esfuerzos y soñarnos una experiencia de lectura que explore historias para toda la familia a partir de literatura infantil y que incluya contenido estético a través de ilustraciones que podrían estar junto a otras obras de arte en un museo.

De esta propuesta nació “Picnic en el Mambo”. Tendremos una serie de sesiones online en donde leeremos libros de literatura infantil y contaremos con la participación de ilustradores colombianos. Cada uno tendrá un espacio para compartir historias de su vida y obra y qué lo ha traído hasta aquí. Además, invitaremos a las familias participantes a seguir las historias y libros de nuestros invitados para imaginar y dibujar su propia versión y enviarnos sus ilustraciones para una futura exposición una vez concluya la cuarentena al correo red@mambogota.com.

¿Libros álbum y arte?

Ahora más que nunca, vivimos en un mundo visual que nos cuenta historias todo el tiempo apelando a nuestras emociones. ¿Cómo aprendemos a desarrollar pensamiento crítico y estético? Una de las primeras aproximaciones se da a través de la lectura de libros ilustrados y libros álbum. Aquí queremos hacer la distinción entre estos dos tipos de libros:

Libros ilustrados: las ilustraciones acompañan la historia y suelen estar inspiradas en la descripción planteada desde el texto mismo.

Libro álbum: el texto y las ilustraciones establecen un diálogo de principio a fin. En muchos casos esto permite el contrapunto de un texto serio con unas imágenes sugerentes y divertidas que le dan un giro a la historia. Tanto las palabras como las imágenes son protagonistas.

Teniendo en cuenta estás dos aproximaciones estos libros brindan una experiencia estética única que apela al lector. Son los primeros objetos que los lectores pueden contemplar y tocar, por horas. ¿No nos sucede lo mismo cuándo vamos a un museo? con la oportunidad de pasar el tiempo de contemplar sin tocar.

Es posible pensar que los libros álbum y los libros ilustrados son los primeros museos a los que tenemos acceso. En los que podemos quedarnos horas y que nos ayudarán a desarrollar una mirada estética más amplía frente al mundo que nos rodea. Así mismo, son la puerta para entrar a lugares físicos que exponen, muestran y divulgan todo tipo de expresiones artísticas de la humanidad: los museos de arte.

Gracias a la cuarentena, Picnic de Palabras y el Mambo encontraron un punto de convergencia entre el lenguaje visual y literario y seguir soñando en tiempos de crisis. Creemos que el arte es una de las expresiones humanas donde nos encontramos en la mirada del otro para reconocernos.

Primer domingo de mes

Por: Juan David Rincón

Primer domingo de mes. Las palabras “Picnic de Palabras” ya llevaban varios días escritas en mi organizador. Llegué a la casa de Marcela Escovar, nuestra directora, tras un corto recorrido en bicicleta por la carrera 19. Ese día no haríamos un Picnic como los otros, básicamente por dos motivos: Sergio, Manuel y Sofía estarían en su primer Picnic como colaboradores; también porque haríamos lecturas en varios idiomas. Este sería un Picnic muy especial.

Así que, en primer lugar, llegué a casa de Marcela y con ella les hablamos a los chicos acerca de qué es Picnic de Palabras, cómo lo realizamos y por qué creemos en este sueño que nos motiva y que ha mantenido despierta a tanta gente durante más de cinco años.

Tras esto, nos encargamos de escoger los libros que llevaríamos. Este momento fue, más que nada, una sesión de lectura, una especie de Picnic previo, porque nos dedicamos a leer y releer una gran cantidad de libros. Ya que Sergio, Sofía y Manuel se están sumergiendo en el mundo de la literatura infantil no dejaban de sorprenderse con muchos libros que veían por primera vez, si bien cada uno de ellos tenía sus propios referentes y sus propias lecturas capaces de devolverlos a la infancia con solo abrir un libro.

Después de la selección, mediada también por esa charla introductoria acerca del trabajo que hacemos en Picnic de Palabras, alistamos todo lo necesario y salimos hacia el parque de Alcalá. Cuando llegamos y bajamos las bolsas con los libros, los manteles y nuestro pendón, empezó a llover. Así que tuvimos que volver de inmediato. Al volver, nos encontramos con Catalina y su mamá, quienes esperaban llegar al parque y asistir a Picnic, pero debido a la lluvia se acogieron a nuestro plan B.

Una vez en casa de Marcela nos pusimos a leer diversos libros. Diana Escovar, por ejemplo, leyó para nosotros La sorpresa de Sylvia van Ommen y la mamá de Catalina nos compartió la lectura de Los tres cerditos de David Wiesner. Los pequeños Santiago y Martín fueron los más lectores y recomendaban a los demás qué leer y por qué; así que yo fui uno de los que decidió hacer caso a sus sugerencias y quedé sorprendido con varios de los libros que leí y que no había visto antes como Art y Max, también de David Wiesner. Los libros iban pasando de mano y mano y todos empezamos a hacer montoncitos con esos libros que queríamos leer y devorar. Afuera llovía, incluso tronaba, pero nosotros estábamos bajo el refugio de los libros, una taza de café caliente y de una grata compañía.

En realidad, esta bitácora iba a hablar de otra cosa, iba a ser sobre qué pasa cuando no hay Picnic de Palabras (por motivos, como la lluvia, que impiden la actividad al ser en espacios abiertos), pero en realidad descubrí que habiendo alguien que lea y con quien leer siempre es posible que suceda Picnic. No importa el lugar, ni los modos. Nuestro plan B resultó ser una magnífica experiencia de lo que pasa cuando realizamos Picnic en sus condiciones convencionales (que de cualquier modo siempre escapan a la convencionalidad y ahí está su potencia): nos reunimos a conocer y conocernos con la excusa de los libros como motivación de ese encuentro y como el detonante de lecturas, sorpresas y risas. Abrir libros y leerlos así afuera el cielo también se abra y caiga un gran chaparrón.

El tiempo vuela y las palabras lo cuentan

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Por: Vero Angulo, desde Quito, Ecuador, Parque La Carolina

Ha volado el tiempo y en Quito ya tenemos al verano en todo su esplendor, es un día de sol en la Carolina y se puede ver a la gente disfrutando del parque, aunque ayer clima nos jugó una broma y cayó un gran aguacero, por lo que el césped aún está mojado. Junto al resto de voluntarios buscamos colocamos los parasoles y esperamos que se seque un poco el piso mientras arreglamos el carrito de los libros.

Christopher y Mateo, dos de nuestros más fieles comensales se acercan a ayudarnos a acomodar el banquete que vamos a ofrecer. Los colores de los manteles y parasoles y dan alegría al parque y llaman la atención de los guardias de seguridad que se acercan para ver que no usemos el espacio público para hacer ventas ilegales. Una vez que les contamos de qué se trata se quedan pensativos, se despiden y se van, escucho a uno de ellos decir que el siguiente domingo va a castigar a su hijo y lo llevará a que lea, seguramente a él le inculcaron eso en su hogar que leer era un castigo, espero que realmente lleve a su hijo el siguiente domingo para poco a poco cambiarle al pequeño el chip, para que se dé cuenta de lo maravilloso que puede ser leer.

Las familias empiezan a llegar, padres, madres, abuelas, tíos, tías hermanos, primos, llegan y escogen los libros que van a disfrutar. Los más pequeños luego de disfrutar de los cuentos contados por los grandes se sorprenden cuando les decimos que ellos también pueden leer, les damos un libro de imágenes y les decimos que es su turno de contar el cuento, es maravilloso escuchar todo lo que pueden imaginar.

El espacio se democratiza, los niños aprender a compartir y se dan cuenta que todos somos iguales, los padres aprenden a vivir en comunidad a cooperar y a esperar; en apenas dos horas logramos recordar que todos tenemos un niño interior y que la magia de la lectura nos acerca a él.

Es hora de cerrar los manteles y parasoles, es hora de despedirse, los invitados agradecen y se van a continuar disfrutando de un domingo diferente, los voluntarios recogemos los libros y guardamos el carrito de fantasía.

Personajes, lectores e historias en Picnic de Palabras

Por: Josue Veloz

Esta es mi tercera vez en el Picnic de Palabras: una como participante y esta es la segunda como voluntario. No conozco a las otras voluntarias. El único contacto ha sido correos donde cuadramos la hora y lugar de encuentro y las funciones que cada uno cumpliría.

En cuanto llegan me comparten su buena onda y entusiasmo, también me cuentan que son hermanas: Paola y Gina. En seguida me doy cuenta que llevan un buen tiempo compartiendo en el Picnic, pues hacen que podamos retirar el “librero rodante” con gran rapidez por su amistad con los encargados del Jardín Botánico de Quito donde se lo guarda.

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Sin más, sacamos el librero al lugar habitual donde, cada quince días, se lo instala. De nuevo abrirla nos retrasa, pero también nos obliga a ingeniárnosla para lograr nuestro fin, y enseguida se acerca una señora, de los puestos de comida de enfrente, a prestarnos su ayuda: “Siempre les tiene que pasar algo los domingos”. Ese “siempre” me hace pensar en el posicionamiento que ya tiene el Picnic de Palabras en el lugar, pero ese “les tiene”, y no “nos tiene”, me hace plantear un posible reto para el proyecto (aunque me gusta pensarlo más como colectivo): empoderamiento y sentido de pertenencia de los habitantes habituales del parque. No solamente porque ese es su espacio, sino porque les permite desarrollar una actividad sumamente enriquecedora para sus niños, quienes son los principales beneficiados. Muy probablemente no tienen otro espacio para realizar esta actividad, pues mucho me temo, que sus padres al no tener hábito de lectura, tampoco lo transmiten a sus hijos. Y esto no es un problema de clase socioeconómica ¡cuidado y alertas!

Un Ecuador donde se lee medio libro al año nos deja una clara evidencia de que esto está pasando en todos los rincones del país, sin discriminación de edades, géneros o clases sociales. De ahí a que los niños que han tenido la suerte de nacer en familias con mejores situaciones económicas tengan ventajas, como tener más libros al alcance en la biblioteca familiar, es otro tema, pero el fondo está en esas estadísticas alarmantes. Ahí radica la interesantísima propuesta que el Picnic de Palabras viene planteando por casi tres años en espacios públicos y gratuitos, sin necesidad de ser un ente estatal más bien como una iniciativa ciudadana-voluntaria que traspasa fronteras. Por ello, en lo personal, me siento orgulloso y privilegiado de poder participar de esta iniciativa, a pesar de ser tan solo mi segunda percepción como voluntario.

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En cuanto logramos abrir el librero móvil, extendemos manteles y empezamos a clavar parasoles (mala idea en verano, ya se darán cuenta por qué). En seguida se acerca un niño de los puestos de comida de enfrente y nos ayuda a organizar el espacio. Por supuesto, Gina y Paola lo conocían, se sabían su nombre y eran panísimas. Estas dos chicas son espectaculares con los niños. Debe ser su buena vibra que permite esta relación tan auténtica y horizontal. Una vez que instalamos el lugar, Gina y yo, vamos a invitar a la gente. Paola se queda leyendo libros con los niños: ¡hermoso!

Noto que el parque, en general, está vacío en comparación hace un mes, que fue mi primera vez como voluntario. Sin embargo, la poca afluencia me permite identificar personajes peculiares que habitan este parque, y que parecen salidos de cuentos (quizás y este parque esté más relacionado con el Picnic de lo que pensamos o podemos ver). Una chica que alquila carritos para niños llama mi atención, es demasiado mal humorada. Parecería que odia a los niños: “… ese no es mi problema. ¡Lleve a su niña a llorar a otro lado!” le grita a un padre cuya hijita estaba rodeando los carritos pero que nunca los llegó a tocar” (¿y ni saben? Cuando les cuento a las chicas, Paola ya la conocía. ¿Estas chicas conocen a todo ser que habita el parque o que onda? Jajajaja. Pero me encanta ese vínculo que tienen, no sólo con el proyecto, sino, sobre todo, con la gente del parque).

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Cuando regreso de invitar a la gente, para ver cómo va la cosa, Gina me invita a leer. Noto que ya hay algunas familias disfrutando, un domingo soleado, de la manera más rica. Padres leyendo a sus niños, niños leyendo por su cuenta, hermanos compartiendo historias y, por qué no, hijos leyendo a sus padres. No están en una biblioteca ni en la escuela ni en su cama antes de dormir. ¡Sí, están en un parque! Y están felices. Sonríen, cambian su voz para leer, se echan sobre el pasto. Si la felicidad existe debería ser algo así… creo yo.

Gina cubre todo el espacio que hay a mi alrededor de libros. Me sugiere uno con mucho entusiasmo: Little Bird (Germano Zullo/ Albertine- Enchanted Lion Books). Me gusta un montón. Resulta que a ambas les encanta ese libro, debe ser porque se parece a ellas. Trata sobre un señor que lleva pájaros en la parte trasera de su camión. Éste, atascado por un barranco que hay en el trayecto, decide liberar a los pájaros, pero uno se queda, al parecer no sabe volar. En base de señas y situaciones jocosas el señor le incentiva (o le enseña) a volar al pajarito, lo cual llena de una sonrisa gigante su cara. Al rato, el pajarito regresa comandando la bandada que antes había liberado el señor y lo toman de sus hombros con sus garras para llevárselo volando con ellos. De pronto noto una sonrisa en mi rostro, me la imagino como la del libro. Leo unos cuantos libros más. “Josueee” grita una de las chicas, levanto la mirada y veo un parasol asesino rodando por el parque a causa del fuerte viento de verano, por suerte nadie se cruza ni sale herido. La anécdota nos causa risa a los tres. Resolvemos quitar los parasoles y sugerir que en verano no se los use.

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Una de las chicas me pregunta la hora. Son las 12h05. Es hora de levantar el kiosko. Empezamos a doblar los manteles pero el mismo niño del inicio le pide a una de las chicas que le lea el último libro. Ella me lo delega, ¡gracias dios! Nos sentamos, le leo dos libros. Si hubiera sido él, yo me hubiera levantado a medio libro (esto para no hacerme quedar mal, yo mismo, como lector) y me hubiera retirado indignado. Aquí me planteo un reto personal, mejorar mis relaciones con los niños y, por supuesto, mejorar mi lectura en voz alta. En fin, hace un buen tiempo que no escribo sobre las cosas buenas de la humanidad. Otra cosa que agradecerle al Picnic.

¡Merci beacoup!
¡Dios les pague!
¡Yupaychani!

Volver

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Hoy después de muchas ausencias, fuimos al parque infantil, con libros para compartir un muy corto espacio de tiempo, pero con un gran propósito: crear historias. Mediante la lectura cautivamos algunos niños y adultos y nos escuchamos, haciendo algo diferente en la tarde de domingo, con buen clima, y muchas ganas de volver a leer. Gracias a quienes creen, participan y apoyan esta iniciativa.

Palabra: facinación

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PICNIC DE PALAVRAS
PRAÇA RAÍZES

Flávia Wolffowitz

Uma tarde, uma praça, famílias, diversão, música, artesanato.
Um local perfeito para saborear um farto picnic de aventuras e muita diversão.
Os livros e suas maravilhosas histórias possuem o poder mágico de encantar adultos e crianças.

Nossos encontros são esperados e compartilhados em família, transformando leitura em prazer e aconchego.

 

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Nuestro Picnic viene de la fascinación de tener nuevos lectores, las toallas están llenos de cuentos, libros de baño y poesía.

Siempre estoy ganando nuevos libros. La asociación con la biblioteca pública muncipal, partidario del proyecto siempre renueva nuestra colección. Las toallas siempre sirven un banquete abundante de aventuras.

5 años y seguimos contando y soñando

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El pasado 3 de junio Picnic de Palabras cumplió 5 años, que celebramos el día domingo, desde el parque de Alcalá en Bogotá. En ciudades como Quito y Buenos Aires, tuvimos Picnic en simultánea. En esta oportunidad, sólo queríamos que el sol saliera. Fue un día lleno de incertidumbre, hasta que todos llegaron al parque y el sol, desde su lugar de siempre, abrió el cielo y se asomó a ver los libros.

Desde la distancia, he recibido por diferentes fuentes, lo lindo que fue este reencuentro. Este año la lluvia a limitado el salir al parque, así que solo el poder hacerlo es motivo de dicha y celebración.

Después de cinco años, es posible decir:

  1. Empezar este proyecto fue un reto, un sueño y un aprender a hacer en el día a día. Compartir una pasión y sobre todo un amor que se sigue multiplicando.
  2. Somos un Iceberg: porque puede ser un cliché y pasa, lo que se ve en la superficie, es solo un pedacito de todo lo que sucede debajo el agua. Resonar, tener eco, compartir, soñar, volver, cruzar los dedos para que salga el sol. Cambiar de voluntarios, sentirnos solos y en esos díasPicnic nos de señales para no dudar, confiar y seguir intentando.
  3. Picnic es el jefe, hace mucho concluí que es una fuerza de amor que cuando nos llega no nos suelta. Es más grande que todos, y cuando empieza a ser replicado por otros, aún a pesar de las dificultades, se manifiesta igual.
  4. La clave está en la continuidad en el tiempo, sabemos que la lectura es un proceso que apoyamos, empezamos, continuamos, propiciamos, antojamos, y sobre todo amamos.
  5. Queremos cambiar el mundo, solos no podemos, sumando fuerzas si es posible. Cada vez somos más, el crecimiento es orgánico. Hay cosas que funcionan, y sobre todo muchas que no. Son incontables las lecciones de frustraciones aprendidas.
  6. Aprender es la mayor lección de este proyecto: no podemos confiar en que sabemos algo. Cada experiencia es única, grandes Picnics, pequeños VIP, donde la lectura varía y las relaciones se fortalecen.
  7. Calidad vrs. cantidad, nos sentimos orgullosos: la clave está en los mediadores y en la lectura personalizada.
  8. Hoy podemos decir que nuestras pequeñas lectoras son muestra del empoderamiento que tiene la lectura en la vida de una persona. La lectura social permite que asistentes como Fernanda, una de nuestras lectoras más voraces, este domingo, teniendo 8 años, haya leído en voz alta delante de los asistentes. (Yo todavía a los 24 moría de susto de hablar en público.)

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9. Las familias vuelven, nuevos asistentes comparten un banquete de libros. Después de dos horas, todos salen con el corazón repleto, es domingo, y todos somos distintos. Hay una felicidad que flota, que nos hace pensar que el mundo puede ser distinto. Y con esto en el corazón regresamos, lentamente, a nuestra realidad, a la rutina, a la casa, al orden, con más historias, más palabras, más voz para hablar de nosotros.

10. Seguimos nuestros corazones en este camino que se llama Picnic, en este sueño, en esta realidad, de saber que si se puede hacer la diferencia. Hoy Picnic de Palabras representa un proyecto de lectura, un movimiento cultural, una comunidad llena de mujeres y hombres con los que sumamos 1 + 1 = todos.

Cada vez que hacemos Picnic, extendemos un mantel que es puente para jugar y leer. Sobretodo, para descubrir, entre las voces y el silencio de los otros, que nosotros, también somos libros con patas.

 

 

 

 

Historias entre las historias

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Una reseña muy muy divertida de la mano de Silvi Albuja y Gina López

Lugar: Parque La Carolina
Fecha: 23 de abril de 2017
Mediación: Gina y Silvia

_¡¿Y la llave?! ¡¿y la llave?! Con rostro de preocupación, buscaba en todos los bolsillos de su pantalón jean y chaleco rojo el joven delgado encargado del Jardín Botánico.
_ Pero si la tenía en la mano – replicaba angustiado, frente a la puerta del Auditorio que permitía sacar el Librero Móvil.
Gina y Silvia se miraban una a la otra con cara de preocupación.
_ ¡¿Y ahora?! Gina respondió, volvamos a caminar por donde vinimos.
_ ¡La encontré! ¡la encontré!- una voz de alegría se escuchó detrás de las ramas y árboles.
_ Gina y Silvia empujaron el librero móvil.
_ Qué bueno regresar luego de esta ausencia – comentaba Gina.
_ Si las lluvias y el mal tiempo no ayudan mucho. Hoy hace un sol maravilloso y además es el día del libro qué mejor homenaje.
_ Bueno es hora de armarlo todo- Manos a la obra se miraron sonrientes.
_¡Y la llave del candado! ¡¿y la clave?! ¿Y ahora cómo lo abrimos?

***

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Todo esto parece sacado de algún tipo de cuento de terror o suspenso, quizá una cruel broma, pero como en todo cuento, la trama se tensa, las protagonistas sufren y finalmente llega un hada madrina o héroe que lo soluciona todo, en esta historia así fue.
Un ejército de nuevos voluntarios se sumó al banquete picniquero. Margarita, Diane, Verónica, Cristina, Diana y Cristian, este último se las ingenio y fue quien trajo una herramienta mágica con la cual los libros impacientes pudieron salir a tomar sol.

Con alegría y entusiasmo colocamos los manteles y parasoles sobre la grama crecida. Nuestro amigo sol estuvo presente, radiante e imponente, hace días había dejado de mostrar su rostro a los quiteños y nos acompañó durante toda la jornada.

Llegaron visitantes nuevos y familias que ya son parte del Picnic y rápidamente se engancharon con algún libro y se acomodaron plácidamente.

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Leímos Ramón Preocupón, Socorro, Willy el Soñador, Tito Puente (rey del mambo), y también, Cuidado con los Cuentos de Lobos.

Nuestro seguidor más asiduo estuvo ahí, Cristopher y su abuelita, también llegó Vale y sus padres Ceci y Cris, muy queridos por el Picnic ya que nos visitan desde hace mucho tiempo, y Nicole y Camila que leyeron sin parar.

Poco a poco las familias se fueron despidiendo, los nuevos voluntarios también. Habíamos recordado la clave del candado del librero móvil y ya los libros necesitaban un descanso. Al final de la jornada la alegre voz de Grace, la hermana de Gina, cantaba con su amigo que tocaba el ukelele, recogimos todo con su ayuda, cerramos la puerta del auditorio con llave, y todo mágicamente volvió a su lugar.